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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.10 n.5 Washington Nov. 2001

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892001001100010 

Instantáneas

 

Insulina en aerosol

 

 

Todos los pacientes con diabetes de tipo 1, y muchos con diabetes de tipo 2, necesitan tratamiento con insulina. La necesidad de inyectarse, en algunos casos varias veces al día, dificulta el cumplimiento del tratamiento. Varios autores han investigado la posibilidad de administrar la insulina en aerosol, con el fin de evitar las molestias ocasionadas por las inyecciones. En este artículo se revisan los conocimientos actuales sobre este tema.

Se ha investigado la posibilidad de desarrollar formulaciones en aerosol que pudieran administrarse por vía intranasal o intrapulmonar. La vía intranasal tiene la ventaja de su fácil acceso, pero también el inconveniente de que la superficie de absorción es pequeña (unos 150 cm2, frente a los 75 m2 del pulmón) y de que el fármaco se tiene que absorber rápidamente, en unos 15 a 20 minutos, antes de que sea eliminado por el rápido mecanismo de aclaramiento mucociliar nasal. Varios investigadores han registrado importantes reducciones de la glucemia con la administración intranasal de aerosoles de insulina, pero solo cuando se les añaden agentes tensioactivos, que pueden producir irritación y congestión nasal. Por consiguiente, esta no parece ser la vía de elección para la administración de aerosoles de insulina.

Para una administración óptima de fármacos en aerosol por vía intrapulmonar es necesario que el aerosol se deposite en los alveolos, y la mejor forma de conseguirlo es por inhalación oral. Sin embargo, la inhalación oral también tiene inconvenientes: las partículas > 5 µm chocan con la parte posterior de la cavidad bucal y no penetran en las vías respiratorias inferiores. A las partículas de aerosol con grandes velocidades, como las generadas por propulsores, y a las inhaladas con grandes flujos inspiratorios (> 30 L/min) les ocurre lo mismo, lo cual podría explicar que en varios estudios esta vía de administración se haya mostrado poco eficaz para reducir la glucemia. En algunos estudios, solo el 10% del fármaco nebulizado se ha depositado en los pulmones. En la actualidad está demostrado que el tamaño de las partículas del aerosol, su velocidad y el flujo inspiratorio son los principales factores que determinan la llegada de los aerosoles a los pulmones.

En individuos sanos, el tiempo transcurrido hasta la consecución de la máxima concentración de insulina tras su administración intrapulmonar ha oscilado entre 15 a 20 y 50 a 60 minutos, frente a los 85 a 144 minutos registrados tras la administración subcutánea. Esto indica que la insulina se absorbe con mayor rapidez en los pulmones de los individuos sanos, pero estudios similares realizados en pacientes con diabetes de tipo 2 no han mostrado diferencias significativas entre ambas vías de administración. Se desconoce la causa de esta diferencia entre los individuos sanos y los pacientes con diabetes de tipo 2, pero podría deberse a diferencias entre la absorción de la insulina regular porcina utilizada en los estudios de pacientes diabéticos y la insulina recombinante humana utilizada en los estudios de individuos sanos, a que la enfermedad altere la absorción de la insulina a través del epitelio pulmonar, o simplemente a la variabilidad interindividual.

La biodisponibilidad media de las dosis inhaladas de aerosoles de insulina es de aproximadamente un 20%, en comparación con las dosis administradas por vía subcutánea. Estos datos se refieren a la insulina nebulizada y no se sabe cómo podrían verse afectados por cambios de la formulación, tales como la sustitución de la insulina líquida por insulina en polvo. También hay que tener en cuenta que las determinaciones han sido hechas en no fumadores y que el tabaco parece tener un importante efecto sobre la biodisponibilidad de los aerosoles nebulizados de insulina, aumentándola. La menor biodisponibilidad de la insulina en aerosol en comparación con la insulina subcutánea puede incrementar el costo del tratamiento.

El autor no tiene conocimiento de que se hayan producido casos de toxicidad tras la administración a corto plazo de insulina por vía inhalatoria. En una revisión de los estudios publicados hasta 1996 acerca de tratamientos a más largo plazo tampoco se observaron efectos pulmonares adversos y en tres estudios de fase II en los que el tratamiento se administró durante 3 meses no se observaron cambios en las pruebas funcionales pulmonares. No obstante, son necesarios nuevos estudios para investigar la posible aparición de inmunogenicidad y toxicidad tras la exposición pulmonar prolongada.

Antes de que la insulina en aerosol se transforme en una alternativa factible a la insulina subcutánea serán necesarios nuevos estudios, en particular sobre el sistema de administración. Los sistemas actuales tienen el inconveniente de que la mayor parte de la dosis se queda en el dispositivo y no llega a los pulmones. También se están investigando nuevas formulaciones de aerosoles de insulina, la mayoría solubilizadas o en polvo. Otro aspecto que necesita ser investigado es el de la influencia de la función pulmonar basal del paciente sobre el depósito de los aerosoles de insulina en los pulmones.

En resumen, con la insulina, como con otros péptidos y proteínas, el éxito de los tratamientos con aerosoles depende de una correcta dosificación y formulación del fármaco, así como de la creación de dispositivos óptimos que posibiliten la llegada de la máxima cantidad de fármaco a los alveolos pulmonares. (Laube BL. Treating diabetes with aerosolized insulin. Chest 2001:120(Supl.):99S-106S)