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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.10 n.6 Washington Dec. 2001

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892001001200011 

Instantáneas

 

Repercusiones de la obesidad en la infancia sobre la salud en la edad adulta

 

 

La obesidad infantil está en aumento y preocupa el hecho de que pueda incrementar el riesgo de morbilidad en la edad adulta. El índice de masa corporal (IMC) en la infancia se ha correlacionado de forma significativa con el IMC en la edad adulta y se ha verificado que los adultos que fueron obesos en la infancia tienen mayor mortalidad por todas las causas. No obstante, todavía no se han esclarecido totalmente las repercusiones a largo plazo de la obesidad infantil. El objetivo de este estudio consistió en determinar si el sobrepeso en la infancia se asocia con un aumento de los riesgos para la salud en la edad adulta y en qué medida se puede atribuir dicho aumento del riesgo a la tendencia de los niños obesos a ser adultos obesos.

Para ello se utilizaron los datos del Estudio de Mil Familias de Newcastle, un estudio prospectivo de 1 142 sujetos reclutados al nacer, en mayo y junio de 1947, en la ciudad de Newcastle, Reino Unido. Dos tercios de la cohorte fueron seguidos hasta los 15 años de edad. En los años noventa se identificaron los participantes a través del registro central del Sistema Nacional de Salud del Reino Unido y se codificaron sus causas de muerte. A partir de los registros del estudio original se obtuvieron los datos sobre el desarrollo fetal, la lactancia y la infancia, entre ellos el peso al nacer, la edad gestacional, la ocupación del padre en 1947 y los pesos y tallas registrados durante la infancia. Mediante un cuestionario realizado en 1996-1998, se obtuvieron datos sobre el estilo de vida, el peso, la talla y las enfermedades en la edad adulta; durante este mismo período se realizó un examen clínico en el que se determinaron varios marcadores de riesgo biológico: grosor de la media y la íntima de la carótida, determinado por ecografía; tensión arterial; concentraciones plasmáticas de fibrinógeno, colesterol total y colesterol de las lipoproteínas de baja y alta densidad, triglicéridos, insulina y glucosa; peso, talla y perímetro de la cintura, y porcentaje de grasa corporal, determinado mediante impedanciometría.

De los 1 142 niños de la cohorte original, 932 fueron seguidos hasta el final del primer año de vida y 47 de ellos fallecieron después de los 18 años. En 688 participantes se efectuaron mediciones a los 9 años de edad, y en 628 se repitieron a los 13 años. En el examen clínico realizado a la edad aproximada de 50 años participaron 412 individuos (44%), y en 529 había datos sobre el peso y la talla a esta edad.

El IMC en la infancia mostró una correlación moderadamente significativa con el IMC en la edad adulta (a los 9 años: r = 0,24, P < 0,001; a los 13 años: r = 0,39, P < 0,001). Los individuos cuyo IMC era superior al percentil 90 a los 9 o a los 13 años tenían una probabilidad cinco a nueve veces mayor de ser obesos a los 50 años, en comparación con aquellos cuyo IMC se encontraba en el cuartil inferior. La asociación entre el IMC en la infancia y el porcentaje de grasa corporal en la edad adulta fue más débil que la registrada con respecto al IMC en la edad adulta (a los 9 años: r = 0,1, P = 0,07; a los 13 años: r = 0,22, P < 0,001).

En el análisis univariado, el IMC y el porcentaje de grasa corporal a los 50 años estaban fuertemente asociados con la mayoría de los factores de riesgo de enfermedad en la edad adulta. Después de controlar los efectos del IMC en la edad adulta, el IMC en la infancia presentó asociaciones inversas con los factores de riesgo de enfermedad en adultos. En las mujeres, el IMC a los 9 años se asoció de forma significativa con las concentraciones de triglicéridos, insulina, glucosa y colesterol total, así como con la tensión arterial diastólica y sistólica; a los 13 años solo se asoció significativamente con las concentraciones de triglicéridos, insulina y glucosa. En los hombres, el IMC a los 9 años se asoció de forma significativa con las concentraciones de triglicéridos, insulina y glucosa, mientras que a los 13 solo se asoció con la insulinemia en ayunas.

Después de controlar los efectos del porcentaje de grasa corporal en la edad adulta, en vez de los efectos del IMC a esta misma edad, las relaciones entre el IMC en la infancia y la insulinemia y la glucemia se atenuaron mucho en las mujeres y prácticamente desaparecieron en los hombres; las asociaciones entre el IMC en la infancia y la tensión arterial en la edad adulta también tendieron a desaparecer.

Los 47 individuos que fallecieron en la edad adulta y los 20 que cumplieron los criterios de síndrome metabólico no presentaron mayores probabilidades que los demás de haberse encontrado en el cuartil superior de la distribución del IMC a los 9 ni a los 13 años.

Aunque los adolescentes con sobrepeso tenían mayor tendencia a ser adultos obesos, la mayoría de los adultos obesos no habían tenido sobrepeso en la infancia y los individuos delgados en la infancia y la adolescencia no se encontraban protegidos frente a la obesidad en la edad adulta. Por otra parte, se comprobó que los individuos delgados en la infancia eran los que tenían mayor riesgo global de enfermedad en la edad adulta.

De acuerdo con los resultados de este estudio: 1) el sobrepeso en la infancia no se asoció con un aumento de los riesgos para la salud en la edad adulta; 2) el IMC en la infancia estaba relacionado con el IMC, pero no con el porcentaje de grasa corporal, en la edad adulta; 3) únicamente los niños obesos a los 13 años presentaron un mayor riesgo de ser adultos obesos, y 4) los individuos más delgados en la infancia y más gordos en la edad adulta fueron los que corrieron mayor riesgo de enfermedad en la edad adulta. Esto lleva a los autores a concluir que las intervenciones poblacionales dirigidas a reducir el IMC en la infancia podrían no proporcionar beneficios en la edad adulta. En cambio, el peso inferior al normal en la infancia sigue siendo preocupante, dado que no confiere protección frente a la obesidad en la edad adulta y se asocia con un aumento del riesgo de enfermedad a esta edad. (Wright CM, Parker L, Lamont D, Craft AW. Implications of childhood obesity for adult health: findings from thousand families cohort study. BMJ 2001;323:1280-1284.)