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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.11 n.2 Washington Feb. 2002

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892002000200009 

Instantáneas

 

Relación entre las características del consumo de alcohol y la tensión arterial

 

 

Las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de muerte en los países industrializados. Varios estudios han revelado que los acontecimientos cardiovasculares son más frecuentes los lunes que el resto de los días de la semana, fenómeno para el cual se han propuesto varias explicaciones, entre ellas el estrés que supone la vuelta al trabajo. Sin embargo, apenas se han estudiado las variaciones semanales de la magnitud de los factores de riesgo cardiovascular, como la tensión arterial (TA), que también podrían contribuir.

El consumo de alcohol está relacionado con la TA. En Francia, dicho consumo es constante a lo largo de la semana, mientras que en Irlanda del Norte tiene lugar, en su mayor parte, durante el viernes y el sábado. Además, se ha demostrado que los efectos de la ingesta aguda de alcohol son diferentes de los de la ingesta regular. Por consiguiente, los autores de este estudio se propusieron determinar si las características de la ingesta de alcohol en Irlanda del Norte y Francia tienen una influencia diferente sobre la TA.

Para ello utilizaron los datos del Estudio Epidemiológico Prospectivo del Infarto de Miocardio (Prospective Epidemiological Study of Myocardial Infarction: PRIME), en el que participaron tres centros de Francia (Lille, Estrasburgo y Toulouse) y uno de Irlanda del Norte (Belfast). Se estudió la relación entre el consumo de alcohol y la TA de lunes a viernes en varones sanos de edad mediana (50 a 59 años).

Se obtuvieron datos demográficos, socioeconómicos y sobre la dieta, el consumo de tabaco, alcohol y drogas, los antecedentes personales y familiares, y la actividad física. En el cuestionario sobre el consumo de alcohol se registró el consumo medio de vino, cerveza, cidra y licores cada día de la semana, expresado en mL/día de etanol puro. La TA se midió, en sedestación y tras 5 minutos de reposo, con un aparato automático (Spengler SP9). Las personas con antecedentes de angina de pecho, infarto del miocardio y posible cardiopatía coronaria fueron excluidas del análisis, al igual que las tratadas por hipertensión o dislipidemia. Las comparaciones univariadas entre los países se efectuaron con las pruebas de la c2 o de la t de Student, y las multivariadas con un modelo lineal general. Se consideraron significativos los valores de P < 0,05.

De las 10 595 personas inicialmente seleccionadas, 2 418 fueron excluidas por los motivos antes mencionados. De las 8 177 restantes (5 926 de Francia y 2 251 de Irlanda del Norte), 6 730 refirieron consumir alcohol al menos una vez a la semana (5 363 en Francia y 1 367 en Irlanda del Norte).

Hubo varias diferencias significativas entre los bebedores franceses e norirlandeses: los primeros estaban casados con más frecuencia y tenían más edad, mayor índice de masa corporal, mayor nivel educacional, menor frecuencia cardíaca, menor consumo de tabaco, menor consumo de alcohol total, cerveza y licores, y mayor consumo de vino.

El consumo medio de alcohol fue ligeramente mayor en los norirlandeses que en los franceses (325 ± 333, frente a 317 ± 249 mL/semana), aunque la diferencia fue estadísticamente significativa (P < 0,01; prueba de Kruskal-Wallis). En los franceses, el consumo total de alcohol estaba distribuido uniformemente a lo largo de la semana, mientras que en los norirlandeses el 66% de dicho consumo tenía lugar los viernes y sábados.

Después de ajustar los datos por edad, índice de masa corporal, frecuencia cardíaca, número de años de escolaridad, estado civil, actividad laboral y consumo de tabaco, los norirlandeses tenían una TA sistólica (TAS) significativamente mayor y una TA diastólica (TAD) significativamente menor que los franceses. Además, tanto la TAS como la TAD presentaron diferencias significativas según el día e interacciones significativas entre el país y el día, incluso después de ajustar los resultados en función del consumo total de alcohol. En los norirlandeses bebedores, la TAS y la TAD fueron más elevadas el lunes y disminuyeron desde entonces hasta el viernes, mientras que en los franceses las cifras de TA fueron constantes a lo largo de toda la semana; en los no bebedores no se observaron relaciones similares. En los norirlandeses, la TAS y la TAD estaban correlacionadas de forma significativa con la cantidad media de alcohol consumida en los 3 y 4 días anteriores, mientras que en los franceses la relación entre la cantidad de alcohol consumida y la TAS y la TAD no mostró variaciones en función del intervalo de tiempo.

Estos resultados llevan a los autores a concluir que el gran consumo de alcohol concentrado en los fines de semana tiene un efecto adverso sobre la TA que no se observa cuando el consumo de alcohol está distribuido uniformemente a lo largo de toda la semana. Estos resultados concuerdan con los de otros estudios que han revelado que el diagnóstico de hipertensión arterial es más frecuente los lunes en los bebedores del fin de semana que en los bebedores con un consumo más uniforme a lo largo de toda la semana. Otros factores que no se investigaron en este estudio, pero que podrían estar relacionados con el consumo de alcohol durante el fin de semana, son el consumo de tabaco y de comidas saladas, o los efectos del consumo de cerveza no relacionados directamente con el alcohol, como el hiperaldosteronismo secundario a la hiponatremia inducida por la hipoosmolalidad de la cerveza. Por otra parte, los resultados obtenidos apoyan la hipótesis de que, debido al aumento de la TA, la gran ingesta de alcohol durante los fines de semana podría explicar, al menos de forma parcial, la mayor incidencia de infartos de miocardio que se observa los lunes. (Marques-Vidal P, Arveiler D, Evans A, Amouyel P, Ferrières J, Ducimetière P. Different alcohol drinking and blood pressure relationships in France and Northern Ireland: The PRIME Study. Hypertension 2001;38:1361-1366.)