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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.11 n.2 Washington Feb. 2002

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892002000200010 

Instantáneas

 

Los suplementos de vitamina A reducen los efectos adversos de la infección por VIH-1, de la malaria y de las diarreas infecciosas sobre el crecimiento infantil

 

 

El retraso del crecimiento y el déficit de vitamina A siguen siendo importantes problemas de salud pública en los lactantes y preescolares de los países en desarrollo. Algunos estudios observacionales han indicado que la vitamina A tiene un papel fundamental en el crecimiento, pero los ensayos clínicos han proporcionado resultados contradictorios que no permiten demostrar claramente una relación causal. Datos recientes indican que la aparente ausencia de efectos de la vitamina A sobre el crecimiento podría deberse a otros factores que afectan tanto al crecimiento como a la respuesta a los suplementos de esta vitamina, entre ellos las infecciones. Sin embargo, sigue existiendo un gran desconocimiento acerca de los efectos de los suplementos de vitamina A sobre el crecimiento de los niños con enfermedades infecciosas. La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), la malaria y las enfermedades diarreicas se asocian con un aumento de la prevalencia del déficit de vitamina A. Los autores de este estudio se propusieron investigar si los suplementos de vitamina A mejoran los efectos adversos de estas infecciones sobre el crecimiento infantil.

Para ello, entre abril de 1993 y marzo de 1977 se realizó un estudio aleatorizado, doblemente enmascarado, controlado con placebo, en 687 niños de 6 a 60 meses de edad ingresados con neumonía en un hospital de Dar es Salaam, Tanzanía. El estudio se diseñó para investigar los efectos de los suplementos de vitamina A sobre la gravedad de la neumonía durante la hospitalización y sobre la morbilidad, mortalidad y crecimiento posteriores al alta. Se excluyeron los niños con signos y síntomas oculares de déficit de vitamina A, peso según la edad < 60% de la mediana de referencia y presencia de sarampión, tuberculosis pulmonar, difteria o tos ferina, así como los que habían recibido suplementos de vitamina A en los 4 meses anteriores.

Aleatoriamente, los niños recibieron 200 000 UI de vitamina A (60 mg de retinol en forma de retinilpalmitato) o placebo. El tratamiento asignado se administró en cuatro ocasiones: los dos primeros días del ingreso y 4 y 8 meses después del alta. Los menores de 12 meses recibieron la mitad de la dosis. Prácticamente el 100% de los niños tomaron las dos primeras dosis, administradas en el hospital, el 75% la tercera y el 74% la cuarta.

La talla, el peso y el perímetro del brazo se midieron mensualmente durante los 12 meses siguientes a la hospitalización inicial. La morbilidad se vigiló cada 15 días, prestando especial atención a las infecciones respiratorias y gastrointestinales. Se obtuvieron muestras de sangre de todos los casos en la consulta inicial, y de parte de ellos a los 4 y a los 8 meses. Las muestras se utilizaron para determinar parámetros hematológicos y detectar la presencia de malaria o infección por el VIH.

El análisis se efectuó por intención de tratar, con la participación de todos los niños en los que se realizaron al menos dos mediciones antropométricas más de 14 días después del alta del hospital. Las variables de eficacia primarias fueron el aumento del peso y de la talla en los 12 meses posteriores al ingreso.

En 554 de los 687 participantes se efectuaron las dos mediciones antropométricas necesarias para que pudieran ser incluidos en el análisis. La duración mediana del período de seguimiento y el número mediano de mediciones por niño fueron idénticas en ambos grupos: 351 días y 10 mediciones/ niño, respectivamente. Tampoco hubo diferencias significativas entre los grupos con respecto a la distribución de las características basales. El 24% de los niños (115) fueron diagnosticados de malaria, por Plasmodium falciparum en prácticamente todos, y el 9% (47), de infección por VIH. La prevalencia del retraso del crecimiento y de la emaciación en el examen inicial fue del 30,7% y 8,6%, respectivamente.

Los suplementos de vitamina A no tuvieron un efecto global significativo sobre el aumento de la talla ni del peso al cabo de 1 año, ni antes ni después de ajustar los datos en función de la presencia de malaria, infección por VIH o anemia grave, del bajo perímetro del brazo, de la calidad del suministro de agua, del número de enseres del domicilio ni de la estación en la que se efectuó la aleatorización. En los 372 niños que no presentaban retraso del crecimiento en el examen basal, los suplementos de vitamina A se asociaron con una reducción casi significativa (23%; intervalo de confianza del 95% [IC95]: -4 a 44%; P = 0,09) del riesgo de retraso del crecimiento en el año siguiente. Este resultado se mantuvo después de controlar el efecto de la edad, de la malaria y la infección por VIH, del perímetro del brazo y del número de enseres del domicilio. En los 491 niños sin emaciación en el examen inicial, los efectos de la vitamina A sobre el riesgo de emaciación en el año siguiente no fueron significativos antes ni después del ajuste (riesgo relativo [RR] no ajustado: 0,88; IC95: 0,52 a 1,50).

En los niños de menos de 18 meses infectados por el VIH, los suplementos de vitamina A produjeron un significativo aumento de la talla. Cuatro meses después de la primera dosis, estos niños habían crecido 2,8 cm (IC95: 1,0 a 4,6) más que los que recibieron placebo; en los no infectados por el VIH no se observó este efecto (diferencia a los 4 meses: -0,2 cm; IC95: -0,8 a 0,5). Los menores de 12 meses con malaria en el examen inicial y tratados con vitamina A tuvieron un aumento de peso anual de 747 g (IC95: 71 a 1423) más que los tratados con placebo; en los niños sin malaria, el efecto no fue significativo (-57 g; IC95: -461 a 348). Estos resultados no cambiaron tras los ajustes en función de varios indicadores socioeconómicos y del estado nutricional al inicio del estudio. En los niños cuyas casas tenían malos suministros de agua, la vitamina A también mejoró el crecimiento en estatura (0,8 cm/año; IC95: 0 a 1,5) y, además, se asoció con una reducción del 36% (IC95: 3 a 58%) en el riesgo de retraso del crecimiento; en aquellos cuyas casas disponían de agua corriente no se observó ninguno de estos dos efectos. El aumento de peso fue mayor en los niños con perímetro braquial inferior al percentil 25 (458 g/año; IC95: 1 a 905), pero la vitamina A no proporcionó ningún beneficio en aquellos con mayor perímetro. Los suplementos de vitamina A eliminaron prácticamente el riesgo de retraso del crecimiento asociado con los episodios de diarrea persistente (duración > 14 días) (RR: 1,0; IC95: 0,3 a 1,3), pero no modificaron el riesgo de retraso del crecimiento ni de emaciación asociado con las infecciones respiratorias.

De acuerdo con los resultados obtenidos, los autores concluyen que la administración cuatrimestral de suplementos de vitamina A a los niños de menos de 5 años es una medida de bajo costo que puede ser eficaz para mejorar su crecimiento en poblaciones con una elevada incidencia de enfermedades infecciosas como la infección por VIH, la malaria, la diarrea persistente y la disentería. En este estudio, los suplementos mejoraron el crecimiento en estatura de los lactantes infectados por el VIH y el crecimiento ponderal de los lactantes con malaria, además de reducir el riesgo de retraso del crecimiento asociado con la diarrea persistente. (Villamor E, Mbise R, Spiegelman D, Hertzmark E, Fataki M, Peterson KE, et al. Vitamin A supplements ameliorate the adverse effect of HIV-1, malaria, and diarrheal infections on child growth. Pediatrics 2002;109(1):e6 [Publicación previa en versión electrónica. Disponible en: http://www.pediatrics.org/cgi/content/full/ 109/1/e6 Acceso el 22 de enero de 2002].)