SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.12 issue2Hypovitaminosis A in Brazil: a public health problemPrimer aislamiento en humanos de un hantavirus, el virus de los Andes, en las Américas author indexsubject indexarticles search
Home Page  

Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.12 n.2 Washington Aug. 2002

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892002000800008 

Instantáneas

 

Desarrollo de fármacos para las enfermedades desatendidas

 

 

Las enfermedades infecciosas tropicales como la malaria, la leishmaniasis, la filariasis linfática, la enfermedad de Chagas o la esquistosomiasis siguen siendo una importante causa de morbilidad y mortalidad, sobre todo en los países en desarrollo, pero la creación de nuevos fármacos para combatir estas enfermedades se encuentra prácticamente detenido. En este artículo los autores analizan las tendencias del desarrollo de nuevos medicamentos a lo largo de los últimos 25 años y las perspectivas existentes para estimular la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos contra las enfermedades desatendidas de los países pobres.

Entre 1975 y 1999 se aprobó la comercialización de 1 393 nuevas entidades químicas (NEQ), cuya distribución cuantitativa por las diferentes áreas terapéuticas muestra un gran sesgo en favor de los países ricos. En lo que se refiere a las enfermedades infecciosas y parasitarias, que representan un tercio de la carga de morbilidad mundial, pero solo un 5% de la carga de morbilidad en los países industrializados, el número de NEQ por millón de años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD) fue de 0,55, mientras que para las principales enfermedades de los países desarrollados fue dos a tres veces mayor: de 1,25 para las enfermedades cardiovasculares a 1,44 para las enfermedades respiratorias no infecciosas. El número de NEQ/millón de AVAD para la totalidad de las enfermedades infecciosas se debió sobre todo a los 20 fármacos antirretrovíricos desarrollados en los últimos 5 a 15 años (0,37 NEQ/millón de AVAD), gracias al serio compromiso político de los países desarrollados y a las grandes inversiones de la industria farmacéutica, estimulada por la gran rentabilidad potencial de estos mercados. En cambio, esta cifra apenas superó 0,1 NEQ/millón de AVAD en el caso de la tuberculosis (0,11), las parasitosis en general (0,10) y la malaria en particular (0,10).

El artículo aporta muchos otros datos igualmente ilustrativos. Por ejemplo:

• Solo 16 de las 1 393 NEQ comercializadas entre 1975 y 1999 se destinaron a estas enfermedades: 13 a las enfermedades tropicales y 3 a la tuberculosis.

• En todo el mundo se gastan 307 millones de dólares estadounidenses ($US) por millón de AVAD en enfermedades respiratorias no infecciosas, frente a $3 millones por millón de AVAD en enfermedades tropicales.

• Los medicamentos para las enfermedades cardiovasculares y del sistema nervioso central representan 35% de las ventas mundiales de medicamentos y 28% de las 1 393 NEQ.

• De los $35,3 mil millones invertidos por la industria farmacéutica en investigación y desarrollo en 1999, solo 10,1% se destinó a las enfermedades infecciosas. La inversión total (pública y privada) en investigación y desarrollo de medicamentos para la malaria, la tuberculosis, la leishmaniasis y la tripanosomiasis africana fue inferior a $70 millones. Además, el desarrollo de las 16 NEQ mencionadas recibió algún tipo de apoyo del sector público.

• El 68,7% de las 1 393 NEQ registradas entre 1975 y 1999 presentaron escasas o nulas ventajas terapéuticas con respecto a los fármacos ya existentes, mientras que para las enfermedades desatendidas solo se crearon NEQ innovadoras. Además, las 16 NEQ registradas para tratar las enfermedades desatendidas han sido incluidas en la Lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud, frente a tan solo 2% del resto de los medicamentos registrados en el mencionado período.

• El tiempo medio de desarrollo clínico de los medicamentos destinados a combatir las enfermedades desatendidas es mayor que el de los destinados a otras indicaciones.

Pero lo peor es que no hay indicios de que la investigación y desarrollo de medicamentos para las enfermedades desatendidas vaya a mejorar en un futuro cercano. Aunque se han producido importantes adelantos en la comprensión de la fisiopatología y la biología molecular de estas enfermedades, eso no se ha reflejado en la aparición de nuevos productos que cubran las necesidades de los pacientes. Aunque se publica más sobre la biología de las leishmanias y los tripanosomas que sobre cualquier otro parásito, este acervo de conocimientos no ha dado lugar a la aparición de nuevos productos terapéuticos, hecho que se debe sobre todo a inversiones insuficientes en investigación y desarrollo. Por ejemplo, las inversiones en la investigación de la malaria ($42 por caso mortal) son por lo menos 80 veces menores que las inversiones en la investigación del VIH/sida y 20 veces menores que en la investigación del asma. La situación de las demás enfermedades desatendidas es todavía peor que la de la malaria.

Esta situación se explica en gran parte por las leyes del mercado. Así, mientras que los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) gastan en medicamentos aproximadamente $239 per cápita al año, la mayoría de los países en desarrollo gastan menos de $20 per cápita al año en todos sus programas de salud, incluidos los gastos en medicamentos (en el África subsahariana, la cifra es todavía menor: menos de $6). Por lo tanto, la industria farmacéutica tiene un gran incentivo para crear fármacos destinados a los países industrializados, pero no a los países en desarrollo. Con el fin de corregir este desequilibrio, se están proponiendo diversas medidas reguladoras del mercado para atraer las inversiones y reinversiones de la industria farmacéutica hacia el campo de las enfermedades desatendidas y se han creado múltiples alianzas entre los sectores público y privado que combinan las capacidades y recursos de uno y otro. No hay duda de que estas medidas son necesarias, pero, según los autores, sus posibles efectos serán probablemente insuficientes para colmar las enormes y crecientes necesidades de salud de las personas pobres de los países en desarrollo.

Por otra parte, los autores opinan que en la actualidad existe un desequilibrio entre los derechos y las obligaciones del sector privado según los acuerdos internacionales en vigor. Por ejemplo, el sector público, que es el principal comprador de medicamentos, le proporciona al sector privado incentivos para la innovación a través de las patentes, pero apenas tiene voz en la elaboración de los programas de investigación de la industria farmacéutica. En este sentido, se podría establecer la obligación de que la industria reinvirtiera un porcentaje de sus beneficios en la investigación y desarrollo de medicamentos para las enfermedades desatendidas.

El Grupo de Trabajo sobre Medicamentos para las Enfermedades Desatendidas (Drugs for Neglected Diseases), del que forman parte los autores de este estudio, está investigando la factibilidad de una iniciativa internacional sin ánimo de lucro que se concentre en los proyectos de desarrollo de medicamentos para las enfermedades más desatendidas y consiga sustraer a la lógica del mercado la investigación y desarrollo de medicamentos que pueden salvar muchas vidas. (Trouiller P, Olliaro P, Torreele E, Orbinski J, Laing R, Ford N. Drug development for neglected diseases: a deficient market and a public-health policy failure. Lancet 2002;359: 2188-2194.)