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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.12 n.2 Washington Aug. 2002

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892002000800010 

Instantáneas

 

Los anticonceptivos orales y el riesgo de cáncer de mama

 

 

En 1996, un metaanálisis de 54 estudios epidemiológicos sobre el consumo de anticonceptivos orales y el riesgo de cáncer de mama (CM) reveló un ligero aumento del riesgo en las mujeres que estaban tomando anticonceptivos orales (AO), en comparación con las que no los habían tomado: riesgo relativo (RR), 1,24; intervalo de confianza de 95% (IC95), 1,15 a 1,33. El riesgo también estaba aumentado en las que habían tomado AO en los últimos 10 años, pero no en las que los habían dejado de tomar hacía más tiempo. Sin embargo, los estudios analizados habían sido publicados a lo largo de un período de 25 años y presentaban importantes diferencias metodológicas, por lo que los autores del presente artículo se propusieron examinar nuevamente este problema.

Para ello realizaron un estudio de casos y controles basado en la población en el que investigaron el papel del consumo de AO como factor de riesgo de CM en mujeres de 35 a 64 años y en diferentes subgrupos definidos en función de la edad, la raza, la presencia o ausencia de antecedentes familiares de cáncer de mama y otros factores.

Participaron 4 575 mujeres con CM invasor diagnosticado entre 1994 y 1998, y 4 682 controles. Las participantes fueron entrevistadas personalmente para obtener información sobre el consumo de AO y otras hormonas, los antecedentes reproductivos, la salud general y los antecedentes familiares. Los AO se clasificaron como anticonceptivos combinados (estrógenos y progestágenos) o solo progestágenos. Se consideró que contenían altas dosis de estrógenos las formulaciones con dosis de etinilestradiol ³ 50 mg o dosis de mestranol ³ 75 mg. Los progestágenos se dividieron en tres grupos: estranos, gonanos y otros. El RR de cáncer de mama se estimó a partir de las razones de probabilidades (odds ratios), calculadas mediante regresión logística condicional. No obstante, para facilitar su presentación, los autores comentan los datos como RR, y no como razones de probabilidades. Se consideraron estadísticamente significativos los valores de P ³ 0,05.

Además del lugar de estudio, la raza y la edad, se analizaron ocho posibles factores de confusión: nivel educacional, ingresos, ejercicio físico semanal, número de biopsias mamarias, duración de la lactancia materna, tabaquismo, cantidad de alcohol consumida y presencia o ausencia de antecedentes de esterilización tubárica, mamografía, enfermedades médicas importantes e inyecciones o implantes de anticonceptivos. Como ninguno de estos factores adicionales alteró las estimaciones, se excluyeron de los modelos.

El 65% de las mujeres eran blancas y el 35%, negras. Los casos y los controles presentaron diferencias significativas con respecto a la distribución de múltiples características, como el número de embarazos a término y la presencia o ausencia de antecedentes familiares de CM. El 77% de los casos y el 79% de los controles habían tomado algún tipo de AO.

El RR fue de 1,0 (IC95: 0,8 a 1,3) para las mujeres que estaban consumiendo AO en la actualidad, y de 0,9 (IC95: 0,8 a 1,0) para las que los habían consumido con anterioridad. El RR no aumentó de forma homogénea con la duración del consumo ni con las dosis de estrógenos. Tampoco hubo diferencias en función del tipo de progestágeno. Los resultados fueron similares en las mujeres de raza negra y blanca. El consumo de AO por las mujeres con antecedentes familiares de CM no se asoció a un aumento del riesgo de CM. Al examinar varios aspectos del consumo (actual, pasado o en cualquier momento; duración; edad de inicio; tiempo transcurrido desde que se dejaron de tomar, y dosis de estrógenos), tampoco se obtuvieron pruebas de que los AO aumenten el riesgo. Los resultados fueron muy similares en las mujeres de 35 a 44 años y en las de 45 a 64 años. El RR tuvo tendencia a ser mayor en las mujeres que seguían tomando AO en la actualidad que en las que ya habían dejado de tomarlos, pero fue similar en estas y en las que nunca los habían tomado. También se realizó un análisis para determinar si el riesgo de CM asociado al consumo de AO variaba en función de la presencia o ausencia de antecedentes familiares de CM, del índice de masa corporal o del estado menopáusico. Los resultados obtenidos en estos subgrupos fueron similares a los del análisis global.

Los autores concluyen que el consumo actual o pasado de AO no incrementa de forma significativa el riesgo de CM en mujeres de 35 a 64 años. Este resultado es de enorme importancia para la salud pública, dado que más de 75% de las cerca de 10 000 participantes en este estudio habían consumido AO. Con una exposición tan alta, incluso un pequeño aumento del riesgo podría suponer un número considerable del número de nuevos casos de CM. El hecho de que el estudio haya estado basado en la población reduce el riesgo de introducir sesgos en la selección de los casos y los controles. (Marchbanks PA, McDonald JA, Wilson HG, Folger SG, Mandel MG, Daling JR, et al. Oral contraceptives and the risk of breast cancer. N Engl J Med 2002;346:2025-2032.)