SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.13 issue1Reacciones adversasEnmiendas a la rotulación: cambios de formulación author indexsubject indexarticles search
Home Page  

Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.13 n.1 Washington Jan. 2003

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892003000100010 

INFORMACIÓN FARMACOLÓGICA

 

Uso racional

 

 

La seguridad de los nuevos antiepilépticos

El desarrollo de nuevos fármacos antiepilépticos (FAE) obedece a la necesidad de encontrar solución a las epilepsias resistentes a los FAE clásicos y alternativas terapéuticas más seguras.

Lamotrigina. Entre los nuevos FAE, es el que se asocia a mayor incidencia de reacciones idiosincrásicas, multisistémicas o circunscritas a la piel, y que suelen aparecer durante las primeras 8 semanas de tratamiento. Las reacciones cutáneas son el principal efecto adverso que obliga a suspender el tratamiento y su frecuencia oscila en torno al 5 a 10%. Generalmente se trata de erupciones morbiliformes sin afectación sistémica. La incidencia de síndrome de Stevens-Johnson en los ensayos clínicos ha sido de 1:1000, y también se han notificado algunos casos de necrólisis epidérmica tóxica. En un estudio observacional, la incidencia de erupciones cutáneas fue casi el doble en la mujer que en el hombre, y la incidencia de efectos adversos cutáneos graves parece ser mayor en la población pediátrica (1:50 a 1:300). El tratamiento simultáneo con ácido valproico, las altas dosis iniciales y el incremento rápido de las dosis son factores de riesgo que favorecen la aparición de reacciones cutáneas asociadas a la lamotrigina. El síndrome de hipersensibilidad a la lamotrigina es una enfermedad sistémica que hasta ahora no se ha descrito con otros nuevos FAE y que cursa con fiebre y afectación de uno o más órganos internos; se desconoce su etiopatogenia.

Vigabatrina. Las principales reacciones adversas asociadas a este fármaco son los defectos del campo visual, las reacciones psiquiátricas y el agravamiento de la epilepsia. Las primeras suelen consistir en una reducción concéntrica del campo visual, bilateral y de localización pre ferentemente nasal, y pueden ser asintomáticas o interferir con las actividades diarias del paciente; la prevalencia de casos sintomáticos es muy variable (0,1 a 30%) según la fuente y la metodología empleada, mientras que la prevalencia de casos asintomáticos podría llegar al 17 a 73%. Las reacciones adversas psiquiátricas podrían estar relacionadas con las propiedades GABA-miméticas del fármaco. La incidencia de psicosis, variable según la fuente y los métodos empleados, puede llegar al 6% en hospitales de tercer nivel. La incidencia de depresión se ha situado en torno al 2,4% en diversos ensayos clínicos, pero algunos autores señalan que hay hasta un 7 a 12% de pacientes que deben interrumpir el tratamiento debido a la aparición de trastornos afectivos. Además de varios casos aislados en los que la vigabatrina se asoció a la aparición de mioclonías, se ha publicado un estudio retrospectivo de 194 niños, en un 10% de los cuales se observó un aumento de las convulsiones; además, en un 14% aparecieron nuevos tipos de convulsiones, en su mayoría mioclonías, a menudo asociadas a un empeoramiento del estado general.

Oxcarbazepina. Aunque generalmente se acepta que tiene menor incidencia de erupciones cutáneas que la carbamazepina, en un estudio retrospectivo de 947 pacientes, el 6% sufrió reac ciones de este tipo. La mitad de ellos tenían antecedentes de reacciones alérgicas a la carbamazepina y entre los pacientes con estos antecedentes hay hasta un 25% con hipersensibilidad cruzada. Por otra parte, la incidencia de hiponatremia (cerca del 2,7%) parece ser mayor que con la carbamazepina; el cuadro clínico es potencialmente más grave y más frecuente (7,3%) en los ancianos.

Topiramato. Además de las diversas reacciones adversas neurológicas y psiquiátricas comunes a la mayoría de los FAE, cabe destacar las parestesias digitales y peribucales, probablemente debidas a alcalosis secundaria a la inhibición de la anhidrasa carbónica, los trastornos del habla (10 a 13%) y la exacerbación de las convulsiones (3%). También son frecuentes la somnolencia (28%) y los problemas de memoria y falta de concentración (13%). Los cálculos renales ocurren en el 2% de los pacientes y son más frecuentes en los hombres. La pérdida de peso parece ser dependiente del efecto diurético, dependiente de la dosis y más acusada en pacientes con mayor sobrepeso. El topiramato también se ha asociado a un síndrome de miopía aguda y glaucoma de ángulo estrecho, cuyos síntomas (disminución de la agudeza visual y dolor ocular) suelen aparecer durante el primer mes de tratamiento.

Gabapentina. Los ensayos clínicos que han comparado la adición de este fármaco o de placebo al tratamiento con otros FAE, han mostrado un aumento de la frecuencia de las reacciones adversas más frecuentes comunes a los nuevos y a los antiguos FAE: somnolencia, mareos, ataxia, nistagmo, cefaleas, náuseas, vómitos y diplopia. También se han descrito casos aislados de trastornos psiquiátricos, al parecer relacionados con la dosis. Sin embargo, la reacción adversa más importante quizás sea el empeoramiento de la epilepsia, que afectó al 15% de los pacientes en una auditoría del uso de la gabapentina en un hospital de tercer nivel.

No hay datos definitivos que demuestren que los nuevos FAE sean más eficaces o menos tóxicos que los FAE clásicos, y además tienen un costo más elevado. Por consiguiente, su uso debería limitarse a las indicaciones autorizadas, evitando en lo posible su empleo en grupos de alto riesgo. En todo caso, su uso parece estar más justificado en las epilepsias resistentes a otros FAE que en la monoterapia de epilepsias diagnosticadas recientemente.