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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.13 n.1 Washington Jan. 2003

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892003000100020 

PUBLICACIONES/PUBLICATIONS

 

 

Maneater and other true stories of a life in infectious diseases

Por Pamela Nagami. Los Angeles: Renaissance Books; 2001. 288 pp. Precio: $US 24.95
ISBN 1-58063-209-2

 

Mucho se ha escrito acerca de la importancia que tiene, durante un acto clínico, profundizar en los sentimientos del paciente. Pero, ¿hasta dónde se conocen los sentimientos y emociones del médico que se encarga de cuidar la salud de aquel? ¿Quién sabe de la angustia que se apodera del médico primerizo que espera en el cuarto de guardia a que lo llamen del servicio de urgencias? ¿Cómo se enfrenta el médico al estrés de practicar o presenciar un aborto terapéutico? ¿Quién lo acompaña en la angustia de no poder diagnosticar la enfermedad que aprisiona los pulmones de su paciente? ¿Cuál es la vivencia de un médico que asiste al funeral de aquel a quien debió salvarle la vida? Son todas preguntas que médicos de todo el mundo podrían contestar fácilmente, pero que muy pocos se atreven a plantearse a sí mismos, menos a sus colegas, aun menos frente a los enfermos y, excepcionalmente, ante el público en general.

Alguien ha tenido el valor de hacerlo en este libro. Se trata de la doctora Pamela Nagami, especialista en enfermedades infecciosas y poseedora de una extraordinaria capacidad para incluir en cada uno de sus ensayos reflexiones personales mezcladas con la descripción de cuadros clínicos, pesquisa de enfermedades exóticas o la historia natural de padecimientos causados por bacterias, hongos o virus. El título de su libro lo anuncia: Maneater and other true histories of a life in infectious diseases [Devorador de hombres y otros relatos reales de una vida dedicada a las enfermedades infecciosas].

En uno de esos ensayos, la doctora Nagami, en el mejor estilo de los cuentos policiacos, nos hace participar en la cacería de un gusano de extraño nombre: Gnathostoma. Las pistas van surgiendo poco a poco. La pesquisa arranca en el aeropuerto de la ciudad de Ho Chi Minh (cuando el paciente llega a visitar a su familia), sigue por la antigua sede imperial de Hue para luego moverse hacia Hanoi, proseguir por las costas de Nah Trang y regresar a Ho Chi Minh, justo a tiempo para celebrar el Nuevo Año Lunar.

¿Dónde se encontró al asesino? En el lugar menos pensado: en el hígado crudo de una serpiente cobra. La autora va trazando la historia natural de varias enfermedades causadas por gusanos y, por fin, descubre que su paciente fue invitado a comer un extraño platillo: corazón crudo de cobra. De allí se liberó una larva enquistada que al desarrollarse en el organismo del paciente produjo los síntomas de coccidioidomicosis: fiebre, dolor, molestia hepática, urticaria y una elevadísima eosinofilia. Pocos meses después el paciente se recobró bajo tratamiento con albendazole.

A propósito de lo sucedido, la autora previene a sus lectores: "El ser humano vive y viaja a lo largo y ancho del mundo [...] Debido a que somos uno de los mayores y más poderosos animales sobre la Tierra, olvidamos que nosotros mismos podemos caer en los mayores peligros cuando no respetamos a las criaturas más pequeñas que, también, son parte del balance de la Naturaleza". No menos dramático es el ensayo en que se describe el encuentro de la autora con un paciente infectado por el VIH. Sucedió en 1989, mientras un perro ladraba detrás de una reja pintada de blanco y el sol bañaba los jardines frente a la Unidad 10 de un hospital para veteranos de la guerra. "Rompí un abatelenguas en dos para improvisar un instrumento afilado que me sirviera para explorar la sensibilidad en las piernas y los pies de mi paciente", recuerda la doctora Nagami. Cada vez que ella puncionaba los nódulos cutáneos del enfermo, la respuesta era la misma. "Nada, nada, nada". Creyendo que su improvisado instrumento de exploración había perdido su agudeza, sin pensarlo, de manera rutinaria, la doctora se pinchó la palma de la mano izquierda hasta que apareció una gota de sangre. Con horror se dio cuenta de que si el puntiagudo abatelengas había penetrado a través de su piel, lo mismo habría perforado los nódulos del paciente quien, como había perdido la sensibilidad, siempre dio una respuesta negativa. ¡Estaba en peligro de haberse inoculado ella misma el virus de la inmunodeficiencia humana!

Con la angustia patente en su rostro, consultó a sus colegas, tan alarmados como ella misma. Un experto la tranquilizó: las posibilidades de que se hubiera autoinfectado eran muy remotas, ya que el abatelenguas, que pudo haber sido el asesino, no se había manchado con la sangre del paciente.

Pero la angustia regresa dos veces por año a través de un sueño recurrente. La doctora Nagami lo relata así: "En mi sueño percibo que el resultado negativo de mi prueba fue un error de laboratorio; que a lo largo de los años, sin darme cuenta, estoy cada vez más y más enferma. Pierdo peso y sufro un extraño tipo de cáncer; me doy cuenta de que pronto moriré de sida y llamo a mis hijos a mi alrededor porque quiero que sepan qué es lo que me pasa. De pronto, despierto, pero el sentimiento angustioso permanece durante varias horas".

En el ensayo que le da nombre al libro, el personaje es el llamado "estreptococo devorador de carne", cuyo nombre científico es Streptococcus pyogenes. Este estreptococo fue el causante de las más graves septicemias en pacientes que tuvieron que sufrir la amputación de uno o más de sus miembros a causa de heridas infectadas. Así mismo, se le encontró culpable de infecciones intrahospitalarias que cobraron la vida, no sólo de enfermos, sino de enfermeras y médicos, y es la causa de la escarlatina, una complicación casi mortal de las faringitis estreptocócicas. Muchos de estos peligros parecían haber desaparecido después del surgimiento de las sulfonamidas y los antibióticos, pero, desde mediados de los años 90, han vuelto a publicarse casos de infecciones por estreptococo tipo A. Eso, sin contar que en países donde las condiciones son precarias todavía aparecen casos de endocarditis estreptocócica, una amenaza mortal latente.

La autora relata varios casos presenciados y estudiados por ella en los cuales el estreptococo tipo A causó la necrosis de tejidos y llevó a los pacientes a la sala de operaciones para sufrir extensas resecciones o, en el peor de los casos, provocó la muerte a causa de una septicemia incontrolable. La mayoría de las estreptococias sanan después de una intensa terapéutica con antibióticos, sea por vía bucal o endovenosa. Pero la victoria dura unos cuantos meses. En muchos casos los pacientes regresan al hospital víctimas de otro ataque de este contumaz "devorador de carne".

Cada uno de los ensayos de la doctora Nagami invita a una lectura y a una reflexión. En todos ellos destaca la confesión abierta, franca, en ocasiones muy cruda, de los sentimientos, las emociones, los anhelos, de una mujer que lucha contra las enfermedades infecciosas. Todo aquello que, como dijimos, se suele esconder detrás de una bata blanca y un cubrebocas estéril.

Los títulos de los once ensayos que conformana este libro son: Worm hunt. Wounder hearts. Valley Fever. AIDS. Maneater. A fever from Africa. The woman with the worm in her head. Septic shock. A case of chickenpox. Call me spot.