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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.14 n.4 Washington Oct. 2003

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892003000900010 

INSTANTÁNEAS

 

Caminar mejora la tolerancia a la glucosa en mujeres con sobrepeso

 

 

Se ha comprobado que el ejercicio físico es beneficioso para las personas con diabetes tipo 2, en quienes ayuda a reducir la glucemia, aumentar la sensibilidad a la insulina y reducir la obesidad y el riesgo de trastornos cardiovasculares. Lamentablemente, las exigencias de la vida laboral interfieren con la práctica de algún tipo de actividad física estructurada y fomentan un estilo de vida sedentario, aun cuando los beneficios del ejercicio se hacen cada vez más patentes. Según los datos arrojados por un estudio del Jefe de Sanidad de los Estados Unidos de América, muy pocos estadounidenses practican un régimen estructurado de ejercicios. Como resultado, el Colegio Estadounidense de Medicina Deportiva (CEMD) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta, Georgia, recomiendan que toda persona adulta acumule por lo menos 30 minutos de ejercicio moderadamente intenso todos los días. La recomendación es fácil de cumplir con solo caminar alrededor de tres kilómetros a paso acelerado todos los días. Una persona sedentaria normalmente camina alrededor de 4 000 a 6 000 pasos al día, de tal manera que con solo caminar tres kilómetros adicionales (unos 4 000 pasos) alcanzará los 10 000 pasos diarios, que es el número recomendado en la actualidad. La recomendación de los 10 000 pasos tiene ventajas: es fácil de observar y el ejercicio tiene carácter acumulativo, lo cual facilita su incorporación a la rutina diaria. Por otra parte, hasta la fecha no se ha determinado si su cumplimiento redunda en beneficios sanitarios específicos.

Investigadores de la Universidad de Tennessee en Knoxville emprendieron un estudio de 12 semanas con 18 mujeres voluntarias de 40 a 65 años de edad. El objeto era determinar si caminar 10 000 pasos al día durante 8 semanas era suficiente para mejorar la tolerancia a la glucosa en mujeres sedentarias y con sobrepeso que estaban en riesgo de sufrir diabetes tipo 2. Todas las participantes tenían antecedentes familiares de este tipo de diabetes y un índice de masa corporal (IMC) > 25,0 kg/m2 sostenido durante un mínimo de 6 meses. Diez de las mujeres eran posmenopáusicas y cinco de ellas recibían terapia de restitución hormonal. Tres mujeres tenían, además, antecedentes de diabetes gestacional y 11 tenían un diagnóstico de hipertensión arterial. El estudio se diseño de tal manera que las propias mujeres sirvieron de pacientes y testigos simultáneamente. Durante las primeras 4 semanas se les pidió que no alteraran su actividad física habitual; en las 8 semanas posteriores las mujeres fueron sometidas a una intervención que consistió en hacerlas caminar 10 000 pasos diarios en total. Los pasos se contaron mediante un podómetro y todo ejercicio fue anotado en un registro de actividades. A las mujeres se les prohibió que se pusieran a régimen dietético durante el estudio.

Al final del estudio, el valor de glucosa en la sangre a las 2 horas de ingerida la carga de glucosa oral había disminuido un 11% (P < 0,001) en promedio. No se encontraron diferencias significativas entre pacientes y testigos en los valores de glucosa en sangre por debajo de la curva (VDC), la glucosa plasmática en ayunas, la glucosa plasmática máxima, la insulina en ayunas y la insulina a las 2 horas de ingerida la carga oral de glucosa. No obstante, la presión arterial sistólica al final del estudio fue más baja (P = 0,001) que a su inicio y a las 4 semanas, y la diastólica fue más baja tanto a las cuatro semanas (P = 0,002) como al final del estudio (P = 0,014). No se observaron cambios significativos en el porcentaje de grasa corporal, la circumferencia de la cintura, o la relación entre la cintura y la cadera. Tampoco se observó ninguna diferencia significativa en el IMC.

En resumen, el estudio reveló que el ejercicio practicado en forma de 10 000 pasos diarios, que es lo recomendado por el CEMD y el CDC, mejora la tolerancia a la glucosa y reduce notablemente la presión arterial sistólica y diastólica. (Swartz AM, et al. Increasing daily walking improves glucose tolerance in overweight women. Prev Med 2003; 37(4):356­362).