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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.14 n.4 Washington Oct. 2003

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892003000900012 

INSTANTÁNEAS

 

La actividad física y su efecto exclusivo sobre el riesgo de obesidad y diabetes

 

 

Diversos estudios de carácter observacional y experimental han demostrado que la actividad física, cuando se combina con una dieta adecuada y pérdida de peso, se asocia con un riesgo reducido de diabetes tipo 2. Intervenciones de este tipo a gran escala en personas de distintas razas y extracciones étnicas con tolerancia reducida a la glucosa han dado por resultado una menor incidencia de diabetes tipo 2 en varios países, entre ellos China, Finlandia y Estados Unidos. No obstante, el efecto independiente de la actividad física nunca se había puesto a prueba directamente hasta hace poco, cuando un grupo de investigadores estadounidenses partieron de la hipótesis de que la actividad física protege contra la diabetes tipo 2, independientemente de otros factores. Su hipótesis se basó en los resultados de estudios anteriores según los cuales la actividad física mejora la sensibilidad a la insulina, al margen de su efecto sobre la pérdida de peso y la distribución de la grasa corporal. Asimismo, en un estudio de corte transversal se demostró una relación inversa entre la actividad física y la concentración de insulina en dos poblaciones en alto riesgo de sufrir diabetes que diferían radicalmente en sus respectivos índices de masa corporal (IMC). Esta relación se ha visto confirmada también en poblaciones indígenas, de tal manera que todo apunta a que la actividad física ejerce un efecto benéfico por incremento de la sensibilidad a la insulina que no guarda relación con su efecto sobre el peso ni la composición corporal.

Los indios pimas de Arizona, Estados Unidos, tienen una de las incidencias más altas de diabetes tipo 2 en el mundo. Por tal motivo los autores del estudio estadounidense ya mencionado eligieron a esta población para investigar el efecto independiente de la actividad física. Su muestra se compuso de 1 728 indígenas entre los 15 y 59 años de edad, a quienes se les administró un cuestionario para documentar su actividad física en horas libres y en el trabajo. Estas personas además tuvieron un seguimiento de 6 años, período durante el cual 346 se hicieron diabéticas, de acuerdo con los resultados de pruebas de tolerancia a la glucosa administrada por la vía oral. Al final del estudio, se encontró que la actividad física total estaba relacionada con la incidencia de diabetes en mujeres y en hombres, aunque solamente en mujeres se observó una relación estadísticamente significativa (P < 0,05). Después de hacer ajustes en función del IMC, la relación entre la actividad física y la incidencia de diabetes se debilitó en personas de uno y otro sexo. Cuando estas tasas de incidencia ajustadas se examinaron a la luz de los niveles de actividad física estratificados por tercios de IMC, la tasa de incidencia siguió siendo más baja en hombres y mujeres con niveles de actividad más altos, sin importar su IMC. La única excepción en este sentido fue la del grupo de hombres en el tercio mediano en cuanto a IMC. En su conjunto, estos resultados indican que la actividad física, cuando se practica con regularidad como parte del estilo de vida, puede desempeñar un papel importante en la prevención de la diabetes tipo 2, incluso en poblaciones en riesgo de sufrir la enfermedad. (Kriska AM, et al. Physical activity, obesity, and the incidence of type 2 diabetes in a high-risk population. Am J Epidemiol 2003;158:669­675.)