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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.16 n.1 Washington Jul. 2004

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892004000700008 

INSTANTÁNEAS

 

Efecto de la dieta y otros factores ambientales sobre el riesgo de morir de cáncer de próstata

 

 

Ciertos factores ambientales, como la dieta y el hábito de fumar, están asociados con 60 a 70% de la incidencia de cáncer y con la mortalidad por esta causa. En el caso del cáncer de próstata, la dieta desempeña un papel especialmente importante, y las tasas de mortalidad por cáncer de próstata varían considerablemente entre países que poseen diferentes hábitos alimentarios. Por ejemplo, la mortalidad por cáncer de próstata en países del norte de Europa es cinco veces mayor que en Hong Kong, Irán, Japón o Turquía. Una mejor comprensión de la relación entre la dieta y el cáncer de próstata puede ayudar a prevenir esta enfermedad.

Aunque existe consenso acerca del papel que desempeñan algunos factores dietéticos en el cáncer de próstata, todavía hay discrepancias de opinión en cuanto a otros factores y a su importancia relativa. El objetivo de esta investigación fue determinar la importancia relativa de la dieta y algunos otros elementos ambientales en el riesgo de morir de cáncer de próstata, así como identificar los factores que pueden ayudar a reducir este riesgo.

Se aplicó un enfoque ecológico multinacional mediante un análisis de regresión multifactorial en el que se tomaron en cuenta las tasas de mortalidad por cáncer de próstata, factores dietéticos y las cantidades anuales de radiaciones solares ultravioleta B (UV-B) en cada lugar. Se obtuvieron de la Organización Mundial de la Salud las tasas de mortalidad por cáncer de próstata de 32 países con poblaciones constituidas predominantemente por personas de raza blanca, desglosadas por países y ajustadas por edad según la distribución de edades de la población mundial. Los datos relacionados con la dieta se obtuvieron de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Las dosis anuales de radiación UV-B se obtuvieron de las estaciones terrenas europeas. Se realizaron análisis de regresión lineal independientes para los 32 países estudiados y los 20 países europeos.

El análisis se restringió a un grupo de países con poblaciones predominantemente blancas a fin de evitar la influencia de factores genéticos y del estilo de vida, que varían mucho entre personas de diferentes grupos étnicos y raciales. Otros criterios de inclusión fueron una población mayor de 3,5 millones de habitantes, una esperanza de vida superior a 60 años y la disponibilidad de información dietética correspondiente al período comprendido entre 1979 y 1981. La amplia variabilidad dietética entre los diferentes países facilitó la aplicación de un enfoque ecológico en este análisis.

Los factores estudiados fueron el consumo de alcohol, cerveza, vino, cereales, huevos, productos energéticos de origen animal y vegetal; el consumo energético total; la ingestión de grasas de origen animal y vegetal y de frutas, legumbres, carne, leche descremada, cebolla, proteína de origen animal y vegetal, edulcorantes, tomate y otras hortalizas. También se analizó la dosis anual de radiación UV-B recibida por los habitantes de cada país. Adicionalmente, en el estudio se tomó en cuenta el consumo de algunas combinaciones de alimentos, tales como los "productos protectores de origen vegetal" (todos menos el alcohol, las grasas y los edulcorantes).

Se emplearon los datos de la radiación UV-B anual en 11 países situados entre los 28º y 69º de latitud norte para generar un gráfico con la dosis de radiación recibida anualmente en cada latitud, ajustada mediante una curva cuadrática. La sensibilidad espectral del sensor de radiación UV-B empleado era cercana al del espectro de acción eritémica.

El análisis de la relación entre la dieta y la mortalidad por cáncer de próstata en los países europeos reveló la presencia de una correlación inversa entre el consumo de cebolla y el cáncer de próstata. Otros vegetales también mostraron un efecto protector. En cambio, se observó una débil relación directa entre el consumo de grasa, leche descremada y otros productos de origen animal y la mortalidad por cáncer de próstata. La dosis anual de radiación UV-B y el consumo de tomate presentaron una débil correlación inversa con dicha mortalidad.

El análisis del conjunto de países estudiados (tanto los europeos como los de otros continentes) demostró que el consumo de productos de origen animal presenta la mayor correlación con la mortalidad por cáncer de próstata, mientras que la ingestión de cebolla y de productos vegetales mostraron una correlación inversa. Además, el consumo de leche descremada y de alcohol mostró una asociación directa significativa con la mortalidad por cáncer de próstata. El consumo de cereales mostró una correlación indirecta significativa similar a la encontrada en el caso de otros productos protectores de origen vegetal. La exposición a radiación UV-B siguió mostrando carácter protector.

Estos resultados confirman los de otras investigaciones en el sentido de que algunos compuestos de la cebolla parecen poseer un efecto protector que también se ha demostrado en conexión con otros tipos de cáncer, tales como los mielomas y el cáncer de páncreas. Sin embargo, en el estudio de todos los países no se confirmó el efecto protector que se suele atribuir a las hortalizas que contienen licopeno en abundancia, como el tomate.

Algunos factores, como el consumo de edulcorantes y tomates y la dosis de radiación UV-B recibida anualmente, tuvieron efectos favorables o adversos en relación con la mortalidad por cáncer de próstata cuando se consideraron de forma independiente, pero la correlación dejó de observarse en el análisis multifactorial. A pesar de que en otros estudios de casos y testigos y de cohortes estos factores se han asociado con el cáncer de próstata, es posible que esto se deba a su vinculación con otros factores que se asocian más directamente con este tipo de cáncer, confundiéndose así su efecto verdadero en investigaciones con un enfoque ecológico.

En este estudio, el consumo de alcohol estuvo débilmente correlacionado con la mortalidad por cáncer de próstata en el conjunto de países estudiados, pero no en los países europeos. Esto puede deberse a que el primer grupo abarca algunos países del Mediano Oriente donde no se consume alcohol. Por lo tanto, a pesar de este resultado contradictorio se puede afirmar que el consumo de alcohol constituye un factor de riesgo de cáncer de próstata. Por otra parte, la asociación encontrada entre el consumo de productos de origen animal, leche descremada y alcohol, y la mortalidad por cáncer de próstata, así como el efecto protector de las hortalizas y de la radiación UV-B, se compaginan con la asociación directa observada entre el factor de crecimiento insulinoide I (FCI-I) y el cáncer de próstata.

Estos resultados deben tomarse en cuenta para el diseño de estudios dirigidos a evaluar la relación entre la dieta y otros factores ambientales con el cáncer de próstata. Sin embargo, debido a que el tiempo necesario para observar el efecto de un cambio dietético en la mortalidad por cáncer de próstata es de 15 a 20 años, la confirmación de estos resultados mediante estudios basados en la modificación de la dieta puede demorar. (Grant WB. A multicountry ecologic study of risk and risk reduction factors for prostate cancer mortality. Eur Urol. 2004;45: 271–279.)