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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.17 n.1 Washington Jan. 2005

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892005000100007 

INSTANTÁNEAS

 

¿Puede la exposición al tráfico provocar el infarto del miocardio?

 

 

En algunos estudios se propone que la enfermedad cardiovascular puede agravarse por exposición al tráfico vehicular. En zonas urbanas, la cantidad de tráfico se considera un posible factor de riesgo de esa enfermedad. Un estudio de cohortes indicó que el riesgo de muerte por causas cardiorrespiratorias es dos veces más alto en personas que viven cerca de una carretera principal. Además, estudios de casos y controles muestran que el ambiente de trabajo de los conductores profesionales puede contribuir al riesgo de infarto del miocardio. Varios investigadores alemanes decidieron formarse un juicio al respecto mediante un estudio para determinar si el tráfico puede provocar el infarto del miocardio, que es una de las causas de muerte más comunes por enfermedad cardiovascular. Se inicia súbitamente y se relaciona con factores del estilo de vida como el ejercicio vigoroso, la ira y el consumo de cocaína y marihuana. La presencia en el ambiente de partículas de contaminantes sólidas es otro posible factor de riesgo.

Con datos obtenidos de la Investigación en Salud Cooperativa del Registro de Infartos de Miocardio de la Región de Augsburgo, el grupo de investigadores realizó un estudio cruzado de casos con pacientes que habían sufrido infarto del miocardio durante el período de febrero de 1999 hasta julio de 2001. En el Registro se incluyen de ordinario sobrevivientes de infarto del miocardio hospitalizados que tienen de 25 a 74 años de edad. Se seleccionaron 691 historias clínicas en las que se especificaba la fecha y hora del infarto en personas que habían sobrevivido por lo menos 24 horas después del suceso y que proporcionaban información sobre los factores que podrían haber provocado el infarto. Se entrevistó a los participantes en el hospital lo más pronto posible después de su llegada y se tomaron datos sociodemográficos, historias clínicas e información sobre el hábito de fumar. Se mantuvo también un diario de estudio, en el que se recolectaron datos sobre las actividades de los pacientes en los cuatro días anteriores a los síntomas: horas de sueño y de actividad durante el día, tiempo al aire libre, forma de transporte, localidad, presencia o ausencia de angina de pecho, fuerte ira o alegría y cualquier exposición a polvo o disolventes. Los pacientes eran predominantemente varones y 70% tenían 55 o más años de edad. La mayoría había experimentado solo un infarto del miocardio y casi todos sobrevivieron hasta 28 días. Para evaluar la asociación entre la exposición esporádica a varias intensidades de tráfico y el inicio del infarto del miocardio, se usaron modelos de regresión logística condicional.

Los resultados mostraron una asociación entre la exposición al tráfico y un infarto dentro de la hora siguiente (razón de posibilidades = 2,92; IC95%: 2,22–3,83; P < 0,001). La exposición fue más frecuente en el mismo día del infarto que en los tres días anteriores. Ese día, de todas las horas que los pacientes estuvieron expuestos al tráfico, 72% las pasaron en automóvil, 16% en bicicleta, 10% en medios de transporte público y 2% en motocicletas. Los porcentajes de horas de exposición fueron similares en los tres días previos. La cantidad de tiempo que los sujetos pasaron en automóviles, transporte público, motocicletas o bicicletas correspondió directamente al grado de riesgo de infarto del miocardio. Una hora antes de que comenzaran los síntomas, la exposición al tráfico había sido el doble que en cualquier otro momento.

La exposición al tráfico pareció asociarse a un riesgo mayor en las mujeres y en los pacientes de 60 años o más. Las estimaciones de efectos fueron más altas en diabéticos y personas sin trabajo, pero solo el estado de empleo modificó de forma significativa la asociación entre el riesgo de infarto del miocardio y la exposición al tráfico. La frecuencia de exposición fue diferente según la hora del día (mañana, 8,3%; tarde, 7,1%; noche, 0,9%; P < 0,001) y el día de la semana (lunes, 6,0%; martes, 5,8%; miércoles, 5,7%; jueves, 4,7%; viernes, 5,7%; sábado, 4,4%, y domingo, 2,9%; P < 0,001).

El empleo de un automóvil fue la causa más corriente de exposición al tráfico, pero también se observó una asociación entre el tiempo pasado en transporte público y el infarto en la hora siguiente. El estudio cruzado de casos permitió evaluar factores de riesgo pasajeros que pueden provocar el infarto del miocardio en personas susceptibles. Esos factores tienen un efecto en el corto plazo y fueron el ejercicio vigoroso, la ira y el consumo de cocaína o marihuana. Los factores de riesgo crónicos, como el hábito de fumar, la dislipidemia y la vida sedentaria, tienen efectos prolongados, conducen a la ateroesclerosis y a los procesos protrombóticos y pueden dar como resultado el deterioro del miocardio, así como predisponer a trastornos coronarios agudos.

De los casos de infarto del miocardio incluidos en el estudio, 8% se pudieron atribuir a la exposición al tráfico. Es posible que a ello contribuyeran factores como el estrés, el ruido y la contaminación producida por el tráfico. La exposición crónica a esos estímulos es un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular bien conocido que puede producir concentraciones elevadas de las hormonas que se secretan en situaciones de estrés. Además, se ha comprobado que el riesgo de muerte por cardiopatía isquémica aumenta en personas con ocupaciones que las exponen al tráfico, como los policías. Por otra parte, la contaminación ambiental con partículas sólidas puede estar asociada a aumentos temporales de la viscosidad plasmática, de reactantes de fase aguda y de trastornos endoteliales, así como a la alteración del control autónomo cardíaco. En fin, con los conocimientos actuales, es imposible determinar el aporte relativo de distintos factores como el estrés y la contaminación al infarto del miocardio. No obstante, los esfuerzos que se están haciendo en los centros urbanos para conseguir un ambiente más limpio y sano y automóviles que produzcan menos contaminantes seguramente beneficiarán a las personas en riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. (Peters A, et al. Exposure to traffic and the onset of myocardial infarction. N Engl J Med. 2004;351:1721–1730.)