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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.17 n.3 Washington Mar. 2005

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892005000300010 

INSTANTÁNEAS

 

La salud de los inmigrantes hispanoamericanos

 

 

Durante los últimos 20 años, a los Estados Unidos de América ha llegado el mayor número de inmigrantes de toda su historia, en su mayoría de Asia y América Latina. Es esencial entender bien las necesidades y el estado de salud de esas 34,7 millones de personas que ahora contribuyen a la salud general de la nación. A continuación se resumen los comentarios y conclusiones de tres investigadores en torno a la salud de los inmigrantes, basados todos en una búsqueda de estudios en diversas bases de datos y en 10 indicadores críticos, que fundamentan la iniciativa de salud pública estadounidense Healthy People 2010: actividad física, peso corporal, tabaquismo, abuso de sustancias, comportamiento sexual responsable, salud mental, traumatismos y violencia, calidad del ambiente, inmunización y acceso a la atención de salud.

Se reconocen cuatro categorías de inmigrantes: los legales, que entran con permiso del Servicio de Inmigración y Naturalización; los refugiados, que emigran a causa de persecución o guerra; los asilados, que llegan por razones similares pero sin permiso legal, y los inmigrantes indocumentados. Actualmente residen en el país 7 millones de indocumentados y el grupo más numeroso es el de hispanoamericanos.

En general, a su llegada los inmigrantes tienen menos obesidad abdominal, fuman menos y hacen menos uso de drogas ilícitas, alcohol e inhalantes que los naturales del país. Esas ventajas parecen desaparecer rápidamente, en parte debido al mayor consumo de comidas de conveniencia y, entre los jóvenes, por la presión de los pares. Por otra parte, a muchos hispanoamericanos les desagrada la figura femenina delgada y en algunos grupos el aumento de peso se considera indicador de buena salud. A pesar de que la mayoría de los inmigrantes trabajan arduamente, la actividad física regular estructurada no es una parte importante de su vida. En los mexicanos se ha documentado un aumento de peso con cada generación, con el consiguiente riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes, obesidad y otras dolencias crónicas. El tabaquismo se ha difundido apreciablemente entre los adolescentes hispanoamericanos y en 1999, 33% de los que asistían a la escuela fumaban, pese al conocimiento general de que fumar es la principal causa prevenible de morbilidad y mortalidad. En cuanto al abuso de otras sustancias, los datos indican que, después de 15 años de estadía en el país, las tasas entre inmigrantes y naturales se igualan.

Las tasas de fecundidad de las hispanoamericanas están entre las más altas del país, si bien la mayor parte de los estudios revisados han sido en mexicanas. Las adolescentes nacidas en México comienzan su actividad sexual a mayor edad que las estadounidenses y tienen menos compañeros íntimos, pero se valen menos de la anticoncepción y el aborto, así que la edad del primer embarazo resulta similar en ambas poblaciones. En la gran mayoría de los inmigrantes, la transmisión del VIH ocurre por contacto sexual y no por la inyección de drogas. Muchos hombres contraen el VIH teniendo relaciones sexuales con otros hombres, a pesar del fuerte sesgo cultural contra la homosexualidad.

Todavía no se reconoce plenamente el efecto de la salud mental en el estado de salud de los inmigrantes. Los adolescentes tienen tasas más bajas de trastornos mentales que los del país, pero la poca información asequible muestra que los de origen mexicano nacidos en los Estados Unidos corren un alto riesgo de sufrir problemas psicológicos y contemplar el suicidio. Los peores trastornos mentales suelen afectar a los refugiados que han sufrido graves traumas en sus países. Hay bastantes estudios sobre el estrés postraumático, la depresión y la ansiedad en refugiados y asilados, que a menudo somatizan su angustia reprimida. Estos reciben Medicaid durante cinco años como parte de su asilo, pero no el resto de los inmigrantes. Los hispanoamericanos son el grupo más grande del país sin seguro de enfermedad porque suelen ser pobres, tener poca instrucción formal y trabajar en industrias que no ofrecen esa protección. La mayoría de los estados subvencionan un seguro médico para niños que incluye a los inmigrantes, pero muchos padres no inscriben a sus hijos ya sea por temor o por ignorancia.

No hay suficiente información sobre los traumatismos y la violencia. Debido a su situación ilegal, muchos inmigrantes temen informar a las autoridades acerca de esos incidentes. La mujer con frecuencia es víctima de la violencia perpetrada por su compañero o esposo, pero rara vez la denuncia. Los accidentes de peatones predominan entre los menores de 15 años, mientras que los de 15 a 35 años están en riesgo de morir por homicidio. Otro grave problema de salud afecta a los agricultores migrantes, cuya gran mayoría (95%) viene de México. Los plaguicidas que usan pueden producir neuropatías, trastornos cognitivos y cáncer. Lo peor es que los trabajadores llevan a sus hijitos pequeños a los campos contaminados. Sin vivienda permanente ni acceso a centros de salud, muchos inmigrantes y sus hijos no han recibido el régimen completo de vacunaciones habituales.

Para corregir toda esta situación, deben recogerse datos más exactos sobre los distintos subgrupos de inmigrantes, especialmente los de edad mediana y mayores. Los hispanoamericanos no son un grupo homogéneo y es importante tener en cuenta sus diferencias de cultura, estado socioeconómico y modo de inmigración. Es preciso que la atención sea culturalmente apropiada y ofrecida por personal bilingüe que tenga en cuenta el contexto de origen de cada persona y sus inquietudes. (Kandula NR et al. Assuring the health of immigrants: what the leading health indicators tell us. Annu Rev Public Health. 2004;25:357–76.)