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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.21 n.4 Washington Apr. 2007

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892007000300010 

INSTANTÁNEAS

 

Reducción de la mortalidad infantil en Chile: un éxito en dos etapas

 

 

La mortalidad infantil ha disminuido en la Región de las Américas de 36,9 por 1 000 nacidos vivos en el quinquenio 1980–1985 hasta 24,8 por 1 000 nacidos vivos en el período 1995–2000. Esta mortalidad, no obstante, se distribuye de forma desigual: mientras en algunos países —como Chile, Costa Rica y Cuba— las tasas están cercanas o por debajo de 10 por 1 000 nacidos vivos, en otros —como Bolivia y Haití— se mantienen por encima de 50 por 1 000 nacidos vivos. El elemento común en los casos más exitosos ha sido la fuerte intervención estatal, mediante políticas sanitarias estructuradas y sostenidas —enfocadas hacia la salud materno-infantil y el entorno del hogar— y otras políticas sociales relevantes, como la universalización de la educación básica.

En el caso de Chile se observan dos claras etapas en la reducción de la mortalidad infantil. La primera etapa comenzó en la década de 1950, cuando la tasa de mortalidad infantil era de 136,2 por 1 000 nacidos vivos (con 29,0 debido a enfermedades infecciosas, diarreas y deshidratación; 44,4 por enfermedades respiratorias y 38,7 por problemas relacionados con las condiciones perinatales). En 1952 se estableció el Servicio Nacional de Salud (SNS), mediante la fusión de varias instituciones y organizaciones que formaban parte de un complejo pero exitoso proceso de reforma. El principal foco de acción de ese sistema de salud pública fue la salud materna e infantil.

En Chile, las intervenciones relacionadas con la salud de la madre y el niño se comenzaron a aplicar conjuntamente con el desarrollo de una atención sanitaria basada en criterios científicos y con un enfoque sistémico. Estos criterios eran: 1) una visión integrada de la salud y el ciclo de vida con el medio ambiente, que daba preferencia a la atención sanitaria ambulatoria y en la comunidad; 2) un concepto integrado de la atención sanitaria y las organizaciones sanitarias, en el que cada acción era parte de una estrategia holística; 3) equipos multidisciplinarios de atención sanitaria, con profesionales de diversas especialidades que incorporaban diferentes habilidades y funciones complementarias; 4) acciones de entrenamiento e investigación, mediante la integración de los servicios de salud pública con las universidades; 5) evaluación continua de los programas e instrumentos; y 6) mejoramiento permanente de la calidad y fiabilidad de los datos epidemiológicos —entre ellos, de la certificación médica de las causas de muerte— y el análisis de las muertes infantiles.

Para 1990, la mortalidad infantil había bajado a 16 por 1 000 nacidos vivos (una reducción de 88%), gracias al mejoramiento de las condiciones perinatales (mortalidad de 5,5 por 1 000; reducción de 35%), la disminución de nacimientos con malformaciones congénitas (3,7 por 1 000; 23%) y de infecciones respiratorias (2,4 por 1 000; 16%).

La segunda etapa en la reducción de la mortalidad infantil estuvo más ligada a las intervenciones de salud que al mejoramiento de las condiciones socioeconómicas. En el año 2000, la mortalidad infantil bajó a 8,9 por 1 000 nacidos vivos, en primer lugar gracias a la disminución de la mortalidad por infecciones respiratorias (de 2,4 a 0,66 por 1 000); el mejoramiento de las condiciones perinatales (de 5,5 a 3,4 por 1 000) y al control de las malformaciones congénitas (de 3,7 a 3,0 por 1 000).

El presupuesto total destinado a la salud en Chile en el año 2000 equivalía a $US 2,28 mil millones, de ellos solo $US 16,75 millones correspondieron a los cuatro programas nuevos o rediseñados de salud materna e infantil, es decir, una fracción mínima del presupuesto de salud. Si se toma en cuenta que gracias a la reducción de la mortalidad infantil sobreviven 285 niños más anualmente, el costo de salvar cada vida sería el equivalente de $US 58 777,00.

A pesar de que las experiencias implementadas en Chile tienen diferentes niveles de eficacia y deben estudiarse con mayor profundidad, los resultados alcanzados demuestran que se puede reducir la mortalidad infantil mediante mejoras sociales y programas específicos de salud pública. (Jiménez J, Romero MI. Reducing infant mortality in Chile: success in two phases. Health Aff. 2007;26(2):458–65.)