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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.21 n.5 Washington May. 2007

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892007000400012 

INSTANTÁNEAS

 

Nuestras comunidades bacterianas internas

 

 

Al nacer, entramos por primera vez en contacto con millones de bacterias que habitan en la vía del parto. La mayor parte son inofensivas y se instalan inmediatamente en nuestra piel y tubo digestivo. Esas bacterias, que forman complejas comunidades en el organismo de todo recién nacido, contribuyen a nuestro bienestar. Nuestros microbios desempeñan un papel de suma importancia en la digestión de los alimentos, el metabolismo de medicamentos y el mantenimiento de la salud en general.

De hecho, en cada organismo humano hay 10 veces tantas células microbianas como humanas. Jeffrey Gordon, microbiólogo de la Universidad Washington en St. Louis, declara que nuestro componente microbiano está muy evolucionado y ha aprendido a adaptarse a la vida con nosotros. Hoy día, nuestras comunidades bacterianas son de sumo interés para los investigadores que se esfuerzan por conocer tanto la salud como las enfermedades, especialmente las que no se pueden diagnosticar claramente o tratarse con eficacia. Las nuevas técnicas de laboratorio nos han permitido conocer más de cerca a esos invisibles inquilinos y varios grupos de científicos ya han informado que cualquier interferencia disruptiva tiene consecuencias negativas para nuestra salud, p. ej., obesidad, enteropatía inflamatoria e infecciones vaginales y de las encías. En realidad, los científicos reconocieron su importancia hace tiempo.

Ya en el siglo XIX, Louis Pasteur sabía que perjudicar nuestras bacterias normales causaba enfermedad. Sin embargo, hasta hace poco era difícil estudiarlas, porque la mayoría no se pueden cultivar en el laboratorio. Ahora se puede extraer ADN de una muestra e identificar rápidamente miles de especies bacterianas sin cultivar ninguna. Los estudios más recientes indican que los microbios trabajan juntos en comunidad para influenciar la salud, hallazgo que seguramente tendrá un gran impacto sobre nuestro conocimiento de lo que es enfermedad. David Relman, investigador de enfermedades infecciosas de la Universidad de Stanford, dice que en vez de pensar en la enfermedad como la ausencia o presencia de un solo agente patógeno, debemos pensar en la colectividad.

Por su parte, Jeffrey Gordon, explica que el intestino está lleno de microbios que interactúan entre sí y con el huésped para beneficio de todos. Gordon y su grupo transplantaron comunidades microbianas intestinales de ratones normales a ratones criados en un ambiente estéril, los cuales pronto comenzaron a acumular grasa en sus tejidos. En ellos se había suprimido el factor que regula el almacenaje de energía. Seguidamente compararon la microbiota de ratones obesos y delgados y se sorprendieron de encontrar una gran diferencia entre los dos tipos de bacteria que normalmente habitan el intestino. Los que se crían para ser obesos tienen una mayor proporción de cierto tipo de bacterias y viceversa. Al transferir microbios de ratones obesos y delgados a ratones exentos de microbios, los primeros engordaron marcadamente. El grupo estudió por un año dos pequeños grupos de personas sometidas a dieta y en ellos aumentaron las bacterias "de enflaquecimiento" y disminuyeron las de gordura.

A raíz de esos interesantes descubrimientos, se han empezado muchos nuevos estudios. En las microbiotas de personas con enfermedad de Crohn se encontró un mayor número de Escherichia coli y Pseudomonas que en personas con colitis ulcerosa o sanas. También se ha descubierto que las comunidades microbianas afectan no solo al intestino sino a otras partes del organismo y se está investigando el síndrome de vaginosis bacteriana, infección que se encuentra en 10% a 20% de las mujeres de los Estados Unidos. En este caso se identificaron 35 especies asociadas con el síndrome, la mitad de ellas desconocidas hasta entonces. El microbiólogo David Fredricks opina que las causantes de la vaginosis son metabólicamente interdependientes y actúan en comunidad, sin poder existir independientemente.

En estudios de trastornos dermatológicos se siguen descubriendo cientos de nuevas bacterias que varían de una persona a otra y aun de una parte del mismo cuerpo a otra. Todas estas observaciones muestran la complejidad de crear agentes terapéuticos frente al número tan grande de miembros interactivos en las comunidades bacterianas. Sin embargo, los adelantos en la tecnología para secuenciar el ADN y en informática permiten abrigar la esperanza de que la tarea de conocer nuestras bacterias y entender su función en la salud y las enfermedades tenga algún día aplicaciones prácticas de beneficio para el ser humano. (Goho A. Our microbes, ourselves. Science News. 2007;171:314–316.)