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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.22 n.1 Washington Jul. 2007

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892007000600011 

INSTANTÁNEAS

 

Las enfermedades emergentes y los pobres del mundo en desarrollo

 

 

De todas las aflicciones de salud, las enfermedades respiratorias y diarreicas, la tuberculosis y el paludismo tienen el impacto más grande en los pobres del mundo. Sin embargo, en los países de bajos y medianos ingresos, durante los últimos 10 años se ha logrado una disminución notable de las muertes debidas a enfermedades transmisibles. Si esta tendencia continúa, como se espera, la comunidad internacional de salud pública tendrá que concentrar su atención en otros riesgos. En un artículo reciente se expone la hipótesis de que, junto con los avances en el tratamiento de las enfermedades transmisibles, las características del futuro crecimiento de las ciudades determinarán qué problemas de salud ocuparán los 10 lugares más importantes. Hay riesgos emergentes que ya se incluyen entre los de mayor peso por el número de muertes que producen. Además, se relacionan con los rasgos del crecimiento futuro de las ciudades: disminución de la densidad, velocidad de la urbanización, pobreza, formación de barrios pobres y envejecimiento de la población.

Si bien las enfermedades transmisibles y el VIH/sida en particular continuarán asolando a los pobres, hay cuatro riesgos que aumentarán en importancia: la violencia, los accidentes de circulación, la obesidad y los asentamientos en lugares inseguros, donde tienden a congregarse los pobres y donde acechan a la población peligros y desastres naturales. Para el 2030, casi 2 000 millones de personas vivirán en tugurios que representan un enorme peligro por su fragilidad y propensión al fuego. En consecuencia, los organismos de salud pública tendrán que ajustarse a los factores específicos del país y la región para hacer frente al cambiante perfil de riesgo.

En los países en desarrollo, la expansión urbana descontrolada hacia la periferia de las ciudades dificultará aun más el acceso a la atención de salud. El aumento del número de vehículos de motor en medio de una infraestructura inadecuada intensificará la contaminación del aire y la frecuencia de accidentes. Existirá el dilema de que las poblaciones urbanas pobres sigan sufriendo de desnutrición junto a los riesgos de salud planteados por la obesidad. Además, se espera un gran incremento de barrios pobres donde es probable que la violencia y el homicidio se añadan a la carga de dificultades. Se ha señalado que los factores asociados con la violencia incluyen un gran segmento de jóvenes sin empleo, pero con una conciencia creciente de las desigualdades socioeconómicas, el deseo de identidad y pertenencia, por ejemplo, en una pandilla y una historia anterior de conflicto.

En los dos gigantes asiáticos India y China, que tienen la mayor parte de los habitantes del planeta y 40% de la población urbana, se multiplicarán las ciudades más grandes y el crecimiento económico continuará acelerándose. Sin embargo en África, al contrario de lo que ha ocurrido en América Latina y los países asiáticos, las ciudades muestran un crecimiento desbocado sin previos adelantos en el sector industrial.

Más de 70 países se están descentralizando y pasando los poderes de financiamiento y decisión a los gobiernos locales. Casi 25 naciones latinoamericanas lograron ese cambio en el decenio de 1990. En este sentido, el problema es que los encargados de tomar decisiones a nivel local suelen ser elegidos por voto popular y tener poca experiencia o adiestramiento en salud pública.

Este análisis sugiere que cuatro factores —los niveles de pobreza, la velocidad del crecimiento de las ciudades, la expansión descontrolada y el grado de descentralización— serán de mucha importancia en la configuración de nuevas estrategias sanitarias. Estas tendrán que diferenciarse según la región, ya que los cuatro factores varían en ritmo e intensidad en distintos lugares del mundo. Se requiere prestar más atención al bienestar físico de los pobres, quienes tienen que ser el foco de atención y prioridad al asignar recursos. Asimismo hay que reconocer que los avances que han permitido reducir las enfermedades infecciosas no pueden transferirse totalmente a las no transmisibles y lesiones del futuro. También hay que tener en cuenta que las intervenciones requerirán cada vez más la actuación de personas de campos distintos al de la salud pública. Por último, las ciudades pueden aprender unas de otras y la resultante cooperación horizontal será otro nuevo campo de asistencia para el desarrollo. (Campbell T, Campbell A. Emerging disease burdens and the poor in cities of the developing world. J Urban Health. 2007;84(Suppl 1):54–64.)