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Revista Panamericana de Salud Pública

Print version ISSN 1020-4989

Rev Panam Salud Publica vol.30 n.4 Washington Oct. 2011

http://dx.doi.org/10.1590/S1020-49892011001000008 

INVESTIGACIÓN ORIGINAL ORIGINAL RESEARCH

 

Mortalidad y años potenciales de vida perdidos por homicidios en Colombia, 1985-2006

 

Mortality and years of potential life lost due to homicide in Colombia, 1985-2006

 

 

Claudia MorenoI,*; Ricardo CendalesII

IUniversidad Autónoma de Madrid, Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Madrid, España
IIUniversidad El Bosque, Postgrado de Epidemiología, Bogotá, Colombia

 

 


RESUMEN

OBJETIVO: Describir el comportamiento de la mortalidad, la carga de enfermedad y los mecanismos de lesión por homicidios en Colombia entre 1985 y 2006.
MÉTODOS: Se emplearon las bases de datos oficiales de población y mortalidad en Colombia. Se hicieron equivalencias de la causa básica de defunción agrupándolas de acuerdo con las listas cortas de la Clasificación Internacional de Enfermedades en su novena y décima revisión. Para cada sexo se calcularon los años potenciales de vida perdidos (APVP), los índices de APVP, las tasas crudas, las tasas ajustadas y las tasas específicas de mortalidad por grandes grupos de causas y causas externas. Se describieron los mecanismos de homicidio.
RESULTADOS: Durante el período de estudio se registraron 523 870 homicidios (484 475 en hombres y 39 395 en mujeres). Los homicidios representaron 13,8% de la mortalidad general (21,4% de la mortalidad en hombres y 2,6% en mujeres) y generaron 24,2% de APVP (35,2% en hombres y 5,8% en mujeres). Las tasas más altas en hombres se encontraron en el rango de 20 a 44 años con tasas específicas de hasta 366,9 por 100 000 habitantes, y en las mujeres en el rango de 15 a 40 años con tasas específicas de hasta 24,9 por 100 000 habitantes. El mecanismo de homicidio más frecuente fueron las armas de fuego en ambos sexos.
CONCLUSIONES: Los homicidios representan una gran carga de enfermedad en Colombia, que afecta particularmente a la población de hombres jóvenes. La mortalidad por homicidios ha mostrado una tendencia descendente en años recientes.

Palabras clave: Homicidio; estadísticas vitales; años potenciales de vida perdidos; Colombia.


ABSTRACT

OBJECTIVE: Describe the mortality patterns, burden of disease, and mechanisms of injury by homicide in Colombia between 1985 and 2006.
METHODS: The official population and mortality databases in Colombia were used. Equivalencies of the underlying cause of death were identified and grouped according to the shortlists of the Ninth and Tenth Revision of the International Classification of Diseases. The years of potential life lost (YPLL), indices of YPLL, and crude, adjusted, and specific mortality rates associated with major causes and external causes for each sex were calculated. The homicide mechanisms were described.
RESULTS: During the study period, a total of 523 870 homicides were recorded (484 475 in men and 39 395 in women). Homicides accounted for 13.8% of total mortality (21.4% of mortality in men and 2.6% in women) and generated 24.2% of YPLL (35.2% in men and 5.8% in women). The highest rates in men were found in the 20-44-year age range, with specific rates of up to 366.9 per 100 000 population, and in women in the 15-40 years age range with specific rates of up to 24.9 per 100 000 population. The most frequent homicide mechanism in both sexes was firearms.
CONCLUSION: Homicides represent a significant burden of disease in Colombia, particularly affecting the young male population. Mortality from homicide has trended downward in recent years.

Key words: Homicide; vital statistics; potential years of life lost; Colombia.


 

 

La violencia, definida como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte o daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones (1), es un problema de salud pública a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año 1,6 millones de personas en el mundo mueren a causa de la violencia; en el año 2000, este fenómeno se concentró en los países de ingresos medios y bajos en donde ocurrieron 91% de las muertes violentas y en donde las tasas duplicaron las de los países con ingresos altos. Cerca de la mitad de estas muertes correspondieron a suicidios, mientras que 31,3% fueron causadas por homicidios y 18,6% por conflictos armados (1). Las proyecciones de mortalidad global y carga de la enfermedad estiman un incremento promedio porcentual anual de 0,4% en la tasa de mortalidad por muertes violentas en hombres y de 0,2% en mujeres entre el 2002 y el 2020. Estas proyecciones afirman que la violencia pasará de ubicarse en el puesto quince como causa de años de vida perdidos ajustados por discapacidad en el 2002, a ocupar el puesto número trece en el 2030, y que en los países de ingresos medios, la violencia causará la pér-dida de 2,5% de los años ajustados por calidad de vida (2).

La violencia es uno de los principales problemas de salud pública en la región de las Américas. Las muertes por homicidios reflejan apenas una parte del problema, pero se han considerado tradicionalmente como indicador de violencia pues suele haber mecanismos adecuados de registro que permiten generar estadísticas comparables. Las Américas conforman la segunda región con las mayores tasas de homicidios en el mundo, solamente superada por África (1). Entre los países que la integran existen grandes disparidades en las tasas de mortalidad por violencia. Colombia aún vive el mayor conflicto militar sin resolver de las Américas y se destaca por tener las mayores tasas de mortalidad por homicidios y muertes por conflicto armado de la región (3, 4).

Las muertes por causas externas son el segundo grupo de causas de mortalidad más frecuente en Colombia, y el primero en cuanto a años potenciales de vida perdidos (APVP) (5). Localmente, la violencia tiene grandes diferencias regionales; en ciudades principales como Bogotá, Medellín y Cali, los homicidios son responsables de gran parte de la mortalidad debida a causas externas (6-8). Diversos análisis de series en función del tiempo han demostrado patrones que sugieren una asociación de la mortalidad por homicidios con los ciclos económicos o con ciertos períodos del año (9-11) .

El objetivo de este artículo es describir el comportamiento de la mortalidad, los años potenciales de vida perdidos y los mecanismos de lesión por homicidios, y su peso relativo dentro de la mortalidad general y la mortalidad por causas externas en Colombia, según sexo y grupo de edad, entre 1985 y 2006.

 

MATERIALES Y MÉTODOS

Se diseñó un estudio longitudinal descriptivo basado en fuentes secundarias de información.

Fuentes de información

La fuente de información para la mortalidad fueron las bases de datos oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) de Colombia, desde 1985 hasta 2006, en donde se encuentra compilada la información de la causa de muerte según la novena y

décima versiones de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-9, CIE-10). Los datos de población se obtuvieron a partir de la encuesta censal de 2005 y de las estimaciones intercensales según sexo y grupos de edad del DANE, actualizadas en marzo de 2010 (12). Se analizaron todas las defunciones; no se aplicó ningún método de muestreo. Para el ajuste de tasas de mortalidad y de APVP se usó la estructura de población mundial de Segi tradicionalmente empleada en los estudios de ajuste de tasas como población de referencia (13, 14).

Ajustes de información

Se analizaron 3 787 464 registros, de los cuales se eliminaron 264 debido a que no tenían información sobre el sexo de las personas afectadas, pues se consideró que no representaban una pérdida significativa de información. Hubo 61 664 registros que no contenían información sobre la edad, por lo cual se redistribuyeron proporcionalmente entre los que sí incluían esa información. La redistribución se hizo de manera específica para cada sexo, causa y mecanismo de homicidio, siguiendo los principios de expansión del muestreo aleatorio simple (15).

Agrupación de causas de mortalidad

La causa básica de defunción se codificó según la CIE-9 entre 1985 y 1996, y según la CIE-10 entre 1997 y 2006, por lo que fue necesario hacer equivalencias entre las dos versiones con base en las listas cortas 6/61 (16) y 6/67 (17) de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

La mortalidad general se agrupó en siete grandes conjuntos de causas: estados mal definidos, enfermedades transmisibles, neoplasias, enfermedades del sistema circulatorio, afecciones originadas en el período perinatal, causas externas, y demás enfermedades (anexo 1). El conjunto de causas externas se conformó a partir de diez subgrupos: accidentes de transporte, envenenamiento, accidentes por caídas, accidentes por fuego, accidentes por ahogamiento y sumersión, accidentes causados por arma de fuego, suicidio y lesiones autoinfligidas, homicidio y agresiones, accidentes de intencionalidad ignorada y demás accidentes (anexo 2). El subgrupo de los homicidios se conformó a partir de nueve categorías: agresiones con sustancias químicas, homicidio por obstrucción de la vía aérea, agresión con arma de fuego, agresión con material explosivo, agresión con arma cortopunzante, agresión con fuerza física, agresión por otros mecanismos, homicidios por intervención legal y homicidios en operaciones de guerra (anexo 3).

Análisis estadístico

Se calcularon tasas crudas y ajustadas de mortalidad mediante el método directo (18) para grandes causas, causas externas y mecanismo de homicidio; también se calcularon los APVP y los índices de APVP según las recomendaciones de la OPS (19). Los APVP se calcularon de manera individual para cada muerte, empleando las tablas oficiales del DANE de esperanza de vida al nacer por sexo y quinquenio (20-21); las diferencias entre la edad de defunción y la esperanza de vida se sumaron para obtener el total de APVP. La magnitud de la diferencia en la mortalidad por homicidios según sexo, se expresó a través de la razón hombre:mujer. Las programaciones requeridas para hacer agrupaciones y ajustes a la base de datos, así como los cálculos de tasas crudas y ajustadas se efectuaron con el paquete Statistic Package for Social Sciences (IBM® SPSS®, Inc., USA), versión 17.0.

 

RESULTADOS

Muertes por causas externas en el panorama de la mortalidad general

Las causas externas fueron el motivo más frecuente de mortalidad entre 1985 y 2005 en hombres; en 2006 el primer lugar correspondió a las enfermedades del sistema circulatorio. Durante el período del estudio, 760 558 hombres murieron por causas externas, lo cual correspondió a un 33,6% de la mortalidad general y a una pérdida de 53,4% de todos los APVP. Las tasas ajustadas de mortalidad por causas externas en hombres mostraron tendencia al incremento y dos picos máximos (figura 1). Las tasas ajustadas de APVP por causas externas superaron con ventaja a los demás grupos de causas; la tendencia temporal fue similar a la observada en las tasas ajustadas de mortalidad por causas externas.

 

 

En mujeres las causas más frecuentes de mortalidad fueron enfermedades del sistema circulatorio, demás enfermedades y neoplasias. Las causas externas constituyeron la quinta causa más frecuente de mortalidad y la segunda en APVP. Durante el período se registraron 116 695 muertes por causas externas, lo cual correspondió a un 7,6% de la mortalidad general y a una pérdida de 16,1% de todos los APVP. En las mujeres las tendencias de las tasas ajustadas de mortalidad y de APVP por causas externas se mantuvieron relativamente constantes durante el período del estudio (figura 2).

 

 

El homicidio dentro de las demás causas externas de mortalidad

Los motivos más frecuentes de mortalidad por causas externas en ambos sexos fueron los homicidios y las agresiones, seguidos de accidentes de tránsito. Durante el período del estudio murieron por homicidios 484 475 hombres, lo cual correspondió a 21,4% del total de las muertes en este sexo, a 63,7% de las muertes por causas externas, a una pérdida de 35,2% de todos los APVP y de 65,9% de los APVP por causas externas.

La tasa ajustada de mortalidad más altapor homicidios y agresiones en hombres se produjo en el año 1991, seguida de la del año 2002 (figura 3); de igual forma, las tasas ajustadas de APVP más altas se registraron por esta misma causa en los años 1991 y 2002, con valores de 5 081,1 y 5 180,8 años de vida perdidos por cada 100 000 habitantes, respectivamente.

 

 

En las mujeres se registraron 39 395 muertes por homicidios, lo cual correspondió a 2,6% de todas las muertes en este sexo, a 33,8% de las muertes por causas externas, a una pérdida de 5,8% de todos los APVP y de 36,1% de los APVP por causas externas. La tasa ajustada de mortalidad más alta por homicidios y agresiones se registró en 1992, seguida muy de cerca por la del año 2002 (figura 4). Las tasas ajustadas de APVP siguieron la misma tendencia que la de las tasas ajustadas de mortalidad; en 1992 la tasa fue de 498,3 y en el 2002 de 527,1 años de vida perdidos por cada 100 000 habitantes.

 

 

Homicidios según el grupo de edad

Los hombres de entre 20 y 44 años exhibieron las mayores tasas específicas de mortalidad por homicidios. En general, las tasas crecieron de manera global durante 1989-1993 y durante 1998-2002, aunque los grupos de edad de 20 a 39 años mostraron un incremento relativo mayor con respecto a otros grupos (cuadro 1). En las mujeres, los grupos de entre 15 y 44 años de edad presentaron las mayores tasas específicas de homicidios. Al igual que en los hombres, en las mujeres se observó una elevación global de las tasas específicas de mortalidad por homicidios durante 1989-1993 y durante 1998-2002, con un incremento relativo mayor de estas tasas en los grupos de 15 a 24 años de edad (cuadro 2).

Homicidios según el mecanismo de agresión

En los hombres, 81,8% de los homicidios fueron causados por arma de fuego, 13% por arma cortopunzante y 5% restante por otro mecanismo. Durante la década de los 80 se produjo un incremento en el porcentaje de muertes causadas por armas de fuego, que pasaron de 71% en 1985 a 85% a finales de la década de los 90, con un descenso a 75% entre 2002 y 2006. Las operaciones de guerra causaron 0,55% de los homicidios en hombres y siguieron una tendencia constante desde 1985 hasta 1998, cuando aumentaron su frecuencia hasta alcanzar su punto máximo en 2005, momento en que se produjeron 585 muertes por operaciones de guerra.

En las mujeres, 74% de los homicidios fueron provocados con arma de fuego, 16% con arma cortopunzante y 10% restante por otro mecanismo. Un paulatino incremento llevó el porcentaje de muertes por armas de fuego desde 58% en 1985 hasta cerca de 78% en 2002, con un descenso a 64% entre 2004 y 2006. Las operaciones de guerra causaron 0,48% de los homicidios en mujeres y su tendencia se mantuvo constante desde 1985 hasta el 2000, cuando se notó un incremento en la frecuencia que se extendió hasta 2005, momento en que se registraron 48 homicidios por operaciones de guerra.

Magnitud de la diferencia en la mortalidad por homicidios según el sexo

La diferencia en la mortalidad por homicidios según el sexo, establecida por la razón hombre:mujer, disminuyó de 14:1 a finales de los ochenta hasta alrededor de 10:1 en el primer quinquenio del 2000.

El análisis según grupos de edad demos tró un incremento a partir de los 10 años el cual se hizo máximo en el grupo de 40 a 44 años, donde los valores de la razón oscilaron entre 23,7:1 y 10,2:1. Este aumento del riesgo de homicidios en hombres en relación con las mujeres se mantuvo incluso en la población mayor de 65 años de edad. No se demostró modificación de la relación hombre:mujer en los períodos en que se acentuó la mortalidad por homicidios. El análisis del comportamiento en el tiempo mostró una tendencia decreciente particularmente llamativa en el grupo de 45 a 49 años. La tendencia de esta razón se mantuvo constante en los demás grupos de edad (cuadro 3).

 

DISCUSIÓN

Este estudio demuestra que los homicidios en Colombia representan un problema importante en el perfil de mortalidad, con mayor preponderancia en el sexo masculino. Durante el período de estudio los homicidios representaron 13,8% de la mortalidad general (21,4% hombres, 2,6% mujeres) y generaron el 24,2% de pérdidas de APVP (35,2% en hombres y 5,8% en mujeres). Ello constituye un problema no solo debido a su magnitud, sino al impacto que tiene sobre la población joven, económicamente activa, que es la que resulta más frecuentemente afectada. Este hallazgo es consistente con el reportado en Medellín, en donde las lesiones produjeron 58,6% de los APVP y, de estos, 89,3% correspondieron a la población de entre 15 y 44 años de edad (22).

La mortalidad por causas externas varía en todas las áreas del mundo de acuerdo con su desarrollo económico e industrial. El África subsahariana y América Latina y el Caribe han tenido las tasas más altas de homicidio, y las más bajas de suicidio del mundo, mientras que China, las antiguas economías socialistas de Europa oriental y algunos países de Europa occidental han tenido las tasas de suicidio más altas, con muy bajas tasas de homicidios (23). Entre 1995 y 1997 la mortalidad de población joven de entre 10 y 24 años en Suiza representó 11% del total de muertes violentas, de las cuales, 36% fueron causadas por accidentes de tráfico, 32% por suicidio, 15% por sobredosis, 3% por homicidios y 13% por otro tipo de lesiones (24). Estas cifras contrastan con las obtenidas en Colombia, donde la principal causa de muerte violenta fueron los homicidios, seguidos por los accidentes de tránsito.

La tendencia de las tasas ajustadas de mortalidad por homicidios mostró dos elevaciones: una entre 1991-1993, y otra entre 2000-2002. La primera refleja un aumento de las cifras de homicidios como consecuencia del incremento en el tráfico de drogas (25). Para el resto de la serie se han elaborado diversas hipótesis acerca de las modificaciones en la tendencia. El descenso en la mortalidad observado a partir de 1993 se ha atribuido a las mejoras en las condiciones sociales como consecuencia del plan de reformas económicas y políticas que estableció el gobierno colombiano entre 1990 y 1994 (26), mientras que el incremento observado entre 1998 y 2002 se atribuyó a una reacción de ofensiva militar secundaria a la escalada insurgente (25). El descenso observado a partir de 2002 se atribuyó a la instauración de la política de seguridad democrática (27); una hipótesis alternativa es la adopción de medidas de prevención de la violencia en algunas de las grandes ciudades, que pudieron haber hecho declinar la tendencia de las tasas generales de homicidios en Colombia (28). Los resultados de nuestro estudio apenas demostraron cambios en la tendencia de homicidios debidos a operaciones de guerra o intervenciones legales, lo cual estaría en contradicción con algunas de las hipótesis planteadas; sin embargo, resulta difícil argumentar a este respecto pues se desconoce la calidad de la certificación de los homicidios debidos a intervenciones legales o por operaciones de guerra.

El principal mecanismo de homicidio fueron las agresiones con arma de fuego, seguidas de las agresiones con arma cortopunzante y de un pequeño porcentaje de agresiones con otros mecanismos. Otros estudios han confirmado la gran preponderancia que tienen las armas de fuego en los homicidios en Colombia. En Medellín, entre 1990 y 2002, cerca de 90% de los homicidios fueron causados con arma de fuego (29); en Cali, entre 1993 y 1998 se usaron armas de fuego en 80,9% de los homicidios (8). En Colombia se permite el porte de armas a la población civil bajo condiciones específicas reguladas por el decreto 2535 de 1993 (30), la ley 1119 de 2006 (31) y el decreto 514 de 2007 (32). Sin embargo, el porte ilegal de armas es un delito frecuente, y la ley 1142 de 2007 (33) permite que la pena sea excarcelable, por lo que cerca de 90% de los detenidos por posesión ilegal de armas son liberados (34).

La evidencia al respecto de la efectividad de la limitación en el porte de armas no es clara, pues tiene falencias metodológicas y datos contradictorios. En Estados Unidos, se analizó la asociación entre cinco leyes estatales de armas y la frecuencia de homicidios y suicidios por armas de fuego. Este estudio no reportó asociación estadísticamente significativa de ninguna de las leyes estatales sobre armas con respecto a la reducción en las tasas de mortalidad por estas causas (35). Sin embargo, otros estudios han demostrado la efectividad de las medidas que implican restricciones al porte y tenencia de armas. En Austria se estudió el impacto que tuvo la reforma en la legislación sobre armas de fuego sobre la tendencia de suicidios y homicidios; se encontró que las medidas orientadas al control de la adquisición y posesión de armas provocaron un descenso significativo en las tasas de homicidio y suicidio (36). Un estudio ecológico realizado en once países europeos, Estados Unidos, Australia y Canadá demostró una asociación entre la disponibilidad de armas de fuego y las altas tasas de homicidios y suicidios (37). En países que han atravesado períodos de conflicto y postconflicto en ausencia de desarme, se ha demostrado que, aunque la frecuencia de lesiones por armas de fuego desciende en el período posterior al conflicto, la disponibilidad permanente de armas durante este se asocia con mayor mortalidad (38).

Las medidas relacionadas con la limitación en el porte de armas han tenido efectos positivos en las tasas de homicidios en algunas ciudades colombianas. Un programa de prohibición y confiscación de armas durante algunos fines de semana estratégicos en Cali y Bogotá disminuyó las tasas de homicidio 14% y 13%, respectivamente (39). En Bogotá, debido a la aplicación sostenida de diferentes políticas entre 1994 y 2001, las tasas de homicidio se redujeron en 62% (40). Es posible que el entorno de donde nace la violencia y sus características sean diferentes en cada país, por lo que medidas tales como la restricción del porte o la tenencia de armas demuestran una eficacia disímil en los diversos contextos sociales.

El descenso observado en la razón hombre:mujer de las tasas de homicidios se podría explicar por una mayor implicación de los hombres, más que por una disminución de la violencia entre las mujeres; de hecho, las cifras se han incrementado en los dos sexos, aunque con mayor preponderancia en el sexo masculino. En nuestro estudio llama la atención que, durante los picos de mortalidad por homicidios, los grupos de edad que demostraron una afectación relativa mayor fueron el de 20 a 39 años en los hombres y el de 15 a 24 años en las mujeres. Ya que las mujeres en este grupo de edad resultan especialmente vulnerables al agravamiento de la violencia, cobra importancia diseñar estrategias encaminadas a reducir el impacto de la exacerbación del conflicto en este grupo. En Colombia las mujeres se convierten en objetivos del conflicto armado y de los ajustes de cuentas; por eso, en los períodos con aumento de los homicidios se ven más afectadas. Además, un porcentaje no establecido de casos también puede estar relacionado con violencia doméstica; sin embargo, la fuente de información no permite establecer cuáles de las muertes en mujeres fueron causadas por este tipo de violencia.

Este estudio tiene ciertas limitaciones; la primera está relacionada con la fuente de información. En Colombia no existe un sistema unificado de información de mortalidad, por lo que las muertes son registradas por dos fuentes: el DANE, que recoge información de tipo general acerca de la defunción desde antes del año 1972, y el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF), que atiende casos con implicaciones penales y recopila información desde el año 1999. Nuestros datos se basaron en la mortalidad registrada por el DANE, la cual no es necesariamente igual a la consignada en las bases de datos del INMLCF, y aunque en las bases de datos del DANE se caracteriza muy bien el mecanismo de lesión, estas carecen de otra información como el móvil, las circunstancias del hecho, el presunto agresor, el parentesco víctima-victimario, la actividad durante el hecho, la zona y el escenario, lo cual impide hacer un análisis descriptivo más profundo.

Como consecuencia de la desigualdad en la información de las fuentes, el número total de casos muestra valores disímiles. Al contrastar las cifras del reporte de muertes violentas del INMLCF entre 1997 y 2009 (41) con las del DANE aquí descritas se hace evidente una diferencia numérica. Para 1997 el INMLCF tuvo 1 491 registros más que el DANE, pero para el resto de años, el DANE tuvo entre 2 434 y 4 240 más muertes que el INMLCF. Aunque ello sugiere posible problemas de cobertura en el INMLCF, es posible que las dos instituciones tengan cierto grado de subregistro, por lo que es importante cruzar la información de los dos sistemas. El subregistro de la mortalidad representa una limitación importante para el estudio, ya que las muertes provocadas durante enfrentamientos armados o los homicidios a manos de grupos ilegales podrían no ser contabilizadas por diversas circunstancias, quedando fuera del alcance de los registros nacionales de mortalidad.

El móvil del homicidio no se puede derivar a partir de los datos de este estudio, pero según información del INMLCF (42) en 44% de los homicidios en los que se pudo establecer el presunto móvil, 32% correspondió a ajuste de cuentas, 19% a riñas, 17% a atracos, 10% a enfrentamiento armado, 5% a intolerancia social, 1% a intervención legal y el restante 15% a otros móviles. Otro estudio describe que en Medellín, en 84,6% de los casos el móvil fue desconocido y, en los registros con móvil consignado, 7% correspondió a ajustes de cuentas, 4,5% a atraco, 1,4% a riñas, 1,2% a enfrentamiento armado, 1,0% a "limpieza social", 0,3% a intervención legal y 0,1% a maltrato conyugal (29). En Cali, entre 1993 y 1998 se encontró que en 63,8% de los casos el móvil fue desconocido y, entre los casos con móvil conocido, 14% de ellos se relacionaron con atracos (8).

Recomendaciones

Se recomienda crear un sistema único de información de mortalidad que recopile los datos procedentes de entidades sanitarias, policiales y de todos los entes que tengan contacto con víctimas y victimarios; este sistema de registro debería incluir el móvil, el presunto agresor, el parentesco víctima-victimario, la zona, el escenario y las circunstancias que rodearon la muerte.

La evidencia recopilada en este estudio demuestra que el conflicto armado interno no parece ser tan importante como la violencia causada por la intolerancia y la delincuencia común; por ello, se deben generar acciones en múltiples niveles encaminadas a disminuir la violencia por estas dos causas. Estas acciones deberán estar basadas en la mejor evidencia disponible. El problema de la violencia se debe abordar desde una perspectiva de prevención primaria con medidas orientadas a reducir los factores de riesgo de violencia en los individuos, las relaciones, las comunidades y la sociedad de manera integral. Según recomendaciones de la OPS (1) algunas de estas actividades deben encaminarse a educar, brindar opciones de vida, promover el desarrollo personal y social, concientizar sobre la importancia de las buenas relaciones sociales, fortalecer los lazos familiares y vínculos afectivos, asesorar a las potenciales víctimas y victimarios y mejorar el entorno físico y socioeconómico.

En Colombia existen muchas instituciones que trabajan para reducir la violencia (43-46); sin embargo, las líneas de trabajo no parecen estar articuladas. Por ello, se recomienda crear un ente rector de orden nacional que trabaje en cooperación con todos los entes nacionales y locales involucrados en el problema. Una de las medidas que debería implementarse de manera temprana es la limitación en el porte y uso de armas, pues en el contexto colombiano esta medida ha demostrado ser efectiva. Otra medida importante que se debe tomar en Colombia en el corto plazo está relacionada con la concientización con respecto al consumo de alcohol, pues es un factor de riesgo conocido que desencadena conductas violentas.

Varios estudios han demostrado que los contenidos violentos de los programas de televisión son capaces de incentivar conductas violentas en los televidentes (47, 48). En Colombia 99% de los habitantes tiene televisor. Los jóvenes de entre 5 y 17 años ven entre 3,5 y 3,9 horas diarias de lunes a viernes, y entre 4 y 4,1 horas los fines de semana, mientras que los mayores de 18 años dedican entre 3,1 y 3,7 horas de lunes a viernes, y entre 2,7 y 3,6 horas los fines de semana (49). Una gran cantidad de los contenidos de cine y televisión de producción colombiana contienen temáticas violentas. Los involucrados no han comprendido la necesidad de limitar los contenidos mediáticos violentos. En la actualidad los programas con contenidos violentos deben ser emitidos en la franja de horario de adultos; sin embargo, no solo los niños, sino también los adultos, deben ser protegidos de la exposición a estos contenidos. Por tanto, se recomienda realizar acciones conjuntas, coordinadas con los medios de comunicación como agentes potencialmente capaces de influenciar el comportamiento de las personas, con el fin de limitar la emisión de contenidos violentos incluso en el horario de adultos.

El desarrollo de trabajos investigativos sobre la violencia es fundamental para conocer la dinámica del problema en cada población. El apoyo de instituciones estatales, universidades, organizaciones no gubernamentales y otras partes interesadas, a grupos de investigación o investigadores independientes promete un avance científico-investigativo para el país; este enfoque investigativo debe estar orientado fundamentalmente a encontrar soluciones que permitan controlar los factores productores de violencia.

 

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Manuscrito recibido el 15 de octubre de 2010.
Aceptado para publicación, tras revisión, el 13 de mayo de 2011.

 

 

* La correspondencia se debe enviar a Claudia Moreno, cmarcems@yahoo.com

 

 


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