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Salud Colectiva

On-line version ISSN 1851-8265

Salud Colectiva vol.4 n.1 Lanús Jan./Apr. 2008

http://dx.doi.org/10.1590/S1851-82652008000100002 

ARTÍCULOS

La representación social negativa de los procesos de salud/enfermedad/atención en la prensa escrita

The negative social representation of health/sickness/care process in printing press

Eduardo L. Menéndez1, Renée B. Di Pardo2

1Doctor en Ciencias Antropológicas, Universidad de Buenos Aires. Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), México. Coordinador del Seminario Permanente de Antropología Médica (SPAM). emenendez1@yahoo.com.mx
2Licenciada en Psicología, Universidad de Buenos Aires. Profesora e investigadora del Centro de Investigaciónes y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), México. Miembro del Seminario Permanente de Antropología Médica (SPAM). reneedipardo@yahoo.com

RESUMEN

El análisis de la información de los diez principales periódicos mexicanos de circulación nacional permite observar la gran frecuencia y continuidad de información que difunden sobre los procesos de salud/enfermedad/atención, así como la constante tendencia a presentarla en términos negativos y sensacionalistas. En este artículo se revisan las principales explicaciones teóricas que existen respecto de esta tendencia, y sobre todo se analizan el significado y sentido que puede tener el contínuo énfasis en la salud como catástrofe, en función de los intereses y objetivos no sólo de los periódicos, sino de las diferentes "elites" que aparecen y operan a través de los mismos.
Analizamos en particular cómo la representación catastrófica de la salud se expresa en los periódicos a través de muy diferentes actores sociales, que pese a formular propuestas diferentes e incluso antagónicas, se potencian sin embargo para promover dicho tipo de representación social.

PALABRAS CLAVE Medios de Comunicación de Masas; Proceso Salud-Enfermedad; Atención a la Salud; Comunicación Social; Antropología Cultural.

ABSTRACT

In this paper we analyze information about health/sickness/care just like it appears in ten main Mexican newspapers. We can observe a considerable frequency and continuity in publishing this kind of news, all together with a constat tendency to present them in a negative way. We examine main theoretical explanations about this feature with special attention to the probable meaning and sense of that continuous emphasis in a catastrophic view about health, taking account not only newspapers' interests and goals, but those of different elites which appear and work through them. We analyze too, how this catastrophic representation about health is expressed in newspapers through several social actors who state different and even antagonic proposals, but reinforcing however this negative social representation.

KEY WORDS Mass Media; Health-Disease Process; Health Care (Public Health); Social Comunication; Anthropology, Cultural.

La descripción y análisis de la información sobre procesos de salud/enfermedad/atención publicada por los diez principales periódicos mexicanos de circulación nacional durante el lapso 2000-2006, y especialmente durante el año 2002, nos permitió evidenciar no solo la gran frecuencia y continuidad de información sobre dichos procesos en la prensa escrita, sino la fuerte tendencia a presentar los procesos de salud/enfermedad/ atención (PSEA) en términos negativos, acentuando sus características catastróficas (a).

Esta tendencia la describimos y analizamos respecto del conjunto de padecimientos presentados por los periódicos y especialmente de tres procesos de salud específicos -salud reproductiva, VIH-sida y gripe aviar-, así como de los servicios de salud, observando que en todos los casos domina la representación social de la salud como catástrofe (b).

Como sabemos, los expertos en medios han señalado constantemente esta tendencia de la prensa escrita a presentar la información en términos negativos y alarmistas, a partir de asumir explícitamente que "las buenas noticias no son noticias. Las malas noticias sí lo son" (1 p.92, 2 p.145). Por lo cual en este trabajo vamos a revisar las explicaciones dadas a dicha tendencia, así como proponer nuestras propias explicaciones centradas en el análisis de los PSEA.

La mayoría de las interpretaciones consideran que el énfasis en las noticias negativas y catastróficas es debido a la búsqueda mediática de espectacularidad y sensacionalismo por parte de la prensa escrita -y por supuesto de los otros medios masivos-, lo cual la conduce a focalizar casi exclusivamente los escándalos, las tragedias, los desastres que ocurren cotidianamente.

Conjuntamente los análisis de los medios han señalado reiterada y casi mecánicamente que la prensa escrita se caracteriza por buscar y presentar constantemente nuevas noticias, que la mayoría de su información es coyuntural, que lo que le importa es "cubrir" los hechos que están ocurriendo en el momento. Y si bien esto en parte es correcto, de nuestro estudio surgen dos hechos relevantes: primero, que una parte significativa de la información, por lo menos respecto de ciertos PSEA, se reitera a través de meses y en algunos casos de años con una presencia constante en los periódicos. Esto no solo lo hemos observado a través del año 2002, sino del lapso 2000-2006 para fenómenos tan distintos como el VIH-sida, procesos de salud reproductiva o la situación de los servicios de salud.

En segundo lugar observamos que si bien la información cotidiana refiere a muy diversos PSEA, no obstante encontramos varias constantes en la manera de transmitir la información, de la cual la más notoria y reiterada -como lo señalamos- es la de presentar los PSEA como catástrofe. Lo cual supone reconocer, que pese a lo coyuntural y "novedoso" de gran parte de la información periodística, dominan sin embargo representaciones sociales que se mantienen durante prolongados lapsos, proponiendo los mismos contenidos básicos respecto de PSEA específicos. Incluso se reiteran determinadas omisiones sobre PSEA a lo largo del tiempo, como lo observamos por ejemplo en el caso de la cirrosis hepática o de la morbimortalidad en el género masculino, sobre los cuales la prensa escrita presenta muy escasa información durante todo el lapso analizado.

LOS DESEOS Y LAS VENTAS

La explicación más frecuente respecto del dominio de representaciones sociales catastróficas y alarmistas en los medios refiere a la cuasi determinación del mercado. Los medios enfatizan lo negativo porque los actos violentos, las pandemias o el narcotráfico venden o posibilitan vender más periódicos que la presentación de procesos pacíficos o caracterizados por su escasa espectacularidad:

La prensa puede ser vocero de los ciudadanos, pero las más de las veces promueve sus propios intereses, entre los que destaca el afán de vender noticias, y las noticias que mejor venden suelen ser las que conmueven de manera más epidérmica y catártica. (2 p.145)

Los analistas nos recuerdan que la prensa es un negocio:

En realidad, los contenidos periodísticos en una economía de mercado, son un anzuelo para el propósito central de los medios: ganar dinero... A. J. Liebling sintetiza así la simbiosis entre noticias y lucro: "la función de la prensa es informar, pero su papel es hacer dinero". (1 p.115)

Los medios transmiten la representación social de que la vida está en riesgo; riesgo de ir por las calles (asaltos), riesgo de conducir autos (accidentes), riesgo al tener relaciones sexuales "sin protección" (VIH-sida; embarazo no deseado), riesgo de ser mujer (violencia familiar, muertas de Juárez), riesgo de perder el trabajo, riesgo de ataques terroristas, y por supuesto toda otra serie de riesgos que difunden en la sociedad la idea de que hay una crisis permanente que afecta la vida cotidiana (3).

Además habría un incremento a nivel internacional de la información de tipo sensacionalista, que se ve reforzada por la globalización de la información, dado que los medios tienen la capacidad de difundir de inmediato y a casi todo el mundo las catástrofes climáticas, las guerras locales, los asesinatos seriales, las epidemias. Los medios han colocado todo más cerca, incluyendo hechos sobre los cuales hasta hace poco casi no se hablaba y que aparecen como amenazas públicas, como pueden ser el incremento de la pederastía y el ataque sexual a niños o la extracción y contrabando de órganos humanos.

Si bien los escándalos respecto de muy diferentes aspectos siempre han constituido noticias, sobre todo cuando son referidos a sujetos o grupos pertenecientes a algún sector de elite, los mismos habrían incrementado su presencia en los medios. La mayoría de los escándalos refieren a cuestiones sexuales, de malversación económica o de corrupción política, y si bien los mismos se desarrollan a nivel "privado", lo nuclear es su presencia en los medios ya que a través de éstos toman estado público y pueden tener incidencia en la trayectoria política, social y profesional de sujetos y grupos (4 v.II, 5).

En México, el control político que durante más de setenta años ejerció el PRI (partido revolucionario institucional), comenzó a conmoverse especialmente durante la década del '90, lo cual dio lugar al desarrollo de una creciente actitud crítica y de denuncia periodística de hechos que antes permanecían ocultos, o por lo menos casi no se trataban públicamente. Pero a partir de entonces, la tendencia de la mayoría de los medios ha sido no sólo presentar un panorama crecientemente negativo de la política y de los políticos, sino promover las noticias más escandalosas y vendibles. Más aún, según algunos analistas muchos medios promueven y difunden calumnias y noticias falsas al estar coludidos con sectores de poder (2). Esta tendencia no solo se da en un país que recientemente ha recuperado la libertad de expresión, como es el caso de México, sino que es un hecho generalizado en los países considerados democráticos (4 v.II p.354-355).

Los riesgos, las violencias, la información que hace hincapié en lo negativo, atraerían más a los lectores, los entretendrían más en términos de espectáculo. Desde esta perspectiva el narcotráfico sería más atractivo que la información sobre adicciones, a menos que ésta constituyera un espectáculo como ocurre con el dopaje de futbolistas o con el consumo de sustancias adictivas por actrices de moda. Los periódicos presentarían abundante información sobre enfermedad y muerte y muy escasa sobre salud, porque por diversas razones las primeras serían mucho más "atractivas" para los lectores. Es decir que la información sobre PSEA forman parte de nuestros entretenimientos mediáticos (6).

Por estas cuestiones, autores como Bourdieu o Castells insisten en que por razones de mercado los medios convierten cada vez más toda información en espectáculo, que según Bourdieu son uniformemente banales. El principio de selección de la información, para este autor, está en lo sensacional y espectacular de la noticia, por lo cual los medios necesitan exagerar la gravedad e importancia del acontecimiento que presentan, prefieren dar información sobre lo extraordinario, como es el caso de epidemias o inundaciones, que sobre los hechos comunes como los accidentes en el hogar.

Esta orientación explica por qué determinados PSEA son convertidos en espectáculos por los medios, ya que pueden ser atractivos para los lectores y espectadores, en la medida que esos hechos puedan llegar a afectarlos en forma personal. En diferentes contextos -incluido el mexicano- se ha evidenciado lo que dos analistas señalan para Brasil, y es que cuando los medios y especialmente la televisión informan sobre el peligro de la expansión de una determinada enfermedad, al día siguiente se llenan los servicios de salud en demanda de atención respecto de dicha enfermedad (7 p.143).

Este tipo de datos, lleva a Castells a concluir que "los directores de los informativos han encontrado en la cruzada por la salud una fuente inagotable de atención pública" (4 v.I p.486), lo cual se expresa notoriamente en la prensa escrita.

Una parte de los expertos en medios consideran la noticia como espectáculo; que la gran difusión de información sobre criminalidad o enfermedades, así como el "amarillismo" que satura una parte de los medios, se desarrolla porque es lo que le gusta a la gente. Nos recuerdan que desde la década del '30 hasta la actualidad existen estudios que analizan la alta presencia de diferentes tipos de violencia en los medios, vinculándola con la persistente demanda de los públicos por este tipo de información/espectáculo.

Este tipo de explicaciones tiene que ver con concepciones teóricas que sostienen que el gusto por las catástrofes, por los miedos, por los riesgos, corresponderían a las orientaciones, deseos y situaciones previas de los públicos. Los medios solo se adecuarían o bien reforzarían lo que la gente quiere/necesita ver, oír, leer, constituyendo una de las explicaciones básicas y constantes de los especialistas en medios así como de otros analistas, y sigue manteniéndose hasta la actualidad.

Bauman, por ejemplo, si bien reconoce que gran parte de las consecuencias negativas de la globalización remiten al papel del mercado, considera que no debemos colocar la explicación de la orientación de los sujetos exclusivamente en la inducción o seducción del consumo, sino en asumir que los sujetos "quieren ser seducidos" (8 p.111). Más aún, en un trabajo relativamente reciente, señala:

Si la televisión guía al mundo, es porque lo sigue; si es capaz de diseminar nuevos patrones de vida, es porque reproduce esos patrones según su propio modo de ser. (9 p.198)

Estos "deseos" se expresarían también a través del desarrollo de determinados procesos actuales que se expresan sobre todo en el incremento de la mortalidad y de la discapacidad en adolescentes y adultos jóvenes.

Algunos analistas sostienen que se incrementan constantemente las exposiciones intencionales al riesgo a través del manejo a alta velocidad en la conducción de automotores, del desarrollo de comportamientos cuasi suicidas en la autoaplicación de técnicas corporales, del uso de ciertas sustancias adictivas, o de la práctica de nuevos deportes basados en el alto riesgo. Es decir que los riesgos se articulan de alguna manera con las actividades, deseos y/o necesidades de, por lo menos, una parte de la población a la que le atraería el peligro. Por lo tanto el riesgo sería buscado por determinados sujetos y públicos; ya que no sólo les interesaría verlos como espectáculos mediáticos sino ser parte de ellos o por lo menos de sus propios espectáculos. Debemos recordar que esta exposición al riesgo y sus consecuencias, constituyen en la actualidad una de las principales preocupaciones de amplios sectores sociales, incluido el Sector Salud (SS).

Como vemos, las explicaciones sobre la orientación negativa de la prensa escrita oscilan entre colocar la causalidad en los deseos de los sujetos, en los objetivos mercantiles de los medios o en las características de la sociedad. Pero en todos los casos los medios aparecen como parte de este juego de necesidades e intereses.

Pero además de los procesos y explicaciones centrados en los intereses económicos de los medios y en los deseos de los públicos, hemos obtenido información referida al uso de los peligros e inseguridades en función de los objetivos económico/políticos e ideológicos de diferentes actores sociales. De tal manera que, por ejemplo, a la industria químico/farmaceútica le convendría la permanente situación de enfermedad como catástrofe o por lo menos como alarma más o menos constante, ya que favorecería la venta de sus productos.

El objetivo prioritariamente económico de estas empresas ha sido reiteradamente señalado por analistas, aunque no demasiado en forma directa por el material periodístico analizado por nosotros. No obstante la significación económica emerge en las disputas generadas entre empresas químico/farmacéuticas que involucran también a las autoridades del SS, como ocurrió entre los años 2002 y 2005, cuando una empresa químico/ farmaceútica identificada con el logo Dr. Simi acusó reiteradamente a las autoridades del SS de estar coludidas con las empresas químico/farmaceúticas multinacionales, acusándolas de negociar con la salud de los mexicanos. Durante el 2002 responsabilizó, incluso, al Secretario de Relaciones Exteriores de beneficiar a la industria extranjera, en detrimento de la industria nacional. Y gran parte de estas acusaciones, se montaron sobre la situación de desabastecimiento de fármacos en los servicios oficiales de salud.

Más allá del significado especial de este proceso, que tuvo fuerte presencia en la prensa, lo que observamos es que determinados PSEA que cobran el carácter de alarmantes en términos momentáneos o permanentes, favorecen la compra y consumo de medicamentos no solo por la población sino por el sector salud oficial como lo pudimos observar en nuestro estudio de la prensa escrita referido en particular al VIH-sida y a la gripe aviar, favoreciendo los objetivos económicos de las empresas químico-farmacéuticas (10).

Estos objetivos pueden ser favorecidos por la conversión de un problema de salud en catástrofe inminente. Desde esta perspectiva la compra masiva de antivirales decidida por el SS mexicano para enfrentar la gripe aviar, resultó a mediados del 2006 no digamos inútil sino "precipitada", dado que luego de dicha compra masiva, los laboratorios Glaxo comunicaron el descubrimiento y puesta a prueba de una vacuna eficaz. Pero México -como toda una serie de países- ya había invertido grandes cantidades de dinero en la compra de un tipo de antivirales, que además -y lo subrayamos-, se caracterizaba hasta ese momento por su escasa demanda y uso, pero que el alarmismo técnico, político y mediático impulsó hasta agotar sus existencias, según los datos presentados por la prensa escrita.

Desde esta perspectiva, debemos asumir que la enfermedad no solo es un padecimiento, sino también uno de los procesos a través del cual se movilizan grandes cantidades de dinero, y no solo en beneficio de las denominadas industrias de la salud. Si bien esto es una obviedad, no lo es tanto asumir que el aspecto financiero es decisivo no solo para las empresas químico-farmaceúticas y para el SS, sino también para grupos de la sociedad civil que luchan contra problemas específicos. Durante la 14° Conferencia Mundial sobre VIH-sida realizada en Barcelona en el año 2002, se planteó que se necesitaban "diez mil millones de dólares para luchar contra el VIHsida, de los que en dicho año sólo se reunirían tres mil millones".

Si bien la mayoría de dicho dinero tiene que ver con la compra de medicamentos, una parte de los financiamientos tiene que ver también con la supervivencia de las ONG. Y como surge del material periodístico y de los análisis sociológicos de estas organizaciones, el "alarmismo" constituye un importante y frecuente mecanismo de presión de estos grupos. Según periódicos mexicanos, en la citada Conferencia de Barcelona algunos grupos plantearon que el VIH-sida luego del atentado del 11 de septiembre del 2001 a las Torres Gemelas, había "perdido puntos frente al terrorismo en la frecuencia de mención en los medios".

Por lo tanto estos procesos no solo tienen que ver con medios, espectáculos y sujetos enfermos, sino también con las posibilidades de financiamiento de las ONG y de los profesionales, que frecuentemente expresan las necesidades no solo de los grupos más carenciados, sino de los sujetos que forman parte del entorno profesional.

Como sabemos, el paludismo es una de las primeras causas de muerte a nivel mundial y especialmente en África, donde los niños mueren por paludismo más que por cualquier otra enfermedad según lo señalan los propios periódicos. Gran parte del financiamiento para intervenir en África sobre este problema proviene de la Agencia Internacional de Desarrollo (AID) de los EE.UU., pero ocurre que durante el 2005 solo el 8% del financiamiento se utilizó para los aspectos básicos de la lucha antipalúdica, es decir la compra y distribución de fármacos, insecticidas y mosquiteros, ya que el 92% se gastó en investigación, educación, evaluación y administración. Es decir que la mayoría del financiamiento se dedicó a pagar tareas de profesionales (11).

Toda una serie de evaluaciones indican que una parte de la desocupación de profesionales desarrollada en el primer mundo pero también en el tercero, trata de ser morigerada por estos financiamientos. Pero el logro de los mismos supone con frecuencia evidenciar y difundir que las ONG necesitan dichos financiamientos debido a que están trabajando con situaciones catastróficas. Y esto es lo que aprenden a manejar dichas organizaciones para poder seguir funcionando a través de financiamientos. Según Sorman, en 1980 la ONG británica Oxfan, dado que necesitaba recursos económicos, desarrolló una intensa campaña mediática de difusión de la hambruna que asolaba a Uganda desde hacía varios años, lo cual le dio inmediatos resultados financieros. De allí que:

En el mundo humanitario, un buen encargado de prensa es un personaje clave; mucho más que los médicos o los cirujanos. (12 p.90)

Estas afirmaciones de Sorman son interesantes de consignar, porque él no solo es periodista sino que dirigió una de las más importantes ONG francesas que incluso trabajó en la hambruna ugandesa. Y es a partir de su propia experiencia que nos indica que de los cien francos que una persona solidaria dona a una ONG para ayudar a niños necesitados, el 50% se destina a la campaña de sensibilización y a captar fondos; con el 50% restante se paga al personal y los gastos de la asociación. De tal manera que de los cien francos queda muy poco para ayudar a los niños, y a veces no queda nada. Y en todo este proceso el énfasis de la realidad como catástrofe a través de los medios y de otros mecanismos constituye una de las tareas decisivas de las ONG.

Esto por supuesto no niega el real interés y la real ayuda que una parte de las ONG desarrollan, sino que lo que subrayamos es el uso del efecto catástrofe por ellas, como uno de los mecanismos básicos para el logro de financiamientos.

De nuestro análisis de la prensa escrita surge que cuando especialistas que trabajan en instituciones del Estado mexicano con problemas cardiovasculares, diabetes mellitus o con problemas psiquiátricos son entrevistados por los periodistas, no solo subrayan la importancia y gravedad del problema en el cual están especializados, sino sobre todo que las instituciones donde trabajan no cuentan con los recursos suficientes para enfrentar dichos problemas, tanto en términos de investigación como de intervención. Lo cual suele ser verdad.

Pero ésta es una tendencia internacional, ya que según uno de los más importantes genetistas actuales:

...los investigadores tienen una tendencia comprensible a exagerar el alcance de sus trabajos, a dar preferencia a la importancia de lo que son sus existencias comerciales y su razón social... En la carrera por los resultados, por la publicación, que condiciona cada vez más la supervivencia de un equipo, en la competencia a menudo muy dura que se desarrolla en el campo internacional, se olvida a menudo (la perspectiva reflexiva sobre la investigación), lo que puede alimentar toda suerte de desviaciones mediáticas. (13 p.131)

Por lo tanto, de la información periodística analizada surge que existen intereses de diferentes actores sociales por seguir manteniendo una imagen preocupada, alarmista y/o de catástrofe respecto de los PSEA por razones varias, pero especialmente por objetivos financieros. Tanto el Sector Salud, las empresas químico/farmacéuticas, los funcionarios internacionales y nacionales, los investigadores, las ONG y otras organizaciones, se caracterizan por desarrollar cuestionamientos negativos respecto de lo que ocurre con diferentes PSEA.

Esto, como ya lo señalamos, puede observarse con notoria claridad respecto del VIH-sida dada la cantidad de información que la prensa presenta sobre este padecimiento. Y así observamos que en México la principal demanda de los grupos organizados en torno al VIH-sida es respecto de la obtención de determinados fármacos. Éste es realmente el primer eje de lucha ya que sin los antiretrovirales la posibilidad de sobrevida es baja. Pero ocurre que una parte de estas organizaciones no solo cuestiona al SS mexicano, sino a las empresas productoras de los antiretrovirales, dado los altos costos de estos medicamentos. Es decir que las disputas en torno a la atención de la enfermedad se organizan sobre todo en términos de aspectos económicos.

A partir de los datos presentados, debemos reconocer que los cuestionamientos críticos de varios de los actores sociales pueden articularse, aun cuando sus objetivos e intenciones específicos sean diferentes y hasta divergentes. Y que dos de los principales factores que los articulan son el énfasis en determinados miedos e inseguridades y el énfasis en procesos de tipo económico vinculados en forma directa e indirecta a dichos miedos e inseguridades. A través de nuestro estudio pudimos observar que los PSEA como problema económico constituye la representación social más frecuente y consistente en la prensa escrita, luego de la representación de la salud como catástrofe (10).

INTERPRETANDO LAS INTERPRETACIONES

Una parte de los procesos analizados no solo refiere a aspectos financieros, sino también a aspectos económico/políticos e ideológicos, que sobre todo se ponen de manifiesto en nuestro estudio a través de las críticas negativas dirigidas a los servicios oficiales de salud. Como lo describimos en nuestra investigación, un hecho aparentemente paradojal fue que entre los actores más críticos de los servicios oficiales de salud están los altos funcionarios del Sector Salud, siendo éstos los que presentan los datos más negativos respecto de las propias instituciones que dirigen.

Pero esta crítica constante hacia las instituciones oficiales de salud, puede favorecer los objetivos de algunos de los actores que las cuestionan y simultáneamente las dirigen. Puede, por ejemplo, favorecer los proyectos de reorganización del Sector Salud impulsados por los funcionarios que dirigieron el área salud entre 2001-2006, que cuestionaron constantemente el funcionamiento de las instituciones de seguridad social y especialmente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), tratando de reducir las inversiones en las mismas, así como simultáneamente impulsar el desarrolllo y financiamiento del denominado Seguro Popular de Salud propuesto por las autoridades del SS. Es decir, se critica negativamente en función de determinados intereses y del logro de objetivos correspondientes a determinados sectores de poder.

Pero la crítica interesada de estos actores, y es lo que queremos subrayar, se articula con la crítica que respecto de las instituciones oficiales realizan otros actores sociales en función de sus propios objetivos, y por lo tanto no sólo se potencian sus críticas sino que las mismas aparecen como más "objetivas", dado que los diferentes actores sociales coinciden en las mismas, más allá de la interpretación que cada uno da a la situación negativa que caracterizaría a las instituciones oficiales de salud.

Además si bien la información periodística presenta una visión negativa de los servicios de salud, la refiere casi exclusivamente a los servicios oficiales de salud, dado que la medicina privada aparece muy poco descripta y criticada en los periódicos. Según la prensa, las denuncias de los pacientes y de las ONG a la Comisión Nacional de Arbitraje Médico y a la Comisión Nacional de Derechos Humanos se refieren básicamente a los servicios oficiales, con pocas referencias a la medicina privada. De tal manera que la prensa escrita refuerza por omisión o por comparación la positividad de la medicina privada, al colocar casi exclusivamente sus datos negativos en los servicios de salud del Estado.

Pero como ya lo señalamos, el énfasis negativo que la prensa escrita coloca en los PSEA, lo coloca también respecto de la mayoría de los otros campos de la realidad que trata diariamente. De allí que diversos autores, que en gran medida se expresan en la prensa escrita, reconozcan la existencia de toda una serie de procesos económico- políticos e ideológicos, que explicarían las condiciones y miedos dominantes de las sociedades capitalistas actuales.

Y así Bauman (8,9,14,15), en el caso de los países del Tercer Mundo coloca la explicación básicamente en la pobreza, mientras en el caso de los países centrales la refiere a la pérdida de trabajo y a la precariedad laboral, a un proceso tecnológico que cambia constantemente las reglas de juego laboral y convierte en obsoletos los saberes técnicos y profesionales. Así como también a la destrucción de puestos de trabajo y a las crecientes restricciones de los beneficios de la seguridad social, todo lo cual genera la posibilidad de un deslizamiento hacia la pobreza. Es decir que ciertos procesos económico- políticos constituirían el núcleo disparador de nuestros miedos e inseguridades. Y recordemos que la "seguridad social", tiene que ver directamente con los PSEA.

Esta situación llega a su máxima expresión en algunos países ex comunistas donde la pérdida de las seguridades sociales condujo a un notable derrumbre demográfico expresado a través del fenomenal incremento de las tasas de mortalidad, que por ejemplo disminuyó la esperanza de vida en la Rusia actual en más de diez años (16,17).

En términos comparativos el sistema capitalista generaría -según diversos analistas- más inseguridad que ningún otro sistema, dado que coloca en el riesgo su posibilidad de crecimiento y desarrollo, de tal manera que en la trayectoria de los riesgos puede perderse lo ya obtenido, incluida la vida, pero sobre todo el dinero. Más allá de que los países capitalistas hayan generado estrategias para controlar esta inseguridad a nivel económicopolítico general y de los sujetos en particular, lo cierto es que recurrentemente el capitalismo genera nuevos riesgos en función del desarrollo científico- tecnológico, pero también de construir una sociedad basada en la inseguridad laboral. Por supuesto que estos peligros se expresarán de modo diferencial según las condiciones de los diferentes países y de sus estratos sociales, pero el riesgo sería parte constitutiva de dicho sistema.

La trayectoria descripta evidencia que los miedos constituyen una fuente potencial de recursos económicos, de tal manera que los riesgos, la inseguridad y sus miedos se complementan para favorecer el mantenimiento y desarrollo de la sociedad capitalista, lo cual se expresa paradigmáticamente a través de las denominadas "industria de la muerte" e "industria de la enfermedad", las cuales fueron analizadas exhaustivamente, especialmente en los EE.UU. durante los '60 y los '70. Mientras la industria de la enfermedad refiere a las empresas químico-farmacéuticas y hospitalarias; la industria de la muerte concierne básicamente a la industria de armamentos. Como sabemos, actualmente esta trayectoria empresarial se continúa a través de la industria del crimen organizado (secuestros, narcotráfico, sicarios, etc.) y de la "industria de la seguridad" (autos blindados, sistemas de vigilancias oficiales, empresariales privadas y domésticas, custodios, etc.).

En un país como México toda una serie de inseguridades tienen su principal explicación en factores económicos, de tal manera que los secuestros, el robo a personas y sobre todo el narcotráfico generan enormes ganancias y una notable distribución del dinero en la población involucrada en este tipo de actividades. Pero debemos asumir que el narcotráfico opera porque se constituye a partir de prohibiciones que tienen que ver con concepciones biomédicas. Es la biomedicina la que define las drogas como adictivas y quien fundamenta la prohibición que aplica el Estado. Y es esta prohibición la que genera la posibilidad del desarrollo de esta "industria" de la adicción, de la inseguridad y de la muerte (18,19).

Como sabemos, la criminalidad y la violencia aparecen como amenazas crecientes a nivel de México en particular, y de las sociedades capitalistas en general. Las encuestas revelan que el problema de la violencia aparece como una de las principales preocupaciones de los ciudadanos; y estos temores en unos países pueden ser referidos a la violencia homicida o a los secuestros de todo tipo, mientras en otros refiere a amenazas "terroristas" o al desarrollo de grupos juveniles organizados. Por eso la criminalidad se convierte, según ciertos autores, en el núcleo de expresión de la inseguridad ciudadana y en el de la lucha contra la inseguridad. Pero debemos subrayar que gran parte de esta criminalidad está organizada como una empresa de negocios privada.

En los últimos años se ha gestado una nueva "industria" dedicada a la reconstrucción de los desastres, que por lo menos en parte es continuidad de la industria de la muerte. Nos referimos a la industria ligada directamente al desarrollo constante de guerras locales que generan verdaderas catástrofes en términos no solo de muertes humanas sino de destrucción de las formas básicas de la vida cotidiana, y que fue puesta de manifiesto por el Informe epidemiológico sobre Irak que calculó más de 500.000 muertes por efectos directos e indirectos de la guerra desatada por los EE.UU. contra este país, y que difiere notoriamente de las 90.000 muertes que reconocen oficialmente los EE.UU. Recordemos que dicho Informe fue publicado por Lancet y difundido ampliamente por la prensa escrita durante el 2007.

Es en función de esta nueva industria que algunos autores hablan ya del "colonialismo de la reconstrucción" aplicado a las acciones de las empresas privadas, ONG, agencias gubernamentales y agencias internacionales dedicadas a reconstruir los países que han pasado por guerras y otro tipo de devastaciones.

Según Klein (20) estos objetivos son apoyados por el Banco Mundial, quien impulsa estas actividades reconstructivas, de tal manera que los países que han sufrido problemas de este tipo reciben entre el 20% y el 25% de los préstamos totales del Banco Mundial. Por lo tanto las consecuencias de los conflictos se han convertido en un negocio, en una nueva área de inversión. Por lo cual una serie de intervenciones actuales basadas en la reconstrucción o en la búsqueda de seguridad, si bien pueden aparecer como irracionales y hasta estúpidas en términos de logística militar o de seguridad pública, constituyen sin embargo notables éxitos financieros a nivel de empresas privadas.

El Congreso de los EE.UU. aprobó miles de millones de dólares desde el ataque a las "Torres Gemelas" para la lucha contra "el eje del mal", que en gran medida han sido absorbidos por empresas privadas de muy diferente tipo que van desde empresas reclutadoras de combatientes hasta empresas petroleras, pasando por las empresas que planifican y construyen nuevas viviendas para reconstituir los barrios destruidos por la guerra, asi como clínicas y hospitales para atender las enfermedades de la población.

A fines del 2006 en Irak había un contratista por cada quince soldados, es decir 100.000 personas que trabajaban para una amplia gama de empresas que ofrecían servicios de construcción de infraestructura, vivienda, capacitación o seguridad privada. Pero esta comercialización de los desastres no solo opera en los paises invadidos/destruidos por los EE.UU., sino que opera en las propias zonas de desastre de los EE.UU. El gobierno de Bush, según Klein (21) abdicó de la responsabilidad del gobierno de proteger a la población de los desastres, especialmente los desastres ambientales, desmantelando departamentos enteros, y delegando en empresas privadas las tareas de recostrucción y de seguridad aduciendo que las empresas privadas son más eficientes que las oficiales. El Estado norteamericano pasa a ser contratista de servicios privados, que funcionan para la comunidad mientras el gobierno les pague, y cuando no pueden pagarles solo protegen/ reconstruyen a los sectores sociales que tienen capacidad de pago.

Antes de continuar recordemos que los PSEA forman parte de este conjunto de riesgos, peligros y catástrofes que operan constantemente a través de formas específicas, pero fuertemente vinculadas entre sí. Ahora bien, estos riesgos, inseguridades y alarmismos son referidos frecuentemente a las situaciones más graves que ocurren en la realidad, mientras que en múltiples casos no es así; lo cual ha conducido a proponer que la vinculación que los medios establecen entre los riesgos y ciertos procesos y grupos, buscan desviar la mirada de los públicos respecto de los problemas y grupos que realmente están en riesgo o directamente están sufriendo los problemas. Según Bourdieu (22), una de las principales funciones de los medios es justamente desviar la atención de los problemas más constantes y graves que ocurren en nuestras sociedades.

Debemos asumir en toda su significación que la información negativa referida a ciertos problemas y grupos reduce, opaca o directamente excluye la importancia de otros riesgos y actores, ya que si bien fenómenos como el sida, las adicciones o el terrorismo expresan procesos que operan en la realidad cristalizados como espectáculos, los mismos -según Baudrillard (23)- ocultan el 90% de las catástrofes que están operando pero que no "vemos".

En nuestro estudio hemos evidenciado que toda una serie de noticias referidas a ciertos PSEA tienen una fuerte presencia en la prensa escrita, y que si bien dichos procesos tienen un impacto negativo no constituyen sin embargo parte de los más graves y extendidos problemas de salud para México, lo cual contribuye en términos por lo menos funcionales a desviar la atención de los públicos respecto de los problemas que aquejan a la mayoría de la población y sobre todo a determinados sectores de la misma. De tal manera que los periódicos casi no presentan información respecto de toda una serie de PSEA que afectan a determinados sujetos y grupos.

Los accidentes en el hogar tienen un fuerte impacto en la morbilidad y mortalidad a nivel internacional, y en ciertos países latinoamericanos las tasas de mortalidad por accidentes en el hogar es mayor que la de homicidios, pero la información mediática se concentra en los asesinatos. Más aún: en la mayoría de los países de la región mueren más niños por accidentes en el hogar que mujeres por violencia homicida doméstica y no doméstica, pero sin embargo los medios presentan reiteradamente información sobre los feminicidios, y hablan muy poco no solo sobre estos accidentes infantiles sino sobre infanticidios, pese a que los especialistas sugieren que una parte significativa de dichos "accidentes" son realmente asesinatos de niños (24,25). Una de las cuestiones estratégicas a resolver, es la función que cumplen estos énfasis y estos silencios, y qué grupos surgen perjudicados y beneficiados por estas presencias y omisiones mediáticas.

Diferentes miedos e inseguridades son parte central de las sociedades actuales:

Se podría decir que el miedo a la delincuencia y su impacto en la sociedad en general ha llegado a ser un problema tan serio como la delincuencia misma. (26 p.21)

Pero estos miedos operan en forma específica, es decir no solo afectan a la generalidad de los ciudadanos, sino que intervienen centralmente en el control social de diferentes grupos, ya sean inmigrantes, adolescentes, desocupados o mujeres:

Sostengo que el miedo a la delincuencia es un elemento fundamental en el control social de las mujeres porque organiza el consenso en torno a un código de comportamiento estricto que las "mujeres buenas" deben seguir [...] Aún cuando se presente en forma de decisiones individuales, la coerción impuesta a las mujeres por el miedo a la delincuencia es estructural, porque está arraigada en las múltiples, y en parte coincidentes, jerarquías de poder. (26 p.185)

Este uso de los miedos obedece a causas "objetivas", es decir: existe realmente la violencia contra las mujeres por parte de los varones, violencias de muy diferente tipo que tratan de someterlas, subordinarlas, inferiorizarlas a través de acciones centradas en su cuerpo. Pero además la prensa escrita, en las páginas dedicadas expresamente a PSEA, subraya constantemente estos procesos que incrementan aún más los miedos y las inseguridades. Y éste es un aspecto a considerar, ya que si bien en varios países de América Latina y de otras regiones -incluidos países europeos- se incrementa la criminalidad y especialmente el homicidio y las agresiones físicas, se incrementa aún más la sensación pública de inseguridad:

Uno de los rasgos más sorprendentes de la comunidad mundial hoy en día es que un gran número de personas se sienten cada vez más "inseguras". En una encuesta tras otra, en elecciones nacionales, regionales y locales, la opinión pública expresa su sensación de inseguridad. (27 p.14)

Diversos estudios coinciden en que el énfasis del gobierno y de los medios en los miedos y las inseguridades tratan de crear un clima que promueva en la población el reclamo de mayores medidas de seguridad, que implique inclusive la aceptación de medidas que restringen las libertades individuales:

Hace mucho tiempo Maquiavelo, Hobbes y Montesquieu advirtieron que el miedo lleva a los sujetos a preferir restricciones a su propia libertad sobre las amenazas de la inseguridad. En este sentido, el aspecto más preocupante en este momento [...] [es] que para algunos segmentos de la población, el sacrificio de las libertades individuales se convierta en una opción atractiva para afrontar el miedo y la inseguridad. (28 p.179-180)

Por lo tanto los riesgos y sus miedos cumplirían un objetivo económico-político central en toda una serie de sociedades, y especialmente en los EE.UU., ya que justificarían no solo intervenciones económicas y militares en otros países, sino también medidas de "seguridad interna". En forma continua los EE.UU. invocan diferentes tipos de amenazas para que la población apruebe sus políticas presentadas siempre como recursos para mantener la seguridad de la población de los EE.UU. Chomsky ha analizado especialmente cómo los miedos y peligros operaron constantemente para justitificar las acciones de los EE.UU. respecto de los países latinoamericanos, así como actualmente operan referidos a ciertos países islámicos.

Pero este manejo de los miedos no solo busca justificar las acciones imperialistas de los EE.UU., sino que trata de opacar/ocultar determinados procesos internos:

Estas amenazas han logrado que otros asuntos -que la mayoría del pueblo norteamericano considera prioritarias como empleo, salud, educación- sean desplazadas a un rango secundario. (29)

P. Krugman, uno de los principales analistas políticos del New York Times, señala que esta política trata de ocultar el aumento de la brecha entre las clases sociales, asi como justificar las críticas y controles del gobierno sobre los sectores disidentes que se están incrementando en los EE.UU.

Lo que se estaría desarrollando en la actualidad, según algunos analistas, iría mucho más allá de la situación norteamericana y del proyecto del grupo dominante en estos momentos en los EE.UU. Según declaraciones recientes de A. Mattelart, actualmente existe un nuevo paradigma de seguridad que reformula las relaciones entre libertad y derecho a la privacidad, entre democracia y tecnologías de la información:

Cuando hablamos de comunicación e información y tecnología, todo esto habla de que estamos enfrentando un proyecto de vigilancia a través de las tecnologías.

Más aún: Bourdieu en sus últimos años, y sobre todo su principal continuador L. Wacquant (30) nos propone a través de toda una serie de estudios dedicados a la situación actual de los EE.UU., que en dicho país se está gestando un nuevo modelo de sociedad capitalista caracterizado por hipertrofiar la necesidad de seguridad a partir de convertir muchos de los procesos nacionales e internacionales en peligros más o menos inminentes que conducen a establecer una política de penalización que convierte a los EE.UU. en el país con mayor porcentaje de personas encarceladas. Si bien dicho encarcelamiento tiene que ver con la criminalidad, se expresa en gran medida a través de los procesos de salud/enfermedad/atención que han sido criminalizados como son los casos del "alcoholismo" y las adicciones.

Como sabemos, estas ideas ya fueron propuestas durante los '60 y '70 por la denominada criminología crítica desarrollada especialmente en países europeos y latinoamericanos (31,32). Por lo cual reiteramos, que el uso de los miedos y de determinadas estrategias generadas en función de los mismos se caracterizan por una notable continuidad dentro de las sociedades capitalistas centrales y periféricas, aun cuando obviamente presentan características particulares en función de las situaciones específicas donde operan.

Estas políticas tratan de imponer la concepción de que "la seguridad vale más que la libertad", lo cual en el caso de los EE.UU. sería apoyado por la mayoría de los medios. Más aún, dicha propuesta se convertiría en uno de los principales mecanismos de difusión y legitimación de los proyectos actuales del gobierno de dicho país, en la medida que determinados procesos evidencian cada vez mayores deterioros en las condiciones de vida, reducción de las posibilidades de trabajo, ampliación de las familias y grupos de ciudadanos que sufren la pérdida de hijos durante la guerra de Irak.

Este es un mecanismo que Amnistía Internacional ha denunciado constantemente respecto de varios países, que a través de impulsar el miedo legitiman la violación de gran parte de los denominados "derechos humanos".

De tal manera que los miedos, los riesgos y las inseguridades, conducen a proponer y establecer constantemente nuevos dispositivos de vigilancia en los diferentes espacios públicos y privados donde funcionamos cotidianamente, desde el traslado de hijos a la escuela hasta los controles de seguridad en domicilios privados, pasando por controles en las operaciones bancarias y en viajes aéreos. Por lo cual se han ido normalizando ciertos tipos de sistemas de vigilancia basados en diferentes miedos, y lo que es más grave: todo indica que los estamos aceptando. A fines del 2006 se publicó un estudio sobre las múltiples formas de control y vigilancia que operan en Gran Bretaña, según el cual en dicha sociedad existe una cámara de observación cada catorce habitantes, y un londinense puede ser captado por dichas cámaras en forma constante a lo largo del día:

De camino a su trabajo, en el centro comercial o en la pausa de la comida, la imagen de un británico promedio es capturada cada día alrededor de 300 veces.

Pero además, observamos que el gobierno de los EE.UU. ha invertido recientemente tres millones de dólares para instalar en la ciudad de México, en la Subprocuraduría de Investigaciones Especializadas en Delincuencia Organizada, un sistema que posibilita escuchar todas las conversaciones, leer todos los correos electrónicos, navegar todas las páginas web e intervenir llamadas a celular en cualquier parte de México que el FBI, en coordinación con la Procuraduría General de la República, considere de riesgo para la seguridad de ambos países (33,34). Este sistema se justifica para enfrentar sobre todo, no lo olvidemos, un delito contra la salud, es decir los narcóticos.

Ahora bien, si el conjunto de miedos e inseguridades posibilita la aplicación de ciertas medidas de "seguridad" no solo es debido a la capacidad de manipulación de los gobiernos y de los sectores dirigentes, sino también a las características de la sociedad civil. Para Bourke (35) el miedo es la emoción más facil de estimular, y según ciertos análisis el bombardeo constante de información sobre todo tipo de riesgos, inseguridades e incertidumbres, puede generar pasividad e impotencia en la población, dado que dichos procesos real o potencialmente catastróficos se nos aparecen como incontrolables a nivel de cada sujeto y grupo. De tal manera que la actitud "alarmista" catastrofista de la prensa favorecería procesos de control y autocontrol, de pasividad y no movilización en los sujetos y grupos caracterizados por la preocupación por los miedos y la seguridad. Por lo cual, y por diversas razones que en parte ya señalamos, esta situación orientaría a la población a depositar en los expertos la solución de los problemas vividos como inmanejables a nivel de cada sujeto y microgrupo. Y estos expertos van desde los especialistas en epidemias, pasando por psicólogos, hasta llegar a policías y militares.

Las catástrofes y el alarmismo podrían tener otra explicación, ya que en la actualidad:

...una noción fundamental aparece seriamente confusa: la del adversario, la de la amenaza, la del riesgo [...] El enemigo principal ha dejado de ser unívoco; se trata antes bien de un monstruo de mil caras que puede adoptar sucesivamente las apariencias de la explosión demográfica, la droga, las mafias, la proliferación nuclear, los fanatismos étnicos, el sida, el virus de Ébola, el crimen organizado, el integrismo islámico, el efecto invernadero, la desertificación, las grandes migraciones, las nubes radiactivas, etc. Todas ellas amenazas a escala planetaria y sin fronteras, que se propagan sobre el conjunto de la tierra y a las que no puede combatirse con las armas clásicas de la guerra. (36 p. 23)

Es decir que todo un espectro de procesos diferentes pueden convertirse en amenazas, pero es importante destacar dos hechos: que gran parte de las amenazas enumeradas por este autor refieren directa o indirectamente a PSEA, y que una parte de los mismos, al igual que las enfermedades infecto-contagiosas, se caracterizan porque se difunden/propagan/contagian.

Consideramos que el peso diferencial de las enfermedades infectocontagiosas que observamos en la prensa escrita -especialmente las referidas al VIH-sida y a la gripe aviar-, expresa paradigmáticamente estos procesos centrados en los miedos.

Más aún, si bien los riesgos aparecen actualmente sumamente dispersos, lo cierto es que por lo menos determinadas concepciones técnico-científicas colocan la causalidad de ciertos riesgos en actores y lugares específicos. Nos referimos, por ejemplo, a enfermedades que tienen carácter pandémico que también amenazan a las sociedades occidentales, y que tendrían su causalidad -el enemigo- fuera de ese ámbito, como fue inicialmente el caso del VIH-sida cuyo origen fue colocado en la población negra de África, y como ocurre actualmente con las nuevas influenzas aviares que llegan desde Asia.

Por lo cual los PSEA expresarían lo que ha sido una constante de los miedos que acosan a Occidente: la concepción de que los peligros vienen del "Oriente", del llamado "peligro amarillo", que si bien aparece sumamente identificada con la obra de Spengler, caracterizó sin embargo gran parte del pensamiento occidental durante el siglo XX (37).

CATÁSTROFE COMO CULTURA

Ahora bien, el conjunto de estas explicaciones se potencian para favorecer el desarrollo de una concepción del riesgo que cumpliría funciones ideológicas basadas en el mantenimiento casi permanente de la inseguridad y los miedos tanto a nivel general, como sobre todo de situaciones específicas que operan en la vida de los sujetos, como es el caso de los PSEA.

Más aún: estas representaciones serían parte significativa de la cultura, dadas las funciones que cumpliría respecto de la identidad, cohesión y pertenencia de los grupos. Como sabemos, toda una serie de trabajos etnográficos sobre las audiencias han descripto el papel que los medios tienen en favorecer las relaciones entre los miembros de los microgrupos y la pertenencia a los mismos.

Por lo cual las representaciones sociales generadas y/o difundidas por los medios pueden generar o por lo menos contribuir a la organización y desarrollo de procesos sociales en términos de relaciones y de cohesión social e ideológica. Lo cual podría estar operando en el caso de las representaciones sociales organizadas en torno a la salud como catástrofe, y a los miedos e inseguridades que presenta.

La prensa escrita, según surge de nuestro estudio, aparece preocupada por ciertos problemas de salud y no por otros; más aún: puede presentar como peligrosos problemas que tienen mucha menor gravedad e incidencia que otros. Y además casi no hace referencias a los peligros del pasado. Pero procesos similares ocurren también en la población; estudios socioantropológicos y epidemiológicos han evidenciado que los sujetos y grupos tienden a olvidarse de por lo menos ciertas enfermedades que en algún momento amenazaron sus vidas en el pasado. Dichos riesgos a veces quedan como referencias abstractas o anecdóticas que las generaciones más recientes ignoran. En México, la población no tiene idea de que las tasas de mortalidad por homicidios en la década del '40 eran muy superiores a la actual, dado que eran de alrededor de 70 asesinados por 100.000 habitantes mientras para el 2002 se estima en alrededor de 15 homicidios por 100.000 habitantes.

Todo indicaría que los conjuntos sociales actuales vivirían determinados riesgos con un temor mayor que en el pasado, pese a que dichos riesgos son menores ahora que antes, como ocurre justamente en el caso de la violencia homicida. Actualmente, sujetos y grupos se sienten amenazados por violencias a las que viven como excepcionales o por lo menos como incrementadas, cuando dichas violencias no solo no son nuevas sino que evidencian mucho menor significación, por lo menos estadística, que en el pasado.

Las sociedades parecen olvidar sus miedos pasados, de tal manera que las epidemias por llegar son presentadas por la prensa en términos de imprevisibles riesgos, pero la prensa no nos habla casi nunca de las terribles epidemias que asolaron en el pasado constantemente a la población mexicana diezmándola a niveles que no se dan en la actualidad. Pese a que algunas de estas epidemias permanecieron durante siglos amenazando y diezmando a la población mexicana, ¿quiénes se acuerdan actualmente de las consecuencias catastróficas del tifus -o si se prefiere de los tifus-, pese a que a principios del siglo XX constituía la primera causa de mortalidad en México?

Desde esta perspectiva, el presentismo y el futurismo que caracterizan a la información periodística se articula con las tendencias de los sujetos y grupos sociales, para favorecer la construcción de una representación social, según la cual las peores catástrofes son las actuales y especialmente las que están por llegar. Pero esta representación catastrófica colocada en el presente y en el futuro respecto de los PSEA no solo es producto de los medios, sino que es parte de las representaciones colectivas dominantes que tienden a negar, por lo menos, ciertos pasados.

Por eso más allá de estos olvidos o negaciones particulares, lo que nos interesa subrayar es que los miedos e inseguridades devenidos de diferentes esferas de la realidad -incluídos los PSEA-, forman parte normalizada de las representaciones sociales de los grupos sociales y de la prensa escrita. Y que las mismas concentran en el presente y en el futuro los procesos más negativos.

Según M. Douglas lo que da miedo y lo que no da miedo, lo definido socialmente como peligroso o no peligroso, tiene que ver en gran medida con las percepciones y categorías características de cada grupo social. Propone que cuando surgen nociones de peligro debemos observar qué instituciones apoyan dichas nociones, dado que:

...los riesgos reconocidos ejercen funciones de mantenimiento del sistema. En dicha discusión el sistema sería la unidad social que utiliza los peligros para asegurar la sumisión de algunos de sus miembros [...] Por lo general los riesgos bien advertidos resultan de estar conectados con principios morales legitimadores. (38 p.97-98)

Para Douglas y Wildavsky (39) las representaciones sociales respecto de los riesgos son construidas socialmente, y las representaciones y acciones de los sujetos expresan esa construcción colectiva. De tal manera que el tipo de riesgo que reconocen y preocupan a los sujetos, aquellos respecto de los cuales desarrollan actividades específicas, corresponden a lo que la sociedad establece realmente como riesgos, más allá de la incidencia diferencial de los mismos.

Es decir que los riesgos que propone masivamente la prensa escrita respecto de los PSEA, deben articularse con los riesgos que reconocen las instituciones en general y en especial las que tienen que ver con riesgos específicos para la salud, así como con las representaciones sociales de los profesionales, técnicos y científicos que trabajan en esas instituciones, así como con las concepciones de los críticos culturales. Estos y otros actores, como lo desarrollamos en nuestra investigación, tienden a proponer para México un PSEA caracterizado por sus aspectos negativos, que más allá de los cuestionamientos puntuales, más allá de los objetivos particulares de los que denuncian las muertes evitables, la falta de presupuesto para problemas de salud reproductiva, el desabastecimiento de fármacos o el incremento de homicidios, tiende a colocar en los miedos, en las inseguridades, en las incertidumbres, en los riesgos, una representación social homogeneizada por el efecto catástrofe.

Esto por supuesto no significa que no haya diferencias y divergencias entre los diferentes actores sociales, y que las denuncias y acciones de las ONG que trabajan contra el VIH-sida o las denuncias de analistas respecto de la crisis de la seguridad social no tengan efectos positivos. Pero lo que nos interesa subrayar es que más allá del papel específico positivo que pueden cumplir ciertos actores y acciones, dado que el conjunto de los mismos subrayan prioritariamente los aspectos negativos tienden a proponernos una representación constante y consistente de la salud como catástrofe. Más aún: dicha representación, más allá de sus efectos específicos, propone a nivel ideológico un efecto de desastre del cual en términos potenciales pueden apropiarse los diferentes actores sociales que operan en la realidad, pero que en términos de hegemonía/subalternidad tienden a ser apropiados por aquellos que tienen los mecanismos ideológicos y económico-políticos para orientar dichas representaciones hacia la legitimación y desarrolllo de sus intereses particulares, como veremos más adelante.

Los miedos y las inseguridades generan, según diversos autores, inmovilidad y pasividad a nivel de los sujetos, fragmentan la sociedad, reducen la cooperación, incrementan las desconfianzas, "lo cual va en detrimento de un sentido de comunidad" (27 p.17).

Pero toda una serie de analistas ven en el miedo una de las posibilidades de cohesión y de articulación social; y así un analista mexicano reflexionando sobre la obra periodística de Kapuscinki concluye que:

En la guerra, a los hombres no los mueven las grandes ideas ni los principios políticos o teológicos; los mueven los intereses más contingentes, mezquinos y degradantes. Los moviliza el terror de no morir. Como ningún periodista, Kaspuscinki hace de sus crónicas un testimonio del único principio que parece mantener unida a una comunidad: el miedo.

Y agrega que si bien toda una serie de procesos dividen a las sociedades actuales, las mismas se mantienen unidas básicamente por el miedo:

El miedo es el sustituto, el cemento de toda sociedad, aquello que le permite permanecer cohesionada a pesar de todas sus diferencias... (40)

Rozitchner refiriéndose al lapso conocido como la guerra sucia en Argentina, señala que:

El terror unificó lo disperso en cada uno de nosotros. No porque nos impusiéramos esa unidad, sino porque de golpe barrió todas las distancias y separaciones en las que estábamos instalados, complacidos y a todas las siguió con la amenaza de su aniquilamiento. (41 p.81) [...] El terror aterra, y por eso determina la retracción de la capacidad consciente, porque la conciencia pensará de ahora en adelante sobre el fondo del terror que limita el pensamiento [...] La conciencia solo piensa entonces dentro de los límites que el terror le marca como pensable, precisamente para que no aparezca. (41 p.124)

Desde perspectivas feministas el miedo también aparece como un mecanismo de control social que:

...tiene la capacidad única de organizar un consenso o una visión unificada acerca de los papeles de género considerados "apropiados", tanto para la sociedad como sobre todo para las propias mujeres. (26 p.185).

De tal manera que ante situaciones generales o específicas de miedo, inseguridad e incertidumbre, las representaciones y prácticas construidas respecto de las mismas posibilitan la cohesión, la identificación, la pertenencia con los que también tienen miedo.

Sin negar estas posibilidades, algunos autores consideran que si bien el énfasis en el riesgo puede impulsar la pasividad, establecer los límites para pensar y actuar, e incluso puede generar cohesión en términos de pasividad, sin embargo las características de la sociedad actual basadas en el desarrollo constante de riesgos, conduce a una parte de la población a cuestionar el tipo de sociedad que los genera y a proponer alternativas a la misma (42). El desarrollo de las organizaciones de lucha contra el sida y su eficacia comparativa expresarían en parte esta interpretación.

Pero más allá de la diversidad de interpretaciones que se formulan al respecto, lo que nos interesa subrayar es que las posibles reacciones en términos de pasividad, cohesión o cuestionamiento se realizan a partir de la presencia de la realidad social en términos de catástrofe e inseguridades generales y específicas, y especialmente en términos de los PSEA.

En nuestro estudio, si bien no analizamos si la información periodística influye o no en los públicos, partimos del supuesto de que la información no se "impone", sino que es apropiada por los sujetos y grupos, es decir: no solo son resignificadas sino reorientadas hacia ciertas explicaciones y usos en la medida de sus posibilidades y necesidades. Pero el punto a subrayar es que esta apropiación se hace a partir de una información periodística que focaliza constantemente las catástrofes. Es decir: la resignificación de los diferentes actores sociales se hace a partir, básicamente, de lo negativo y catastrófico.

Esto no significa que pensemos que existe un solo discurso dominante respecto de los miedos y las inseguridades, de hecho nuestra revisión del problema señala justamente la existencia de diversas explicaciones, por ejemplo respecto del aborto o del funcionamiento de los servicios oficiales de salud, que pueden ser complementarias pero también controversiales.

La catástrofe unificaría la información negativa en un conjunto diversificado de representaciones sociales que no solo refieren a los PSEA, sino que incluye la pobreza, el narcotráfico, las inundaciones, las guerras, los terrorismos. De tal manera que la representación social catastrófica articula partes muy distintas de la realidad caracterizadas por la negatividad. Es decir, las particularidades posibilitan un efecto de conjunto, que por otra parte es constante.

Como ya lo señalamos, hay noticias alarmantes que duran días o semanas en la prensa escrita, para luego desaparecer. Pero lo que no desaparece es la presencia de las catástrofes, dado que dichas noticias serán reemplazadas por otras donde determinados PSEA aparecen como peligrosos, como riesgos posibles o consumados. Pero además, como lo analizamos en nuestro estudio, en el caso del VIH-sida, de salud reproductiva o servicios de salud, ciertas problemáticas aparecen durante todo el año, e incluso durante un lapso de varios años.

Se genera por lo tanto la posibilidad de que tengamos una explicación totalizante, más allá de que busquemos o no este tipo de totalización, porque la catástrofe unifica y explica gran parte de lo que ocurre, y además porque, por lo menos una parte de lo que ocurre, tiene que ver con la vida cotidiana de los sujetos y grupos, lo cual es sobre todo pertinente respecto de los PSEA.

De tal manera que la representación social como catástrofe posibilita tener una explicación integrada e integral de una diversidad de procesos que generan miedo, riesgo, inseguridad, incertidumbre. Incluso los medios, y especialmente los periódicos, proponen léxicos, difunden términos científicos que no solo pueden ser apropiados por los públicos, sino que posibilitan la unificación. Desde esta perspectiva las representaciones sociales negativas constituirían parte de la cultura dentro de la cual nos movemos como sujetos.

Según Delumeau los individuos tomados individualmente, pero "también las colectividades y las civilizaciones mismas están embarcadas en un diálogo permanente con el miedo" (43, p. 10). El miedo es una presencia constante que favorece la construcción de representaciones sociales, las cuales posibilitarían cierta integración social más allá de las diferencias -de las distintas diferencias- existentes en sujetos y grupos, dado que "todos" nos sentiríamos amenazados por lo menos por ciertos riesgos e inseguridades, dado que ciertas amenazas tenderían a favorecer la noción de que todos estamos en peligro, lo cual se pone de manfiesto por ejemplo en la amenaza de determinadas pandemias.

Pero en otros casos -y debemos subrayarlo- los miedos e inseguridades refieren específicamente a determinados sectores de la población, en los cuales favorece el desarrollo de mecanismos de cohesión y acción conjunta como lo hemos señalado en el caso del VIH-sida, y también en el caso de los procesos de salud reproductiva.

No afirmamos, por supuesto, que la catástrofe sea la única representación social generalizable, ni siquiera la dominante, sino que señalamos que en la prensa escrita emerge como la representación más constante y frecuente y referida a muy diferentes hechos y actores sociales, y donde los PSEA en forma directa o indirecta aparecen como centrales.

La centralidad de los PSEA es importante porque los miedos, inseguridades e incertidumbres que expresan, refieren a la sociedad en general pero también a ciertos sujetos y grupos específicos. Es decir: los PSEA de los que habla la prensa refieren a pandemias globales y más o menos excepcionales, pero también a procesos que son parte de las experiencias personales y grupales inmediatas y cotidianas de ciertos sujetos y grupos. Pero además, como lo hemos planteado reiteradamente en nuestros trabajos (44-46), porque los PSEA no solo pueden generar miedos e inseguridades, sino producir simultáneamente explicaciones y acciones respecto de los mismos.

A fines de los años '40, De Martino (47) planteaba que la cultura, o por lo menos ciertos aspectos mágico-religiosos de la misma, tenía como rol fundamental en las sociedades etnográficas el control social y cultural de los riesgos. Más aún "el mundo mágico" era producido básicamente para controlar los riesgos, las incertidumbres, las inseguridades que dominaban la vida de dichas sociedades. En función de las explicaciones revisadas podemos concluir que en las sociedades actuales los miedos son utilizados no tanto para controlar los riesgos y los miedos, sino para usarlos en beneficio de los objetivos e intereses particulares de diferentes actores sociales, y especialmente de los sectores dominantes. Pero tanto en el caso de las sociedades estudiadas por De Martino (48) como en las actuales, estos procesos son posibles porque las catástrofes, los miedos y los riesgos constituyen parte normalizada de la Cultura.

De nuestra revisión de las diferentes interpretaciones teóricas, surge que el sensacionalismo de los medios, así como los riesgos, miedos e incertidumbres informados por la prensa escrita, pueden cumplir diferentes funciones: desde las de control hasta las de cohesión social pasando por la función de informar. Pero estas funciones actualmente no operan dentro de culturas homogéneas, sino por el contrario en sociedades notoriamente diferenciadas en términos sociales, simbólicos y económico-políticos, y donde lo ideológico por lo tanto cumple un rol decisivo.

RETORNEMOS UNA VEZ MÁS A LA IDEOLOGÍA

Reconocer que nuestras sociedades se caracterizan por la diferencia y no por la homogeneidad, así como por ser el tipo de sociedades que comparativamente más ha desarrollado la sociedad civil según Gramsci, implica la necesidad de trabajar con los materiales de la prensa escrita a nivel ideológico en función de varios procesos, pero especialmente uno: tratar de establecer qué actores son los que pueden proponer, apropiarse y orientar las noticias que nos presentan los periódicos respecto de los PSEA, así como el conjunto de la información periodística que focaliza los aspectos negativos.

Como sabemos, gran parte de las corrientes teóricas dominantes dentro del pensamiento occidental, y en particular de la Antropología Social entre los '70 y los '90, excluyeron la cuestión ideológica, la cual se fue disolviendo hasta casi desaparecer en las concepciones teórico-metodológicas dominantes en los '80 y '90 (46,49-51). De tal manera que el estudio de los medios pasó de subrayar su rol ideológico durante el lapso 1930-1960, a considerar desde la década del '70 que los medios se caracterizan por generar mensajes que producen la realidad y/o que son resignificados por los públicos, y donde la dimensión ideológica solo suele ser nombrada para cuestionarla.

Pero además nuestra recuperación de la dimensión ideológica tiene que ver con el papel que los medios pueden cumplir en la construcción de hegemonía en sociedades caracterizadas por la diferenciación y la fragmentación social; y/o en sociedades donde se desarrollarían procesos de democratización que limitan la aplicación de la coerción como factor determinante -o por lo menos único- de la dominación.

Gramsci planteó muy claramente que las sociedades capitalistas son las que más han desarrollado el papel de la sociedad civil, y que por lo tanto la construcción de hegemonía era determinante para que las clases dirigentes siguieran manteniendo no solo el poder, sino la dirección de la sociedad. Y que en estas sociedades las clases subalternas no solo podían llegar a organizarse y cuestionar el/los poder/eres a través de procesos democráticos formales, sino que incluso podían desarrollar propuestas y acciones contrahegemónicas.

Los sectores sociales dirigentes saben que los diferentes sectores sociales, incluidos los subalternos, producen y manejan saberes sobre los cuales los sectores dominantes necesitan actuar no necesariamente para eliminarlos, sino para reorganizarlos y reorientarlos en función de las concepciones, objetivos y necesidades de los sectores dirigentes. Es decir: necesitan desarrollar su hegemonía a través de los propios saberes de las clases subalternas.

La dimensión ideológica es decisiva para cumplir estos objetivos, y es respecto de los diversos aspectos del saber popular -de los diferentes conjuntos sociales- que las clases dirigentes buscan construir su hegemonía. Esta tratará de ser establecida a través de toda una variedad de instrumentos, incluidos los medios de comunicación masiva, buscando que los sectores subalternos hagan suyos por lo menos una parte de los saberes desarrollados por lo sectores dirigentes y que favorecen la estabilidad, la continuidad y la reproducción de la sociedad. Se busca que los saberes de los sectores sociales dirigentes se conviertan en "sentido común"; que pasen a ser parte normalizada de la cultura de los sectores sociales subalternos (52-54).

Se trata de que los nuevos saberes no sean vividos como imposición, como elementos externos sino que sean integrados y usados como parte de la propia vida cotidiana. Dicho proceso puede expresarse de diferentes maneras, incluso a través de procesos que en lo manifiesto cuestionan los objetivos e intereses de los sectores dirigentes (44,55).

Por eso gran parte de la información que aparece en la prensa no solo es crítica sino que puede ser sumamente crítica como lo hemos observado en nuestro estudio, y ello debido a diversos hechos que en parte han sido sintetizados desde hace años por Young (56), y que siguen siendo vigentes. La información periodística debe coincidir con gran parte de las opiniones de los lectores o por lo menos interesarlos; debe sobre todo referir a problemas reales que padece/enfrenta la población dado que debe proponer constantemente un determinado nivel de credibilidad en la misma. Más aún, la información no necesita ser siempre coherente, sino que puede ser contradictoria y conflictiva como parte del juego ideológico desarrollado en torno a la producción y consumo de información.

Estos aspectos pueden ser observados especialmente a través de los PSEA, ya que son parte sustantiva del saber y de la vida cotidiana de todos los sectores sociales, incluidos los sectores subalternos. Éstos han construido explicaciones y prácticas para convivir y actuar con los padecimientos para tratar de erradicarlos o por lo menos controlarlos. Es decir, han desarrollado saberes propios y en muchos casos autónomos.

Por lo tanto los sectores sociales dominantes han tratado de hegemonizar intencional y funcionalmente dichos saberes especialmente a través del apoyo a la biomedicina incluida la Salud Pública, las cuales utilizaron toda una variedad de actividades en sus relaciones directas e indirectas con los sujetos y grupos sociales que posibilitaron la subalternización de los saberes médicos populares a través de la hegemonización biomédica que incluyó la exclusión, la estigmatización e incluso la coacción legal, y que logró que la biomedicina se convirtiera en la forma hegemónica de atender y prevenir los padecimientos más allá de su uso por los conjuntos subalternos.

La expansión biomédica sobre los saberes populares constituye uno de los episodios más interesantes de construcción de hegemonía, que refuerza no solo la dominación médica profesional sino que favorece también la dominación política e ideológica de los sectores dirigentes a través del campo específico de la salud. Más aún: la hegemonización a través de los PSEA y especialmente del papel de la biomedicina, se realiza en función de una de las características básicas de los procesos ideológicos. Es decir, opera a través de las propias necesidades de los sujetos y grupos y a partir de prácticas y representaciones que no aparecen como ideológicas o económico-políticas sino que aparecen como saberes profesionales, técnicos y científicos, posibilitando a través de ellas la construcción de hegemonía en términos del sentido común de los sujetos y grupos.

Más aún: los actores pueden reconocer procesos de dominación social, e incluso de discriminación cultural por parte del personal de salud, pero los mismos son referidos a los procedimientos biomédicos y no al papel que cumplen como mecanismo de hegemonía. La dimensión ideológica opera a través de concepciones y acciones que son planteadas como científicas y objetivas, como relaciones técnicas que buscan curar y de allí no solo su mayor capacidad de hegemonización sino la opacidad o directamente no registro con que operan dichos procesos de hegemonización (44,45).

Y es por estos y otros procesos que los saberes biomédicos se han ido convirtiendo en parte normalizada de la cultura de las clases subalternas, y su hegemonía se refuerza constantemente. Y es por eso, que como hemos podido observar en nuestro análisis de la prensa escrita, la casi totalidad de la información se concentra en las enfermedades alopáticas y en la biomedicina, con escasas referencias a los padecimientos y tratamientos "tradicionales". Y es por eso que una parte sustantiva de los riesgos, de los peligros, de las inseguridades, se expresan a través de PSEA.

Nuestro análisis evidencia que pese a los procesos de diferenciación social que caracterizan a la sociedad mexicana, la mayoría de los actores sociales que se expresan a través de la prensa respecto de los PSEA corresponden a las diferentes elites que en su mayoría pertenecen a los sectores dirigentes y hegemónicos. Y si bien también se expresan algunos actores que cuestionan a los sectores dirigentes así como algunos sectores sociales subalternos que luchan por sus propios objetivos, por lo menos una parte de estos pueden ser también objetivos de los sectores hegemónicos.

De nuestro estudio surge que a través de la prensa se expresan en términos significativos solo dos sectores sociales subalternos, ya que salvo los sujetos y grupos organizados en torno a salud reproductiva y VIH-sida, prácticamente no aparecen otros grupos subalternos en términos significativos. Más aún: la prensa casi no presenta información en términos de s/e/a respecto de grupos ocupacionales, de grupos étnicos, de estratos sociales, de varones en edad productiva. Por lo tanto la prensa escrita habla escasamente de enfermedades ocupacionales, o informa sino ocasionalmente que los grupos indígenas tienen las mayores tasas de mortalidad en todas las edades, y que los varones en edad productiva tienen los más altos índices de mortalidad por violencias de todo tipo.

Es decir que no solo las situaciones negativas de salud son las que inciden para que los actores sociales sean noticiables, dado que si así fuera los actores señalados tendrían que aparecer con mayor frecuencia y espacio en la prensa en términos de s/e/a, lo cual no ocurre. La presencia constante en los medios requiere de la convergencia de varios factores, y así por ejemplo, la presencia en la prensa de los dos actores subalternos señalados obedece en gran medida a su activismo y a su capacidad de gestión,pero también a la existencia de apoyos financieros, académicos e ideológicos nacionales e internacionales, así como a su vinculación con actores sociales que tienen poder político en diferentes niveles y con los cuales convergen en algunos de sus objetivos particulares. Estas vinculaciones pueden darse a nivel legislativo, de gobiernos provinciales, de funcionarios de diferentes sectores incluido el sector salud.

Debemos subrayar que estos dos actores subalternos utilizan recursos técnicos, incluidas técnicas culturales, para tener presencia en los medios, siendo uno de los más frecuentes el manejo de la salud como catástrofe, así como el cuestionamiento de ciertos aspectos específicos que en gran medida también son de tipo cultural como son la denuncia de la homofobia o de la violencia contra las mujeres, y que se expresan en la prensa escrita.

Si bien las acciones de estos grupos pueden cuestionar aspectos de la sociedad dominante, y según algunos analistas estarían librando en México "batallas culturales" en defensa del Estado laico contra determinadas concepciones y grupos clericales como ocurre en las luchas organizadas en torno al aborto o al uso del condón. Estas importantes luchas, sin embargo afectarían sobre todo intereses ideológicos de ciertos grupos dirigentes, pero sin afectar los intereses y objetivos económicos, políticos e ideológicos no solo de otros grupos dirigentes, sino de los intereses económicos/políticos más comunes y conspicuos de los sectores hegemónicos.

Pero además es importante subrayar que varias de las demandas y cuestionamientos de estos dos actores subalternos no solo los confrontan con una parte significativa de los sectores dirigentes y hegemónicos sino también con determinados sectores subalternos que justamente se caracterizan culturalmente por su homofobia y por ejecer violencias contra la mujer.

Más aún: una gran parte de las actividades de estos grupos realizadas en función de sus propios objetivos como son en el caso del VIH-sida el impulso constante del uso del condón, y en el caso de los trabajos en salud reproductiva el impulso de técnicas anticonceptivas, la lucha contra el embarazo no deseado o la polémica contra el aborto, si bien tienen que ver con sus propios objetivos específicos tienen que ver también con uno de los objetivos centrales del Estado mexicano impulsado desde la década del '70 especialmente a través del Sector Salud y del Consejo Nacional de Población. Es decir, el programa de planificación familiar que buscó tenazmente reducir el número de hijos por mujer, y que lo logró en forma espectacular de tal manera que las mujeres mexicanas en edad reproductiva pasaron de una media de 6 hijos por mujer en la década del '70, a 2,1 hijos por mujer en los momentos actuales, reconociendo por supuesto, que dicho descenso no se debió sólo a las acciones del SS, de CONAPO y de las ONG, sino también de otros procesos y fuerzas sociales.

Por último nos interesa señalar que en el caso de los científicos y sobre todo de los críticos culturales, que se expresan a través de la prensa escrita, domina el uso de datos y críticas negativas, de tal manera que la representación social como catástrofe aparece como idiosincrática en dichos actores sociales, entre los cuales nos incluimos. Si bien dichas críticas pueden ser apropiadas por sectores hegemónicos o subalternos, la cuestión es observar qué actores sociales son los que realmente se apropian y orientan dichas críticas más allá de la intencionalidad de las mismas.

Y esto no lo cuestionamos en sí, sino que subrayamos que la permanente crítica negativa de estos dos actores -y especialmente de los intelectuales críticos- no sólo contribuye a reforzar la representación social de la realidad como catástrofe, sino que favorece en términos de hegemonía la apropiación de dicha representación social por los sectores dirigentes, más allá de que, por lo menos una parte las críticas vayan dirigidas contra los mismos.

No debemos olvidar que las críticas pueden ser hechas por diferentes actores pero respecto de los mismos procesos, por lo cual se potencian para generar una representación social de la salud y de la sociedad como catástrofe. Si la hegemonía, en términos gramscianos todavía significa algo, es porque nos propone que más allá de las críticas puntuales e incluso lacerantes que los diferentes actores sociales pueden realizar, la hegemonía se caracteriza por la capacidad de apropiarse de aspectos de esas críticas para reorientarlas en función de los objetivos propios de cada grupo. Por supuesto que esta posibilidad se da tanto en los sectores hegemónicos como en los subalternos, pero la cuestión está en quién tiene mayores posibilidades de generar dicha apropiación, no solo en términos de resignifcaciones subjetivas o grupales, sino en términos de la difusión pública de mensajes mediáticos y sobre todo del ejercicio del poder a través de procesos de hegemonía y de coerción.

De nuestro análisis de la prensa escrita, surge no solo que las críticas negativas dominan las representaciones sociales respecto de los PSEA, sino que las mismas favorecen constantemente la difusión de representaciones de riesgo, miedo e inseguridades. Y es a partir de esta información negativa, que los diferentes actores sociales pueden resignificar la información.

A partir de la información presentada podemos concluir que si bien las representaciones sociales de la salud como catástrofe en la prensa escrita pueden cumplir diferentes funciones de cohesión e integración, así como expresar la voz no sólo de sectores dominantes y hegemónicos sino de sectores subalternos, las principales y más frecuentes de estas representaciones no sólo corresponden a los sectores hegemónicos sino a sus intereses y objetivos. Pese a que los diversos actores sociales pueden aparecer vinculados a los diferentes usos de los miedos, son los actores hegemónicos los que tienen la mayor presencia, accesibilidad y posibilidades de ejercer sus intereses y objetivos a través de la salud como catástrofe, desarrollada por lo menos a través de la prensa escrita.

Esto por supuesto no propone una visión fatalista y mecánica del uso ideológico de la prensa escrita, ni menos propone una reducción o eliminación de la crítica, sino que implica repensar las funciones y usos de las críticas negativas, y la posibilidad de formas alternativas de producir y usarlas.

Si bien estas conclusiones pueden aparecer obvias para muchos analistas, lo que no consideramos tan obvio es el papel protagónico que juegan los PSEA a través de la prensa escrita, así como la articulación entre actores sociales incluso antagónicos en la construcción de representaciones sociales negativas, que incluye el papel de los intelectuales críticos y que pueden favorecen la hegemonía de los sectores dirigentes a través de las representaciones sociales catastróficas de la sociedad y especialmente de los PSEA.

NOTAS FINALES

a. La información que manejamos en este trabajo se generó en un estudio que realizamos sobre la presencia y frecuencia de los PSEA en los diez principales periódicos mexicanos de circulación nacional. Dichos periódicos son Crónica, El Día, El Financiero, El Sol de México, El Universal, Excélsior, La Jornada, Milenio, Reforma y Uno más Uno, los que fueron analizados en términos estadísticos y cualitativos para todo el año 2002, realizándose además sondeos para los años 2000, 2001, 2003, 2004, 2005 y 2006.

b. Queremos subrayar que nuestras interpretaciones surgen de los datos que registramos en la prensa escrita, y que muchas de las palabras entrecomilladas provienen del vocabulario utilizado por los medios. Los periódicos estudiados están saturados de información sobre PSEA no solo constante y coherente, sino sobre todo señalando las características catastróficas de dichos procesos. Esto lo señalamos porque es uno de los "hallazgos" que nos sigue impactando, no solo por las características en sí, sino porque hasta que realizamos este estudio no teníamos idea de este tipo de presencia, pese a que leemos el periódico casi todos los días. Pero, aunque sea obvio, queremos recordar que una cosa es el estudio minucioso que realizamos, y otra muy distinta la lectura diaria, rápida, superficial y frecuentemente específica que caracteriza a la mayoría de los lectores, incluyéndonos a nosotros. Por eso resulta aún más significativo el constante y cotidiano efecto de catástrofe que la prensa escrita transmite respecto de los PSEA.

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Recibido el 17 de diciembre de 2007
Versión final presentada el 16 de febrero de 2008
Aprobado el 7 de marzo de 2008