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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> <b>CL&Aacute;SICO</b></font></p>        <P>&nbsp;</p>        <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="4"><b>Los experimentos     de Hawthorne<a href="#1erast_pie">*</a><a name="1erast"></a></b></font></p>       <P>&nbsp;</p>      <P>&nbsp;</p>        <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>C.W. M. Hart     </b> </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Universidad de    Toronto. Toronto, Canad&aacute;</font></p>     <P>&nbsp;</p>      <P>&nbsp;</p>        <p><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo que aparece a continuaci&oacute;n      es una reproducci&oacute;n del original publicado en  The Canadian      Journal of Economics and Political Sciences. 1942;9:150-63. Los experimentos      de Hawthorne se refieren a una serie de investigaciones conexas realizadas      conjuntamente por la Universidad de Harvard y la Western Electric Company      de 1927 a 1937 en la f&aacute;brica de dicha empresa en Hawthorne. Marcaron      un hito en el dise&ntilde;o de las investigaciones en el campo de las ciencias      sociales.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En la opini&oacute;n     de muchos observadores, el peor mal que sufren las ciencias sociales en la etapa     actual de su desarrollo es que est&aacute;n divididas en compartimientos. En     el plano te&oacute;rico, la mayor&iacute;a de los cient&iacute;ficos sociales     est&aacute;n de acuerdo en que el tema de todas las disciplinas sociales especializadas     es el mismo, es decir, el comportamiento humano; en la pr&aacute;ctica, la mayor&iacute;a     de los especialistas tratan un aspecto, compartimiento o campo del comportamiento     humano, es decir, enfocan el comportamiento humano desde alg&uacute;n "punto     de vista". Esta separaci&oacute;n en campos o aspectos, por m&aacute;s     conveniente que sea -o que se diga que es- para la investigaci&oacute;n, es     un procedimiento un tanto arbitrario y ha conducido, entre otras cosas, a una     ruptura de la comunicaci&oacute;n entre las distintas ramas de las ciencias     sociales. Otro resultado ha sido una disminuci&oacute;n, y no un aumento, de     la comprensi&oacute;n del hombre. Existen argumentos poderosos, tales como los     presentados por el Dr. Robert Lynd,<a href="#2doast_pie">**</a><a name="2doast"></a>     en el sentido de que el cient&iacute;fico social es el peor ejemplo existente     de la persona que sabe m&aacute;s y m&aacute;s sobre menos y menos. Eso es particularmente     triste cuando se observa que menos y menos es, en este contexto, el animal humano,     evidentemente un ser complejo y polifac&eacute;tico desde cualquier punto de     vista o en lo que ata&ntilde;e a cualquiera de sus aspectos. </font></p>      <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El problema es,    por supuesto, de viejo cu&ntilde;o. El remedio habitual, y en realidad pr&aacute;cticamente    el &uacute;nico respetable, es la conocida y bastante in&uacute;til cooperaci&oacute;n    obligada, conforme a la cual un grupo de especialistas de distintos campos se    re&uacute;ne en una sala de conferencias, en un seminario o en un ambiente casero    durante varios d&iacute;as, con la esperanza de que, de alguna manera, surjan    un lenguaje y un entendimiento comunes y nazca un punto de vista unificado en    las ciencias sociales. Este tipo de procedimiento acad&eacute;mico se asemeja,    en lo que se refiere a los objetivos, al costo y a su extrema inutilidad, a    una actividad similar que se ha difundido mucho en el &aacute;mbito de las relaciones    internacionales durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Las conferencias de    ciencias sociales en las cuales se traza el rumbo del entendimiento com&uacute;n,    al igual que los institutos de relaciones internacionales, dan muy poco resultado,    con excepci&oacute;n de las cuentas de gastos de la secretar&iacute;a y la publicaci&oacute;n    de actas &aacute;ridas e informes de mesas redondas de los cuales se han expurgado    cuidadosamente las &uacute;nicas secciones que valen la pena, es decir, los    debates acalorados en los cuales se corr&iacute;a el riesgo de abordar temas    fundamentales.<a name="3erast"></a><a href="#3erast_pie">***</a></font></p>      <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Es en este marco    que deben encararse los experimentos de Hawthorne. Han sido elogiados como experimentos    &uacute;tiles por muchas personas desde Talcott Parsons en el campo de las altas    teor&iacute;as hasta Stuart Chase en la esfera de las rese&ntilde;as period&iacute;sticas.    Sin embargo, muy pocos comentaristas han destacado la importancia de esos experimentos    como un paso hacia la unificaci&oacute;n de las ciencias sociales, paso que,    por lo menos para el autor del presente art&iacute;culo, vale mucho m&aacute;s    que todas las conferencias que se hayan celebrado. La utilidad de los experimentos    se basa en que lo que usaron no fue una conferencia, sino un procedimiento,    y un procedimiento, expresado en palabras, es tan sencillo que es casi incre&iacute;ble.    Los experimentos comenzaron, continuaron y terminaron con la atenci&oacute;n    dirigida exclusivamente a una cosa y a una cosa solamente: <I>lo que hace la    gente</I>. Este fue el nuevo procedimiento, y fue revolucionario de la misma    manera que el procedimiento de Galileo o Mendel fue revolucionario para la ciencia    de su &eacute;poca. Lo revolucionario fue que se bas&oacute; en el concepto    opuesto a la divisi&oacute;n en compartimientos. Los autores estudiaron a Bill    Smith, casado, blanco, que trabajaba en una f&aacute;brica de Hawthorne, Illinois,    en la tercera d&eacute;cada del siglo XX  . Bill Smith no     se divide en aspectos o campos, no act&uacute;a en forma psicol&oacute;gica     una parte del tiempo y en forma pol&iacute;tica el resto del tiempo. Toda divisi&oacute;n     de su comportamiento en compartimientos es impuesta por los especialistas en     ciencias sociales, quienes se lo dividen entre ellos artificialmente y luego     proceden a "explicarlo", cada uno citando la parte que le corresponde     -como si fuera un corte de res- como prueba de la explicaci&oacute;n. Para su     eterno cr&eacute;dito, el Dr. Roethlisberger y sus colegas se negaron sistem&aacute;ticamente     a hacer una partici&oacute;n artificial. Tampoco cayeron en la metaf&iacute;sica     ni se abandonaron a la tonter&iacute;a m&iacute;stica de que el todo es mejor     que las partes. Adoptaron una modalidad de investigaci&oacute;n muy antigua,     pero muy rara en la mayor&iacute;a de los compartimientos de las ciencias sociales:     sentarse con una libreta junto a Bill Smith y a cientos de personas parecidas     a Bill Smith y tomar nota, sin hacer comentarios, de <I>todo</I> lo que hac&iacute;a,     desde defecar hasta los latidos del coraz&oacute;n, las malas palabras y sus     discusiones sobre las ventanas con el hombre sentado en el banco de al lado     del suyo. Es decir, los autores de los experimentos Hawthorne no "estaban     investigando problemas laborales" ni "realizando estudios de psicolog&iacute;a     industrial", ni de ning&uacute;n otro campo especializado. Simplemente     estaban observando lo que la gente hac&iacute;a, procedimiento hasta entonces     desconocido en las investigaciones industriales. Tomaron nota de lo que ocurr&iacute;a,     y no de lo que determinada ciencia social dec&iacute;a que deb&iacute;a ocurrir.     Durante los 10 a&ntilde;os que duraron los experimentos, se aferraron tenazmente     a ese enfoque basado en la observaci&oacute;n, adondequiera que los condujese,     a pesar de las numerosas tentaciones y presiones de los intereses creados de     los c&iacute;rculos universitarios en el sentido de que se dedicaran a algo     m&aacute;s respetable como "psicolog&iacute;a industrial", "econom&iacute;a     laboral" o, por lo menos, "problemas de personal". De esa manera,     avanzaron un tanto en comprobar algo que algunos de nosotros sospech&aacute;bamos     desde hac&iacute;a tiempo: que el conocimiento humano no es tan complejo ni     tan dif&iacute;cil de comprender como se cree generalmente; las complicaciones     y dificultades radican en la mente de los investigadores, y no en el material     en s&iacute;. </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Cuando comenzaron     los experimentos, en 1927, la teor&iacute;a de la administraci&oacute;n de empresas     en relaci&oacute;n con los "problemas de personal" se basaba, como     todav&iacute;a ocurre en la mayor&iacute;a de los casos, en ciertas suposiciones     que pueden formularse aqu&iacute; y examinarse m&aacute;s tarde a la luz de     las conclusiones de los experimentos de Hawthorne. La m&aacute;s importante     tal vez sea la suposici&oacute;n de que la organizaci&oacute;n de una f&aacute;brica     es un problema principalmente tecnol&oacute;gico. Los ingenieros de producci&oacute;n     planifican la disposici&oacute;n de la f&aacute;brica, y los trabajadores son     distribuidos seg&uacute;n la conveniencia de la m&aacute;quina y del proceso     productivo. Toda f&aacute;brica grande consiste en un arreglo complicado de     m&aacute;quinas y gente, y si bien se dedica mucha reflexi&oacute;n a la disposici&oacute;n     tecnol&oacute;gica, nadie se preocupa por la disposici&oacute;n humana. Al parecer,     se supone que no habr&aacute; problemas humanos o que, si los hay, de alguna     manera se resolver&aacute;n solos. El "encargado del personal" no     tiene voz en la organizaci&oacute;n de la f&aacute;brica; le llaman m&aacute;s     tarde para remediar los problemas despu&eacute;s que han surgido. Entre las     muchas cosas que Roethlisberger y sus colaboradores ense&ntilde;aron a la gerencia     fue que esa suposici&oacute;n podr&iacute;a costarles cara; la disposici&oacute;n     incorrecta del material humano afecta a la producci&oacute;n tanto como una     mala distribuci&oacute;n tecnol&oacute;gica. </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La primera suposici&oacute;n     es una contribuci&oacute;n de los ingenieros al pensamiento gerencial y fue     fomentada por los psic&oacute;logos industriales amantes de los artilugios.     La segunda suposici&oacute;n o sesgo fue un aporte de una teor&iacute;a econ&oacute;mica     anticuada y fue promovida, por supuesto, por los fil&oacute;sofos. Consiste     en la afirmaci&oacute;n de que, en general, en su comportamiento laboral el     hombre es un animal racional-econ&oacute;mico. Esta suposici&oacute;n equivocada     impregna toda nuestra cultura, y en el mundo industrial toma la forma de la     creencia de que los trabajadores se comportan racionalmente     o de que puede lograrse que se comporten racionablemente con incentivos econ&oacute;micos     apropiados. Tal como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, los resultados     de los experimentos de Hawthorne ponen en tela de juicio esta suposici&oacute;n.     </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La tercera suposici&oacute;n     de la que partieron los investigadores y que, al igual que las otras dos, cuestionaron     r&aacute;pidamente sobre la base de sus resultados, era que, con incentivos     econ&oacute;micos apropiados, la eficiencia de la producci&oacute;n es una funci&oacute;n     directa y simple de la relaci&oacute;n entre condiciones de trabajo objetivas     (iluminaci&oacute;n, temperatura de la sala, humedad, duraci&oacute;n del d&iacute;a     de trabajo, etc.) y otros factores objetivos de la constituci&oacute;n del trabajador     (salud, energ&iacute;a f&iacute;sica, presi&oacute;n arterial, etc.). Esta corriente     de pensamiento proporciona un campo f&eacute;rtil para el "psic&oacute;logo     industrial", el "experto en eficiencia", el "experto en     higiene industrial", el devoto de los estudios sobre la "fatiga"     y la "monoton&iacute;a", y otros de esa subtribu. Dentro de este enfoque,     se considera que los problemas de personal consisten en buscar trabajadores     con los conocimientos y las "cualidades" apropiados para la tarea     espec&iacute;fica, y despu&eacute;s descubrir las condiciones ideales de iluminaci&oacute;n,     temperatura, horario de trabajo, etc. en las cuales tengan que trabajar. Todo     esto debe hacerse con artilugios, pruebas de aptitud, pruebas de destreza, an&aacute;lisis     de sangre, term&oacute;metros, galvan&oacute;metros y mil artefactos m&aacute;s     que facilitan la selecci&oacute;n. Una vez encontrada la combinaci&oacute;n     acertada de conocimientos apropiados y condiciones de trabajo propicias, la     eficiencia productiva alcanzar&aacute; el nivel &oacute;ptimo, o por lo menos     esa es la idea que se abriga. </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Esas tres suposiciones     eran las ideas dominantes en los estudios sobre el personal cuando comenzaron     los experimentos de Hawthorne. Al principio, Roethlisberger y sus colegas visualizaron     los problemas de la manera expuesta en los p&aacute;rrafos precedentes, y los     primeros experimentos los plantearon en este marco ingenuo y dividido en compartimientos.     En el primer estudio (los experimentos sobre iluminaci&oacute;n), se trat&oacute;     de determinar la relaci&oacute;n entre la iluminaci&oacute;n y la producci&oacute;n.     Siguiendo la sacrosanta tradici&oacute;n, se modificaron las condiciones de     iluminaci&oacute;n en un grupo de prueba y se mantuvieron constantes en un grupo     testigo, mientras que se registraban cuidadosamente las variaciones en la producci&oacute;n     de ambos grupos. En otro estudio (la primera de montaje de rel&eacute;s), se     llev&oacute; un registro detallado durante cinco a&ntilde;os de un grupo de     muchachas que armaban rel&eacute;s en una sala especial de pruebas. Se recopilaron     toneladas de datos sobre todos los aspectos (o de todos aquellos aspectos suficientemente     objetivos para registrarlos) de cada una de las muchachas: cu&aacute;nto hab&iacute;a     dormido la noche anterior, que hab&iacute;a desayunado, la temperatura de la     sala de pruebas tomada a intervalos cortos y as&iacute; en forma casi infinita.     Durante el per&iacute;odo de observaci&oacute;n se introdujo una serie de innovaciones     experimentales en la situaci&oacute;n laboral: pausas de descanso de distinta     duraci&oacute;n, variaciones en la duraci&oacute;n del d&iacute;a de trabajo,     los s&aacute;bados por la ma&ntilde;ana libres, etc. Todas esas variables se     correlacionaron cuidadosamente con la tasa de producci&oacute;n de las muchachas,     llev&aacute;ndose un registro autom&aacute;tico de la producci&oacute;n de cada     una.</font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El resultado neto     de esos experimentos y registros elaborados fue completamente negativo. En el     primer experimento, a medida que se intensific&oacute; la luz en el grupo de     prueba, la producci&oacute;n aument&oacute;: <I>tanto</I> en el grupo de prueba     <I>como</I> en el grupo testigo. Cuando se redujo la iluminaci&oacute;n en el     grupo de prueba, la producci&oacute;n aument&oacute; otra vez, una vez m&aacute;s     tanto en el grupo de prueba como en el grupo testigo. En la sala de pruebas     de montaje de rel&eacute;s, un an&aacute;lisis estad&iacute;stico complejo de     las relaciones entre la eficiencia del trabajo y los llamados factores objetivos     (fatiga, horas dormidas, alimentaci&oacute;n, salud, presi&oacute;n arterial,     temperatura y muchos otros) no detect&oacute; ninguna correlaci&oacute;n importante.     Sin embargo, las variaciones en las pausas de descanso y en la duraci&oacute;n     del d&iacute;a de trabajo aparentemente surtieron cierto efecto. Cuando se introdujeron     pausas de descanso de cinco minutos, la producci&oacute;n aument&oacute;. Cuando     las pausas se extendieron a 10 minutos, la producci&oacute;n volvi&oacute; a     aumentar. La reducci&oacute;n del horario de trabajo tambi&eacute;n aument&oacute;     la productividad de las muchachas. Por fin algo concreto pareci&oacute; vislumbrarse.     Sin embargo, la satisfacci&oacute;n de los autores del experimento no dur&oacute;     mucho. Despu&eacute;s de once variaciones experimentales de las condiciones     de trabajo, decidieron comprobar sus conclusiones colocando a las muchachas     otra vez en el sistema original, es decir, una semana de 48 horas corridas sin     pausas de descanso ni refrigerios. Esperaban confiadamente que se produjera     una dr&aacute;stica disminuci&oacute;n de la producci&oacute;n, pero nada de     eso ocurri&oacute;. Por el contrario, la producci&oacute;n segu&iacute;a excediendo     en gran medida el nivel alcanzado en las mismas condiciones uno o dos a&ntilde;os     antes. </font></p>      <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En ese punto se     decidi&oacute; hacer un recuento y los resultados fueron, a primera vista, sumamente     deprimentes. Las pausas de descanso aumentaron la producci&oacute;n, pero su     eliminaci&oacute;n al parecer tuvo el mismo efecto. La mejora de la iluminaci&oacute;n     aument&oacute; la producci&oacute;n, pero la producci&oacute;n tambi&eacute;n     aument&oacute; cuando no se hicieron cambios en la iluminaci&oacute;n y cuando     esta disminuy&oacute;. Los experimentos parec&iacute;an "chiflados",     para utilizarse el t&eacute;rmino expresivo empleado por Stuart Chase, y los     autores se sent&iacute;an muy tentados a hacer borr&oacute;n y cuenta nueva.     Si lo hubieran hecho, nunca m&aacute;s se habr&iacute;a escuchado hablar de     los experimentos Hawthorne, los cuales habr&iacute;an pasado al olvido como     otro "estudio en el campo de la psicolog&iacute;a industrial", completo     con las pruebas complejas de siempre, los artilugios y las estad&iacute;sticas     complicadas, no habiendo demostrado, como tambi&eacute;n es costumbre, nada     en particular. Dos factores impidieron que se abandonara el estudio en medio     de la desesperaci&oacute;n. Uno fue la aptitud de la gerencia, que estaba encantada     con los resultados. De una manera u otra, la producci&oacute;n en la sala de     prueba de montaje de rel&eacute;s hab&iacute;a aumentado mucho. La gerencia     hab&iacute;a quedado impresionada con la cantidad de energ&iacute;a desaprovechada     cuya existencia el experimento hab&iacute;a revelado, y quer&iacute;a saber     en qu&eacute; consist&iacute;a la t&eacute;cnica a fin de aplicarla en gran     escala. Los autores del experimento, avergonzados, tuvieron que confesar que     no ten&iacute;an la m&aacute;s m&iacute;nima idea de c&oacute;mo hab&iacute;an     aprovechado esta productividad latente de las muchachas de la sala de pruebas.     </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En segundo lugar,    entre los investigadores hab&iacute;a por lo menos algunos que eran principalmente    cient&iacute;ficos, en vez de psic&oacute;logos, fisi&oacute;logos o representantes    de alguna rama cient&iacute;fica. Enfrentado con esta crisis, este grupo sigui&oacute;    la mejor tradici&oacute;n de la ciencia verdadera. En vez de sostener que los    resultados eran negativos y que lo se necesitaba era distintos artilugios o    pruebas nuevas, afirmaron que en la ciencia no existen los resultados negativos,    que todo resultado debe significar <I>algo</I>, aunque sea un resultado contrario    a las previsiones de los autores.<a name="topo4"></a><u><SUP><a href="#nota4">&#9830;</a></SUP></u>    Era evidente que los trabajadores no hab&iacute;an actuado como se esperaba    que actuaran, pero &#191;no significar&iacute;a eso que eran las expectativas    y las suposiciones en que se basaban las que estaban equivocadas? Los trabajadores    tal vez no fuesen los animales racionales-econ&oacute;micos que se pensaba,    quiz&aacute; no existiese una relaci&oacute;n &uacute;nica de causa y efecto    entre la producci&oacute;n y las condiciones f&iacute;sicas de trabajo. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Esta argumentaci&oacute;n     fue lo que salv&oacute; a los experimentos de la inutilidad y el olvido. Al     reflexionar sobre los resultados, el Dr. Roethlisberger y sus colegas resolvieron     averiguar qu&eacute; significaban estos resultados. De los escombros de sus     datos emergieron con una hip&oacute;tesis de trabajo nueva y bastante vaga,     que parec&iacute;a un tanto m&iacute;stica a los amantes de los artilugios.     Esa hip&oacute;tesis consist&iacute;a en que la producci&oacute;n parec&iacute;a     estar m&aacute;s estrechamente relacionada con los "sentimientos"     de los trabajadores que con las condiciones objetivas de trabajo. Los observadores     de la sala de montaje de rel&eacute;s y, de hecho, las mismas muchachas, hab&iacute;an     comentado sobre la manera en que el estado de &aacute;nimo, los sentimientos     y la actitud hacia el trabajo hab&iacute;an mejorado durante el experimento,     y por lo menos algunos de los autores sosten&iacute;an que este sentimiento,     o cualquiera que fuese el nombre que se le diera, arrojaba m&aacute;s dividendos     que cualquiera de los elementos espec&iacute;ficos tales como las pausas de     descanso, etc., que se hab&iacute;an introducido en la situaci&oacute;n laboral.     </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Armados con esta     hip&oacute;tesis imperfecta de que los sentimientos revisten cierta importancia,     los investigadores resolvieron estudiarlos. De esa manera se estaban apartando     del campo respetable, pero est&eacute;ril, de las pruebas, los artilugios, las     estad&iacute;sticas y los experimentos controlados, y estaban adentr&aacute;ndose     en el campo desconocido de los seres humanos. Aqu&iacute; les llev&oacute; un     tiempo orientarse. Hab&iacute;a que enfrentar nuevos problemas y elaborar nuevas     t&eacute;cnicas de estudio. Ninguno de los expertos en el campo de las "investigaciones     industriales" o los "problemas de personal" pod&iacute;a decirles     c&oacute;mo estudiar los seres humanos. Lo &uacute;nico parecido que se hab&iacute;a     intentado hasta ese momento hab&iacute;a sido en un "campo" llamado     la "investigaci&oacute;n de quejas". Durante un tiempo trataron de     trabajar en ese marco, pero muy pronto tuvieron que rechazarlo debido a que     descubrieron que "las quejas no eran cosas en s&iacute; mismas". Las     tres etapas por las cuales pasaron las investigaciones sobre las quejas ofrecen     un comentario importante sobre lo que se dijo antes: que es comparativamente     f&aacute;cil comprender el comportamiento humano si miramos &uacute;nicamente     lo que est&aacute; all&iacute;, en vez de lo que pensamos que "deber&iacute;a     estar all&iacute;". En la primera etapa del programa de an&aacute;lisis     de quejas, como no se dispon&iacute;a de artilugios hubo que recurrir a un cuasi     artilugio favorito de los trabajadores con una orientaci&oacute;n mecanicista:     el cuestionario. Se prepar&oacute; una lista de posibles quejas con los t&iacute;tulos     clasificados y por orden alfab&eacute;tico. Se dej&oacute; un espacio en blanco     al lado de cada pregunta para indicar si la "actitud" de los trabajadores     era favorable, desfavorable o indiferente. Como cab&iacute;a esperar, los resultados     no fueron impresionantes. Como en todas la "escalas de actitud" de     ese tipo, los resultados hab&iacute;an sido prejuzgados por la forma del cuestionario.     Los encuestadores estaban obligando a los trabajadores a adoptar una actitud     clara y definida frente a objetos claros y &uacute;nicos, de la misma manera     que los sondeos Gallup y otros similares obligan a sus v&iacute;ctimas desafortunadas     a seleccionar una respuesta entre varias de las prefabricadas para las preguntas.     Los trabajadores de Hawthorne, al igual que cualquier otro grupo de seres humanos,     expresaban sus sentimientos favorables y desfavorables de manera vaga, poco     clara y mixta, de manera que los investigadores se dieron cuenta r&aacute;pidamente     de que esas actitudes eran m&aacute;s difusas, m&aacute;s nebulosas y menos     racionales que lo que pod&iacute;a reflejar cualquier escala de actitudes o     cuestionarios sobre quejas. Una vez m&aacute;s rechazaron sus t&eacute;cnicas,     en vez del material, y dieron un gran paso hacia un enfoque de los estudios     del personal basado en la realidad cuando reemplazaron el cuestionario con la     entrevista. Sin embargo, al comienzo la entrevista era un procedimiento cient&iacute;fico     casi tan inadecuado como el cuestionario, y por el mismo motivo, es decir, porque     los entrevistadores estaban imponiendo <I>su</I> interpretaci&oacute;n de la     situaci&oacute;n de la situaci&oacute;n a los trabajadores. El control de la     entrevista correspond&iacute;a a los entrevistadores; por lo tanto, tend&iacute;a     a convertirse en un interrogatorio: &#191;Le gusta su trabajo? &#191;Qu&eacute;     tiene contra el capataz? Y preguntas por el estilo. Los entrevistadores <I>hac&iacute;an</I>     las preguntas y los entrevistados las <I>contestaban</I>. En consecuencia, una     vez m&aacute;s los encargados del experimento sospecharon que exist&iacute;a     una situaci&oacute;n artificial, sospecharon que segu&iacute;an estudiando lo     que <I>deb&iacute;a ser</I> en vez de lo que <i>era</i>. </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Reci&eacute;n en     la tercera etapa del programa de quejas se logr&oacute; utilizar un programa     de entrevistas acorde con la realidad, y solo entonces result&oacute; claro     el verdadero significado de las quejas. Se lleg&oacute; a esta etapa cuando     se desecharon todas las teor&iacute;as respetables del trabajo con el personal     y cuando se tom&oacute; la medida sin precedentes de permitir que el entrevistado     dijese lo que <I>&eacute;l</I> pensaba. Para la mayor&iacute;a de la gente que     trabaja en el "campo de las relaciones con el personal", probablemente     sea el paso m&aacute;s sorprendente dado en el curso del experimento. Es sorprendente     porque viola uno de los principios de la organizaci&oacute;n de las f&aacute;bricas:     el principio de la jerarqu&iacute;a. Cuando se da ese paso, el trabajador deja     de ser un ser inferior respondiendo preguntas de pie frente a un superior. La     entrevista se convierte en una conversaci&oacute;n casual entre dos iguales,     y solo cuando se logra eso el material obtenido constituye un reflejo verdadero     de lo que piensa el trabajador o de lo que le preocupa. En ese sentido, la entrevista     es algo que la gerencia nunca hab&iacute;a probado antes y que posteriormente     ha probado en contadas ocasiones. Esta entrevista es el polo opuesto a la entrevista     (o de la as&iacute; llamada) habitual y horrible que se realiza para el servicio     militar obligatorio, por ejemplo, o para la selecci&oacute;n del personal del     ej&eacute;rcito o de las f&aacute;bricas modernas. Su pariente m&aacute;s cercano     (y el Dr. Roethlisberger tiene suficiente coraje como para admitir cu&aacute;nto     se aprendi&oacute; de esta fuente deshonrosa) es la entrevista psicoanal&iacute;tica.     </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Este tipo de entrevista     no solo coloca al sujeto al mando, en vez del entrevistador, sino que tambi&eacute;n     exige que el entrevistador tenga una gran pericia y est&eacute; bien preparado.     Por lo tanto, la selecci&oacute;n y capacitaci&oacute;n de los entrevistadores     se convirti&oacute; en un importante motivo de preocupaci&oacute;n para los     autores de los experimentos y, en &uacute;ltima instancia, para la gerencia.     Existe una estrecha relaci&oacute;n entre el rechazo de los artilugios para     facilitar el buen trabajo con el personal, por una parte, y el &eacute;nfasis     en las cualidades personales de los empleados de la oficina de personal en s&iacute;,     por la otra. Siempre y dondequiera que las oficinas de personal (como ocurre     en la mayor parte de la industria canadiense) se interesan principalmente en     pruebas mec&aacute;nicas y artilugios, poco importa qu&eacute; clase de gente     se encarga del trabajo con el personal. No se necesitan cualidades personales     especiales para administrar cuestionarios; cualquier maestro de escuela, por     ejemplo, puede hacerlo, y en el caso de las pruebas de inteligencia, cualquier     estudiante universitario puede hacerlo. Por esta raz&oacute;n, con demasiada     frecuencia la oficina de personal es el vertedero de todos aquellos que han     fracasado en otras secciones de la f&aacute;brica, los productos defectuosos     de los grupos marginales de locos de las grandes empresas, los departamentos     de propaganda y publicidad, los amigos menos inteligentes del jefe y otros inadaptados.     Siempre que lo &uacute;nico que se exija de ellos es que manipulen artilugios,     no hay ning&uacute;n problema. Sin embargo, cuando el &eacute;nfasis pasa de     manipular pruebas a comprender a la gente, tal como ocurri&oacute; en Hawthorne,     entonces las cualidades personales de los empleados de la oficina de personal     cobran suprema importancia. Las personas que usan una entrevista para aumentar     su propia importancia o para compensar sus fallas no sirven de nada para el     tipo de entrevista que se realiz&oacute; sistem&aacute;ticamente en Hawthorne.     All&iacute; se esperaba que la entrevista ayudara al trabajador, y no al entrevistador.     All&iacute;, para que alguien fuese considerado como un buen entrevistador,     deb&iacute;a ser capaz de realizar una entrevista de varias horas sin decir     ni hacer nada en ning&uacute;n momento que recordara al trabajador que el entrevistador     era un empleado de oficina, y el trabajador, un obrero. Para muchos, eso tal     vez parezca una norma de tacto y humildad imposible de alcanzar. La respuesta     del grupo de Hawthorne tiene dos partes: a) que, a menos que una persona pueda     establecer ese tipo de relaci&oacute;n con el trabajador, no es id&oacute;nea     para trabajar con el personal o, por lo menos, para realizar la entrevista,     b) que su experiencia demostr&oacute; que en toda f&aacute;brica hay mucha gente     que, con la preparaci&oacute;n adecuada, puede lograrlo. Sin embargo, dudo much&iacute;simo     que esa clase de gente se encuentre en las oficinas de personal, en vista de     las pr&aacute;cticas actuales de contrataci&oacute;n. </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Los resultados     del programa de entrevistas fueron extensos, tanto para la teor&iacute;a sociol&oacute;gica     como para la pr&aacute;ctica gerencial. Cabe suponer que la Western Electric     Company no es una entidad de beneficencia, sino una empresa industrial astuta,     interesada principalmente en el lucro. Sin embargo, la gerencia qued&oacute;     tan impresionada con los resultados de las entrevistas que r&aacute;pidamente     las hizo extensivas a toda la f&aacute;brica. En 1928, 1929 y 1930 se entrevist&oacute;     a un total de 21 126 empleados de todas las secciones. Dado que para cada entrevista     se necesitaba la dedicaci&oacute;n completa de un empleado y un entrevistador     durante una hora y media promedio, el programa completo absorbi&oacute; alrededor     de 64 000 horas-hombre del tiempo de la empresa, distribuidas en tres a&ntilde;os,     es decir, m&aacute;s de 21 000 horas-hombre, el costo de un programa de ese     tipo no era una minucia para la empresa. Desde el punto de vista de la gerencia,     exist&iacute;an tres justificaciones:</font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">1. Las entrevistas    resultaron ser un fin meritorio en s&iacute; mismo, aunque no se utilizara la    informaci&oacute;n obtenida. Para gran sorpresa de la mayor&iacute;a de las    personas vinculadas a los experimentos, las entrevistas resultaron tener un    gran valor terap&eacute;utico. Al parecer, la entrevista fue estimulante para    los empleados. Una y otra vez los empleados comentaron el efecto beneficioso    de expresar libremente sus sentimientos y emociones. No se pod&iacute;an pasar    por alto comentarios de este tipo de miles de trabajadores. M&aacute;s a&uacute;n,    result&oacute; inquietante descubrir el n&uacute;mero de empleados que durante    muchos a&ntilde;os hab&iacute;an abrigado quejas que nunca hab&iacute;an tenido    la oportunidad de expresar a ninguna persona que tuviese autoridad en la empresa.    Muchas de las quejas eran triviales, pero eran realmente importantes para el    trabajador. Estas opiniones con frecuencia tend&iacute;an a ser exageradas y    distorsionadas&#133; distorsiones que se modificaban cuando se expresaban libremente    a un interlocutor comprensivo y cr&iacute;tico. <a name="topo5"></a> <SUP><a href="#nota5">&#9830;&#9830;</a></SUP>    Por supuesto, como los trabajadores "se sent&iacute;an mejor" despu&eacute;s    de la entrevista, trabajaban mejor. El programa de entrevistas se pag&oacute;    solo en forma de un aumento de la productividad. </font></p>      <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">2. El material     de la entrevista result&oacute; de valor incalculable para la capacitaci&oacute;n     de los supervisores. Se trataba de material concreto y real sobre los sentimientos     de los trabajadores. En vez de ense&ntilde;ar a los futuros supervisores casos     hipot&eacute;ticos y generalidades piadosas sobre el "liderazgo",     a partir de ese momento se les ense&ntilde;&oacute; a comprender el material     humano con el cual tendr&iacute;an que trabajar, mediante un estudio intensivo     y un an&aacute;lisis del material obtenido en las entrevistas. </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">3. Adem&aacute;s    de capacitar a los supervisores, las entrevistas sirvieron para capacitar y    mejorar a los entrevistadores como int&eacute;rpretes del comportamiento humano.    "(A partir del an&aacute;lisis de las entrevistas) comenzaron a comprender la    importancia de tener en cuenta los pensamientos &iacute;ntimos y las reflexiones    de los trabajadores, y estaban listos a idear y perfeccionar una t&eacute;cnica    para obtener esta clase de informaci&oacute;n".<a name="topo6"></a><SUP><a href="#nota6">&#9830;&#9830;&#9830;</a></SUP>    En 1936 result&oacute; claro cu&aacute;n valiosa hab&iacute;an sido para la    empresa esta experiencia y la capacitaci&oacute;n de los entrevistadores, cuando    la Western Electric puso en pr&aacute;ctica su "Plan de asesoramiento del personal",    cuyo an&aacute;lisis est&aacute; fuera del alcance del presente art&iacute;culo.    Cabe destacar, sin embargo, que el plan de asesoramiento del personal es un    producto directo del programa de entrevistas y, de diversas maneras, est&aacute;    estrechamente relacionado con el mismo. Se basa en el mismo punto de vista,    utiliza la misma clase de gente para llevarlo a la pr&aacute;ctica, cuesta mucho    dinero (se necesita aproximadamente un asesor por cada 300 trabajadores) y,    sin embargo, la gerencia lo considera como una inversi&oacute;n muy satisfactoria    en relaciones humanas. </font></p>      <P>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    Esas fueron las aplicaciones pr&aacute;cticas inmediatas del programa de entrevistas.     No obstante, los inquietos cient&iacute;ficos a cargo del experimento no quedaron     contentos con las aplicaciones pr&aacute;cticas, ya que en las entrevistas hab&iacute;an     encontrado nuevas pistas para la investigaci&oacute;n. Al analizar el material     obtenido en las entrevistas hab&iacute;an descubierto algo a&uacute;n m&aacute;s     insospechado y que les resultaba dif&iacute;cil hasta de describir. Seg&uacute;n     lo que revelaban en sus conversaciones, los trabajadores parec&iacute;an obedecer     a normas y c&oacute;digos propios bastante definidos, que no se encontraban     en los reglamentos de la empresa ni en los libros de texto. La situaci&oacute;n     laboral parec&iacute;a estar llena de un significado -o de cosas con un significado-     de naturaleza peculiar y no muy racional. Los escritorios, las ventanas, las     tareas y salir a comprar el almuerzo para otros parec&iacute;an tener para los     trabajadores un "significado" mayor o diferente del significado objetivo.     Por ejemplo, un trabajador se deprim&iacute;a y su eficiencia disminu&iacute;a     si se le cambiaban de lugar el banco o el escritorio. Para los gerentes, eso     era inexplicable, ya que el cambio de lugar constitu&iacute;a una mejora tecnol&oacute;gica;     no influ&iacute;a en el sueldo del trabajador y, como el banco hab&iacute;a     sido trasladado a un lugar mejor iluminado, la producci&oacute;n del trabajador     deb&iacute;a aumentar. Sin embargo, el Dr. Roethlisberger y sus colegas, con     su h&aacute;bito ya para ese entonces bien afianzado de centrarse en lo que     era, y no en lo que deb&iacute;a ser, se&ntilde;alaron que la producci&oacute;n     de ese trabajador <I>hab&iacute;a</I> bajado. Bas&aacute;ndose en casos como     este, sostuvieron que la ubicaci&oacute;n del banco deb&iacute;a "significar"     algo diferente para el trabajador de lo que significaba para el ingeniero o     para el experto en eficiencia. Evidentemente, les correspond&iacute;a a ellos     descubrir qu&eacute; significaba un banco en el mundo privado del trabajador.     </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">De este tipo de     problema surgi&oacute; el &uacute;ltimo experimento, que desde muchos puntos     de vista fue el m&aacute;s interesante: la prueba de la sala de cableado de     bancos. Una vez m&aacute;s, buscaron ayuda y asesoramiento externos, y una vez     m&aacute;s lo encontraron en un &aacute;mbito inesperado. Al preparar el programa     de entrevistas, hab&iacute;an escudri&ntilde;ado toda la esfera de las disciplinas     sociales y humanas dividas en compartimientos, y hab&iacute;an conseguido muy     poca ayuda con la excepci&oacute;n del campo bastante deshonroso del psicoan&aacute;lisis.     En este caso tuvieron que ir a&uacute;n m&aacute;s lejos. Cuando trataron de     explicar el problema de los cient&iacute;ficos sociales de distintas ramas,     encontraron un atisbo de comprensi&oacute;n del problema, tal como lo describieron     ellos, en solo un compartimiento: el titulado "antropolog&iacute;a social".     Debido a la influencia de los estudios de las sociedades primitivas, los antrop&oacute;logos     sociales ya estaban convencidos, y lo hab&iacute;an estado desde hac&iacute;a     mucho tiempo, de que el hombre no es un animal racional-econ&oacute;mico. M&aacute;s     a&uacute;n, ya estaban trabajando intensamente con la compleja cuesti&oacute;n     del significado, especialmente el significado simb&oacute;lico o derivado. Sab&iacute;an,     por ejemplo, que en la sociedad primitiva ciertos objetos concretos, como sombreros,     bancos o tareas, no eran asuntos meramente tecnol&oacute;gicos, sino que con     frecuencia eran s&iacute;mbolos o focos de sistemas de sentimientos y, por lo     tanto, "significaban" mucho m&aacute;s de lo que parec&iacute;an a     simple vista. Los antrop&oacute;logos ten&iacute;an experiencia en lidiar con     hechos de este tipo, y el Dr. Roethlisberger y sus colegas sospechaban que lo     que ellos estaban tratando de abordar ahora eran hechos similares. Por esa raz&oacute;n,     aprendieron de los antrop&oacute;logos y recibieron su ayuda en la sala de cableado     de bancos, de la misma manera que hab&iacute;an colaborado con los psicoanalistas     freudianos en el programa de entrevistas. Para los defensores de los compartimientos,     eso era claramente escandaloso. &#191;A qui&eacute;n se le ocurre poner a antrop&oacute;logos     a hacer investigaciones en una f&aacute;brica moderna, cuando el lugar que les     corresponde es alguna isla remota? Sin embargo, una vez m&aacute;s la colaboraci&oacute;n     en torno a una tarea concreta result&oacute; mucho m&aacute;s fruct&iacute;fera     que la divisi&oacute;n en compartimientos; cada grupo aprendi&oacute; mucho     del otro y los resultados justificaron los medios. </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El experimento    sobre el "significado" de la situaci&oacute;n laboral para los trabajadores,    llamado experimento de la sala de cableado de bancos, marca la culminaci&oacute;n    del componente te&oacute;rico de los experimentos de Hawthorne, de la misma    manera que el plan de asesoramiento del personal es el corolario del componente    en el campo de la verdadera ciencia social, el intento de resumir los resultados    menoscaba el experimento y confunde su significado. Su utilidad depende tanto    del an&aacute;lisis funcional detallado, del comportamiento real y de las relaciones    espec&iacute;ficas que, para hacerle justicia, habr&iacute;a que leerlo en su    totalidad.<a name="topo7"></a><SUP><a href="#nota7">&#9827;</a></SUP> Sin embargo,    podr&iacute;amos tratar de resumir sus principales resultados y repercusiones:    a) Ofrece un modelo de la manera en que deber&iacute;an realizarse los estudios    de ese tipo: es un estudio sociol&oacute;gico pr&aacute;ctico realizado de la    manera m&aacute;s concreta y relacionada. b) Prueba de manera concluyente que    en cada secci&oacute;n de una f&aacute;brica existe una organizaci&oacute;n    de normas, reglas de conducta, s&iacute;mbolos, sanciones, etc., del mismo tipo    que la que los antrop&oacute;logos est&aacute;n acostumbrados a describir en    las sociedades primitivas, organizaci&oacute;n a la cual llaman una cultura,    que lo por lo general pasa desapercibida para la gerencia y, a&uacute;n en los    casos en que se sospecha su existencia, no se comprende. c) Este marco normativo    es obligatorio para todos los integrantes del grupo y los mismos trabajadores    lo mantienen en vigencia. Por lo tanto, es muy diferente del reglamento establecido    para la gerencia, aunque est&aacute; funcionalmente relacionado con el mismo.    d) Esto no significa que se oponga necesariamente al reglamento gerencial; tal    vez se oponga, pero es igualmente posible que eso no ocurra. Los fines hacia    los cuales est&aacute;n orientados ambos conjuntos de normas son diferentes;    su orientaci&oacute;n (semejante u opuesta) depende del tiempo y el lugar. Un    gerente que conozca muy bien esta dimensi&oacute;n sociol&oacute;gica puede    guiar o manipular la cultura de los trabajadores en la orientaci&oacute;n deseada    por la gerencia, en tanto que una orientaci&oacute;n necia de la gerencia puede    volcar dicha cultura en la direcci&oacute;n opuesta a los intereses y deseos    de la gerencia. e) Los trabajadores de una f&aacute;brica moderna (o los jefes    de una f&aacute;brica moderna, o cualquier otro segmento de la sociedad moderna    seleccionado para un estudio especial) no est&aacute;n motivados principalmente    por un inter&eacute;s propio racional econ&oacute;mico, sino por un conjunto    de presiones institucionales (su cultura) impuestas por el grupo, precisamente    de la misma manera que durante los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os los antrop&oacute;logos    han demostrado que estaban motivados los pueblos primitivos.<a name="topo8"></a><SUP><a href="#nota8">&#9827;&#9827;</a></SUP>    f) Por &uacute;ltimo la consecuencia final de los hallazgos de la sala de cableado    de bancos coincide con las teor&iacute;as antropol&oacute;gicas y sociol&oacute;gicas    modernas. Esto es, en general, que no se pod&iacute;a comprender a ning&uacute;n    trabajador de la f&aacute;brica Hawthorne, ni interpretar o predecir su comportamiento,    ni analizar su hoja de producci&oacute;n, ni examinar su esp&iacute;ritu de    equipo (o falta del mismo), sin considerarlo como una persona total en una situaci&oacute;n    total. La producci&oacute;n, en particular (que constituye el motivo de preocupaci&oacute;n    de la gerencia en todas partes), depende de la situaci&oacute;n total del trabajador,    la cual comprende su cuerpo en su totalidad, su mente en su totalidad, su condici&oacute;n    social en su totalidad (tanto dentro de la f&aacute;brica como afuera) y su    pasado social en su totalidad. Todo intento de estudiar a los seres humanos    debe considerarlos en su totalidad; un estudio parcial de uno de estos aspectos    es no solo incompleto, sino que tambi&eacute;n, debido a que es incompleto,    lleva a conclusiones enga&ntilde;osas. El &eacute;nfasis que los economistas    y los psic&oacute;logos industriales atribuyen a la motivaci&oacute;n econ&oacute;mica    en sus estudios ha torcido y distorsionado nuestro concepto de la motivaci&oacute;n,    como bien sabe cualquiera que haya discutido con un marxista fan&aacute;tico.    Estos estudios comienzan diciendo: "Separemos para nuestro estudio especial    la parte econ&oacute;mica del trabajador", y concluyendo diciendo: "El trabajador    debe ser un animal exclusivamente econ&oacute;mico porque en nuestro estudio    nunca hemos notado ning&uacute;n otro aspecto". &#191;C&oacute;mo podr&iacute;a    haberse notado cualquier otro aspecto cuando fue excluido expresamente por la    selecci&oacute;n inicial de la motivaci&oacute;n econ&oacute;mica para el estudio?    </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Esa es, entonces,     la esencia de los experimentos de Hawthorne. En el plano pr&aacute;ctico, sentaron     las bases de una nueva clase de trabajo con el personal basado en considerar     a la gente como personas totales en situaciones totales, en vez de seguir, como     se hab&iacute;a hecho hasta ese momento, el procedimiento atomista o fragmentario     que se ense&ntilde;a en las universidades y se aplica en la mayor&iacute;a de     las f&aacute;bricas. Los experimentos se aplican, por supuesto, no solo a cualquier     f&aacute;brica, sino tambi&eacute;n a cualquier grupo de personas que deban     actuar en cooperaci&oacute;n. El fundamento se aplica no solo a las relaciones     del personal industrial, sino tambi&eacute;n a la ense&ntilde;anza, a la asistencia     social de grupos o a cualquier campo en el cual se desee mejorar las relaciones     humanas. Los experimentos son, en resumen, el mejor trabajo que se haya hecho     hasta ahora sobre el significado del "esp&iacute;ritu de equipo",     a pesar de que la mayor&iacute;a de las personas que abusan de esta frase tan     trillada nunca han escuchado hablar de los experimentos ni lo comprender&iacute;an.     </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En el plano de     la teor&iacute;a de las ciencias sociales, los experimentos tienen una enorme     trascendencia. De ellos resulta claro qu&eacute; se debe hacer para llegar a     un entendimiento com&uacute;n en las disciplinas sociales divididas en compartimientos.     Lo &uacute;nico que se necesita es seguir tres normas sencillas. La primera     es aferrarse firmemente a la observaci&oacute;n, olvidarse de lo que deber&iacute;a     ocurrir seg&uacute;n una disciplina determinada u otra, y observar cuidadosamente     lo que ocurre en la realidad. La segunda norma es establecer una relaci&oacute;n     entre lo que se observa y otras cosas observables que est&aacute;n ocurriendo     o han ocurrido, y no con entidades metaf&iacute;sicas como la mente, los instintos,     la inteligencia o la destreza manual, ninguna de las cuales est&aacute; presente     en la observaci&oacute;n, excepto en situaciones concretas. La tercera norma     es observar al ser humano total en su situaci&oacute;n total, y no en la situaci&oacute;n     econ&oacute;mica, en el aspecto pol&iacute;tico, en el plano familiar, en la     faceta glandular o en el plano mental, aislado de los dem&aacute;s. Lo que Arist&oacute;teles     dijo fue que el estudio apropiado de la humanidad es el hombre, y lo que <I>no</I>     dijo fue que el estudio apropiado de la humanidad consist&iacute;a en la "psicolog&iacute;a",     los "problemas laborales", las "pruebas     de inteligencia     o las "sociedades primitivas". Existe una dificultad que cualquier     cr&iacute;tico de estos estudios necesariamente encontrar&aacute;. No se les     puede poner ninguna etiqueta. No existe ninguna palabra que realmente abarque     el estudio cient&iacute;fico, basado en la observaci&oacute;n, del comportamiento     humano. Al describir la situaci&oacute;n de las ciencias sociales cuando comenzaron     los experimentos de Hawthorne, el Dr. Roethlisberger presenta este panorama     deprimente, que todav&iacute;a se observa en la actualidad casi como era en     1927: </font></p>           <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Si uno estudiaba       la cultura de un grupo primitivo, era "antrop&oacute;logo". Si uno       estudiaba los grupos marginales de nuestra cultura industrial actual, era       "soci&oacute;logo". Si uno estudiaba las relaciones entre los productores       y los consumidores en nuestra cultura actual, era "economista".       Si uno estudiaba las repuestas universales de los seres humanos independientemente       de su cultura (o preferiblemente, si estudiaba ratas), era "psic&oacute;logo".       M&aacute;s a&uacute;n a algunos "psic&oacute;logos" les resultaba       dif&iacute;cil distinguirse de los "fisi&oacute;logos". </font></p>        <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Si uno permit&iacute;a       que una persona le hablara con confianza durante una hora, era tal vez un       "amigo" o un "educador". Si la conversaci&oacute;n tomada       un cariz formal, duraba de una a tres horas y se realizaba con un cuestionario       por a&ntilde;adidura, uno era "consejero vocacional", estaba haciendo       un "sondeo de la opini&oacute;n p&uacute;blica" o era "psic&oacute;logo       social". Si la conversaci&oacute;n duraba de dos a tres horas, con algunas       pruebas de verdadero y falso intercaladas, era "psicom&eacute;trista".       Si el estudio duraba dos a&ntilde;os sin interrupci&oacute;n, era "psicoanalista".       Por supuesto, si mientras tanto uno pod&iacute;a calcular la desviaci&oacute;n       t&iacute;pica de estas respuestas verbales, era "cient&iacute;fico."</font></p>         <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Si uno estudiaba    las respuestas de los ni&ntilde;os en el aula, estaba estudiando el "aprendizaje"    o la "inteligencia", es decir, era "psic&oacute;logo" especializado en educaci&oacute;n    o psic&oacute;logo infantil. Si uno estudiaba las respuestas de los trabajadores    en el lugar de trabajo, estudiaba la "fatiga" o el "incentivo monetario", es    decir, era "psic&oacute;logo industrial". Si uno estudiaba las respuestas de    una persona acosada a quien no le iba bien en su trabajo o que quiz&aacute;s    estaba "sin trabajo" y, posiblemente, en un "hospital psiqui&aacute;trico",    estaba estudiando las "frustraciones" y "agresiones"; tal vez era "psic&oacute;logo    experto en anomal&iacute;as", o "psicopat&oacute;logo", "psicoanalista", "neuropsic&oacute;logo",    "psiconeur&oacute;logo", "ortopsiquiatra" o "experto en higiene mental", para    nombrar solo algunas de las etiquetas. Por supuesto, cuanto m&aacute;s uno pudiese    estudiar las respuestas de una persona en condiciones tan diferentes como fuese    posible de aquellas en las cuales se desenvolviera normalmente, es decir, en    condiciones "experimentales", m&aacute;s "cient&iacute;fico" era uno.<a name="topo9"></a><SUP><a href="#nota9">&#9827;&#9827;&#9827;</a></SUP>    </font></p>       <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    La conquista singular de los experimentos de Hawthorne fue que no hicieron nada     de eso y, sin embargo, contribuyeron a todos esos campos. Los autores, se ci&ntilde;eron     a lo que ocurre y, en consecuencia, nunca pudieron permitir que ellos ni su     trabajo se dividieran en compartimientos, todos los compartimientos tienen algo     que aprender de ellos. No existe ninguna etiqueta que se pueda poner a estos     experimentos porque se realizaron en un campo &uacute;nico en su g&eacute;nero:     el campo de los seres humanos reales. Antes de Rothlisberger y sus colegas,     muy pocos se hab&iacute;an atrevido a aventurarse en ese territorio virgen,     y en las culturas modernas nadie hab&iacute;a osado hacerlo. Era mucho m&aacute;s     f&aacute;cil y seguro permanecer en un compartimiento y "cooperar"     con gente de otros compartimientos en mesas redondas sobre ciencias sociales.     Esperamos con inter&eacute;s y sumo pesimismo ver cu&aacute;ntos expertos en     ciencias sociales se atrever&aacute;n a seguir al grupo de Rothlisberger, si     es que alguno lo hace.</font></p>      <P>&nbsp;</p>     <P>&nbsp;</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><a name="1erast_pie"></a><sup><a href="#1erast">*</a></sup>Fuente:    White Kerr L. Investigaciones sobre servicios de salud: una antolog&iacute;a/Editores:    Kerr L. White&#133; (et al)- Washington, D.C. OPS, 1992-1228p. (Publicaci&oacute;n    Cient&iacute;fica: 534). Reproducido del original: The Canadian Journal of Economics    and Political Sciences. 1942;9:150-63. El informe completo figura <I>en Management    and the Worker</I>, de <I>F.J. Roethlisberger </I>y<I> W.J. Dickson</I> (Cambridge,    Harvard University Press,1959. <I>Roethlisberger </I>ha se&ntilde;alado las    repercusiones de este estudio en los ejecutivos en <I>Management and Morale</I>    (Cambridge, Harvard University Press, 1941). <I>Elton Mayo</I> present&oacute;    un esbozo general del programa en <I>Human Problems of an Industrial Civilization</I>    (Nueva York, 1933). El material estad&iacute;stico de los primeros experimientos    figura en <I>The Industrial Worker</I>, de T.N. Whitehead (dos tomos, Harvard    University Press, 1938).    <br>   <a name="2doast_pie"></a><sup><a href="#2doast">**</a></sup> R.S. Lynd, Knowledge    for What? Princenton, 1939.    <br>   <a name="3erast_pie"></a><sup><a href="#3erast">***</a> </sup> V&eacute;ase    <I>Eleven Twenty-Six</I>. Chicago, University of Chicago Press. 1939.    <br>   <a name="nota4"></a><sup><a href="#topo4">&#9830;</a></sup> Fue este tipo de    argumento, es decir, que hasta los llamados resultados negativos deben significar    algo y, por lo tanto, deben conducir a una revisi&oacute;n de las hip&oacute;tesis,    lo que llev&oacute; a Lavoisier en qu&iacute;mica, por ejemplo, a algunos de    sus descubrimientos m&aacute;s importantes. V&eacute;ase <I>Torch and Crucible:    The life and Death of Antoine Lavoisier</I>, de S.J. French (Princenton University    Press, 1941).     <br>   <a name="nota5"></a><sup><a href="#topo5">&#9830;&#9830;</a></sup> Roethlisberger,    F. J. y Dickson, W. J. <I>Management and the Worker</I>. Cambridge, Harvard    University Press, 1939, p&aacute;gs. 227-228.     <br>   <a name="nota6"></a><sup><a href="#topo6">&#9830;&#9830;&#9830;</a></sup>Ibid,    p&aacute;g. 227.     <br>   <a name="nota7"></a><sup><a href="#topo7">&#9827;</a> </sup> Ibid, p&aacute;gs.    379-550.    <br>   <a name="nota8"></a><SUP><a href="#topo8">&#9827;&#9827;</a></SUP>De hecho,    desde que Radcliffe-Brown public&oacute; <I>The Andaman Islander</I> (Cambridge    University Press, 1922). Este libro, basado en un trabajo realizado en 1909,    es un estudio especializado de uno de los pueblos m&aacute;s primitivos que    existen, y se ha convertido en un cl&aacute;sico del m&eacute;todo antropol&oacute;gico.    El grupo de Hawthorne lo estudi&oacute; con suma atenci&oacute;n y provecho.        <br>   <a name="nota9"></a><SUP><a href="#topo9">&#9827;&#9827;&#9827;</a></SUP> Roethlisberger,    F. J. <I>Management and Morale</I>. Cambridge, Harvard University Press, 1939.    </font></p>       ]]></body>
</article>
