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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El embarazo no deseado: impacto sobre la salud y la sociedad en América Latina y el Caribe]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Unwanted pregnancy: impact on health and society in Latin America and the Caribbean]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <P align="right"> <B><u>Temas de actualidad / Current topics</u></B>     <P align="right">&nbsp;     <P> <FONT SIZE=5><B>El embarazo no deseado: impacto sobre la salud y la sociedad    en Am&eacute;rica Latina y el Caribe</B></FONT>     <P>&nbsp;     <P> <I><a name="top1"></a>Ana Langer</I><a href="#back1"><SUP>1</SUP></a>     <P>&nbsp;     <P><b>Palabras clave:</b> embarazo no deseado, aborto inseguro, mortalidad materna,    anticonceptivos, planificaci&oacute;n familiar, Am&eacute;rica Latina y Caribe.      <P> <B>&nbsp;</B>      <P>&nbsp;     <P> <B>EL EMBARAZO NO DESEADO: CONCEPTOS Y SITUACI&Oacute;N REGIONAL</B>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P> La reproducci&oacute;n y su condici&oacute;n necesaria, el ejercicio de la    sexualidad, deber&iacute;an ser siempre actos deseados y planeados. Lamentablemente,    no es as&iacute;. Prueba de ello son los embarazos no deseados, definidos como    aquellos que ocurren en un momento poco favorable, inoportuno, o que se dan    en una persona que ya no quiere reproducirse. &#191;Por qu&eacute;, en una &eacute;poca    en la que, al menos en teor&iacute;a, existen los medios para regular la fecundidad,    las mujeres a&uacute;n siguen teniendo este problema?      <blockquote>       <p> &#149; <I>Porque las mujeres y las parejas de Am&eacute;rica Latina y el      Caribe (ALC) desean menos hijos</I> que los que naturalmente resultan del      ejercicio de una vida sexual activa. Las encuestas de demograf&iacute;a y      salud que se han llevado a cabo en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses      de la Regi&oacute;n en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas muestran que, en      promedio, el tama&ntilde;o de la familia se ha reducido de manera importante      en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os: de 6 hijos en 1960<font face="Symbol">-</font>1965      a 3,3 en el primer quinquenio de los a&ntilde;os noventa (1). Sin embargo,      el n&uacute;mero de hijos que las mujeres desear&iacute;an tener es todav&iacute;a      menor. As&iacute;, por ejemplo, en Bolivia, en 1998 el tama&ntilde;o medio      de la descendencia era de 4,2 hijos, mientras que el n&uacute;mero medio de      hijos que las mujeres mencionaban como ideal era de 2,6 (2). En Colombia,      en el a&ntilde;o 2000, el tama&ntilde;o de la familia era en promedio de 2,6      hijos, mientras que el n&uacute;mero deseado de hijos era, en promedio, de      2,3 (3). Estos datos, de por s&iacute; ilustrativos, son medias nacionales      que ocultan grandes diferencias seg&uacute;n la edad, escolaridad y lugar      de residencia. Por ejemplo, en M&eacute;xico, en 1997 las mujeres de 15 a      19 a&ntilde;os declararon que su n&uacute;mero ideal de hijos era, en promedio,      de 2,7, mientras que las del grupo de 45 a 49 a&ntilde;os respondieron que      era de 4; aquellas sin escolaridad dijeron que el n&uacute;mero ideal era      de 4,3 y las que ten&iacute;an educaci&oacute;n secundaria o superior aspiraban      a 2,7. Finalmente, las de origen rural se&ntilde;alaron que su tama&ntilde;o      ideal de descendencia era de 3,8 y las de origen urbano, de 3 (4). En todos      los pa&iacute;ses donde se ha recogido este tipo de informaci&oacute;n se      han observado tendencias similares. </p> </blockquote>     <P> Este cambio refleja profundas y complejas transformaciones sociales y culturales    a las que contribuyen un sinn&uacute;mero de circunstancias, entre ellas el    descenso de la mortalidad infantil y mayores expectativas de los padres para    el desarrollo personal de los hijos, las crecientes escolaridad y participaci&oacute;n    de la mujer en el mercado laboral, las pol&iacute;ticas de poblaci&oacute;n    y los mensajes oficiales sobre el valor de una familia menos numerosa, as&iacute;    como las caracter&iacute;sticas de la vida urbana.      <P> Las expectativas reproductivas est&aacute;n influenciadas por la cultura y    la ideolog&iacute;a, y difieren seg&uacute;n el grupo social y el contexto hist&oacute;rico.    El papel que se les asigna a las mujeres en la sociedad est&aacute; &iacute;ntimamente    relacionado con las expectativas reproductivas y var&iacute;a dentro de una    amplia gama que va desde el papel exclusivo de madre y cuidadora de los hijos    hasta su desempe&ntilde;o pleno como trabajadora o profesional.      <blockquote>       <p> &#149; <I>Porque a&uacute;n no todas las personas pueden controlar su fecundidad</I>.      En la segunda mitad del siglo XX aparecieron y se desarrollaron los m&eacute;todos      anticonceptivos modernos, que son muy eficaces y seguros y que, por primera      vez en la historia de la humanidad, permitieron llevar las expectativas reproductivas      a la pr&aacute;ctica. En efecto, la anticoncepci&oacute;n moderna es la herramienta      id&oacute;nea para que las mujeres y las parejas puedan elegir el momento      en que inician la reproducci&oacute;n, el n&uacute;mero de hijos que van a      tener y el espaciamiento entre los embarazos. </p> </blockquote>     <P> En la Regi&oacute;n se ha observado una tendencia constante al aumento del    uso de m&eacute;todos anticonceptivos. As&iacute;, por ejemplo, en Bolivia (uno    de los pa&iacute;ses con una prevalencia de uso m&aacute;s baja) la proporci&oacute;n    de mujeres en edad f&eacute;rtil que utiliza anticoncepci&oacute;n ha aumentado    del 30,3% en 1989 (5) al 45,3% en 1994 (6) y al 48,3% en 1998 (2), y en Nicaragua    del 49% en 1993 (7) al 60,3% en 1998 (8). En el otro extremo del espectro (pa&iacute;ses    con frecuencias de uso elevadas), Colombia muestra un aumento del 72% en 1995    (9) al 77% en 2000 (3) y en M&eacute;xico se observa una tendencia ascendente    sin interrupciones: del 63,1% en 1992 al 66,5% en 1996 y al 70,8% en 2000 (4).      <P> Sin embargo, en la pr&aacute;ctica, existen mujeres que no desean reproducirse    pero siguen expuestas al "riesgo" de quedar embarazadas, por estar en edad reproductiva    y llevar una vida sexual activa sin usar ning&uacute;n m&eacute;todo anticonceptivo    o porque utilizan m&eacute;todos "tradicionales" como el ritmo o el coito interrupto,    de escasa eficacia para evitar el embarazo. Dem&oacute;grafos y especialistas    en reproducci&oacute;n se refieren a este grupo de la poblaci&oacute;n como    aquellas personas con una "necesidad no satisfecha de planificaci&oacute;n familiar    o anticoncepci&oacute;n". La proporci&oacute;n de mujeres que se encuentra en    esta situaci&oacute;n no es despreciable: en Bolivia, por ejemplo, ascend&iacute;a    al 26% en 1998 (2), en Nicaragua al 14,7% en 1998 (8) y en M&eacute;xico al    12,1% en 1997 (10). Seg&uacute;n el Instituto Alan Guttmacher, en 1994 exist&iacute;an    8 millones de mujeres con esta necesidad insatisfecha en Brasil, 1,8 millones    en Colombia, 6,7 millones en M&eacute;xico, 1,9 millones en Per&uacute; y 351    000 en la Rep&uacute;blica Dominicana (1).      <P> Diversas encuestas realizadas en distintos pa&iacute;ses proporcionan algunas    indicaciones sobre las razones que subyacen a esta situaci&oacute;n (1). La    falta de conocimientos sobre los anticonceptivos es una de ellas, si bien en    los &uacute;ltimos a&ntilde;os se menciona menos frecuentemente que antes. En    cambio, contribuye m&aacute;s el conocimiento deficiente de c&oacute;mo utilizar    un m&eacute;todo determinado (especialmente los anticonceptivos orales), resultado    de la ausencia total de asesoramiento (esto sucede, por ejemplo, cuando se adquieren    los anticonceptivos en la farmacia y no se accede a una consulta con una persona    cualificada) o de un asesoramiento deficiente. Este desconocimiento hace que    el fracaso de los m&eacute;todos sea frecuente.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P> Otras razones que explican la "necesidad no satisfecha" son el temor (infundado,    por cierto) a los efectos secundarios de los m&eacute;todos, la oposici&oacute;n    de la pareja, la postura de algunas iglesias (sobre todo la Cat&oacute;lica    y grupos asociados con ella) y las barreras para conseguir los m&eacute;todos    (inexistencia de servicios, costos, diferencias culturales o ling&uuml;&iacute;sticas).    Estas barreras, junto con la deficiente calidad de los servicios, representan    factores particularmente importantes para ciertos grupos de mujeres (rurales    e ind&iacute;genas, sobre todo), los hombres y los adolescentes, cuyas necesidades    de atenci&oacute;n son diferentes de las de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n    usuaria.      <blockquote>        <p> &#149; <I>Porque existen relaciones sexuales que no son voluntarias ni deseadas</I>,      cuyas expresiones extremas son la violaci&oacute;n y la violencia sexual,      o cuando existe una fuerte presi&oacute;n social para el inicio de la vida      sexual, como sucede en algunos grupos de adolescentes. Mientras existan relaciones      no planeadas y sin el consentimiento de la mujer, existir&aacute;n los embarazos      no deseados. Muchos pa&iacute;ses de la Regi&oacute;n permiten la interrupci&oacute;n      legal del embarazo en caso de violaci&oacute;n, pero aun en estas circunstancias,      muchas mujeres se ven obligadas a continuar con un embarazo no deseado secundario      a violaci&oacute;n debido a que desconocen la ley o a que la organizaci&oacute;n      de los servicios de salud no facilita el acceso a este procedimiento. </p>       <p> &#149; <I>Porque los m&eacute;todos anticonceptivos fallan</I> y no hay      ninguno que sea eficaz en un 100%. Se estima que cada a&ntilde;o ocurren en      el mundo entre 8 y 30 millones de embarazos debidos al fracaso de los m&eacute;todos      anticonceptivos o a su uso incorrecto (11). Si bien una mejor informaci&oacute;n      contribuir&iacute;a a reducir estas cifras, nunca lograr&aacute;n evitarse      totalmente los embarazos no deseados debidos a esta causa. </p> </blockquote>     <P> Los embarazos no deseados que resultan de relaciones sexuales no consensuadas    o del fracaso de los m&eacute;todos anticonceptivos son m&aacute;s de los que    deber&iacute;an, considerando que existe un m&eacute;todo seguro y eficaz para    prevenir el embarazo tras una relaci&oacute;n sexual sin protecci&oacute;n:    la anticoncepci&oacute;n de emergencia.<SUP><a name="top2"></a><a href="#back2">2</a></SUP>    Lamentablemente, este recurso no est&aacute; disponible en toda la Regi&oacute;n,    debido a que los responsables de pol&iacute;ticas y programas de muchos pa&iacute;ses    no lo han aprobado oficialmente por confundir este m&eacute;todo anticonceptivo    con un m&eacute;todo abortivo.      <P> Los embarazos no deseados son especialmente comunes en adolescentes, mujeres    solteras y mayores de 40 a&ntilde;os; sin embargo, tambi&eacute;n se dan en    otros grupos de edad. Su frecuencia parece ser mayor entre las mujeres de escasos    recursos y bajo nivel educativo, aunque ocurren en todas las clases sociales.    Sus consecuencias no solo afectan a las mujeres, sino tambi&eacute;n a los hombres    y a las familias.     <P>&nbsp;     <P> <B>CONSECUENCIAS DEL EMBARAZO NO DESEADO</B>      <P> Ante un embarazo no deseado, las mujeres y las parejas enfrentan decisiones    dif&iacute;ciles. Las opciones que se abren son b&aacute;sicamente dos:      <blockquote>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &#149; Intentar interrumpir el embarazo a trav&eacute;s de un aborto inducido,      con todos los riesgos y consecuencias que este procedimiento conlleva en sociedades      en las que est&aacute; legalmente restringido. </p>       <p> &#149; Continuar con el embarazo no deseado. </p> </blockquote>     <P> Cualquiera de estas decisiones tiene consecuencias sobre la salud y la situaci&oacute;n    social y econ&oacute;mica de la mujer, su pareja y su familia. Adem&aacute;s,    tambi&eacute;n influyen en las condiciones de salud y de desarrollo de las sociedades.      <P> Las consecuencias sobre la salud de las mujeres son indirectas: las m&aacute;s    graves se derivan del aborto inducido al que las mujeres recurren para tratar    de evitar el embarazo no deseado, y que se realiza en condiciones de clandestinidad    e inseguridad. La continuaci&oacute;n de los embarazos no deseados tambi&eacute;n    tiene consecuencias sobre la salud de la madre y del hijo, ya que estos ocurren    con mayor frecuencia en mujeres en ambos extremos de la edad reproductiva, per&iacute;odos    durante los cuales los riesgos son mayores. Los dos tipos de implicaciones sobre    la salud se detallan en las secciones que siguen. Finalmente, los embarazos    no deseados tienen consecuencias que van m&aacute;s all&aacute; del individuo    y afectan a toda la sociedad. Estas situaciones tambi&eacute;n se describen    en este trabajo.      <P> <B>Consecuencias del embarazo no deseado sobre la salud</B>      <P> <B>Aborto inducido.</B> Las consecuencias m&aacute;s graves del embarazo no    deseado sobre la salud son los problemas que resultan de un aborto inseguro.    En los Estados Unidos de Am&eacute;rica (EE.UU.) se sabe que aproximadamente    la mitad de los embarazos no deseados terminan en aborto (12). Algunas estimaciones    se&ntilde;alan que en ALC el aborto inducido es el camino elegido en un 17 a    35% de los casos (1).      <P> La interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo ha ocurrido en todas las culturas    y en todas las &eacute;pocas, a veces legal y culturalmente aceptado, otras    rechazado con violencia. Es un problema complejo que puede abordarse desde la    &eacute;tica y la filosof&iacute;a, el derecho, la pol&iacute;tica, la sicolog&iacute;a,    la sociolog&iacute;a, la historia y las ciencias de la salud. Sin embargo, cuando    se estudia el aborto inducido desde esta &uacute;ltima perspectiva, es imprescindible    dejar de lado los profundos conflictos que el tema despierta en individuos,    parejas y familias y, en general, en la sociedad, para encararlo como uno de    los m&aacute;s importantes problemas de salud p&uacute;blica que enfrentamos    en la Regi&oacute;n. Esta afirmaci&oacute;n se sustenta en varias consideraciones    que se detallan a continuaci&oacute;n.      <P> <B><I>El aborto inducido es una de las principales causas de enfermedad y    muerte para las mujeres de Am&eacute;rica Latina y el Caribe.</I></B> El aborto    que se realiza en condiciones inseguras se acompa&ntilde;a con frecuencia de    complicaciones secundarias al procedimiento utilizado. Por ejemplo, cuando se    introducen objetos no est&eacute;riles o punzantes en el &uacute;tero, los riesgos    que enfrenta la mujer son enormes, y se agravan cuando esta no cuenta con informaci&oacute;n    que le permita identificar los signos de las complicaciones, cuando retrasa    la b&uacute;squeda de atenci&oacute;n por temor, verg&uuml;enza o desconocimiento    de ad&oacute;nde acudir, o cuando la calidad de la atenci&oacute;n es deficiente.    En un estudio realizado en Brasil se estim&oacute; que el 20% de los abortos    clandestinos realizados por m&eacute;dicos en cl&iacute;nicas y el 50% de los    efectuados en casas particulares por la propia mujer o por personal sin entrenamiento    se complican. (13) Estos datos contrastan con los provenientes de pa&iacute;ses    donde el aborto es legal y se realiza en buenas condiciones, donde solo el 5%    de las mujeres que interrumpen su embarazo sufre alg&uacute;n problema.      <P> Las complicaciones inmediatas m&aacute;s frecuentes del aborto inseguro son    la perforaci&oacute;n del &uacute;tero, la hemorragia y la infecci&oacute;n.    A medio plazo, la infertilidad es una secuela frecuente. Lamentablemente, no    se cuenta con datos sistem&aacute;ticos y precisos para cuantificar la morbilidad    que ocurre como consecuencia del aborto inducido, excepto en los casos en los    que la mujer acude a un centro hospitalario. Un estudio realizado en el Instituto    Mexicano del Seguro Social muestra que el 63% de los internamientos de pacientes    con problemas relacionados con el embarazo corresponden a complicaciones secundarias    a un aborto (14). Esta proporci&oacute;n es alt&iacute;sima y est&aacute; muy    por encima de la causa de internamiento que le sigue en frecuencia, la hemorragia    (19%). Todas las mujeres que, bien o mal, resuelven su problema en el hogar    o en la comunidad (fuera de los hospitales) no quedan registradas en ninguna    estad&iacute;stica oficial.      <P> Cuando se acompa&ntilde;a de sentimientos de culpa y se lleva a cabo en condiciones    traum&aacute;ticas, el aborto inducido tambi&eacute;n tiene consecuencias psicol&oacute;gicas    como depresi&oacute;n, ansiedad y miedo. No obstante, es importante se&ntilde;alar    que la continuaci&oacute;n de un embarazo no deseado y la experiencia de ser    madre contra voluntad tambi&eacute;n suele tener consecuencias emocionales graves    (15). Por ahora no existen cifras en nuestra Regi&oacute;n que permitan estimar    la frecuencia de las complicaciones emocionales del aborto inducido. No obstante,    es posible afirmar que la decisi&oacute;n entre continuar un embarazo no deseado    o interrumpirlo es siempre dif&iacute;cil y dolorosa para la mujer y quienes    la rodean.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P> El aborto inducido es tambi&eacute;n una importante causa de muerte materna    (defunciones que ocurren como consecuencia de problemas del embarazo y el parto    o de complicaciones surgidas durante el puerperio, o que se derivan de una mala    atenci&oacute;n). En efecto, cuando un aborto se realiza en condiciones inseguras    y la mujer con complicaciones no tiene acceso a atenci&oacute;n oportuna y de    buena calidad, el riesgo de morir es muy alto.      <P> Conocer el n&uacute;mero de muertes que ocurren en Am&eacute;rica Latina como    consecuencia del aborto ser&iacute;a un dato importante para analizar y abordar    el problema. Lamentablemente, solo contamos con aproximaciones a la cifra real,    debido a la calidad deficiente de nuestras estad&iacute;sticas oficiales relativas    a la mortalidad materna, as&iacute; como a la clandestinidad del procedimiento.      <P> Actualmente, se est&aacute; realizando en M&eacute;xico un proyecto de investigaci&oacute;n    que aportar&aacute; informaci&oacute;n emp&iacute;rica sobre esta cuesti&oacute;n.<SUP><a name="top3"></a><a href="#back3">3</a></SUP>    En este proyecto se van a visitar familiares o vecinos de mujeres fallecidas    por causas maternas confirmadas o "probablemente maternas" en dos &aacute;reas    del pa&iacute;s; el objetivo es conocer las circunstancias que rodearon la muerte    e identificar aquellos casos en los que podr&iacute;an haber participado las    complicaciones de un aborto inducido. Para estas entrevistas se utilizar&aacute;    la t&eacute;cnica de la "autopsia verbal". Dado que el tema es sumamente delicado,    las entrevistas se realizar&aacute;n por personal entrenado espec&iacute;ficamente    para este prop&oacute;sito y se garantizar&aacute; la confidencialidad de los    informantes. Los datos que se obtengan sobre la contribuci&oacute;n del aborto    inducido a las muertes maternas permitir&aacute;n ajustar las cifras nacionales    y conocer la verdadera proporci&oacute;n de la mortalidad materna que se debe    a esta causa.      <P> En nuestros pa&iacute;ses la calidad de la informaci&oacute;n sobre la mortalidad    materna es en general deficiente, debido a que una importante proporci&oacute;n    de la poblaci&oacute;n a&uacute;n no accede a instituciones de salud y, en consecuencia,    sus muertes no quedan asentadas en ning&uacute;n registro oficial. Otro factor    que contribuye a la mala calidad de la informaci&oacute;n es la inadecuada clasificaci&oacute;n    de las muertes maternas como resultado de la deficiente cumplimentaci&oacute;n    de los certificados de defunci&oacute;n. Esto sucede porque a menudo dichos    certificados son rellenados por personas sin entrenamiento o porque los m&eacute;dicos    prefieren no incluir datos sobre complicaciones del aborto que podr&iacute;an    atraer nuevas averiguaciones e, incluso, enfrentarlos a consecuencias legales.    Adem&aacute;s, las muertes maternas que ocurren m&aacute;s de 42 d&iacute;as    despu&eacute;s del aborto o el nacimiento (aproximadamente el 11% del total    (16, 17) generalmente no se incluyen en la categor&iacute;a de muerte materna.    Todas estas circunstancias explican que el 30 a 50% de las muertes maternas    no queden registradas como tal (18, 19). En otras palabras, el n&uacute;mero    real de muertes maternas es aproximadamente del doble de lo que reflejan las    estad&iacute;sticas oficiales.      <P> Es razonable suponer que el subregistro sea a&uacute;n mucho m&aacute;s importante    para las muertes que ocurren como consecuencia de un aborto inducido en condiciones    de clandestinidad. En efecto, el temor a la censura y a las consecuencias legales    que sienten las mujeres, sus familiares y los profesionales de la salud determina    que muchas de estas defunciones queden registradas bajo otras causas, como infecci&oacute;n    o hemorragia. Estudios realizados en Brasil (20) y Colombia (17) estimaron que    alrededor del 60% de las muertes maternas clasificadas bajo la categor&iacute;a    de "infecci&oacute;n" estaban asociadas con un aborto. Otro factor que contribuye    al subregistro es que, si el embarazo fue muy reciente, la condici&oacute;n    de gravidez ni siquiera se menciona en el certificado.      <P> La mala calidad de la informaci&oacute;n disponible obliga a recurrir a c&aacute;lculos    indirectos para estimar el n&uacute;mero de muertes maternas que ocurren en    Am&eacute;rica Latina como consecuencia del aborto (21). Royston et al. (22)    hicieron un ejercicio de este tipo. En primer lugar, tomaron el n&uacute;mero    de muertes maternas registradas oficialmente como tales y corrigieron estas    cifras por el subregistro de la mortalidad materna en general, calculado en    un 50%. En pocas palabras, multiplicaron por dos el n&uacute;mero de muertes    maternas registradas oficialmente. En 1990, a&ntilde;o que tomaron los autores    como ejemplo, hubo en la Regi&oacute;n 14 000 muertes maternas que, una vez    ajustadas por el subregistro del 50%, ascendieron a 28 000. Seg&uacute;n cifras    oficiales, aproximadamente el 17% de la mortalidad materna se debe al aborto    inducido, lo que nos dar&iacute;a un n&uacute;mero de 4 760 (17% de 28 000)    mujeres fallecidas a consecuencia de la interrupci&oacute;n del embarazo. Esta    cifra todav&iacute;a est&aacute; subestimada, ya que falta corregirla por el    subregistro de las muertes maternas debidas espec&iacute;ficamente al aborto    y mal clasificadas bajo los rubros de hemorragia o infecci&oacute;n, que se    estima en un 50%. Al hacer esta correcci&oacute;n se llega a una cifra de alrededor    de 10 000 (4 760 <font face="Symbol">&acute;</font> 2) muertes por aborto por    a&ntilde;o en Am&eacute;rica Latina.      <P> El lugar que ocupa el aborto entre las causas de muerte materna var&iacute;a    en los distintos pa&iacute;ses, con proporciones m&aacute;s elevadas en el Cono    Sur. Es evidente que las muertes por aborto son menos frecuentes cuando el uso    de anticonceptivos es m&aacute;s alto (y, por lo tanto, es menor la proporci&oacute;n    de embarazos no deseados), y cuando la calidad de los servicios para la atenci&oacute;n    de las complicaciones es mejor (23). Tomando en cuenta esta variaci&oacute;n,    es posible estimar que ocurren entre 83 y 250 muertes por cada 100 000 abortos.    En promedio, en los pa&iacute;ses donde el aborto es legal, la cifra es de 0,6    por cada 100 000 interrupciones del embarazo (21).      <P> Las defunciones a consecuencia de un aborto mal practicado son muertes de    mujeres j&oacute;venes, responsables del cuidado de hijos peque&ntilde;os y    de otros miembros de la familia. Adem&aacute;s son muertes totalmente prevenibles,    ya que se podr&iacute;a evitar el embarazo no deseado, contar con procedimientos    seguros para la interrupci&oacute;n del mismo y tratar con eficacia las complicaciones    del aborto, lo que hace que esta realidad sea verdaderamente inaceptable.      <P> <B><I>La atenci&oacute;n a las complicaciones del aborto consume importantes    recursos del sector de la salud. </I></B>De hecho, la atenci&oacute;n de estos    problemas ocupa el segundo lugar en uso de recursos hospitalarios para la atenci&oacute;n    obst&eacute;trica, despu&eacute;s del parto normal, que es el motivo m&aacute;s    com&uacute;n por el que las mujeres en edad reproductiva acuden a una instituci&oacute;n    de salud. El costo de la atenci&oacute;n a las complicaciones del aborto en    distintas instituciones y circunstancias es muy variable y no se ha estimado    de una manera sistem&aacute;tica. Para aproximarse a una cifra ser&iacute;a    necesario considerar los costos hospitalarios directos que resultan de la atenci&oacute;n    de complicaciones graves, m&aacute;s las implicaciones financieras de un aborto    complicado para la mujer, su familia y la comunidad. En algunos contextos, el    costo de un aborto clandestino realizado por un m&eacute;dico en una cl&iacute;nica    equivale a los ingresos anuales de una familia media. Evidentemente, para un    an&aacute;lisis cuidadoso de los costos habr&iacute;a que asignar un valor monetario    a la muerte materna y a las consecuencias de la desaparici&oacute;n de la mujer    sobre la familia, la vida de sus hijos y la comunidad. Atribuir costos a estas    situaciones es un asunto complejo que los economistas de la salud a&uacute;n    no han resuelto.      <P> M&aacute;s all&aacute; de la variabilidad que seguramente existe entre pa&iacute;ses    y grupos sociales, se puede afirmar sin temor a equivocarse que los costos derivados    de incrementar la cobertura y calidad de la planificaci&oacute;n familiar, de    ofrecer educaci&oacute;n sexual y de establecer servicios para adolescentes,    entre otras medidas destinadas a disminuir los embarazos no deseados, son menores    que el costo de la atenci&oacute;n de las complicaciones inmediatas y a largo    plazo del aborto, m&aacute;s las repercusiones financieras que para la familia    y la sociedad implican las muertes maternas. En nuestros pa&iacute;ses, donde    la proporci&oacute;n del producto interno bruto dedicado a la atenci&oacute;n    de la salud est&aacute; a&uacute;n muy por debajo de las recomendaciones internacionales,    resulta particularmente grave que estos recursos limitados se dediquen a problemas    que pueden ser prevenidos con medidas sencillas y de bajo costo.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P> <B><I>El aborto inducido es frecuente.</I></B> El aborto inducido es, sin    lugar a dudas, frecuente en ALC. Sin embargo, dada la naturaleza ilegal del    mismo, no se cuenta con datos confiables sobre su incidencia. De hecho, los    n&uacute;meros var&iacute;an en un intervalo muy amplio en funci&oacute;n de    la postura que frente al aborto inducido sustenta quien genera y difunde la    informaci&oacute;n correspondiente.      <P> Las &uacute;nicas estad&iacute;sticas nacionales con las que se cuenta se    refieren al n&uacute;mero de hospitalizaciones por aborto. Ciertas t&eacute;cnicas    estad&iacute;sticas permiten estimar, a partir de este dato, la frecuencia del    aborto inducido. Seg&uacute;n los resultados de un ejercicio llevado a cabo    por el Instituto Alan Guttmacher, en seis pa&iacute;ses que re&uacute;nen al    70% de la poblaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina (Brasil, Chile, Colombia,    M&eacute;xico, Per&uacute; y la Rep&uacute;blica Dominicana) se realizan por    a&ntilde;o aproximadamente 2,8 millones de abortos inducidos (1). Si estos resultados    se extrapolaran a toda la Regi&oacute;n, el n&uacute;mero de abortos inducidos    por a&ntilde;o alcanzar&iacute;a unos 4 millones. Un fen&oacute;meno de esta    magnitud, con las graves repercusiones ya mencionadas, constituye, sin lugar    a dudas, un grave problema de salud p&uacute;blica.      <P> <B><I>El nivel socioecon&oacute;mico de la mujer determina sus riesgos ante    un aborto inducido.</I></B> Los riesgos que una mujer enfrenta ante un aborto    inducido son un reflejo de la desigualdad social que prevalece en ALC. As&iacute;,    las mujeres con recursos que viven en &aacute;reas urbanas tienen la opci&oacute;n    de interrumpir un embarazo no deseado en condiciones mucho m&aacute;s seguras    que las que habitan en zonas rurales y son de bajo nivel socioecon&oacute;mico.    Las primeras suelen tener acceso a profesionales de la salud capacitados para    hacer un aborto, mientras que las segundas suelen provoc&aacute;rselo ellas    mismas o con la asistencia de una persona sin entrenamiento ni la infraestructura    necesaria. Los m&eacute;todos que las mujeres llegan a utilizar en el intento    por resolver su problema solo pueden ser vistos como un reflejo de su desesperaci&oacute;n:    introducci&oacute;n de sondas o alambres, ca&iacute;das por las escaleras, golpes    que se dan ellas mismas o sus parejas. Por su parte, las mujeres con informaci&oacute;n    y recursos acuden a profesionales que utilizan t&eacute;cnicas seguras, mitigan    el dolor con anest&eacute;sicos o analg&eacute;sicos y suelen indicar antibi&oacute;ticos    profil&aacute;cticos para evitar infecciones (1). La inequidad es brutal, tal    vez la m&aacute;s sobresaliente en el campo de la salud reproductiva. Baste    recordar que un aborto inducido en condiciones &oacute;ptimas representa para    la mujer menor riesgo que una inyecci&oacute;n de penicilina o un parto normal.      <P> En ALC, la mayor&iacute;a de las constituciones nacionales establecen el derecho    universal a la protecci&oacute;n de la salud (24). Es, por lo tanto, una responsabilidad    social ineludible responder a las necesidades de todas las mujeres por igual,    sin distinci&oacute;n de clase social. Una sociedad que admita que algunas de    sus mujeres accedan a un aborto inducido sin riesgos ni dificultades mientras    que otras experimentan los peligros arriba mencionados, no es una sociedad democr&aacute;tica.      <P> <B><I>La calidad de la atenci&oacute;n tras el aborto adolece de importantes    limitaciones</I>. </B>Es com&uacute;n que las mujeres que padecen complicaciones    derivadas de un aborto inducido acudan a servicios p&uacute;blicos en busca    de un tratamiento para sus problemas. Desafortunadamente, la atenci&oacute;n    tras un aborto suele ser de baja calidad t&eacute;cnica y humana. En primer    lugar, en la mayor&iacute;a de los servicios se utiliza el legrado instrumental    para evacuar la cavidad uterina, m&eacute;todo peligroso en manos no entrenadas.    Esta t&eacute;cnica sigue siendo la m&aacute;s com&uacute;n a pesar de que actualmente    se cuenta con la aspiraci&oacute;n endouterina, que es m&aacute;s sencilla,    segura y barata. En segundo lugar, es importante recordar que las mujeres que    interrumpen un embarazo no deseado est&aacute;n en alto riesgo de repetir la    experiencia; no obstante, solo una muy baja proporci&oacute;n de las que acuden    a un servicio para la atenci&oacute;n de un aborto incompleto o de sus complicaciones    son dadas de alta con la informaci&oacute;n necesaria o con un m&eacute;todo    anticonceptivo que las proteja de un nuevo embarazo no deseado. Finalmente,    el trato que reciben las mujeres en estas circunstancias se caracteriza con    demasiada frecuencia por la rudeza, la cr&iacute;tica abierta o solapada, las    largas esperas y la falta de respeto a su pudor (25).      <P> Son varias las circunstancias que contribuyen a esta situaci&oacute;n: a la    falta de recursos que aqueja a nuestros servicios de salud se agrega una actitud    punitiva del personal o, por lo menos, de indiferencia ante las dif&iacute;ciles    circunstancias f&iacute;sicas y emocionales que padecen las mujeres en estas    circunstancias. En todo pa&iacute;s, independientemente de la postura oficial    ante el aborto inducido, es imprescindible reconocer que las complicaciones    derivadas de este son un problema de salud p&uacute;blica de la m&aacute;s alta    prioridad y que todos los esfuerzos por lograr una mejor&iacute;a de la calidad    de la atenci&oacute;n est&aacute;n plenamente justificados.      <P> Otras consecuencias del embarazo no deseado sobre la salud se derivan de que    es m&aacute;s frecuente en los extremos de la edad reproductiva: durante la    adolescencia y en la edad madura. En ambos per&iacute;odos, los riesgos durante    el embarazo, parto y puerperio son mayores que entre los 20 y los 40 a&ntilde;os,    seg&uacute;n se describe en la pr&oacute;xima secci&oacute;n.      <P> <B>Embarazo en adolescentes </B>      <P> El embarazo en mujeres de menos de 19 a&ntilde;os es com&uacute;n en la regi&oacute;n.    Encuestas recientes se&ntilde;alan que el 14% de las gestaciones en Bolivia    en 1998 fueron de adolescentes (2), el 19% en Colombia en 2000 (3), el 27% en    Nicaragua en 1998 (8) y el 17% en Paraguay en 1990 (26). Otra manera de apreciar    la magnitud del problema es calcular la proporci&oacute;n de menores de 19 a&ntilde;os    que est&aacute;n embarazadas o ya han tenido por lo menos un hijo cuando se    realiza una encuesta. Esta categor&iacute;a (adolescentes embarazadas o con    un hijo o m&aacute;s) represent&oacute; un 44% en Bolivia en 1994 (6), un 39%    en Colombia en 1995 (9) y un 41% en Paraguay en 1996 (27). En M&eacute;xico,    el 15,2% de las menores de 20 a&ntilde;os ya tuvo su primer hijo (4). Esta alta    frecuencia de embarazos en adolescentes se asocia, obviamente, con un inicio    temprano de la vida sexual. En M&eacute;xico, por ejemplo, el 11% de las adolescentes    de la cohorte 1965<font face="Symbol">-</font>1969 inici&oacute; su vida sexual    activa antes de los 16 a&ntilde;os. Esta fracci&oacute;n era de casi el doble    entre las j&oacute;venes de &aacute;reas rurales y cinco veces mayor en las    mujeres sin instrucci&oacute;n, en comparaci&oacute;n con las que concluyeron    la primaria. Finalmente, otro dato interesante para ilustrar el problema del    embarazo en adolescentes es que las parejas j&oacute;venes utilizan anticonceptivos    con menor frecuencia que los adultos para retrasar el primer embarazo (en M&eacute;xico,    solo el 17,5% de las parejas sin hijos lo hace). Esta baja utilizaci&oacute;n    de anticonceptivos determina un alto riesgo de embarazo en las j&oacute;venes    (4).      <P> En ALC no sabemos cu&aacute;ntos de los embarazos en adolescentes son deseados.    Sin embargo, es de suponer que una buena proporci&oacute;n de estas madres j&oacute;venes    hubieran preferido evitarlos, de haber contado con los recursos para ello. La    prevenci&oacute;n de un embarazo no deseado en este grupo de edad es a&uacute;n    m&aacute;s trascendente que en otros momentos de la vida, debido a las consecuencias    biol&oacute;gicas y sociales, tanto para la madre como para el ni&ntilde;o,    de los embarazos a edades tempranas:      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p> &#149; Las madres muy j&oacute;venes (especialmente las menores de 15 a&ntilde;os)      tienen una mortalidad materna 2,5 veces mayor que las de 20 a 24 a&ntilde;os      (28<font face="Symbol">-</font>30). </p>       <p> &#149; Las adolescentes corren mayor riesgo de ganar poco peso durante el      embarazo, sufrir hipertensi&oacute;n inducida por el embarazo, anemia, infecciones      de transmisi&oacute;n sexual y desproporci&oacute;n cefalop&eacute;lvica (29).    </p>       <p> &#149; Las adolescentes corren mayor riesgo de sufrir violencia y abuso      sexual. </p>       <p> &#149; Ante un embarazo que la adolescente no est&aacute; en condiciones      de llevar a t&eacute;rmino, la joven suele carecer de conocimientos, recursos      y orientaci&oacute;n para resolver su situaci&oacute;n. Sola y vulnerable,      recurre a los m&eacute;todos m&aacute;s peligrosos con el fin de interrumpir      el embarazo. Asimismo, el miedo a la censura la lleva a retrasar la asistencia      a los servicios de salud para buscar ayuda frente a las complicaciones derivadas      de un aborto incompleto. Esta cadena de acontecimientos coloca a la joven      en alto riesgo de enfermedad y muerte. </p>       <p> &#149; Los hijos de madres menores de 15 a&ntilde;os corren un riesgo dos      veces mayor de tener bajo peso al nacer (&lt; 2 500 g) y tres veces mayor      de morir en los primeros 28 d&iacute;as de vida que los ni&ntilde;os de madres      de mayor edad (30). </p>       <p> &#149; La incidencia de muerte s&uacute;bita es mayor entre los hijos de      adolescentes y, m&aacute;s adelante, estos ni&ntilde;os tambi&eacute;n sufren      con mayor frecuencia enfermedades y accidentes (28). </p>       <p> &#149; Los hijos de madres adolescentes corren mayor riesgo de morir durante      sus primeros 5 a&ntilde;os de vida. Un estudio comparativo para el que se      usaron datos de encuestas de demograf&iacute;a y salud de 20 pa&iacute;ses      muestra que este riesgo es un 28% mayor para los hijos de adolescentes que      para los de madres de 20<font face="Symbol">-</font>29 a&ntilde;os (31). Esta      mayor mortalidad es consecuencia de las condiciones en las que se cr&iacute;an      estos ni&ntilde;os, caracterizadas por la pobreza, los cuidados deficientes      y una utilizaci&oacute;n menor y m&aacute;s tard&iacute;a de los servicios      de salud. </p> </blockquote>     <P> En general, este conjunto de problemas resulta de una combinaci&oacute;n de    factores: el bajo nivel socioecon&oacute;mico, la inmadurez f&iacute;sica de    la madre, la falta de atenci&oacute;n prenatal, los h&aacute;bitos inadecuados    relacionados con la salud (nutrici&oacute;n y tabaquismo, por ejemplo) y la    inmadurez emocional.      <P> El embarazo tambi&eacute;n tiene consecuencias sobre las oportunidades de    desarrollo de las j&oacute;venes. As&iacute;, se ha observado repetidamente    que las adolescentes embarazadas abandonan la escuela con mayor frecuencia que    el resto, tienen mayor probabilidad de ser madres solteras o solas, van a tener    un n&uacute;mero mayor de hijos al final de su vida reproductiva y sus oportunidades    de alcanzar un trabajo remunerado son menores (12).      ]]></body>
<body><![CDATA[<P> &#191;Cu&aacute;ntos embarazos no deseados y sus consecuencias se evitar&iacute;an    si las j&oacute;venes y sus parejas recibieran una adecuada y oportuna educaci&oacute;n    sexual y tuvieran acceso a programas y servicios de planificaci&oacute;n familiar?    A&uacute;n cuando no se tiene una respuesta concluyente, es posible suponer    que muchos. Sin lugar a dudas, las adolescentes y las parejas j&oacute;venes    deben ser un objetivo prioritario de todos los esfuerzos por prevenir embarazos    no deseados, ya que estos se concentran en este grupo de edad y sus consecuencias    son aun m&aacute;s graves que en otras etapas de la vida.      <P> <B>Embarazo en mujeres mayores</B>      <P> Hacia el final de la vida reproductiva las mujeres generalmente ya han tenido    los hijos que deseaban o aun m&aacute;s de los que hab&iacute;an previsto en    su juventud. Sin embargo, todav&iacute;a son f&eacute;rtiles y pueden quedar    embarazadas sin desearlo. Si una mujer de esta edad decide llevar adelante su    gestaci&oacute;n, los riesgos que enfrenta son mayores que en etapas m&aacute;s    tempranas de la vida. As&iacute;, por ejemplo, la mortalidad y morbilidad maternas    en madres mayores de 40 a&ntilde;os son varias veces mayores que entre las m&aacute;s    j&oacute;venes (32, 33). Adem&aacute;s, en esta etapa de la vida los problemas    cr&oacute;nicos, tales como la diabetes y la hipertensi&oacute;n, son m&aacute;s    comunes y pueden agravarse como resultado del embarazo. Los riesgos para el    feto (defectos cromos&oacute;micos como el s&iacute;ndrome de Down, malformaciones    cong&eacute;nitas, sufrimiento fetal y bajo peso al nacer) tambi&eacute;n son    mayores que cuando la embarazada es m&aacute;s joven.      <P> Esta mayor vulnerabilidad a&ntilde;ade dramatismo a las alternativas que una    mujer en esta etapa de la vida debe considerar ante un embarazo no deseado:    la interrupci&oacute;n de la gestaci&oacute;n y sus consecuencias, o su continuaci&oacute;n,    con los riesgos que conlleva. Ello sin mencionar los problemas que representa    agregar un hijo m&aacute;s a una familia que a esas alturas probablemente ya    sea numerosa.      <P> <B>Suicidios y homicidios</B>      <P> Ante un embarazo no deseado, una mujer puede recurrir al suicidio o ser v&iacute;ctima    de un homicidio. Que una mujer acabe con su propia vida como respuesta a un    embarazo no deseado es, seguramente, una de las consecuencias m&aacute;s tr&aacute;gicas    de este problema. De igual forma, es inadmisible que la mujer pague con su vida    el desacuerdo de su pareja o de otros miembros de la familia con el embarazo.      <P> Diversos autores han expresado su preocupaci&oacute;n sobre estas consecuencias    del embarazo no deseado y se han referido a ellas como "el tema ausente" en    los estudios sobre la mortalidad materna (34<font face="Symbol">-</font>36).    En la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses desarrollados ya pr&aacute;cticamente    no existen el suicidio y el homicidio relacionados con un embarazo no deseado    (34), probablemente porque en estos lugares las legislaciones y los sistemas    de salud ofrecen mejores opciones y m&aacute;s protecci&oacute;n a las mujeres    que enfrentan este problema. Unos pocos estudios en pa&iacute;ses en desarrollo    y, en particular, en Am&eacute;rica Latina, permiten apreciar la magnitud de    este problema. En Matlab, Bangladesh, en el per&iacute;odo 1976<font face="Symbol">-</font>1986    se demostr&oacute; que de 409 muertes maternas, 17 (4%) fueron suicidios y 8    (2%) homicidios (37). En una regi&oacute;n de Zimbabwe, en el per&iacute;odo    1989<font face="Symbol">-</font>1990, se demostr&oacute; que de 175 muertes    maternas, 4 mujeres se suicidaron porque no deseaban el embarazo, cifra correspondiente    al 2% de las muertes maternas en esa regi&oacute;n (38). En un estudio realizado    en una provincia de Argentina se registraron seis casos de embarazadas que fallecieron    de muerte violenta entre 1992 y 1996: dos se suicidaron, una fue asesinada y    tres murieron en accidentes (35). Algunos autores sugieren que este podr&iacute;a    ser un problema creciente en pa&iacute;ses en desarrollo (34<font face="Symbol">-</font>36).    La dif&iacute;cil situaci&oacute;n econ&oacute;mica y el temor a la cr&iacute;tica    familiar y social, combinados con la ausencia de leyes y de un sistema social    que proteja a las mujeres con embarazos no deseados, contribuyen seguramente    a la elecci&oacute;n del suicidio e incrementan la probabilidad de que las mujeres    sean v&iacute;ctimas de la violencia de quienes se oponen a dicho embarazo.    Esta es un &aacute;rea poco explorada que merece ser investigada en profundidad    en la Regi&oacute;n. En el estudio de autopsias verbales que se est&aacute;    llevando a cabo en M&eacute;xico se van a analizar los casos de muerte violenta    de mujeres en edad f&eacute;rtil, con la esperanza de documentar la proporci&oacute;n    de mujeres embarazadas que fallecieron en tales circunstancias.      <P> <B>Consecuencias del embarazo no deseado sobre la sociedad</B>      <P> <B>Impacto demogr&aacute;fico.</B> La reproducci&oacute;n ha sido reconocida    como un asunto de derechos humanos y de salud, y sus efectos sobre el crecimiento    poblacional ya no se enfatizan, ni tampoco se utilizan metas demogr&aacute;ficas    como gu&iacute;a para pol&iacute;ticas y programas (39). Sin embargo, es indudable    que la fecundidad<SUP><a name="top4"></a><a href="#back4">4</a></SUP> afecta    el perfil demogr&aacute;fico de una poblaci&oacute;n. De hecho, los tres determinantes    m&aacute;s importantes del crecimiento poblacional observado en el &uacute;ltimo    siglo<SUP><a name="top5"></a><a href="#back5">5</a></SUP> han sido la mortalidad,    que disminuy&oacute; dr&aacute;sticamente como consecuencia de las mejores condiciones    sanitarias, las vacunas, los antibi&oacute;ticos y otras intervenciones altamente    eficaces; la fecundidad, que se mantuvo alta mientras la mortalidad disminu&iacute;a,    y la alta proporci&oacute;n de j&oacute;venes en la estructura demogr&aacute;fica,    que determina un elevado n&uacute;mero de hijos en la siguiente generaci&oacute;n,    incluso cuando la fecundidad individual de cada uno de estos j&oacute;venes    es relativamente baja.<SUP><a name="top6"></a><a href="#back6">6</a> </SUP>      <P> En la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses de la Regi&oacute;n existe preocupaci&oacute;n    por el ritmo acelerado de crecimiento de la poblaci&oacute;n. Sin embargo, existen    excepciones, como Argentina, Chile y Uruguay, cuyas pir&aacute;mides poblacionales    corresponden m&aacute;s a las de pa&iacute;ses que han completado la transici&oacute;n    demogr&aacute;fica. Un an&aacute;lisis detallado de estas diferencias excede    los objetivos de este trabajo. Lo que sigue es relevante, sobre todo, para los    pa&iacute;ses con un crecimiento poblacional todav&iacute;a acelerado.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P> La fecundidad de una poblaci&oacute;n resulta de las expectativas reproductivas    (los hijos que las mujeres y las parejas desean tener) y de su acceso a los    medios que les permiten cumplir con estas expectativas (especialmente los m&eacute;todos    anticonceptivos). Para que la fecundidad y, en consecuencia, el crecimiento    demogr&aacute;fico de un grupo social, un pa&iacute;s o una regi&oacute;n disminuyan,    es esencial que su poblaci&oacute;n aspire a un menor n&uacute;mero de hijos    y tenga acceso a los medios para lograrlo. De esta manera, los embarazos no    deseados se reducir&iacute;an al m&iacute;nimo.      <P> La fecundidad ya no contribuye al aumento poblacional cuando se acerca a los    llamados "valores de reemplazo". Esto sucede cuando cada pareja tiene solamente    dos hijos, que sustituyen, demogr&aacute;ficamente hablando, a sus padres en    la siguiente generaci&oacute;n. La fecundidad media en ALC fue de 2,7 en el    a&ntilde;o 2000 (41), es decir, mayor que la fecundidad de reemplazo.<a name="top7"></a><a href="#back7"><SUP>7</SUP></a>    Este valor medio abarca pa&iacute;ses y grupos con una fecundidad mucho m&aacute;s    alta a&uacute;n, que crecen a ritmos acelerados. Seg&uacute;n los datos que    arrojan las encuestas, el n&uacute;mero de hijos al que las mujeres aspiran    es menor que el que realmente tienen. La diferencia representa a los embarazos    no deseados. Por ello, para lograr un crecimiento poblacional menor en la regi&oacute;n    es esencial, en primer lugar, que las personas logren concretar sus expectativas    reproductivas y evitar los embarazos no deseados y, en segundo t&eacute;rmino,    que deseen un n&uacute;mero a&uacute;n menor de hijos que los que quieren actualmente.      <P> Si las expectativas reproductivas se cumplieran, las mujeres, parejas y familias    no enfrentar&iacute;an las situaciones y decisiones dif&iacute;ciles que se    asocian con embarazos o hijos no deseados; adem&aacute;s, la sociedad en general    se beneficiar&iacute;a, ya que el crecimiento poblacional y las demandas que    se derivan de &eacute;l ser&iacute;an menores. El impacto demogr&aacute;fico    del descenso de la fecundidad a valores m&aacute;s cercanos a los de reemplazo    no ser&iacute;a despreciable: para el a&ntilde;o 2100 se estima que, si la fecundidad    contin&uacute;a como est&aacute; actualmente, habr&aacute; una poblaci&oacute;n    de 8 900 millones en las regiones subdesarrolladas y que la cifra ser&iacute;a    de 7 800 millones si la fecundidad disminuyera a 2 (42).      <P> Se ha comprobado que el inicio tard&iacute;o de la reproducci&oacute;n y el    deseo de menos hijos se asocian con un mayor desarrollo social y, en especial,    con el nivel de escolaridad de la madre. Por ello, los esfuerzos por influir    en las expectativas reproductivas deben concentrarse en los j&oacute;venes (hombres    y mujeres), ya que ellos representan el mayor grupo en la estructura demogr&aacute;fica    actual, son los que van a reproducirse en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas    y, sobre todo, son los m&aacute;s abiertos a cambiar la visi&oacute;n tradicional    del papel de la mujer en la sociedad. Cuantas m&aacute;s oportunidades e incentivos    existan para que las mujeres reciban educaci&oacute;n y se desarrollen como    trabajadoras o profesionales, m&aacute;s se retrasar&aacute; la edad al nacer    el primer hijo y m&aacute;s bajo ser&aacute; el n&uacute;mero de descendientes    que la mujer y su pareja deseen. Si, al mismo tiempo, se garantizara el acceso    efectivo a la anticoncepci&oacute;n para toda la poblaci&oacute;n, el crecimiento    de la poblaci&oacute;n ser&iacute;a menor.      <P> <B>Hijos no deseados y criminalidad.</B> Diversos investigadores han intentado    identificar las circunstancias de la vida o los factores que contribuyen a la    delincuencia juvenil. Dos importantes estudios han demostrado que el rechazo    materno, el trato rudo o err&aacute;tico y la falta de supervisi&oacute;n por    parte de los padres son factores que contribuyen a que los hijos participen    en actividades delictivas durante la juventud (43, 44). En el mismo sentido,    autores finlandeses encontraron que, en orden decreciente, el bajo nivel educativo    de la madre, el hecho de ser madre adolescente, la crianza por solo uno de los    padres, el que la madre no haya deseado el embarazo y el tabaquismo durante    el mismo son factores que incrementan el riesgo de que el hijo sea un delincuente    juvenil (45). Estas y otras investigaciones ofrecen pruebas s&oacute;lidas para    sustentar que los hijos que no fueron deseados y que crecieron en un ambiente    desfavorable (bajo el cuidado de madres inexpertas, solas, con problemas que    probablemente les imped&iacute;an dar una atenci&oacute;n adecuada a sus hijos)    son m&aacute;s susceptibles de involucrarse en actividades criminales durante    la juventud. Otros problemas sociales grav&iacute;simos, como la violencia dom&eacute;stica    y los ni&ntilde;os de la calle, tambi&eacute;n est&aacute;n fuertemente asociados    con la maternidad no deseada.      <P> Recientemente, una investigaci&oacute;n realizada por dos prestigiosos economistas    de los EE. UU. encontr&oacute; una asociaci&oacute;n entre la legalizaci&oacute;n    del aborto y el descenso de la criminalidad 15 a 20 a&ntilde;os despu&eacute;s    de aprobada la ley correspondiente en ese pa&iacute;s (46). Sus c&aacute;lculos    les permiten afirmar que la legalizaci&oacute;n del aborto es la primera causa    del importante descenso de la tasa de asesinatos, da&ntilde;os a la propiedad    y crimen violento en general que se ha observado en ese pa&iacute;s durante    la &uacute;ltima d&eacute;cada. De hecho, el 50% del descenso de la delincuencia    podr&iacute;a atribuirse a la legalizaci&oacute;n del aborto.      <P> En un esfuerzo por comprender esta asociaci&oacute;n, los autores sugieren    que tal vez las mujeres recurran al aborto como una manera de elegir el mejor    momento de su vida para tener hijos. Ellos sostienen que la capacidad de una    madre para ofrecer un ambiente favorable para el crecimiento de un ni&ntilde;o    var&iacute;a seg&uacute;n su edad, educaci&oacute;n, ingresos, presencia del    padre, el deseo de quedar embarazar y el consumo de alcohol, tabaco y otras    drogas durante el embarazo. En consecuencia, el aborto legal le da a la mujer    la oportunidad de retrasar el nacimiento de un hijo hasta que las condiciones    sean favorables.      <P> Conscientes de la controversia que sus hallazgos despertar&iacute;an, los    autores se ocupan de aclarar enf&aacute;ticamente que ellos no tienen una posici&oacute;n    especialmente favorable ante el aborto ni est&aacute;n proponi&eacute;ndolo    como una soluci&oacute;n a ning&uacute;n problema social. De hecho, dicen que    efectos similares se podr&iacute;an lograr con otras medidas, como una anticoncepci&oacute;n    m&aacute;s eficaz o programas que aseguren el crecimiento en un ambiente favorable    para todos los ni&ntilde;os con riesgo de involucrarse en actividades criminales    m&aacute;s adelante en sus vidas.     <P>&nbsp;     <P> <B>CONCLUSIONES</B>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P> En este documento se ofrece informaci&oacute;n y se discuten argumentos que    permiten afirmar que el embarazo no deseado es un problema com&uacute;n en la    Regi&oacute;n, con consecuencias graves sobre la salud y la situaci&oacute;n    social de las mujeres, sus hijos y familias, as&iacute; como sobre la poblaci&oacute;n    en general. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n se ha dejado claro que el embarazo    no deseado no es solo una responsabilidad individual y de la pareja, sino de    toda la sociedad. A continuaci&oacute;n se describen las medidas m&aacute;s    importantes que deber&iacute;an promoverse para reducir este problema y su impacto.      <P> <B>Prevenci&oacute;n del embarazo no deseado</B>      <blockquote>       <p> &#149; En pa&iacute;ses en los que las mujeres acceden a niveles m&aacute;s      altos de educaci&oacute;n formal y su inserci&oacute;n en el mercado laboral      es creciente, las expectativas reproductivas cambian y ellas retrasan la edad      de uni&oacute;n, el inicio de la vida sexual y el nacimiento del primer hijo,      al mismo tiempo que aspiran a formar una familia m&aacute;s peque&ntilde;a.      Para que la mujer no sufra las consecuencias de la contradicci&oacute;n entre      lo que quiere y necesita y lo que se espera de ella, es fundamental amortiguar      las presiones de la pareja, la familia y la sociedad en favor de una uni&oacute;n      y maternidad tempranas y una progenie numerosa. Para lograrlo, es necesario      que se establezcan programas amplios de comunicaci&oacute;n social en los      que se resalten el derecho de las mujeres a un desarrollo personal pleno y      los beneficios que para ellas mismas, la familia y la sociedad resultan de      su mejor educaci&oacute;n e inserci&oacute;n en el trabajo. Al mismo tiempo,      es esencial introducir en los sectores educativo, de salud y laboral una perspectiva      de g&eacute;nero que asegure que las mujeres reciban un trato justo, tengan      oportunidades especiales que les permitan avanzar hacia una situaci&oacute;n      equitativa y cuenten con programas y servicios que hagan compatibles la vida      familiar con las exigencias de los estudios o el trabajo. </p>       <p> &#149; Para que las expectativas reproductivas puedan concretarse es fundamental      poner al alcance de todos, pero en especial de los j&oacute;venes, programas      y servicios de educaci&oacute;n sexual y reproductiva, condici&oacute;n fundamental      para que los adolescentes se hagan responsables de su sexualidad y no enfrenten      riesgos derivados de esta. Sin acceso a informaci&oacute;n oportuna y de buena      calidad, los j&oacute;venes motivados no podr&aacute;n concretar sus aspiraciones.      Esta informaci&oacute;n deber&aacute; ser veraz y objetiva, sin prejuicios      ni barreras morales. Los sectores de la educaci&oacute;n y la salud tienen      la responsabilidad fundamental de ofrecerla en todas las oportunidades, adaptando      los mensajes a las caracter&iacute;sticas culturales de aquellos a quienes      van dirigidos. </p>       <p> &#149; Adem&aacute;s de la informaci&oacute;n sobre sexualidad y reproducci&oacute;n,      la prevenci&oacute;n de embarazos no deseados solo podr&aacute; lograrse si      los gobiernos y la sociedad civil ofrecen programas y servicios de anticoncepci&oacute;n      accesibles y de buena calidad. Esta es, obviamente, condici&oacute;n esencial      para prevenir los embarazos no deseados. Para aumentar la cobertura se deben      establecer servicios para la poblaci&oacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil de      alcanzar, con necesidades especiales: los j&oacute;venes, los hombres, las      mujeres de grupos &eacute;tnicos y comunidades rurales dispersas. </p> </blockquote>     <P> Para mejorar la calidad de los servicios, es esencial dar m&aacute;s y mejor    informaci&oacute;n, adaptada a la cultura y nivel educativo del paciente, asegurar    que el trato humano sea c&aacute;lido y respetuoso, y reforzar la capacidad    t&eacute;cnica de los profesionales de la salud que ofrecen los m&eacute;todos.    Asimismo, debe ampliarse la gama de anticonceptivos disponibles para responder    a la diversidad de necesidades y preferencias de los potenciales usuarios. Finalmente,    tambi&eacute;n es recomendable que se aproveche todo contacto con las personas    que acuden a los servicios de salud para promover la anticoncepci&oacute;n y    ofrecer servicios. Es importante recordar que el mal uso o la falta de uso de    anticonceptivos es muchas veces el resultado de la pobreza de la informaci&oacute;n    que se proporciona a los pacientes, de la falta de discusi&oacute;n sobre sus    necesidades y de las limitadas opciones anticonceptivas disponibles.      <P> Adem&aacute;s de los m&eacute;todos que regularmente se ofrecen en la regi&oacute;n    (esterilizaci&oacute;n, anticonceptivos orales, dispositivo intrauterino, cond&oacute;n    e inyectables), en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han hecho enormes esfuerzos    por informar y poner la anticoncepci&oacute;n de emergencia al alcance de todos,    pero especialmente de las v&iacute;ctimas de la violencia sexual y de los j&oacute;venes.    Si la cobertura de planificaci&oacute;n familiar fuera m&aacute;s amplia, la    informaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n entre prestadores y usuarios de mejor    calidad y la gama de m&eacute;todos disponibles m&aacute;s amplia, el n&uacute;mero    de embarazos no deseados ser&iacute;a sustancialmente menor.      <P> <B>Atenci&oacute;n a las consecuencias del embarazo no deseado</B>      <P> Cuando una mujer queda embarazada sin desearlo, sus alternativas son b&aacute;sicamente    dos: intentar interrumpir el embarazo mediante un aborto inducido, o continuar    con el mismo y dar a luz a un hijo que, probablemente, tampoco ser&aacute; deseado.    Es un compromiso de todos responder ante ambas situaciones, ya que los embarazos    no deseados son, en gran medida, una responsabilidad social.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P> Para mitigar las consecuencias del aborto inducido es esencial:      <blockquote>       <p> &#149; Revisar la legislaci&oacute;n vigente sobre interrupci&oacute;n voluntaria      del embarazo y asegurar que, cuando se cumplan las causales para acceder a      un aborto legal, las mujeres no encuentren barreras para recibir el servicio      ni sufran un trato discriminatorio y de calidad deficiente. Es intolerable      observar como ni siquiera las ni&ntilde;as violadas por sus padres o las mujeres      con retraso mental que sufren abuso sexual tienen acceso a un aborto legal      en muchos pa&iacute;ses de nuestra Regi&oacute;n, aunque los instrumentos      legales establezcan claramente su derecho al aborto en estas circunstancias.    </p>       <p> Las causales que permiten un aborto legal var&iacute;an en los distintos      pa&iacute;ses de la regi&oacute;n (24). Los extremos est&aacute;n representados      por Chile y El Salvador, donde el aborto est&aacute; prohibido en toda circunstancia,      y Cuba y Guyana, pa&iacute;ses que lo autorizan sin ninguna restricci&oacute;n.      Entre estos dos extremos, la legislaci&oacute;n var&iacute;a, aunque en la      mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses el aborto est&aacute; permitido cuando      el embarazo fue resultado de una violaci&oacute;n o cuando est&aacute; en      peligro la vida de la madre. Existen algunos intentos recientes en lugares      espec&iacute;ficos (como la ciudad de M&eacute;xico) para ampliar la legislaci&oacute;n      y agregar otras circunstancias como el peligro para la salud de la mujer embarazada.    </p>       <p> &#149; Garantizar todas las mujeres el acceso a servicios para la atenci&oacute;n      del aborto incompleto o complicado, seg&uacute;n se establece en el programa      de acci&oacute;n de El Cairo y en la mayor&iacute;a de las constituciones      de la Regi&oacute;n (derecho a la protecci&oacute;n de la salud) (24, 39).      La atenci&oacute;n tras el aborto debe incluir la evacuaci&oacute;n uterina      completa con t&eacute;cnicas eficaces y seguras, la atenci&oacute;n a las      complicaciones y asesoramiento y servicios de planificaci&oacute;n familiar      de calidad. Es lamentable que los servicios de salud no cuenten con personal      adiestrado para la interrupci&oacute;n legal del embarazo. De hecho, en la      actualidad existen m&eacute;todos instrumentales y farmacol&oacute;gicos que      son muy seguros y eficaces. Los sistemas de salud deber&iacute;an procurar      poner estas nuevas tecnolog&iacute;as al alcance de quienes las necesitan.    </p> </blockquote>     <P> Los buenos servicios de atenci&oacute;n a las complicaciones del aborto contribuyen    a evitar embarazos no deseados, ya que las mujeres que han tenido un aborto    inducido corren mayor riesgo de tener otro subsecuente, como resultado de la    persistencia de las mismas circunstancias que contribuyeron al primero (falta    de informaci&oacute;n o de acceso a servicios de anticoncepci&oacute;n, entre    otros). Si durante la atenci&oacute;n tras el aborto se establece una buena    relaci&oacute;n con la paciente, se le da informaci&oacute;n sobre la reproducci&oacute;n    y la anticoncepci&oacute;n y se le ofrecen m&eacute;todos adecuados, se habr&aacute;    contribuido a romper este ciclo y se ayudar&aacute; a miles de mujeres.      <P> Tan esencial como ayudar a las mujeres que recurren al aborto para evitar    un hijo no deseado, es apoyar a aquellas que contin&uacute;an con el embarazo    mediante:      <blockquote>       <p> &#149; Programas de apoyo especial para madres solteras y jefas de hogar,      para ayudarles a hacer compatibles sus tareas fuera y dentro del hogar. </p>       <p> &#149; Revisi&oacute;n de la legislaci&oacute;n laboral vigente para eliminar      la importante discriminaci&oacute;n que a&uacute;n sufren las mujeres, caracterizada      por la "doble jornada" (trabajo remunerado fuera del hogar, sumado a las actividades      dom&eacute;sticas), la jefatura de hogar femenina y los menores salarios a      igualdad de responsabilidades en comparaci&oacute;n con los hombres. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &#149; Oportunidades especiales para que las mujeres adquieran autonom&iacute;a      econ&oacute;mica, como subsidios y pr&eacute;stamos para el establecimiento      de microempresas. </p>       <p> &#149; Apoyo a las adolescentes para que emprendan proyectos productivos.    </p>       <p> &#149; Becas de estudios para contribuir al desarrollo de las j&oacute;venes      y al cambio consecuente en sus expectativas reproductivas. </p>       <p> &#149; Campa&ntilde;as para evitar la discriminaci&oacute;n de las adolescentes      embarazadas en las escuelas, situaci&oacute;n que las lleva a abandonar sus      estudios. </p>       <p> &#149; Revisi&oacute;n de la legislaci&oacute;n y de los procedimientos      para la adopci&oacute;n, con el fin de facilitarla. </p>       <p> &#149; Promoci&oacute;n del compromiso del hombre en la pr&aacute;ctica      anticonceptiva y en la salud reproductiva, en general. </p>       <p> &#149; Esfuerzos multisectoriales constantes para avanzar hacia una mayor      igualdad entre los g&eacute;neros en todos los &aacute;mbitos. </p> </blockquote>     <P> Los programas oficiales, la opini&oacute;n mundial y los mensajes que reciben    las parejas por distintos canales promueven una familia poco numerosa. Sin embargo,    los mismos que sustentan esta postura no parecen reconocer la responsabilidad    social ante el embarazo no deseado. Mientras la mujer sufre las graves consecuencias    del aborto clandestino sobre su salud, seguridad y dignidad, la sociedad cierra    los ojos ante el hecho de que los programas de anticoncepci&oacute;n tienen    una cobertura y calidad deficientes, y de que los limitados recursos para la    atenci&oacute;n de la salud se est&aacute;n gastando en tratar, con una calidad    limitada por cierto, las complicaciones de abortos que podr&iacute;an evitarse.    Si los abortos y sus complicaciones se previnieran, los recursos podr&iacute;an    orientarse hacia otros problemas de salud reproductiva, para los que las soluciones    no est&aacute;n al alcance todav&iacute;a. Adem&aacute;s de estas responsabilidades    que la sociedad no deber&iacute;a soslayar, es importante agregar una m&aacute;s:    millones de embarazos no deseados culminan en el nacimiento de ni&ntilde;os    cuyas necesidades b&aacute;sicas no pueden ser satisfechas por sus madres y    familias. Enfrentar y encontrar soluciones para los ni&ntilde;os y j&oacute;venes    abandonados, que viven en condiciones de carencia f&iacute;sica, emocional y    social, es tambi&eacute;n una responsabilidad ante la que ning&uacute;n miembro    responsable de la sociedad puede cerrar los ojos.     <P>&nbsp;     <P>&nbsp;     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><table cellspacing=0 cellpadding=0 width="90%" align=center border=0>   <tbody>    <tr>      <td valign=top width="19%">            <p><b>SYNOPSIS</b> </p>           <p> <b>Unwanted pregnancy: impact on health and society in Latin America          and the Caribbean</b>      </td>     <td valign=top width="81%">            <p><i>Engaging in sexuality and reproduction should always be something          that is wanted and planned. Unfortunately, when that is not the case,          one result can be unwanted pregnancy. Unwanted pregnancies have consequences          for women, their families, and their countries.</i>     <br>         <i>This document reviews the causes and results of unwanted pregnancy,          emphasizing the impact that this problem has on Latin America and the          Caribbean (LAC). Four reasons why unwanted pregnancy is a continuing problem          in LAC are: 1) people's growing desire to have smaller families, 2) the          unmet need for family planning, 3) the fact that contraceptive methods          are not 100% effective, and 4) unwanted sexual relations. Unwanted pregnancies          especially affect adolescent women, single women, and women over 40 years          of age. Given their desperate situation with an unwanted pregnancy, some          women opt for an unsafe abortion, which can lead to their death. Other          women can go so far as to commit suicide, or be murdered by a family member          or other person who is unhappy that the pregnancy has occurred. It has          been found that women who decide to continue with the pregnancy have higher          risks of suffering an illness, and the same is true for the child.</i>              <br>         <i>Reducing unwanted pregnancies and treating post-abortion complications          are key to lowering maternal mortality and morbidity. This necessitates          developing mass communication programs that address gender issues, education          programs for girls, and sex education programs. It is also vital to make          available to all persons reproductive health services that include family          planning methods. In the countries of LAC with laws that specify grounds          for legally ending a pregnancy, it is necessary that health care be organized          to actually provide this service, and that health care programs obtain          the safest, most effective technologies now available for ending a pregnancy.</i>        </p>       </td>   </tr>   <tr>      <td valign=top width="19%" height=2></td>     <td valign=top width="81%" height=2></td>   </tr>   </tbody>  </table>     <p>&nbsp;</p>     <P>&nbsp;      <P ALIGN="CENTER"> <B>REFERENCIAS</B>      <!-- ref --><P> 1. The Alan Guttmacher Institute. El aborto clandestino: una realidad latinoamericana.    Nueva York: The Alan Guttmacher Institute; 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368749&pid=S1020-4989200200030001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 2. Demographic and Health Survey. Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y    Salud, Bolivia. Calverton, MD: Macro International; 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368750&pid=S1020-4989200200030001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 3. Demographic and Health Survey. Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y    Salud, Colombia. Calverton, MD: Macro International; 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368751&pid=S1020-4989200200030001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 4. Consejo Nacional de Poblaci&oacute;n. Cuadernos de Salud Reproductiva.    M&eacute;xico, DF: Consejo Nacional de Poblaci&oacute;n; 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368752&pid=S1020-4989200200030001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 5. Demographic and Health Survey. Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y    Salud, Bolivia. Calverton, MD: Macro International; 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368753&pid=S1020-4989200200030001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 6. Demographic and Health Survey. Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y    Salud, Bolivia. Calverton, MD: Macro International; 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368754&pid=S1020-4989200200030001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 7. World Fertility Survey. Encuesta sobre Salud Familiar. Nicaragua. Atlanta,    GA: Centers for Disease Control; 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368755&pid=S1020-4989200200030001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 8. Demographic and Health Survey. Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y    Salud, Nicaragua. Calverton, MD: Macro International; 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368756&pid=S1020-4989200200030001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 9. Demographic and Health Survey. Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y    Salud, Colombia. Calverton, MD: Macro International; 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368757&pid=S1020-4989200200030001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 10. Encuesta Nacional de la Din&aacute;mica Demogr&aacute;fica, ENADID. M&eacute;xico,    DF: Instituto Nacional de Estad&iacute;stica Geograf&iacute;a e Inform&aacute;tica;    1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368758&pid=S1020-4989200200030001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 11. Langer A. Hacia una maternidad sin riesgos: acciones para M&eacute;xico    en el contexto internacional. En Elu M y Santos Pruneda E (eds.). Una nueva    mirada a la mortalidad materna. M&eacute;xico: Comit&eacute; Promotor por una    Maternidad sin Riesgos en M&eacute;xico; 1999. Pp. 29<font face="Symbol">-</font>39.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368759&pid=S1020-4989200200030001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 12. Brown S, Eisenberg L (eds.). The best intentions: unintended pregnancy    and the well-being of children and families/ Committee on Unintended Pregnancy.    Washington, DC: Institute of Medicine, National Academy of Sciences; 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368760&pid=S1020-4989200200030001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 13. Hardy E, Costa G. Abortion experience among female employees of a Brazilian    university. Campinas, SP: CEMICAMP; 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368761&pid=S1020-4989200200030001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 14. Hern&aacute;ndez D, Mojarro O, Fuentes J, Mart&iacute;nez-Manatou J. Consideraciones    sobre las muertes maternas en el IMSS y sus causas. M&eacute;xico, DF: Instituto    Mexicano del Seguro Social; 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368762&pid=S1020-4989200200030001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 15. Dagg P. The psychological sequelae of therapeutic abortion-denied and    completed. Am J Psychiatry 1991;148:578<font face="Symbol">-</font>585.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368763&pid=S1020-4989200200030001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 16. Koonin L. Maternal mortality surveillance, United States. MMWR 1991;37    (supl 5):19<font face="Symbol">-</font>29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368764&pid=S1020-4989200200030001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 17. Mu&ntilde;oz L, &Ntilde;a&ntilde;ez H, Becerra E, Klevens J. Mortalidad    materna en el Instituto Materno-Infantil de Bogot&aacute; (1976<font face="Symbol">-</font>1980).    Revista de la Facultad de Medicina 1985; 39:331<font face="Symbol">-</font>351.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368765&pid=S1020-4989200200030001300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 18. Reyes S. Mortalidad materna en M&eacute;xico. M&eacute;xico, DF: Instituto    Mexicano del Seguro Social; 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368766&pid=S1020-4989200200030001300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 19. Hern&aacute;ndez B, Langer A, Romero M, Chirino J. Factores asociados    a la muerte materna hospitalaria en el estado de Morelos, M&eacute;xico. Salud    Publica Mex 1994;36:521<font face="Symbol">-</font>528.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368767&pid=S1020-4989200200030001300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 20. La Guardia K, Rothoz M, Belfort P. A 10-year review of maternal mortality    in a municipal hospital in Rio de Janeiro: a cause for concern. Obstet Gynecol    1990; 75:27<font face="Symbol">-</font>32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368768&pid=S1020-4989200200030001300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 21. World Health Organization, Division of Reproductive Health. Unsafe abortion.    Global and regional estimates of incidence of and mortality due to unsafe abortion,    with a listing of available country data. Geneva: WHO; 1998. (WHO/RHT/MSM/97).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368769&pid=S1020-4989200200030001300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 22. Royston E. Estimating the number of abortion deaths. Methodological issues    in abortion research. Nueva York: Population Council, IPAS, WHO; 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368770&pid=S1020-4989200200030001300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 23. Rajs D. Maternal Mortality. En Timaeus I, Chackiel J, Ruzicka L. (Eds)    Adult Mortality in Latin America. Oxford: Clarendon Press; 1996. pp. 276<font face="Symbol">-</font>294.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368771&pid=S1020-4989200200030001300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P> 24. The world's abortion laws, February 1999. [Sitio en Internet The Center    for Reproductive Law and Policy. Disponible en: <a href="http://www.crlp.org/pub_fac_abor1icpd.html">http://www.crlp.org/pub_fac_abor1icpd.html</a>.    Acceso el 10 de agosto de 2001.      <!-- ref --><P> 25. Langer A, Garc&iacute;a C, Heimburger A, Stein K, Winikoff B. Assessing    the quality of post-abortion care in a public hospital of Oaxaca, Mexico. Reproductive    Health Matters 1997;9:20<font face="Symbol">-</font>28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368773&pid=S1020-4989200200030001300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 26. Demographic and Health Survey. Encuesta Nacional de Demografia y Salud,    Paraguay. Calverton, MD: Macro International; 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368774&pid=S1020-4989200200030001300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 27. World Fertility Survey. Encuesta Nacional de Demograf&iacute;a y Salud    Reproductiva, Paraguay. Atlanta, GA: Centers for Disease Control; 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368775&pid=S1020-4989200200030001300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 28. Morris L, Warren C, Aral S. Measuring adolescent sexual behaviors and    related health outcomes. Public Health Rep 1993;108(supl 1):31<font face="Symbol">-</font>36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368776&pid=S1020-4989200200030001300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 29. Stevens-Simon C, White M. Adolescent pregnancy. Pediatr Ann 1991;20:322<font face="Symbol">-</font>331.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368777&pid=S1020-4989200200030001300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 30. McAnarney E, Hendee W. Adolescent pregnancy and its consequences. JAMA    1989;262:74<font face="Symbol">-</font>77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368778&pid=S1020-4989200200030001300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 31. Bicego G, Ahmad OB. Infant and Child Mortality, DHS Comparative Studies    No. 20. Calverton, MD: Macro International; 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368779&pid=S1020-4989200200030001300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 32. Koonin L, Atrash H, Lawson H, Smith J. Maternal mortality surveillance,    United States. MMWR 1991;40:1<font face="Symbol">-</font>13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368780&pid=S1020-4989200200030001300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 33. Prysak M, Lorenz R, Kisly A. Pregnancy outcome in nulliparus women 35    years and older. Obstet Gynecol 1995;85:65<font face="Symbol">-</font>70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368781&pid=S1020-4989200200030001300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 34. Frautschi S, Cerulli A, Maine D. Suicide during pregnancy and its neglect    as a component of maternal mortality. Int J Gynaecol Obstet 1994;47:275<font face="Symbol">-</font>284.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368782&pid=S1020-4989200200030001300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 35. Rizzi R, Cordoba R, Maguna J. Maternal mortality due to violence. Int    J Gynaecol Obstet 1998;63(supl 1):19<font face="Symbol">-</font>24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368783&pid=S1020-4989200200030001300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 36. Ronsmans C, Khlat M. Adolescence and risk of violent death during pregnancy    in Matlab, Bangladesh. Lancet 1999;354 (9188):1448.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368784&pid=S1020-4989200200030001300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 37. Fauveau V, Blanchet T. Deaths from injuries and induced abortion among    rural Bangladeshi women. Soc Sci Med 1989; 29:1121<font face="Symbol">-</font>1127.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368785&pid=S1020-4989200200030001300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 38. Mbizvo M, Fawcus S, Nystrom L. Maternal mortality in rural and urban Zimbawe:    social and reproductive factors in an incident case-referent study. Soc Sci    Med 1993;36:1197<font face="Symbol">-</font>1205.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368786&pid=S1020-4989200200030001300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 39. Family Care International. Meeting the Cairo Challenge. A Summary Report,    1999. New York: Family Care International; 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368787&pid=S1020-4989200200030001300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 40. World Bank. World Development Indicators. New York: World Bank; 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368788&pid=S1020-4989200200030001300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 41. World Population Prospects: The 1998 Revision. Annex I: Demographic indicators.    Nueva York: United Nations Department for Economic and Social Information and    Policy Analysis, Population Division; 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368789&pid=S1020-4989200200030001300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 42. Bongaarts J, Bulatao R. Completing the demographic transition. New York:    Population Council; 1999. Working Paper No. 125.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368790&pid=S1020-4989200200030001300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 43. Loeber R, Stouthamer-Loeber M. Family factors as correlates and predictors    of juvenile conduct problems and deliquency. En: Tonry M, Morris N. (Eds) Crime    and justice, VII. Chicago: University of Chicago Press; 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368791&pid=S1020-4989200200030001300042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 44. Sampson R, Laub J. Crime in the making: pathways and turning points through    life. Cambridge, MA: Harvard University Press; 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368792&pid=S1020-4989200200030001300043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 45. Rasanen P, Hakko H, Isohanni M, Hodgins S, Jarvelin M, Tiihonen J. Maternal    smoking during pregnancy and risk of criminal behavior among adult male offspring    in the Northern Finland 1966 Birth Cohort. Am J Psychiatry 1999;156: 857<font face="Symbol">-</font>862.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368793&pid=S1020-4989200200030001300044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P> 46. Donohue J, Levitt S. The impact of legalized abortion on crime. Cambridge,    MA: National Bureau of Economic Research; 2000. Working Paper 8004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2368794&pid=S1020-4989200200030001300045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P>&nbsp;      <P>&nbsp;     <P> <a name="back1"></a><a href="#top1">1</a>&#009;Population Council, Oficina    Regional para Am&eacute;rica Latina y el Caribe. Escondida # 110, Col. Villa    Coyoac&aacute;n, M&eacute;xico, D.F. 04000, M&eacute;xico.      <P> <a name="back2"></a><a href="#top2">2</a>&#009;La anticoncepci&oacute;n de    emergencia (ACE) es el &uacute;nico m&eacute;todo poscoital disponible hasta    ahora que las mujeres pueden utilizar para prevenir el embarazo despu&eacute;s    de una relaci&oacute;n sexual sin protecci&oacute;n, de un accidente anticonceptivo    o de una violaci&oacute;n. Seg&uacute;n demuestran los estudios sobre el tema,    su eficacia es del 75%; en otras palabras, la ACE previene 3 de cada 4 embarazos    que ocurrir&iacute;an despu&eacute;s de una relaci&oacute;n sexual sin protecci&oacute;n).    La ACE consiste en la ingesti&oacute;n de una dosis especial, m&aacute;s alta,    de los anticonceptivos orales que se encuentran en el mercado, en las primeras    72 horas despu&eacute;s del coito, y una segunda dosis 12 horas despu&eacute;s.    En varios pa&iacute;ses de la regi&oacute;n ya existe un producto destinado    a la ACE y el m&eacute;todo est&aacute; incluido en las normas oficiales de    planificaci&oacute;n familiar. Sin embargo, hay otros pa&iacute;ses donde este    m&eacute;todo no ha sido aprobado, a pesar de la existencia de pol&iacute;ticas    de poblaci&oacute;n y salud reproductiva avanzadas, como en el caso de M&eacute;xico.    <br>   La ACE act&uacute;a interrumpiendo el ciclo reproductivo de la mujer y es un    m&eacute;todo eficaz y seguro, sin efectos secundarios importantes; no afecta    al embri&oacute;n si la mujer que la ingiere ya estaba embarazada, y no es abortiva    ni tampoco se recomienda como anticonceptivo de rutina. En cambio, representa    una segunda oportunidad para reducir en una gran proporci&oacute;n los embarazos    no deseados y sus terribles consecuencias. Es importante que se difunda ampliamente    informaci&oacute;n sobre este m&eacute;todo entre las j&oacute;venes y las v&iacute;ctimas    de relaciones sexuales no consensuadas, y que las usuarias y usuarios de planificaci&oacute;n    familiar que se enfrenten a problemas en el uso de los anticonceptivos, como    el olvido de la toma de un anticonceptivo hormonal oral o la ruptura o deslizamiento    del cond&oacute;n, conozcan esta alternativa.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P> <a name="back3"></a><a href="#top3">3</a>&#009;Este es un proyecto en marcha    que est&aacute; siendo desarrollado por el <I>Population Council</I> y el Instituto    Nacional de Salud P&uacute;blica de M&eacute;xico.      <P> <a name="back4"></a><a href="#top4">4</a>&#009;N&uacute;mero de hijos que    las mujeres tienen durante su per&iacute;odo reproductivo.      <P> <a name="back5"></a><a href="#top5">5</a>&#009;La poblaci&oacute;n mundial    ha aumentado de 1 600 millones en 1900 a 2 500 millones en 1950 y a 6 000 millones    en 2000 (40). Si no cambian los factores que contribuyen al crecimiento poblacional,    se estima que en el mundo habr&aacute; 10 400 millones de habitantes hacia el    a&ntilde;o 2100, y este incremento se deber&aacute; casi totalmente al aumento    de la poblaci&oacute;n en las regiones en desarrollo (41).      <P> <a name="back6"></a><a href="#top6">6</a>&#009;El cuarto factor es la migraci&oacute;n,    que no se abordar&aacute; en este documento porque su efecto es menos importante    y porque no existe una relaci&oacute;n clara con el tema del embarazo no deseado.      <P> <a name="back7"></a><a href="#top7">7</a>&#009;La fecundidad en ALC es mucho    menor que en otras regiones en desarrollo: se estima una fecundidad de 5,1 en    Africa y de 3,4 en el sur de Asia.       ]]></body><back>
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