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<journal-title><![CDATA[Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La piedra de la locura: inicios históricos de la salud mental]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Addressing the relatively recent concern of public health in the issue of mental health problems, the evolution of the concept of mental illness in the occidental pre-modern history is revised, as well as the reasons why it remained outside the mainstream of the professional healing activity. The differences between the naturalist and the supernatural views are explored as well.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><b><font size="2" face="Verdana">HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA</font></b></p>      <p align="justify"><b><font size="4" face="Verdana">   La piedra de la locura: inicios históricos de la salud mental</font></b></p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana">The stone of madness: starting points of the history of mental health</font></b></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">   Oswaldo Salaverry<sup>1,2,a</sup></font></b></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   1 Centro Nacional de Salud Intercultural, Instituto Nacional de Salud. Lima,   Perú.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   2 Facultad de Medicina Humana, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima,   Perú.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   a Médico, doctor en Medicina</font></p>  <hr>      <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">   RESUMEN</font></b></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Sobre la evidencia de la relativamente reciente preocupación de la salud pública   por los problemas de salud mental,   se revisa la evolución del concepto de enfermedad mental en la historia   premoderna de occidente y las razones por   las cuales se mantuvo fuera de la corriente principal de la actividad sanadora   profesional. Asimismo, se explora las   distinciones entre la visión naturalista y sobrenatural y su relación entre lo   público y lo privado como explicación de su   tardía incorporación como problema de Salud Pública.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   <b>Palabras clave:</b> Salud mental; Historia de la medicina; Salud pública (fuente: DeCS BIREME).</font></p>  <hr>      <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">   ABSTRACT</font></b></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Addressing the relatively recent concern of public health in the issue of mental   health problems, the evolution of the   concept of mental illness in the occidental pre-modern history is revised, as   well as the reasons why it remained outside   the mainstream of the professional healing activity. The differences between the   naturalist and the supernatural views   are explored as well.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   <b>Key words:</b> Mental health; History of medicine; Public health (source: MeSH NLM).</font></p>  <hr>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="center">      <a href="/img/revistas/rpmesp/v29n1/a22fig01a.jpg">  <img src="/img/revistas/rpmesp/v29n1/a22fig01.jpg" border="1"></a></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">                                       SALUD PÚBLICA Y SALUD MENTAL</font></b></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   En la agenda de la Salud Pública contemporánea,   la salud mental ocupa un lugar destacado, en gran   medida como resultado de diversas estimaciones que   pronostican su notable deterioro global en un futuro   inmediato. La tardía identificación de la salud mental   como problema de Salud Pública responde a un   complejo conjunto de interrelaciones entre lo que se   percibe como del ámbito público y lo que pertenece al   ámbito íntimo y doméstico. A su vez, esta percepción   deriva de conceptos y distinciones sociales previas,   como aquellos que definen lo sano y lo enfermo de   acuerdo con circunstancias socioculturales concretas   que evolucionan históricamente. Desde una perspectiva   histórica, las enfermedades mentales se han encontrado   constantemente en los límites entre las interpretaciones   naturalistas y sobrenaturales de la enfermedad, lo que   también ha contribuido a su tardía incorporación como   problema de salud.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Abordar esta compleja trama de circunstancias nos   remonta a los orígenes de la medicina occidental.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">   LA LOCURA EN LA HISTORIA</font></b></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Los primeros informes en occidente sobre problemas de   salud mental los encontramos en la literatura sagrada.   En el libro de Daniel del antiguo testamento se relata   la locura de Nabucodonosor, castigado por su soberbia   con la locura, la pérdida de la razón; la que, por cierto,   es interpretada como vivir y comer como los animales.   Durante siete años Nabucodonosor permanece en ese   estado hasta que por decisión divina se recupera.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   El relato muestra la interpretación, generalizada en la   antigüedad, sobre el origen sobrenatural de la enfermedad   mental, compartida tanto por los legos como por los   sanadores profesionales. Las culturas más complejas   atribuían la locura a los dioses, las más primitivas a los   demonios o fuerzas naturales, pero no son diferencias   esenciales, derivan del pensamiento primitivo, aquel   que dio lugar a las trepanaciones craneales, practicadas   desde hace más de 5000 años, con evidencias en casi   todo el mundo y que aparentemente tenían como una   de sus indicaciones el dejar salir los demonios que   provocaban las enfermedades mentales.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   La interpretación naturalista de las enfermedades   mentales se inicia en Grecia hacia el siglo V a.C. al   extenderse la teoría humoralista de la enfermedad   a los problemas o manifestaciones mentales. El   humoralismo como doctrina interpretaba la salud   como el equilibrio de los cuatro fluidos o “humores”   que conformaban el cuerpo humano, a saber: la bilis   negra, la bilis amarilla, la flema o pituita y la sangre.   Así, una fiebre o un problema digestivo se interpretaba   como resultado de un particular desequilibrio en la   composición humoral de los órganos afectados, ante   el cual la labor del médico era restablecer el balance   perdido. Una característica de la teoría humoral es   que situaba topográficamente el desequilibrio, por   lo tanto, en el caso de las enfermedades mentales   debía ubicar el lugar preciso del desequilibrio que   las causaba, y ese lugar era claramente el cerebro.   Esta interpretación somatista de la enfermedad debió   luchar contra la ampliamente difundida y hegemónica   interpretación de la posesión demoníaca, la cual por   cierto había tomado también en la cultura griega la   forma más sofisticada de “entusiasmo”, una posesión   por los dioses o “inspiración” que llevaba a profetizar,   hablar en lenguas o hacer extrañas contorsiones a   quienes eran así poseídos.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   En particular las convulsiones súbitas eran un atributo   de augures o personajes elegidos por los dioses, por   ello se le denominaba la “enfermedad sagrada”. En el   Corpus Hippocraticum, es decir el conjunto de escritos   que la antigüedad atribuía a Hipócrates, se encuentra   un breve tratado dedicado al tema (Sobre la enfermedad   sagrada) el cual inicia con el siguiente enunciado: A   propósito de la llamada enfermedad sagrada, he aquí lo   que ocurre: me parece que no es en modo alguno más   divino ni más sagrado que las demás enfermedades,   sino que tiene una causa natural. Pero los hombres   creyeron que su causa era divina por ignorancia o por el   carácter maravilloso de la dolencia, que no se parece en   nada a otras enfermedades (2).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Cabe señalar, sin embargo, que existía otra explicación   para las convulsiones específicamente femeninas:   la curiosa concepción de que el útero es móvil y en   sus traslados, cuando afectaba al hígado provocaba   convulsiones (3).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Galeno, que sistematizó la medicina griega en el siglo   II d.C., no dedicó un tratado especial dentro de su   abundante obra a la enfermedad mental, pero aceptaba,   igual que los hipocráticos, su carácter natural. La   tradición galénica clasificaba las enfermedades mentales   en dos tipos: la manía y la melancolía. La primera se   produciría por un exceso o plétora, bien sea del humor   sangre o de la bilis amarilla, y se manifestaría con   alucinaciones o delusiones, mientras que la melancolía   se originaba en un exceso de la bilis negra y su principal   manifestación seria la depresión. Esta clasificación se   mantuvo durante el Imperio romano, quienes a su vez   desarrollaron las primeras manifestaciones de la salud   pública bajo la forma del cuidado de la salud de los   ciudadanos (acueductos, cloacas, control de alimentos)   e incluso un esbozo de lo que serán hospitales públicos,   pero la enfermedad mental continuó siendo un tema   de carácter intimo, atendido dentro del hogar, en modo   alguno percibido como un tema de la res publica o   asuntos que competen al estado.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   La difusión del cristianismo, y su posterior oficialización   a partir del decreto de Constantino en el 313 d.C.,   condujo a inevitables conflictos entre el carácter   naturalista de la ciencia y medicina grecorromana y   la visión cristiana que enfatizaba la omnipotencia   y omnipresencia divina. Los médicos convertidos   al cristianismo supeditaron sus convicciones   profesionales a las religiosas y, por tanto, entendieron   la enfermedad como un designio divino. Se adoptó   como dogma cristiano la eterna lucha entre el bien   y el mal por el alma humana, resurgiendo entre los   médicos cristianos la interpretación de la locura como   posesión demoníaca. Es en esta joven sociedad   cristiana de finales del imperio que surgen los   primeros hospitales administrados por las matronas   cristianas, como expresión de la caridad y compasión   con el doliente pero, en modo alguno, pretendiendo   alterar los designios divinos; por lo tanto, no estaban   destinados a curar a los enfermos sino a brindarles   apoyo espiritual y también físico en tanto se definía   la voluntad divina al respecto. Con esa concepción   se entiende que no hubiera lugar en ellos para los   enfermos mentales pues la enfermedad mental no era   propiamente una dolencia, era una forma de posesión   sobrenatural, cuando no demoníaca, que debería   ser, en todo caso, tratada por el sacerdote. Por   consiguiente, el cuidado de los enfermos mentales se   mantuvo en el ámbito doméstico y alejado del ámbito   de la Salud Pública.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Por otro lado, mientras en occidente se va   configurando la sociedad medieval, en la península   arábiga nace el Islam. Antes de Mohammad, los   árabes carecían de una medicina racional y atribuían   las enfermedades, incluyendo los trastornos mentales,   a fuerzas sobrenaturales. Mohammad que brinda   unidad religiosa y política al pueblo árabe también   recoge conocimientos y prácticas tradicionales, los   que reunidos conformarán la denominada “medicina   del profeta” (4), en la que la enfermedad mental solo se   menciona para indicar que los amuletos y talismanes   son inefectivos para evitarla. La tradición popular   que la atribuye a seres sobrenaturales se mantiene   como en el caso estudiado por Dols (5). quien refiere   el caso de un loco (majnun) que escapa de la sección   de los insanos (mamruirin) de un hospital (maristan   o bimaristan) y en sus andanzas se proclama emir,   llegando a convencer a muchos con su historia;   finalmente, se descubre su locura (junum) causando   graves confusiones y problemas, los que tienen como   único castigo el volver al hospital. La benignidad de   la sanción probablemente se sustente en la difundida   creencia de que la locura era causada por “genios”   (jinn) o demonios y, por tanto, no eran atribuibles al   individuo.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   En el Islam, a diferencia de occidente, se acepta a los   enfermos mentales en los hospitales; esto se debe a   que los árabes adoptan la medicina griega llevada por   los intelectuales emigrantes que huyen de la intolerancia   cristiana, convirtiéndola en el centro de su doctrina, al   punto que se utiliza como criterio de calidad profesional   la mayor o menor adherencia a los principios galénicos.   Se entiende así su interpretación naturalista y que los   hospitales tuvieran una sección destinada al tratamiento   de los enfermos mentales, en los que el tratamiento   continuó siendo con purgas y sangrías para eliminar los   humores alterados. Pese a este tratamiento profesional   de la salud mental, la concepción popular predominante   mantuvo a la enfermedad mental como un asunto   familiar y doméstico.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   En occidente el Medioevo se caracteriza por un   empobrecimiento teórico de la Medicina y su   subordinación a la religión, lo que lleva a extremos   como la glorificación de la enfermedad entendida como   una mortificación de la materia. Jacopone da Todi, un   poeta místico del siglo XIII en su poema De l’Infermità   e Mali che Frate Jacopone demandava per Eccesso   de Carità reclama para sí un cúmulo de enfermedades   físicas, pero ninguna de carácter mental, pues su   vinculación con el demonio se mantenía vigente (6).   La salud pública tiene escasos desarrollos vinculados   todos ellos a la progresiva consolidación de los   burgos y villas, que deben tomar medidas de alcance   local para prevenir o combatir plagas, los hospitales   desaparecen y, de algún modo, son sustituidos por   los infirmarium, instalados en los monasterios. El   loco o lunático (término ese último acuñado por la   supuesta influencia de la luna en el origen de la   enfermedad mental) vaga por las calles asimilándose   en algunos casos al bufón. Es una visión complaciente   y pintoresca pero que mantiene a las enfermedades   mentales alejadas de las preocupaciones de la salud   pública que, en cambio, se orientan al aislamiento de   los leprosos. La peste negra o gran plaga que arrasa   Europa entre 1346 y 1400, produce cuadros colectivos   de alteraciones conductuales pero esto no modifica la   percepción popular.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Hacia el final de la Edad Media (1511) Erasmo de   Rotterdam publica su conocido ensayo “Elogio de la   locura” (Morias enkomion), que no es un tratado médico   pero muestra la interpretación intelectual renacentista   de la locura, que artificiosamente es considerada una   diosa, hija de Pluto, el dios de la riqueza y la ninfa Hebe,   ninfa de la juventud (7). Su interpretación influenciará y   mantendrá la convicción anecdótica de la enfermedad   mental.</font></p>      <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">   LA INTERPRETACIÓN MECANICISTA DE LA   ENFERMEDAD MENTAL</font></b></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   El mecanicismo gana espacio en la interpretación   médica a partir de las doctrinas cartesianas que   dividen al hombre en un componente material y otro   racional (res extensa y res cogitans). El dualismo así   formulado prefigura el actual problema de mente y   cuerpo y tiene influencia directa en el lugar que ocupan   las enfermedades mentales en la ciencia. Hasta la   propia denominación “enfermedad mental”, en una   interpretación literal, encerraría una contradicción para   los cartesianos pues por definición el alma o espíritu   (mente) se encuentra fuera del mundo material en   donde ocurren las enfermedades. Se sigue de ese   razonamiento que la locura necesariamente debe   ser una enfermedad del cuerpo; pero en ese caso, el   problema se traslada a encontrar una explicación sobre   cual es la relación entre la mente y el cuerpo, entre la   voluntad y las funciones corporales y como es que una   enfermedad que tiene una sede material y corporal   puede afectar el comportamiento regido por la razón, es   decir la res cogitans.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Los médicos cartesianos intentan diversas respuestas.   Uno de ellos fue Thomas Willis, el anatomista a   quien debemos términos como “neurología” y cuyo   epónimo recordamos en el “polígono de Willis”. En   su interpretación, el cerebro se nutría como todos los   órganos de sangre, pero la que llegaba al cerebro   pasaba por un proceso previo de filtración que la   convertía en productos sutiles o “espíritus animales”,   que se constituían en intermediarios entre el cuerpo   físico y la mente. En esa línea de pensamiento la   locura y una de sus manifestaciones, las delusiones   o falsas ideas, eran resultado de la acción caótica de   esos espíritus en la mente. Esos mismos espíritus   podían llegar a los músculos y explicaban entonces los   extraños movimientos y acciones que caracterizaban   a los enfermos mentales (o que en todo caso se les   atribuía) como fuerza descomunal entre otros. La   enfermedad mental así tornaba a ser de origen material.   Nicholas Robinson, médico inglés, discípulo de Willis,   lo expresó en forma clara en 1729: Every change of the   mind indicates a change in the bodily organs.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   La consecuencia inmediata fue la reincorporación de   la locura entre las afecciones que podían ser tratadas   por la medicina ya que subyacía a ella un desorden   orgánico. El propio Robinson recomendaba frecuentes   sangrías, ya que consideraba que dependía de una   constitución corporal biliosa, cálida y sanguínea (8),   la cual requería dicho tratamiento. La interpretación   somática y neurológica de la enfermedad mental recibió   nuevas denominaciones no derivadas de las formas de   presentación de la enfermedad, sino del rango social de   quien la padece; así, la melancolía será denominada   spleen cuando quien la padece pertenece a la clase   superior, pero si quien presenta similar cuadro clínico   es alguien de la clase trabajadora se le llamará “falta de   espíritu” (lowness of spirit) (9).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Los grandes sistemáticos de finales del siglo XVII   como Herman Boerhaave y Von Haller difundieron la   concepción neural de la enfermedad mental. Haller,   el creador del termino “fisiología”, estableció que la   melancolía era el resultado de la evaporación de las   partes más sutiles de la sangre y el consiguiente acúmulo   y condensación de sus residuos térreos en el cuerpo,   lo que causaba el letargo característico; el problema   médico sería así el origen de esa condensación lo que   dio lugar a las más diversas teorías. Erasmus Darwin,   por ejemplo, relacionaba la hipocondría con la mala   digestión. La concepción popular de la locura por la   época también se tiñe de mecanicismo, la expresión   popular “tener piedras en la cabeza” parece ser el origen   de diversas pinturas sobre el tema artístico denominado   Pierre de têtê o Pierre de folie (piedra de la locura)   que retrata a un cirujano o charlatán extrayendo una   piedra, la causa de su enfermedad, de la cabeza de un   enfermo mental. Aun en su primitivismo subyace a dicha   creencia popular una visión naturalista y mecanicista   de la locura, desechando así, al menos parcialmente,   la idea de posesiones demoniacas (10). Estos cambios   no implicaron que la locura se considerara un problema   de salud pública, su carácter no contagioso, su limitada   letalidad la alejaba de los problemas de salud pública   y, en cambio, por la incapacidad de trabajar de quienes   la padecían se asimiló paulatinamente al grupo de los   pobres y enfermos que no pueden trabajar y que deben   estar bajo la protección o cuidado del gobierno local.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   El paradigma neurológico de la enfermedad mental   cambia a partir de la difusión de las ideas de John Locke   y el sensualismo de Condillac quienes frente al postulado   cartesiano de las ideas innatas postularon que la mente   es como una hoja en blanco (tabula rasa) en la cual se   generan las ideas a partir de las sensaciones que provienen   de los sentidos. William Cullen (1710-1790) desde   Edimburgo, difundió esta interpretación en lo referido a las   enfermedades mentales postulando que la locura (vesania)   era una inusual y apresurada asociación de ideas que   daba lugar a juicios equivocados sobre la realidad y, por   consiguiente, a emociones desproporcionadas. Uno de sus   discípulos, Thomas Arnold, elaboró sobre esta base una   nueva taxonomía de la enfermedad mental, clasificándola   en dos grandes grupos, aquellos que incluían delusiones,   la “locura nocional” y los que presentaban alucinaciones, la   “locura ideática”; ambas causadas por una errada relación   entre las sensaciones y las ideas que se formaban a partir   de ellas (11).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   En esa línea es que debe interpretarse la obra de   figuras emblemáticas de la psiquiatría del siglo XVIII,   como Vincenzo Chiarugi y Philippe Pinel, recordados   por iniciar un trato humano a los enfermos mentales,   liberándolos de cepos y cadenas, pero no se recuerda   que este trato se deriva de una teoría subyacente, que   en el caso de Chiarugi conlleva a una reinterpretación   de la clasificación de la locura hecha por Cullen y que   estaba en relación a los humores. Chiarugi mantiene   la clasificación de William Cullen, (melancolía, manía   y demencia), pero le atribuye un distinto significado   a cada uno: La melancolia è una Pazzia parziale,   e sempre limitata ad uno, o pochi oggetti relativi.   La mania è una Pazzia universale con   accompagnamento di audacia, e furore nelle operazioni   Della volontà. L’amenza è una Pazzia universale,   o quasi universale, con irregolarità d’azione nelle   Potenze Intellettuali, e volontarie, ma naturalmente   senza emozioni (12).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Chiarugi incorpora el componente “psicológico” a la   enfermedad mental, los estados corporales influenciarían   la mente a través de la actividad de los sentidos y, en   general, del sistema nervioso, lo que llamó el sensorium   commune; por tanto, desechó que la enfermedad mental   fuera hereditaria y se inclinó a considerarla adquirida.   De allí deriva su principio terapéutico, basado en ejercer   influencias positivas sobre los sentidos y el sistema   nervioso. Estas medidas basadas en el ejemplo y   superioridad moral no podían dejar de estar vinculadas   a sus particulares convicciones morales y religiosas, lo   cual se evidencia en sus historias clínicas en las que   atribuye, por ejemplo, el origen de la melancolía al   abuso de la masturbación.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Philippe Pinel también se inclina al aspecto psicológico,   pero a partir de la imposibilidad de encontrar alteraciones   morfológicas en las necropsias de enfermos mentales.   A diferencia de Chiarugi que priorizaba como elemento   terapéutico el “ejemplo”, él enfatizó los aspectos   emocionales en la terapéutica; añadió a la clasificación   entonces en boga la manie sans délire, una forma   de alteración mental sin deterioro de las funciones   intelectuales. Se inicia en este periodo la era de los asilos   en los cuales la abundancia de observaciones permite   identificar y conocer mejor diversas enfermedades   neurológicas con un compromiso de las facultades   mentales. Tal es el caso de la descripción del petit mal   por Esquirol y luego de la crisis de ausencia que precede   a un ataque epiléptico por Calmell. Los asilos también   incorporan entre sus internos numerosos pacientes   afectados por la sífilis terciaria, identificada por Bayle   en 1822.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   La historia de los asilos es un tema amplio que   excede los alcances del presente artículo; signados   por una leyenda negra son múltiples las referencias a   insanos enjaulados, confinados en cajas de madera o   encadenados a celdas, pero sin duda representan el   triunfo definitivo de la incorporación de la locura y los   problemas de salud mental como un tema médico y, por   ende de la Salud Pública. Lord Shaftesbury, responsable   de una comisión de reforma de los asilos del parlamento   inglés atribuía esta situación a los medicos: I could   affirm that medical men who had not made the subject a   special study, were as ignorant of mental disease as any   who observed it for the first time (13).</font></p>      <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">   LA PSIQUIATRÍA ACTUAL Y SUS DEBATES   GENÉTICOS</font></b></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   El titulo de este apartado no pretende hacer referencia   a una determinación genética del origen de la   enfermedad mental, sino a los debates que atraviesan   la psiquiatría contemporánea y que podemos remontar   en lo fundamental a la segunda mitad del siglo XX.   Hasta 1950 la Psiquiatría y su historia era un ejemplo   destacado de cómo una evolución disciplinaria había   desterrado la barbarie y la ignorancia, y el tratamiento   con torturas y confinamiento de los “lunáticos”; todo   lo cual había sido paulatinamente desplazado por un   tratamiento científico.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   En esa aparente calma surgen posiciones como las de   Szasz, psiquiatra norteamericano, quien en sus libros   The myth of mental illness, 1961 y The manufacture of   madness, 1971, niega la existencia de la enfermedad   mental, la que sería un “mito” que han inventado los   profesionales de la Psiquiatría alentados por una   sociedad que así encuentra soluciones fáciles a los   complejos problemas del ser humano, etiquetando   como enfermos mentales a aquellos considerados   como pestes sociales. Este punto de vista es más   ampliamente conocido por otro de sus sostenedores,   el filosofo Michel Foucault, historiador de las ideas,   quien en Madness and civilization (1961) considera que   la historia de la Psiquiatría no sería un recuento de los   esfuerzos para combatir la enfermedad mental sino la   historia de la derrota de la libertad por el control y del   predominio del poder sobre el conocimiento.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   Naturalmente, se han presentado refutaciones, entre   ellas la de Roth y Kroll (1981), quienes en The reality   of mental illness (1986) refieren que la estabilidad de   los signos de los síntomas psiquiátricos son la evidencia   de que no responden a un constructo social sino a una   entidad natural con una base orgánica (14).</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   A comienzos del siglo XXI, y con un evidente incremento   de los problemas de salud mental, debates como el   señalado nos señalan la necesidad de profundizar no   solo en el tratamiento de la enfermedad mental y de su   inclusión como problema prioritario de salud pública sino   en encontrar las raíces de nuestro pensamiento sobre la   locura y sus implicancias sociales.</font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">   REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS</font></b></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   1. Householder F. Quem deus vult perdere dementat prius.   The Classical Weekly. 1936;29(21):165-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630021&pid=S1726-4634201200010002200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   2. Hipocrates. Sobre la enfermedad sagrada. En: Tratados   Hipocráticos Vol. I. Madrid: Ed Gredos; 1990. p. 399-400.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630023&pid=S1726-4634201200010002200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   3. F araone CA. Magical and medical approaches to the   wandering womb in the ancient Greek world. Classical   Antiquity. 2011;30(1):1-32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630025&pid=S1726-4634201200010002200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   4. Elgood C. The medicine of the prophet. Med Hist.   1962;6(2):146-53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630027&pid=S1726-4634201200010002200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   5. Dols MW. Insanity and its treatment in Islamic society. Med   Hist. 1987;31(1):1-14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630029&pid=S1726-4634201200010002200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   6. Bruce-Chwatt LJ. A medieval glorification of diseases and   death. Med Hist. 1972;16(1):76-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630031&pid=S1726-4634201200010002200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   7. de Rotterdam E. Elogio de la locura. Coloquios. Mexico: Ed   Porrúa; 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630033&pid=S1726-4634201200010002200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   8. Robinson N. A new system of the spleen, vapours and   hypocondriack melancholy. En: Ingram A (ed.) Patterns   of madness in the eighteen century. London: Liverpool   University Press; 1998. p 76.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630035&pid=S1726-4634201200010002200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   9. Skultans V. English Madness. Ideas in insanity 1580-1890.   London: Routledge; 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630037&pid=S1726-4634201200010002200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   10. Schupbach W. A new look at the cure of folly. Med Hist.   1978;22(3):267-81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630039&pid=S1726-4634201200010002200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   11. Arnold T. Observations on the nature, kinds, causes and   prevention of insanity. Vol II 2ª ed. London: Richard Phillips;   1806.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630041&pid=S1726-4634201200010002200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   12. Chiarugi V. Chapitre IV: Divisione generale delle piazze.   En: Della pazzia in genere, e in specie. Trattato medico   analitico. Florence: Luigi Carlieri ed.; 1746. p. 46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630043&pid=S1726-4634201200010002200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   13. Hodgkinson RG. Provision for pauper lunatics 1834-1871.   Med Hist. 1966;10(2):138-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630045&pid=S1726-4634201200010002200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   14. Porter R. Madness: A brief History. London: Oxford   University Press; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2630047&pid=S1726-4634201200010002200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   <b>Correspondencia:</b> Oswaldo Salaverry García</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   <b>Dirección:</b> Cápac Yupanqui 1400, Lima 11, Perú.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   <b>Teléfono:</b> (511) 6176200 anexo 1609</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   <b>Correo electrónico:</b> <a href="mailto:oswaldosalaverry&#64gmail.com">  oswaldosalaverry&#64gmail.com</a></font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">   <b>Recibido:</b> 07-03-12 </font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Aprobado: </b>07-03-12</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">      &nbsp;</font></p>         ]]></body><back>
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