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<journal-title><![CDATA[Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La comida en el antiguo Perú: haku mikumusum (¡vamos a comer!)]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Food in ancient Peru: haku mikumusum (let’s go to eat!)]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The Andean region is one of the eight world centers where plant and animal domestication originated. Given that food is a structural factor of social reality, a description is given of the close relationship that Andean men developed with their geographic surroundings, and the plants and animals they domesticated, giving rise to a remarkable culture that united the extraordinary nutritional richness of their traditional food with a food production, conservation and distribution system that led to a civilization who never experienced hunger. Some foods of ancient Peru are briefly described in the following review]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><b><font face="Verdana" size="2">Historia de la Salud Pública</font></b></p>     <p align="right">&nbsp;</p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="4">   La comida en el antiguo Perú: haku mikumusum (¡vamos a comer!)</font></b></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="3">   Food in ancient Peru: haku mikumusum (let’s go to eat!)</font></b></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">   Oswaldo Salaverry<sup>1,2,a</sup></font></b></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   1 Centro Nacional de Salud Intercultural, Instituto Nacional de Salud. Lima,   Perú.    <br> </font><font face="Verdana" size="2">2 Facultad de Medicina Humana, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima,   Perú.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font><font face="Verdana" size="2">a Médico doctor en Medicina</font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  <hr>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">   RESUMEN </font></b></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   La región andina es uno de los ocho centros originarios mundiales de   domesticación de plantas y animales. Al ser la alimentación un factor   estructurante de la realidad social, se describe la estrecha relación que   desarrolló el hombre andino con su medio geográfico, y las plantas y animales   que domesticó dando lugar a una cultura singular en la que aunó la   extraordinaria riqueza nutricional de sus alimentos tradicionales, con un   sistema de producción, conservación y distribución de los alimentos que permitió   una civilización en la que no se conoció el hambre. En la siguiente revisión se   presenta brevemente algunos alimentos del antiguo Perú.</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <b>Palabras clave:</b> Alimentos; Población indígena; Plantas comestibles; Perú   (fuente: DeCS BIREME).</font></p>  <hr>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">   ABSTRACT</font></b></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   The Andean region is one of the eight world centers where plant and animal   domestication originated. Given that food is a structural factor of social   reality, a description is given of the close relationship that Andean men   developed with their geographic surroundings, and the plants and animals they   domesticated, giving rise to a remarkable culture that united the extraordinary   nutritional richness of their traditional food with a food production,   conservation and distribution system that led to a civilization who never   experienced hunger. Some foods of ancient Peru are briefly described in the   following review.</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <b>Key words: </b>Food; Indigenous population; Plants, edible; Peru (source: MeSH NLM).  </font></p>  <hr>      <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">ALIMENTACIÓN Y CULTURA</font></b></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   El desarrollo y la evolución de la cultura humana están estrechamente vinculados   con la alimentación. Mas allá de la obviedad de que el alimento es   imprescindible para la subsistencia de cualquier especie, los humanos   primitivos, al domesticar animales y plantas, artificializaron su relación con   el medio ambiente, lograron, a diferencia de cualquier otra especie animal,   modular la naturaleza según sus necesidades; es así como inició su desarrollo   hacia el dominio hegemónico del planeta. Los ecosistemas en que esto ocurrió se   conocen como centros mundiales de domesticación de plantas y animales y fueron,   por tanto, la sede de las primeras culturas y civilizaciones desde las cuales se   diseminaría por todo el planeta la cultura de la alimentación en sus más   variadas formas. Se reconocen ocho centros mundiales originarios de   domesticación, denominados Centros Vavílov en    honor al científico ruso que los propuso (1). Por razones geográficas la mayoría   de estos centros estuvieron en contacto e intercambiaron especies domesticadas   desde la prehistoria, a excepción del centro americano, el cual tiene dos   subcentros: el andino y el mesoamericano, que tuvieron un desarrollo paralelo y   en aislamiento, de las especies domesticadas en Eurasia y África hasta finales   del siglo XV. </font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   Con los viajes de Colón se produce un encuentro de dos mundos culturales y   alimenticios que, de allí en adelante, confluirían mundializando y homogenizando   la alimentación humana, hasta configurar lo que algunos han llamado los   “imperios alimenticios” (2). La Organización de las Naciones Unidas para la   Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que unas 7000 plantas han sido   cultivadas o recolectadas como alimento en algún momento de la historia, pero en   la actualidad la seguridad    alimentaria reposa en 30 cultivos que aportan el 95% de las calorías de la   dieta, y tres de ellos: el trigo, el arroz y el maíz brindan más del 50% de las   calorías derivadas de las plantas.</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   La importancia fundamental de los procesos de domesticación de plantas y   animales no puede ser sos-layada para una cabal comprensión histórica de las   culturas originarias, pues de ellos derivan las inter-pretaciones cosmológicas,   los modos de organización del trabajo, y los regímenes de tenencia de los   re-cursos y su distribución. Los modelos culturales que así se crean están tan   profundamente enraizados en la vida cotidiana que no suelen ser reconocidos por   los integrantes de esas mismas sociedades, pues sus consecuencias y modos de   expresión están incorporados en una percepción incuestionable del mundo (3). En   los Andes precolombinos la profunda conexión entre animales, plantas y cultura   se extendió mucho más allá de la alimentación configurando las tecnologías   productivas, la división del tiempo, la cosmogonía, la moral y hasta las formas   de la religiosidad. Como lo han desarrollado varios historiadores   contemporáneos, la alimentación es un aspecto estructurante de la cultura humana   (4,5).</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <i>EL PROCESO DE DOMESTICACIÓN ANDINO</i></font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   Hace unos 12 000 a 10 000 años atrás los pobladores andinos eran nómades,   recolectores y cazadores de grandes animales, donde destacaba un tipo de oso   perezoso y un pariente lejano del actual caballo. La caza intensa extinguió   estos animales y se buscó entonces animales más pequeños como los camélidos,   venados o ciervos, roedores y aves. Este es el periodo en el cual se inicia   también la agricultura eventual, es decir aquella que dejaba semillas de alguna   planta silvestre o parcialmente domesticada en un lugar y se continuaba con la   trashumancia, regresando luego para recoger la cosecha, pero sin llegar al   sedentarismo (6). Entre las primeras plantas domesticadas se encuentra las de la   familia Chenopodium, de donde se derivarían las diversas variedades de quinua (Chenopodium   quinoa) y de la familia Amaranthaceae de donde derivaría el amaranto o kiwicha (Amaranthus   caudatus). Las investigaciones arqueológicas muestran un cambio hace unos 9000   años, cuando se hacen más abundantes los huesos de camélidos, lo que indicaría   el naciente predominio de las labores de pastoreo sobre la caza, especialmente   de la llama y la alpaca. El patrón sedentario se va imponiendo y se inicia la   domesticación de especies animales pequeñas como el cuy (Cavia porcellus) y el   pato (Cairina moschata). El proceso de domesticación se acelera de allí en   adelante, pero en los andes al igual que en Centroamérica predomina la   domesticación de plantas siendo escasa o parcial la de animales. La razón de   esta disparidad no se conoce pero sin duda no se debe a la ausencia de animales   salvajes que pudieran haber sido domesticados. </font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   Asombra la diversidad de plantas que se domestican en los andes y cómo se   incorporan en un sistema agrícola simple pero efectivo (7) que, aunado a un   sistema de distribución asombroso para las condiciones de la época, lograron una   diversidad alimenticia mucho mayor que en otros centros de domesticación (8).   Las tierras cultivadas en el periodo prehispánico sufrieron una disminución   considerable con la conquista europea al punto que se calcula que hacia el año   1960, pese a todas las obras de la moderna agricultura, solo se había alcanzado   un 70% de la superficie cultivada en el antiguo Perú (9). </font></p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">   LOS GRANOS ANDINOS </font></b></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <i>MAÍZ</i></font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   El maíz (Zea mays) es, sin duda, el cultivo central de la agricultura andina,   pero persiste la disputa sobre dónde se domesticó, pues algunos creen que su   origen está en la meseta mexicana y de allí se difunde a toda América, pero   otros proponen una domesticación dual en los Andes y en México. Sobre la   hipótesis de origen mexicano se ha llegado, incluso, al extremo de identificar a   la comunidad paxil, en el estado de Veracruz, como cuna de su domesticación.   Paxil significa “tierra fértil” y, tomando como referencia el “Popol vuh”, sería   el lugar de origen del maíz (10). Esta hipótesis se debe contrastar con las   leyendas que pueden encontrarse en todos los pueblos primitivos, desde América   del Norte hasta el extremo sur del continente, en los que se indica con bastante   precisión como se introduce su cultivo. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   En el caso del antiguo Perú, la crónica del Padre Calancha refiere un mito que   remite su origen a Pacha-camac. En los primeros tiempos, una pareja primordial   no conseguía alimentos suficientes para subsistir, el hombre murió de hambre y   la mujer recogía raíces para sobrevivir; en su desesperación levantó los ojos   hacia el sol y pidió ayuda. El sol escuchó sus suplicas y con sus rayos la   fecundó, y a los cuatro días dio a luz. Pachacamac molesto por recibir menos   pleitesía, despedazó al niño y para que la mujer no se quejase por falta de   alimento, sembró los dientes del niño del cual brotó el maíz (11). </font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   Además de los mitos, la hipótesis de un origen doble en Mesoamérica y los Andes,   se ve favorecida por la gran cantidad de especies que se pueden identificar    en Perú (más de 35). El nombre originario en quechua es sara, pero existieron   otros nombres según carac-terísticas especificas; así, al maíz duro se le   llamaba muruchu y el maíz de dos colores misa sara. Estas denominaciones   quechuas se han perdido, pero otros vocablos se han incorporado al castellano en   versión de peruanismos como “choclo”, del quechua Chokllu que se refería a la   mazorca de maíz no maduro; el maíz cocido o “cancha” deriva de camcha o sara   chanka. El quechua huminta se mantiene en nuestra culinaria popular como   “humita”. Otros se mantienen en usos locales como los derivados de tanta que   refi-riéndose específicamente al pan de maíz se convirtió luego en genérico de   pan. Una especial mención debe hacerse al sanku que era una masa de maíz   semicocido que se utilizaba en la fiesta de la salud situa o citua y que luego   mezclada con sangre de los sacrificios de animales se convertía en el yawar   sancu utilizado en forma ritual para proteger la salud (12). La ritualidad   alrededor del propio cultivo es abundante, en el periodo de siembra se usaban   las saramamas y en la época de cosecha el baile correspondiente a la cosecha de   maíz era el ayrigua (12).</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   La primera noticia que tuvieron los europeos de esta gramínea fue a través de   Colón, que observó las plan-taciones en las islas del Caribe. Una referencia   clara al maíz está en las “Decadas” de Pedro Mártir de Angleria, escrita desde   1493 pero publicada en 1511, aunque para dicha fecha el maíz ya se conocía en   toda Europa, apareciendo en el “De historia stirpium” o herbario de Fuchs en   1542 (13). </font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <i>LA QUINUA</i></font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   La quinua y la cañihua, además de ser especies de Amaranthus, guardan una   estrecha relación en su consumo. El origen de la quinua es sin duda altoandino   aunque también se han encontrado cultivos en Mesoamérica, en particular el   Chenopodium nuttaliae, conocido como huauhtli muy similar a la quina andina.   Hallazgos en tumbas y otros restos arqueológicos sitúan la domesticación de la   quinua en fechas tan tempranas como el 3000 a. C. aunque se refieren hasta 7000   años de antigüedad (14). Originalmente el grano de la quinua tenía un color   oscuro, casi negro (sus granos se llamaban ayaras o ajaras) y por un proceso de   selección fue obteniéndose las cosechas de su actual color perlado. Aún se   conservan especies de muy diversos colores, lo cual también se refleja en la   amplia sinonimia y denominaciones que guarda relación con su amplia   distribución. Además, las cenizas de la quinua llipta, forman parte del ritual   del chacchado o uso de la hoja de coca para mascar, como mordiente para extraer   en la boca las sustancias de la hoja de coca. </font></p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">   LOS TUBÉRCULOS ANDINOS</font></b></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <i>LA PAPA</i></font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   Conocida también como patata, a diferencia del maíz que tenía un cultivo   centralizado, era de uso popular, sirviendo incluso para medir el tiempo   calculando el equivalente al que tomaba hervir una olla de papas, o para medir   una superficie a través de la papacancha o topo que era la extensión de terreno   que debía tener una familia para sembrar papa, lo que variaba según la altitud y   el consiguiente rendimiento del tubérculo; así, en tierras altas que debían   descansar más tiempo entre cosechas, un topo era siete a diez veces más grande   que el ubicado en una altura media. El rol central de la papa se grafica en la   calificación general de papa como kawsay es decir subsistencia o vida.</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   Un viejo relato andino refleja las tensiones entre cultivadores de quinua y de   papa; se refiere que en la antigüedad los cultivadores de quinua dominaban todo   el territorio y condenaban a morir a sus vasallos reduciéndoles los alimentos,   estos clamaron a la divinidad que les dio una semillas semejantes a piedras las   que comenzaron a cultivar, los opresores les dejaron cultivar pero cuando la   cosecha estaba lista llegaron y se llevaron todo lo que estaba sobre la   superficie: las matas de flores moradas de la papa, creyendo así condenarlos a   muerte pero el dios les dijo que escarbaran en el suelo y encontraron las papas   que mantuvieron en secreto y continuaron cultivando hasta que pudieron vencer a   sus opresores. </font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   La conservación de la papa, bajo la forma de chuño dio una ventaja   extraordinaria para la conservación y distribución de alimentos, el proceso es   una de las tecnologías andinas más sofisticadas y ampliamente difundidas, se   iniciaba con la selección de las papas, las que se dejan a la intemperie para   que se congelen, luego se las deja en una laguna o cocha durante unos 30 días   hasta que, saturadas de agua, se retiran, se extienden sobre el suelo y se las   pisa para extraer el agua y la cáscara, luego se las vuelve a exponer al frío   por 10 a 15 días, terminando de secarse al sol por la acción del hielo. El   producto o chuño, se conserva durante meses o años sin corromperse, permitiendo   su distribución o almacenamiento. Este proceso implica un conocimiento profundo   de los ecosistemas para su aprovechamiento; así, las papas de las alturas que   necesitan protegerse de los rigores del frío, lo logran a costa de brindar una   papa pequeña y amarga por su contenido de glicoalcaloides que le dan resistencia   a las bajas temperaturas. Estos glicoalcaloides son solubles en agua pero   estables frente al calor por tanto no se eliminan con la cocción lo que hace a   las papas desagradables, en tanto que procesadas como chuño son altamente   valoradas. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <i>LA OCA</i></font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   Cuyo nombre científico es Oxalis tuberosa, se conoce también con diversos   nombres en el área andina: cuiba o quiba en Venezuela; macachín o miquichi en   Argentina, y huasisai o “papa roja” en Colombia (15). Se usa cocida pero   previamente es asoleada para incrementar sus propiedades, en particular su   dulzura. Su alto contenido de agua, casi 80%, ha llevado a que se la use   deshidratada por exposición al sol, tomando el nombre de ccaya lo que lleva su   porcentaje proteico hasta el 11%. Una expresión de su vinculación con otros   cultivos es el tradicional sistema de rotación, en el cual un mismo campo tiene   una cosecha de papa y a continuación se realiza una de oca. </font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <i>LA ARRACACHA</i></font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   De amplia distribución en los Andes, desde Venezuela hasta Bolivia, ha dado   lugar a una variada sinonimia; así, en Ecuador se la conoce como zanahoria   blanca, en Estados Unidos y Europa como white carrot; en Venezuela se le llama   apio criollo; en el periodo prehispánico, en quechua se la conocía como rakkacha   o también huisampilla, en aymara se la denominaba lakachu o lecachu. En el Perú   se identifican dos centros de diversidad genética, uno en la sierra norte y otro   en la sierra sur; la planta es una herbácea que alcanza hasta 1m con hojas   amplias lanceoladas, flores púrpuras o grises, su raíz alcanza hasta 4 kg de   peso y es la parte comestible, el color varía desde amarilla hasta morada y se   ramifica en 8 a 10 partes (16).</font></p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">   LEGUMINOSAS</font></b></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   La principal leguminosa domesticada en los Andes fue el frejol de la cual se   desarrollaron múltiples especies y variedades. La domesticación se realizó a   partir de una variedad salvaje que existe en toda América. Algunas subespecies   como la ñuña (Phaseolus vulgaris subesp nunas) solo crecen en los Andes. Las   otras leguminosas como el tarwi (Lupinus mutabilis) han sido muy afectadas por   el desplazamiento de cultivos con plantas introducidas, y habiendo sido uno de   los principales cultivos precolombinos (17) su consumo actualmente es casi   doméstico en regiones andinas aunque sus valores nutricionales son notables con   un 42 % de proteína en grano seco y 20% en grano cocido.</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   El frejol es una planta del género Phaseolus con diversas especies distribuidas   en toda América, la especie más común, el Phaseolus vulgaris L., es originario   de los Andes aunque aún se debate su posible origen mesoamericano. Las   evidencias remontan su antigüedad hacia el 7000 a.C. En quechua se le llamaba   purutu, de donde deriva el término poroto. Los europeos las llamaron favones o   favas por la semejanza con las habas, pero la sinonimia en España es muy amplia:   habichuela (que deriva de haba), alubia, que deriva del árabe al-lubiia, o   judías del árabe yudiya, vinculado con el iudaeus o judío en latín y que guarda   relación con el hecho que los cultivos en la España medieval estaban muy   vinculados con la población árabe, pero la distribución a los comerciantes   judíos.</font></p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">   ANIMALES DOMÉSTICOS</font></b></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   No sería completa una revisión de la alimentación precolombina sin mencionar los   animales domésticos, entre ellos destaca el cuy, nombre con el que se le conoce   en los andes sudamericanos, siendo general la denominación de conejillo de   indias o cobayo. En quechua se le llamaba quwe o akash, en aimara wanko y en   jakaru kiucho o uywa. Los españoles que no conocían otro roedor semejante le   llamaron directamente rata o en algunos casos cochinillo de indias.</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   El cuy actual (Cavia porcellus cobaya) es originario de Perú, y aunque todos lo   suponen un roedor, existe una discusión al respecto (18). El derivado “conejillo   de indias”, ha trascendido pero también ha tenido inexplicables derivaciones   como en ingles en que se le conoce como guinea pig, es decir cerdo de guinea.   Aunque su crianza estaba difundida en todo el antiguo Perú incluyendo la costa y   la zona altiplánica, la mayor concentración fue en la zona andina, en la que se   conserva desde tiempos prehispánicos, un carácter de crianza doméstica.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   Los camélidos andinos se utilizaban básicamente por su lana pero también por su   carne; los grandes rebaños se atrapaban en chacos, que eran grandes actividades   colectivas que consistían en trazar un cerco humano alrededor de una zona e ir   reduciéndolo mientras se hacía ruidos que iban concentrando a los rebaños;   atrapados en un pequeño espacio se esquilaba a los animales y se sacrificaba una   cantidad estrictamente regulada para obtener carne que luego se preservaba por   un proceso basado en la sal, la ex-posición a las bajas temperaturas y el   ambiente seco de las alturas andinas. El producto que se obtenía, el charqui,   conservaba un gran valor nutricional pues tiene proteínas de alta calidad y muy   pocas grasas además de poder conservarse y trasladarse con gran facilidad.  </font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   A la llegada de los españoles se continuó con los chacos, pero se perdió   paulatinamente ese control que regulaba la sostenibilidad de los rebaños, lo   cual    aunado a la epidemia que afectó a todos los camélidos andinos llevó a una gran   disminución que afectó el sistema de transporte de mercancías, pero básicamente   de alimentos que había funcionado perfectamente durante siglos, incluso antes de   los incas. Como dato curioso cabe señalar que los españoles nunca fueron muy   afectos a la carne de los camélidos andinos pero apreciaban mucho unas   concreciones calcáreas muy frecuentes en el sistema digestivo de estos animales   que asimilaron a la piedra bezoar, un componente de múltiples antídotos de la   farmacopea medieval y que alcanzaba altos precios en Europa donde se obtenía de   camélidos asiáticos (12).</font></p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">   LA ALIMENTACIÓN DEL POBLADOR ANDINO</font></b></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   Aunque solo hemos señalado algunas de las plantas alimenticias del antiguo Perú,   la organización de la producción, el sistema de distribución centralizado y la   sostenibilidad de la agricultura andina permitió que, según referencias de los   cronistas de indias, no se conociera el hambre en el periodo precolombino, y por   el contrario se disfrutara de una amplia diversidad de alimentos, el valor de   los cultivos andinos tradicionales recién se está valorando no solo por su   diversidad y aporte nutricional sino por su contribución a la configuración de   una nación andina y agrícola como nuestra principal característica.</font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">   Referencias Bibliográficas</font></b></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   1. Vavilov NI. Origin and Geography of cultivated plants. Cambridge: Cambridge   University Press; 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664762&pid=S1726-4634201200030002000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   2. Fraser EDG, Rimas A. Empires of food. New York: Free Press; 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664764&pid=S1726-4634201200030002000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   3. Levy-Strauss C, Mitológicas I. Lo crudo y lo cocido. México: Fondo de Cultura   Económica; 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664766&pid=S1726-4634201200030002000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   4. McNeill W. Plagues and people. New York: Anchor Books1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664768&pid=S1726-4634201200030002000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   5. McNeill W. The Human condition: An ecological and historical view. Princenton:   Princenton University Press; 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664770&pid=S1726-4634201200030002000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   6. Harris M, Ross E (ed.) Food and evolution: Toward a theory of human food   habits. Philadelphia: Temple University Press; 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664772&pid=S1726-4634201200030002000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   7. Guaman Poma de Ayala F. Nueva crónica y buen gobierno (Codex péruvien   illustré). Paris: Institut d’ethnologie Uni-versité de Paris; 1936.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664774&pid=S1726-4634201200030002000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   8. Pearsall D. The origins of plant cultivation in South America. En: Cowan C,   Watson P. The origins of agriculture. An International perspective. Alabama:   University of Alabama Press: 2006. p. 173-206.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664776&pid=S1726-4634201200030002000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   9. Kosok P. Life, land and water in ancient Peru: an account of the discovery,   exploration and mapping of ancient pyramids, canals, roads, towns, and   fortresses of coastal Peru with observations of various aspects of Peruvian life,   both ancient and modern. New York: Long Island University Press; 1965.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664778&pid=S1726-4634201200030002000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   10. Navarrete Cáceres C. Relatos mayas de tierras altas sobre el origen del   maíz: el camino de Paxil. México: UNAM; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664780&pid=S1726-4634201200030002000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   11. Rostworowski M. Obras completas II Pachacamac. Lima: Instituto de estudios   Peruanos; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664782&pid=S1726-4634201200030002000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   12. Lastres J. Historia de la Medicina Peruana. Lima: Universidad Nacional Mayor   de San Marcos; 1955.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664784&pid=S1726-4634201200030002000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   13. Frances Causape M. El renacimiento una nueva era para la Materia Medica. En:   Jarava J. Historia de las yerbas y plantas (editado por Maria Jesus Mancho)   Salamanca: Universidad de Salamanca; 2005. p. 29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664786&pid=S1726-4634201200030002000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   14. Pearsall DM. The origins of plant cultivation in South America. In: Wesley   Cowan C, Watson PJ (eds.). The origins of agriculture: An international   perpective. Washington; Smithsonian Institution Press; 1992. p. 173-205.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664788&pid=S1726-4634201200030002000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   15. Marrou L, Villacorta M, Pagador S. Composición química de “oca” (Oxalis   tuberosa), “arracacha” (Arracaccia xan-torhorriza) y “tarwi” (Lupinus tuberosa).   Formulación de una mezcla base para productos alimenticios. Rev Venez Cienc   Tecnol. 2011;2(2):239-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664790&pid=S1726-4634201200030002000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   16. Amaya J. Arracacha. La Libertad: Gobierno Regional La Libertad. 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664792&pid=S1726-4634201200030002000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   17. Horkheimer H. Alimentación y obtención de alimentos en el Perú Prehispánico.   Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos; 1973. p. 97-100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664794&pid=S1726-4634201200030002000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   18. Graur D, Hide WA, Li WH. Is the guinea-pig a rodent? Nature.   1991;351(6328):649-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2664796&pid=S1726-4634201200030002000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <b>Correspondencia:</b> Oswaldo Salaverry García</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <b>Dirección:</b> Cápac Yupanqui 1400, Lima 11, Perú.</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <b>Teléfono:</b> (511) 6176200 anexo 1609</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <b>Correo electrónico:</b> <a href="mailto:oswaldosalaverry@gmail.com">  oswaldosalaverry@gmail.com</a></font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">   <b>Recibido:</b> 30-08-12 </font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Aprobado:</b> 05-09-12</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">* Haku mikumusum: &iexcl;vamos a comer! &nbsp;</font></p>         ]]></body><back>
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