ORIGINAL

 

Secuelas de la violencia colectiva: hablan las víctimas del estudio ISAVIC

 

Sequelae of collective violen victims' voices in the ISAVIC study

 

 

Itziar Larizgoitiaa, Itziar Fernándezb, Iñaki Markeza, Isabel Izarzugazaa, Arantza Larizgoitiaa, Florentino Morenob, Darío Páezc y Carlos Martín Beristaind, en nombre del equipo ISAVIC*

aEquipo ISAVIC, España
bDepartamento de Psicología Social, Universidad Complutense, Madrid, España
cFacultad de Psicología, Universidad del País Vasco, San Sebastián, España
dInstituto de Derechos Humanos Padre Arrupe, Universidad de Deusto, Bilbao, España

*Equipo ISAVIC (Impacto de SAlud de la VIolencia Colectiva): Itziar Larizgoitia, Isabel Izarzugaza, Iñaki Markez, Itziar Fernández, Ioseba Iraurgi, Arantza Larizgoitia, Javier Ballesteros, Jordi Alonso, Alberto Fernández Liria, Florentino Moreno y Ander Retolaza.

El estudio fue financiado por la Fernando Buesa Blanco Fundazioa.

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Objetivo: A pesar de la importancia de la violencia colectiva en la salud, aún quedan muchas lagunas sobre la naturaleza de las lesiones que produce y su relación con el bienestar y la calidad de vida de sus víctimas. Durante los años 2005-2008 se realizó en el País Vasco el estudio ISAVIC para estimar los efectos de este tipo de violencia en la salud. El estudio intentó comprender las características de las secuelas de la violencia colectiva en la salud de las víctimas a partir de sus percepciones.
Métodos: Se seleccionó una muestra intencional de 36 víctimas primarias, a través de redes de contactos y mediadores. Se realizaron entrevistas en profundidad semiestructuradas, analizadas en función del modelo conceptual del estudio.
Resultados: Los testimonios sugieren que las víctimas han experimentado un proceso traumático de gran intensidad que no han superado en su totalidad y que es causa de una importante pérdida de calidad de vida. Se describen las principales limitaciones funcionales observadas en términos físicos, emocionales y sociales.
Conclusiones: Los resultados cualitativos son coherentes con los obtenidos mediante instrumentos estandarizados, a los que dotan de mayor sentido al explicar la naturaleza de las limitaciones de la salud. También permiten intuir algunas de las relaciones entre las diferentes limitaciones funcionales y su impacto en la calidad de vida. Conviene verificar los resultados con muestras más amplias de víctimas y profundizar en el estudio de la relación entre violencia y salud, incluyendo el impacto del contexto social.

Palabras clave: Violencia. Terrorismo. Estado de salud. Métodos epidemiológicos. Investigación cualitativa.


ABSTRACT

Objective: Despite the significant influence of collective violence on the health status of its victims, there are still many gaps in our understanding of the nature of the functional limitations this violence produces and its impact on victims' wellbeing and quality of life. The ISAVIC study was carried out in the autonomous region of the Basque Country from 2005-2008 to estimate the effects of collective violence on health. The assessment included victims' perceptions of these sequelae and their impact on health.
Methods: A purposive sample of 36 primary victims was selected through contact networks and mediators. The victims' perceptions were collected through semi-structured in-depth interviews, which were later analyzed according to the study's conceptual framework.
Results: The victims' testimony suggests that they were profoundly traumatized by the collective violence experienced, which was often not yet completely overcome and significantly impaired their quality of life. The main functional, physical, emotional and social limitations described by the victims were identified.
Conclusions: The qualitative results of this study are coherent with those obtained through the parametric phase of the ISAVIC study and provide a more complete overview of the nature of the sequelae of collective violence and its impact on quality of life. These results should be verified in larger studies and the influence of the social context on the relationship between collective violence and health should be analyzed in greater depth.

Key words: Violence. Terrorism. Health status. Epidemiologic methods. Qualitative research.


 

Introducción

La violencia es una constante en las relaciones humanas. También es un determinante de la salud con consecuencias, en muchos casos, devastadoras. La violencia colectiva se define como «el uso instrumental de la violencia por gente que se identifica a sí misma como miembros de un grupo, ya sea transitorio o de larga duración, contra otro grupo o conjunto de individuos, con el fin de conseguir determinados objetivos políticos, económicos o sociales»1. La investigación, realizada sobre todo en población sometida a conflictos bélicos, sugiere que entre el 30% y el 60% de los individuos expuestos pueden presentar secuelas emocionales de moderadas a graves2,3, aunque el porcentaje puede ser más alto4,5. No obstante, apenas se conoce su impacto en términos de discapacidad, de alteraciones en el bienestar o en la calidad de vida de sus víctimas y de la colectividad donde opera, sobre todo en situaciones de violencia esporádica o de menor intensidad social. En España, sólo unos pocos estudios han señalado la pérdida de salud en las víctimas de la violencia colectiva6,7.

Durante los años 2005-2008 se realizó en el País Vasco un estudio epidemiológico denominado ISAVIC (Impacto en la SAlud de la VIolencia Colectiva), que intentaba estimar los efectos de este tipo de violencia en la salud de una selección de víctimas. Sus resultados principales, presentados en otro artículo8, sugieren que las víctimas primarias tienden a presentar mayores dificultades funcionales de orden fisiológico, emocional y social, con odds ratios entre 4 y 8 veces las de la población sin experiencia de violencia. Además, tienden a sentirse más solas y a percibir un clima emocional más hostil. Estos datos, aunque importantes, no describen las características de las limitaciones. En una segunda fase del estudio se intentó profundizar en la naturaleza de dichas dificultades, para lo cual se recogieron y analizaron las vivencias de los problemas de salud de las víctimas primarias. Los resultados principales de esta fase del estudio se describen aquí y complementan los resultados epidemiológicos presentados con anterioridad.

 

Método

Modelo conceptual

Describe las relaciones entre la exposición a la violencia colectiva y la salud del individuo, expresada ésta por su capacidad para realizar sus funciones biológicas, emocionales y sociales según una definición multidimensional de salud9. También contempla la relación entre estas variables y el marco social en términos de apoyo social y clima emocional, ambas consideradas potencialmente mediadoras (Figura 1).

Diseño

Se realizaron entrevistas en profundidad semiestructuradas en función del modelo conceptual a una muestra intencional de víctimas primarias, para recoger sus percepciones sobre las secuelas derivadas de una experiencia de violencia colectiva ocurrida en el pasado.

Sujetos del estudio

Víctima de la violencia es «todo ser humano que sufre un daño intencionado provocado por otro ser humano»10. Los sujetos de este estudio fueron «víctimas primarias», es decir, que habían experimentado violencia colectiva en su persona o eran familiares íntimos de personas asesinadas, que pueden sufrir una reacción traumática similar a los recipientes directos de la violencia y también han de afrontar el impacto afectivo y social de los hechos11. Se consideraron «hechos de violencia colectiva» aquellos atribuidos a razones de índole política, social o económica.

Selección de las víctimas primarias

El ámbito del estudio fue la Comunidad Autónoma del País Vasco (en adelante País Vasco). Se seleccionaron víctimas primarias residentes en el País Vasco que habían sufrido al menos un episodio de violencia colectiva desde finales de los años 1970 hasta ese momento. Siguiendo el consejo de especialistas en la atención a víctimas, éstas se seleccionaron por terceras personas (mediadores) que fueron identificados a través de instituciones públicas, organizaciones de apoyo a víctimas y especialistas en atención psicológica y social. Se realizó un gran esfuerzo para incluir a mediadores de todo el arco político y social. Ellos identificaron a las víctimas primarias mediante sus redes de contactos. El proceso de identificación y selección comenzó en enero de 2006 y se prolongó 18 meses, hasta alcanzar un número suficiente de casos. Se intentó que las víctimas representaran hechos violentos y periodos temporales diversos. En total aceptaron participar 36 víctimas primarias, de más de 100 contactadas. La mayoría expresaron su motivación por ofrecer su testimonio para mejorar la situación de las víctimas y de la sociedad. Las 36 víctimas ofrecen suficiente sustantividad y variabilidad de experiencias. La Tabla 1 refleja los motivos de rechazo de quienes rechazaron participar.

Entrevista

La entrevista y la formación de los entrevistadores se basaron en el Informe de Reconstrucción de la Memoria Histórica de Guatemala12, una de las pocas experiencias de investigación cualitativa con víctimas de violencia colectiva, adecuada para este estudio. La entrevista se estructuró en las siguientes etapas: 1) ¿Qué pasó?; 2) ¿Qué consecuencias tuvo? (en el momento y en la actualidad); 3) ¿Cómo lo afrontó? (en el momento y en la actualidad); 4) ¿Por qué piensa que pasó?; y 5) ¿Qué se puede hacer para que no se repita? Las etapas 1, 2 y 3 recogen las experiencias de las víctimas sobre el hecho violento y su impacto en la salud, así como las acciones llevadas a cabo por la víctima. La etapa 4 atribuye el hecho a fenómenos de violencia colectiva. La etapa 5 permite a la víctima reflexionar sobre el futuro. La formación de los entrevistadores incluyó seminarios teóricos y ejercicios prácticos basados en simulacros de entrevistas y entrevistas piloto a víctimas reales.

Se realizaron 36 entrevistas válidas, con una duración media de 50 minutos. En otros cuatro casos, la víctima abandonó la entrevista por alguna de las razones expuestas en la Tabla 1, lo cual llevó a su anulación. Todas las entrevistas fueron grabadas previa autorización de las víctimas, quienes también aprobaron, en algunos casos tras ligeras modificaciones, su transcripción.

Análisis

Inicialmente se trató cada entrevista con un programa de textos (QSR NUD*ist 6) y posteriormente se revisaron todas manualmente, para identificar vivencias relativas a los elementos representados en el modelo conceptual. Las vivencias se ordenaron en una hoja de cálculo (Excel) para facilitar su interpretación. Para ello se construyó una matriz en función de los tipos de hechos violentos y de las variables clave según el modelo conceptual. A modo ilustrativo se extrajeron algunas expresiones literales (testimonios) para incorporarlas a la descripción de resultados que se ofrece a continuación.

 

Resultados

Las víctimas

Las 36 personas entrevistadas fueron víctimas primarias de un suceso violento, catalogado como violencia colectiva. Casi todas ellas sufrieron al menos una agresión por su supuesta adscripción a un grupo determinado considerado por los perpetradores como enfrentado a otro que ellos representaban. En algunos casos, las víctimas sufrieron agresiones dirigidas contra otras personas. No obstante, la naturaleza y la intencionalidad de la agresión se encuentran igualmente presentes independientemente de la identidad del receptor.

Más de la mitad de las personas entrevistadas (19) sufrieron el asesinato de un familiar íntimo. Otras (6) sobrevivieron a atentados o intentos de asesinato dirigidos contra ellas mismas, o fueron víctimas accidentales (4) de atentados, manifestaciones u otras acciones dirigidas contra otros sujetos o bienes. Un número importante de las víctimas (7) sufrió amenazas y extorsiones reiteradas. Algunas acumularon experiencias de violencia colectiva durante años, normalmente en forma de amenazas y extorsiones, en ocasiones incluyendo un hecho traumático intenso (un asesinato o un atentado). Nueve víctimas sufrieron el hecho violento antes de 1990, ocho durante los años 1990 y el resto se convirtieron en víctimas primarias a partir del año 2000 (tres casos no pudieron ser clasificados temporalmente) (Tabla 2).

El momento inicial: el trauma

La mayoría de las víctimas entrevistadas manifestaron haber sufrido un choque emocional intenso a raíz del acto violento, que no han olvidado y reviven con intensidad. Las víctimas destacaron emociones de dolor, miedo, rabia e impotencia, tristeza, ganas de llorar, angustia, nerviosismo, odio y malestar al rememorar el hecho violento. Aunque prácticamente todas las víctimas recordaron el hecho con dolor, los testimonios que abren este análisis recogen el sufrimiento intenso expresado por las víctimas que padecieron la muerte violenta de un familiar íntimo (Tabla 3, testimonios 1).

 

Independientemente de la naturaleza del hecho violento, las víctimas señalaron que les produjo una sensación de ruptura existencial asociada a emociones negativas que marca un antes y un después (Tabla 3, testimonios 2).

El duelo

El proceso saludable del duelo implica una elaboración de la pérdida, resituarla internamente, renovar el significado y rehacer la propia vida. Las víctimas de este estudio sufrieron experiencias muy estresantes y a las cuales es difícil atribuir un significado. Muchas mostraron signos de seguir confrontando las consecuencias de procesos de duelo muy traumáticos en los que no terminan de poder reconstruir sus vidas (Tabla 4, testimonios 3).

Lesiones y secuelas

El relato de las víctimas descubrió una amplia relación de lesiones y secuelas en todos los ordenes estudiados. Quienes sufrieron agresiones físicas señalaron lesiones relacionadas con dichas agresiones y con los órganos afectados, además de hospitalizaciones e intervenciones complejas. Su testimonio expresó el impacto funcional ocurrido en el momento de la agresión y también sus consecuencias a lo largo del tiempo, que en algunos casos denotan secuelas físicas de gravedad e intensidad considerables (Tabla 5, testimonios 4).

 

La gran mayoría de las víctimas, independientemente de las características del hecho violento, refirieron síntomas emocionales cuya intensidad y persistencia hacen de él un aspecto muy importante en la expresión de su salud. Se observaron somatizaciones (Tabla 5, testimonios 5) y emociones de tristeza, cólera, miedo, culpabilidad, etc. Muy a menudo las víctimas refirieron episodios depresivos y de ansiedad de larga duración, e incluso síntomas compatibles con el síndrome de estrés postraumático y otras afecciones psiquiátricas (Tabla 5, testimonios 6).

Dadas las características del estudio, no fue posible establecer perfiles de respuesta en función de los tipos de hechos violentos o de las víctimas. No obstante, se observó que las víctimas de asesinatos relataron episodios de tipo depresivo, aunque éstos también se observaron en otras víctimas. También resultan llamativas las emociones de miedo, angustia y ansiedad, y los sentimientos de persecución y culpa expresados por quienes sufrieron amenazas o extorsiones reiteradas (Tabla 6, testimonios 7).

 

Impacto en la dimensión social

La violencia colectiva también puede afectar a la capacidad de las víctimas para relacionarse con otras personas, para realizar actividades complejas o para participar en la sociedad. Según los testimonios recogidos, el hecho traumático condicionó las relaciones íntimas de las víctimas, en muchos casos en sentido negativo, aunque también se dieron situaciones más favorables (Tabla 7, testimonios 8). Más allá del círculo íntimo, la mayoría de las víctimas expresaron dificultades para relacionarse (Tabla 7, testimonios 9) y, en muchos casos, para desarrollar actividades laborales o relacionadas con su proyecto de vida (Tabla 7, testimonios 10). Sus reflexiones reflejan el impacto percibido de estas limitaciones sociales, laborales o económicas al agravar su calidad de vida y bienestar (Tabla 7, testimonios 11).

 

La dimensión colectiva de la violencia: viviendo en sociedad

En situaciones de violencia colectiva, la relación entre las víctimas y la sociedad en que se produce la violencia es especialmente relevante. La reacción de la sociedad ante las víctimas y la prestación de apoyo emocional y material son algunos de los aspectos que pueden condicionar el impacto de la violencia en la salud. Las víctimas relataron aislamiento, rechazo y estigma, quizás más frecuentes en tiempos más lejanos (Tabla 8, testimonios 12). A menudo transmitieron la percepción de falta de apoyo fuera de su círculo íntimo, pero también narraron situaciones más acogedoras y positivas (Tabla 8, testimonios 13). Los testimonios sobre las reacciones del entorno social sugieren una mayor variabilidad, quizás expresando el impacto de otros factores, como el periodo temporal, las características sociales y políticas del entorno, u otros. El papel de dichos factores en la modulación del impacto de la violencia en la salud no ha podido ser analizado con el diseño de este estudio.

 

Sobreviviendo al trauma

El recorrido por la salud de las víctimas se cierra con dos observaciones complementarias. A pesar del tiempo transcurrido, los testimonios sugieren que el trauma y sus secuelas persisten en muchos casos, pero también señalan experiencias de crecimiento positivo. Éstas se refieren principalmente al desarrollo de unas mayores fortaleza y seguridad personal, y de nuevas relaciones e intereses, en muchos casos asociados a actividades de apoyo y ayuda a otras víctimas (Tabla 9, testimonios 14); las víctimas señalan su voluntad de superación, de recordar y transmitir sus lecciones a la sociedad (Tabla 9, testimonios 15).

 

Discusión

Los testimonios que han compuesto este relato aportan un conjunto de matices sobre la naturaleza y la intensidad percibida del sufrimiento que acompaña a la experiencia de violencia colectiva, que complementan, enriqueciéndolos, los resultados del estudio epidemiológico basado en instrumentos de medida estandarizados. Según éste, el riesgo de las víctimas primarias de presentar dificultades físicas, emocionales y sociales asociadas a la experiencia de violencia colectiva tiende a ser entre 4 y 8 veces superior al de la muestra representativa de la población general del País Vasco que sirvió de referencia. También señalaban la tendencia de las víctimas a sentirse más solas y estigmatizadas que la población general. Los testimonios aquí recogidos refuerzan aquellas observaciones y las dotan de mayor sentido al delinear la naturaleza de dicho sufrimiento, facilitando la comprensión del impacto de la violencia colectiva en la salud de sus víctimas de una manera más completa.

Las víctimas recordaron el trauma asociado al hecho violento13 y la sensación de ruptura vital que se tradujo en las secuelas emocionales y sociales descritas. La persistencia, en muchas víctimas, de un dolor intenso al rememorar el momento, incluso tras una o más décadas desde el shock inicial, puede indicar que el tiempo transcurrido no ha sido suficiente para recolocar el recuerdo de lo sucedido en un lugar desde el cual no invada cualquier experiencia presente, tal como se ha observado en otras víctimas de violencia colectiva intensa14. Aunque a partir de este análisis no pueden establecerse diagnósticos clínicos, los testimonios ofrecen vivencias compatibles con problemas psicológicos, entre los que destacan las referencias a síntomas depresivos, ansiedad e incluso estrés postraumático, en consonancia con estudios anteriores2,15,16. Las expresiones de ansiedad asociadas a la vivencia de amenazas sugieren la relevancia del impacto de la violencia colectiva aun en ausencia de agresiones físicas. Los familiares íntimos de personas asesinadas han ofrecido testimonios de gran crudeza, concordantes con reacciones traumáticas muy intensas y de larga evolución en estas víctimas11,17-19. Es destacable la observación de limitaciones funcionales de carácter crónico derivadas de las agresiones físicas, ya que, aunque esperables, a menudo no se describen, así como las muy frecuentes dificultades sociales, que en muchos casos generan mayor discapacidad y sintomatología emocional, y que han sido descritas sobre todo por investigadores sociales20-22.

Las formas de afrontamiento positivo ante las consecuencias de la violencia que han expresado algunas víctimas es un dato interesante y esperanzador que completa el círculo de la afectación de la salud. El concepto de «crecimiento postraumático» está bien descrito en el ámbito de la psicología clínica y social, y se refiere a la potencialidad de las víctimas de traumas devastadores no sólo de rehacer su vida sino incluso de superar algunos de sus rasgos psicológicos anteriores al trauma y construir otros nuevos a partir de cambios cognitivos, emocionales y conductuales23.

El conjunto de estos testimonios, aun con las limitaciones derivadas del diseño y del reducido número de víctimas, permite dibujar las grandes pinceladas de unas situaciones que están cargadas de matices de sufrimiento y de voluntad de superación, y que sugieren una carga de enfermedad asociada a la experiencia de violencia colectiva que puede ser significativa. Las vivencias expresadas por las víctimas primarias concuerdan con las observadas en conflictos bélicos, lo cual podría sugerir que, a pesar de que la colectividad ha recibido menor intensidad de violencia, las víctimas primarias perciben los hechos en su intensidad desde su experiencia directa e íntima. No obstante, la posible influencia del ámbito es un aspecto que merece ser analizado con mayor profundidad, dada la naturaleza social de la violencia colectiva24. La psicología social y la sociología han desarrollado, entre otros, los conceptos de «clima emocional» para definir el conjunto de emociones colectivas que influyen en los individuos25 y de «trauma social» para describir la huella, o el impacto negativo, que deja la violencia colectiva en una comunidad26. Este estudio sugiere una cierta variabilidad en el papel de los factores contextuales. Su relación con la salud de las víctimas y de la sociedad necesita ser estudiada.

Las víctimas que participaron en el estudio ISAVIC no son representativas de otras víctimas de la violencia colectiva en el País Vasco. Constituyen un grupo limitado y heterogéneo de personas que generosamente decidieron ofrecer sus vivencias. Sus características personales y sociales, sus posiciones políticas y sus experiencias de violencia colectiva, tanto de los hechos como de los perpetradores, son diferentes. Sin embargo, a pesar de las limitaciones a la validez externa, los testimonios recogidos son coherentes con resultados anteriores y ofrecen además una respuesta consistente ante la experiencia de violencia colectiva que quizás ayude a comprender cómo el hecho traumático repercute en la salud. Indudablemente, estos resultados merecen ser validados en nuevas muestras de víctimas. Conviene señalar, no obstante, que la falta de registros completos de víctimas, el deseo o la necesidad de privacidad de algunas de ellas, sus dificultades emocionales y funcionales, y el riesgo de reagudización, o la ansiedad derivada del estudio, aconsejarían el uso de muestras intencionales.

La importancia de este estudio radica en el desvelamiento, todavía incompleto, del sufrimiento, de gran intensidad, complejidad y persistencia, en que viven las víctimas de la violencia colectiva, así como su posibilidad de crecimiento y recuperación. Su fortaleza reside en la ordenación de las experiencias personales alrededor del modelo conceptual descrito y su yuxtaposición con el estudio paramétrico. Muestra así la potencialidad del análisis cualitativo como complemento del más estandarizado para ayudar a comprender una realidad tan compleja como la tratada en este estudio. Finalmente, anima a ampliar esta línea de investigación, incluyendo acciones para aminorar y prevenir la carga de enfermedad ocasionada por la violencia colectiva.

 

Declaraciones de autoría

I. Larizgoitia, I. Izarzugaza y I. Markez codirigieron el estudio. I. Larizgoitia fue la redactora principal del manuscrito, y junto con I. Fernández analizaron las entrevistas en profundidad. A. larizgoitia coordinó y supervisó el trabajo de campo, y junto con I. Izarzugaza y D. Paez completaron la entrevista y la formación de los entrevistadores. F. Moreno asesoró su conceptualización, diseño e interpretación de los resultados. D. Paez y C.M. Beristain diseñaron la estructura de las entrevistas en profundidad y la formación de los entrevistadores, y asesoraron a lo largo del estudio. A. Fernández-Liria, A. Retolaza, I. Iraurgi, J. Ballesteros y J. Alonso asesoraron y contribuyeron a la interpretación de los resultados. Todos los autores han contribuido a la redacción del manuscrito final.

 

Conflicto de intereses

Los autores no presentan ningún conflicto de intereses para la realización de este estudio.

 

Agradecimientos

A todas las personas que asesoraron y colaboraron en el estudio. Agradecemos el apoyo y la colaboración de Ildefonso Hernández y de Josep Maria Jansá por la Sociedad Española de Epidemiología (SEE); de la Asociación Vasca de Salud Mental y de la Asociación Española de Neuropsiquiatría; y de Nekane Basabe, del Grupo de Investigación Consolidado sobre Cultura y Procesos Psico-sociales de la UPV/EHU. También a la Red Española de centros de Investigación de Epidemiología y Salud Pública (RECSP) por su apoyo en la financiación de una de las cuatro jornadas de trabajo del comité asesor. Nuestro agradecimiento al apoyo esencial de David Bolton, Director del Northern Ireland Center for Trauma and Transformation; a Yolanda Pérez y Santiago Esnaola, del Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco, por su colaboración en el muestreo de población; a Francisco Morales e Itziar Fernández Sedano, de la UNED; y a Cristina Merino, abogada y mediadora de GUEZ, por su asesoría en la puesta en marcha del estudio. Gracias también a Fermín Apeztegía, por facilitar su finalización. Reconocemos a todos los grupos, asociaciones y mediadores sociales de apoyo a víctimas que facilitaron el estudio. Nuestro agradecimiento a la colaboración desinteresada de las 36 víctimas primarias de la violencia colectiva y los 2000 participantes anónimos que respondieron a la encuesta de población, y al apoyo financiero e institucional de la Fundación Fernando Buesa, representados por Milagros García de la Torre y Jesús Loza, quienes de manera cercana acompañaron el estudio y lo hicieron posible.

 

Bibliografía

1. Krug EG, Dahlberg LL, Mercy JA, et al., editores. World report on violence and health. Geneva World Health Organization; 2002. [Consultado 10/10/2005.] Disponible en: www.who.int.         

2. Davidson JT, Foa EA. Diagnostic issues in post-traumatic stress disorder. J Abnormal Psychol. 1991; 100:346-55.         

3. De Jong JTVM, Komproe IH, Ommeren MV. Common mental disorders in post-conflict settings. Lancet. 2003; 361:2128-30.         

4. Cardozo BL, Bilukha OO, Gotway Crawford CA, et al. Mental health, social functioning, and disability in postwar Afghanistan. JAMA. 2004; 292:575-84.         

5. Ahmad A, Sofi MA, Sundelin-Wahlsten V, et al. Posttraumatic stress disorder in children after the military operation "Anfal" in Iraqi Kurdistan. Eur J Child Adolesc Psychiatry. 2000; 9:235-43.         

6. Baca Baldomero E, Cabanas Arrate ML. Las víctimas de la violencia. Madrid: Editorial Triacastela; 2003.         

7. Miguel-Tobal JJ, Cano-Vindel A, Iruarrizaga I, et al. Consecuencias psicológicas de los atentados terroristas del 11-M en Madrid. Planteamiento general de los estudios y resultados en la población general. Ansiedad y Estrés. 2004; 10:1-11.         

8. Larizgoitia I, Izarzugaza I, Iraurgi I, et al. Impacto de la violencia colectiva en la salud. Resultados del estudio ISAVIC en el País Vasco. Gac Sanit. 2011; 25:115-21.         

9. OMS. Clasificación internacional del funcionamiento, de la discapacidad y de la salud. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2001.         

10. Echeburua E. Superar un trauma: el tratamiento de las víctimas de sucesos violentos. Madrid: Pirámide; 2004.         

11. Figley C.R., Bride B.E., Mazza N., editors. Death and trauma: the traumatology of grieving. Washington, DC: Taylor and Francis; 1997.         

12. Guatemala: nunca más. Informe de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI). Proyecto Interdiocesano Recuperación de la Memoria Histórica. Guatemala, Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, 1998. [Consultado 5/7/2010.] Disponible en: http://www.odhag.org.gt/03publicns.htm.         

13. American Psychiatric Association. Diagnostic and statistical manual of mental disorders. 4th ed. Text Revision. Washington, DC: American Psychiatric Association; 2000.         

14. Goenjian AK, Steinberg AM, Najarian LM, et al. Prospective study of posttraumatic stress, anxiety and depressive reactions after earthquake and political violence. Am J Psychiatry. 2000; 157:911-6.         

15. Shalev AY, Freedman S, Peri T, et al. Prospective study of posttraumatic stress disorder and depression following trauma. Am J Psychiatry. 1998; 155:630-7.         

16. Cardozo BL, Vergara A, Agani F, et al. Mental health, social functioning, and attitudes of Kosovar Albanians following the war in Kosovo. JAMA. 2000; 284:569-77.         

17. Bonnano GA, Kaltman S. Towards an integrative perspective on bereavement. Psychol Bull. 1999; 125:760-76.         

18. Janoff-Bulman R. Shattered assumptions: towards a new psychology of trauma. New York: The Free Press; 1992.         

19. Horowitz MJ, Siegel B, Holen A, et al. Diagnostic criteria for complicated grief disorder. Am J Psychiatry. 1997; 154:904-10.         

20. Pérez P. El trabajo en salud mental en situación de violencia política o conflicto armado. Perspectiva histórica y redes internacionales. En: Pérez, P., editor. Actuaciones psicosociales en guerra y violencia política. Exlibris Salud Pública. Exlibris ediciones; 1999.         

21. Fullilove MT, Heon V, Jiménez W, et al. Injury and anomie: effects of violence on an inner-city community. Am J Pub Health. 1998; 88:924-7.         

22. Martín-Baró I. Psicología social de la guerra. San Salvador, El Salvador: UCA Editores. 1990. [Consultado el 10/10/2005.] Disponible en: www.sites.googlegroups.com.         

23. Tedeschi R.G., Park C.L., Calhoum L.G., editors. Posttraumatic growth: positive changes in the aftermath of Crisis. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates; 1998.         

24. Summerfield D. War and mental health: a brief overview. BMJ. 2000; 321:232-5.         

25. De Rivera J. Emotional climate: social structure and emotional dynamics. International review of studies on emotion. Strongman T @ John Wiley & Sons Ltd.; 1992, 2, 197-218.         

26. Martín-Baró I. La violencia política y la guerra como causas del trauma psicosocial en El Salvador. Revista de Psicología de El Salvador. 1988; 7:123-41.         

 

 

Dirección para correspondencia:
Correo electrónico: itziar_larisgoitia@yahoo.es
(I. Larizgoitia)

Recibido el 1 de Agosto 2010
Aceptado el 10 de Noviembre 2010

Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) Barcelona - Barcelona - Spain
E-mail: gs@elsevier.com