INVESTIGACION

 

Control percibido por mujeres de edad mediana como educadoras para la sexualidad del niño preescolar

 

Perceived control by middle-aged women as educators for preschool child's sexuality

 

 

Guillermo Díaz Llanes

Máster en Psicología de la Salud, Profesor Auxiliar

 

 


RESUMEN

La construcción social de género, ha propiciado la identificación por la salud pública de la mujer como grupo vulnerable en la mayoría de los países. No obstante, dentro de este amplio grupo, existen subgrupos como los de la edad mediana de la vida (40-59 años) y las cuidadoras de enfermos, senescentes y niños, que por diversas razones estarían más expuestas al distres psicológico, el bajo bienestar subjetivo y por ende a enfermedades de diversas índole, básicamente a consecuencia de un insuficiente control sobre los múltiples roles que desempeñan. El presente estudio valora el control percibido en mujeres de edad mediana en su rol de educadora para la sexualidad del niño preescolar, por ser este, un segmento importante dentro de los cuidados generales que dicho grupo de edad demanda. Para ello se utilizó un diseño de investigación-acción y se trabajó con grupos focales. Participaron 41 mujeres de edad mediana cuidadoras de niños preescolares del policlínico "Carlos J. Finlay" de Marianao a las que se les aplicó el cuestionario sobre control percibido, adaptado de Kimberly y otros, antes y después de la intervención. Se alcanzó el 68,2 % de incremento en el número de mujeres con control sobre el rol después de la intervención, lo que muestra, entre otros factores, el reconocimiento de su papel como sujetos y objetos de la educación para la sexualidad y como trasmisoras y receptoras de valores relacionados con esta.

Palabras clave: Control percibido, bienestar subjetivo, género, educación para la sexualidad.


SUMMARY

The social construction of gender has helped the public health systems to identify the woman as a vulnerable group in most of the countries. Nevertheless, there are subgroups in this big group such as middle-aged females (40-59 years) and caregivers looking after sick people, elders and children who, by a number of reasons, will be more exposed to psychological stress, low subjective well-being and thus to various diseases, basically due to poor control on the many roles that they play. The present study researched into the perceived control on the role of educator for preschool child's sexuality since this is an important part of the general care demanded by this age group. To this end, a research-action design was used on the basis of focal groups. Forty-one middle-aged women, who looked after preschool children in the health area of "Carlos J. Finlay" polyclinics in Mariano, participated. They were applied Mastery Measure adapted from Kimberly et al, before and after intervention. The result was 68.2 % increase in the number of females with perceived control over their roles after the intervention, which indicated among other factors, that they admit their role as subjects and objects of education for sexuality and as disseminators and receptors of those values related to it.

Key words: Perceived control, subjective well-being, gender, education for sexuality.


 

 

Introducción

Los estudios sobre el bienestar subjetivo de la mujer en edad mediana realizados en Cuba, han incluido como una de las variables de mayor relevancia al género, debido a la influencia que cotidianamente ejerce en la vida de este grupo de personas.1

El género es un constructo social que estereotipa, en función del sexo, comportamientos, valores, actitudes y roles, y genera expectativas diferenciadas que contemplan un hombre racional, con manifestaciones emocionales de ira, lenguaje directo centrado en el aspecto instrumental de las relaciones, dominante y controlador y una mujer controlada, expresiva, cálida, cooperativa e involucrada afectivamente en su relación con los otros,2 cualidades que la hacen idónea para el desempeño de aquellos roles que enfatizan en la experiencia emocional.

En la actualidad, puede constatarse un estadio transitorio de sobrecarga de roles en la mujer, al combinar su protagonismo en la dinámica social a través de un notorio incremento de su presencia laboral, política y comunitaria, con una representación social inmutable de lo femenino, no modificada en su esencia, que mantiene su responsabilidad en las actividades del hogar.

Uno de los grupos más afectados por esta situación es el de la mujer de edad mediana, que como consecuencia de las particularidades del actual contexto cubano, caracterizado por la convivencia multigeneracional y la limitada disponibilidad de instituciones encargadas del cuidado de ancianos y niños, ha asumido la responsabilidad de su cuidado, muchas veces, de forma paralela a su trabajo fuera del hogar. El 97 % de las mujeres insatisfechas con la vida (n=184) estudiadas en diferentes comunidades cubanas, registra descontento con los roles de género. Mientras que el 65 % de las satisfechas con la vida (n=1183) ofrece similares resultados.1

Estos hallazgos motivaron la investigación de las mujeres que ejercen el rol de cuidadoras, por ser, dentro de las del grupo de edad mediana, las que desempeñan, como regla, el mayor número de actividades responsables y pese a esta enorme contribución social, presumiblemente, el más expuesto a la insatisfacción con el condicionamiento de género, la insatisfacción con la vida y el distres psicológico.

En cuanto a la relación entre múltiples roles y bienestar, se han establecido dos hipótesis, la primera los asocia a tensiones y depresión, debido al limitado tiempo y energía que se puede dedicar a cada uno de ellos. La segunda relaciona los múltiples roles con el bienestar, a través del control sobre el rol, que fungiría como variable mediadora en la relación, y se sustenta en estudios que informaron mayores índices de bienestar psicológico y menos problemas de salud en las mujeres con un adecuado control sobre los roles que desempeñan.3

El término "control percibido" se refiere a la creencia de que se es capaz de influenciar o controlar eventos vitales y que se es competente o efectivo en su manejo en el orden de provocar los cambios deseados.4

El control ha sido conceptualizado tanto como una característica global, cuanto un recurso multifacético que es específico a un dominio o rol dado. Creencias de control global, han sido asociadas a un alto bienestar subjetivo. Los individuos que poseen un alto control en los roles de cuidadores también experimentan menos distres psicológico.3

Los resultados obtenidos en un grupo de mujeres de edad mediana que ejercen el rol de cuidadoras en el policlínico "Finlay" de Marianao, La Habana, Cuba, apoyaron la segunda hipótesis. En ese trabajo se examinó la relación entre la satisfacción con la vida y el control percibido sobre el rol que ejercían y se obtuvo que el 87,6 % de las mujeres satisfechas con la vida, expresaron alto control percibido sobre su rol, mientras que el 86,6 % de las insatisfechas registró un bajo control.4

El control sobre los roles sociales puede ser una vía para la satisfacción con la vida, porque cada rol en que se sumerge el sujeto requiere de diferentes capacidades, actitudes, influencias ambientales y relaciones sociales y, en el caso de los relacionados con cuidados, podría fortalecer los vínculos afectivos con la persona que los recibe.

En el caso específico de las mujeres de edad mediana que ejercen el rol de cuidadoras, pudiera existir otro motivo adicional, relacionado con la posibilidad que ofrece de compensar la pérdida de control experimentada en otros dominios, como pueden ser el profesional y el de pareja, este último particularmente plausible en la población estudiada en donde el 63,1% (65) de las 103 cuidadoras carecía de pareja estable, mientras que el 57,8% (22) de las 38 que refirieron tener pareja, notificó bajo control en dicha área.

En el estudio realizado en el municipio Marianao se investigaron cuidadoras en los tres objetos tradicionales de cuidado: los ancianos, los enfermos y los niños. Sin embargo, se decidió intervenir en las cuidadoras de niños preescolares, en primer lugar por la magnitud de dicho cuidado. El 53,3 % (55) del total de cuidadoras, lo hacía en niños, mientras que el 89 % (49), en niños en esa etapa de la vida.

En segundo término, se tuvo en cuenta la posibilidad de la intervención de vulnerar el problema, en tanto las mayores preocupaciones de estas cuidadoras, estaban relacionadas con el escaso control percibido sobre el manejo de las manifestaciones de la sexualidad de los niños, hecho que a pesar de su complejidad, puede ser abordado con éxito si se diseña un programa educativo a la medida de esas necesidades.

En tercer lugar, por la factibilidad de acceso a los recursos materiales y humanos para el proyecto y, por último, por los efectos benéficos que tendría, para la futura estructuración de la sexualidad y la personalidad de los niños, un adecuado manejo de tan polémica esfera en dichas edades.

El proceso de formación de la autoconciencia (certidumbre de que se es un ser independiente, rodeado de otros) que se establece en el niño alrededor de los tres años, tiene como uno de sus requerimientos, la formación de la auto-imagen corporal, que se gesta a partir del reconocimiento de su propio cuerpo, de la identificación de sus peculiaridades al compararlo con el cuerpo de los adultos o con el de otro sexo y de acciones o preguntas que expresan la evolución de su pensamiento.

Se produce una exploración, que cuando alcanza las zonas genitales, provoca placer, a causa de la cantidad de terminaciones nerviosas que en ellas confluyen y su conexión con los centros corticales; con esta vivencia, aumenta eventualmente la probabilidad de que se repita la acción en determinados momentos, que posteriormente va disminuyendo, al producirse un incremento de actividades en otras esferas, que provocan placer en los niños con un normal desarrollo.

Las vivencias de placer, despojadas de sentimientos de culpabilidad, contribuyen al desarrollo de la esfera afectiva en el niño, porque desarrollan su capacidad de experimentar emociones positivas y a integrar el placer que emana de las áreas genitales, que a estas edades posee una connotación diferente a la que muchas veces le atribuyen los adultos.

Cuando estas manifestaciones son coartadas, generalmente por temores inducidos culturalmente, relacionados con las repercusiones negativas de las experiencias de placer genital en los niños, se fragmenta la auto-imagen y las mismas se asocian a la culpabilidad, lo que puede, bajo determinadas circunstancias, conllevar a futuras dificultades, ya sean en la esfera sexual 5 o en la personalidad en general.

El arraigo social de esos atavismos ligados a la sexualidad, sobre todo en esa etapa de la vida, hizo necesario un diseño de intervención basado en una metodología que propiciara un intercambio profundo del problema, con técnicas útiles para alcanzar esos niveles y que situara al investigador en una relación horizontal con los sujetos, concebidos como activos, capaces de autorreflexión, colaboradores y con habilidades introspectivas que facilitasen la identificación y el diagnóstico de sus propios problemas y la generación de conocimiento relevante.6

El proyecto fue diseñado para su ejecución en dos sesiones de seis h cada una. Este artículo recoge lo relacionado con la primera sesión, un segundo se encargará de exponer los resultados de la otra sesión.

La investigación se propuso el objetivo general de valorar el control percibido en mujeres de mediana edad en su rol de educadora para la sexualidad del niño preescolar, con la finalidad de facilitar el reconocimiento de su papel como sujetos y objetos de la educación para la sexualidad, identificar manifestaciones de represión sexual, sus condicionantes socio-culturales y sus repercusiones en la vida individual y social.

 

Métodos

Se escogió una metodología de investigación-acción, se organizaron grupos focales en los que se utilizaron técnicas cualitativas, (ejercicios vivenciales, lluvias de ideas, dinámicas grupales y dramatizaciones) que propiciaron la profundización en las causas y consecuencias de las percepciones expresadas, y técnicas cuantitativas (encuestas) con el propósito de constatar la magnitud de la presencia en los grupos de dichas percepciones y el control sobre la posibilidad de enfrentar el rol adecuadamente.

Fueron seleccionadas para participar 46 mujeres de edad mediana, (45-59 años) de las 49 que fungían como cuidadoras de niños en edad preescolar (3-6 años) en dos consultorios del policlínico "Finlay" del municipio Marianao, en el segundo semestre de 2004, con motivación para participar en la intervención, capacidad para la lectura y comprensión de los instrumentos. Tres mujeres fueron excluidas por carecer de habilidades de lectura.

Finalmente participaron 41 mujeres, que fueron distribuidas en dos grupos focales a partir del criterio de pertenencia al consultorio. Las dos mujeres restantes no se encontraban en el municipio en la fecha de la intervención o estaban enfermas. A todas se les aplicó, al principio y al final de la intervención, una versión adaptada del "Cuestionario para la evaluación del control percibido" (Mastery Measure) de Kimberly y colaboradores,3 valorada y aprobada en su contenido por ocho expertos en la temática.

El objetivo de esta primera sesión se alcanzó involucrando al grupo en una situación concreta de la vida cotidiana: "la madre de la niña encuentra a los niños solos, debajo de una sábana, jugando en una cama"; situación que ofrecía además, antecedentes ambiguos acerca del interés en la niña de cinco, por parte del niño de seis años, que la madre de aquella cuidaba eventualmente. Se le pidió al grupo que respondiera: ¿qué haría ante esa situación la madre de la niña y por qué? y ¿actuaría ella (la mujer de edad mediana) igual o haría otra cosa y por qué?

 

Resultados

Un adecuado control percibido sobre el rol de educadoras para la sexualidad del niño en edad preescolar fue declarado en la aplicación pre-intervención por 8 (19,6 %) de las cuidadoras, mientras que 33 (80,4 %) expresaron bajo control sobre dicho rol. La aplicación pos-intervención reveló que 36 (87,8 %) de las cuidadoras percibió alto control sobre el rol, mientras que 5 (12,2%), lo notificó bajo. Estas cifras muestran que el número de mujeres con control percibido sobre su rol como educadoras de la sexualidad en el niño preescolar, tuvo un incremento de 68,2 %.

En relación con la reacción de la madre, ante la situación expresada en el protocolo, el grupo, en su mayoría, le atribuyó las respuestas de castigo, represión: "... no quiero verlos otra vez en la cama...", y en menor medida, de orientación, indagación y distracción, "... vamos a jugar a la escuelita...". Las razones más frecuentes aludían a la asociación de estas conductas con lo incorrecto, inmoral, inadecuado, anormal, lo inapropiado de esta clase de juego en los niños y la necesidad de evitar que se repitiesen.

En menor medida le atribuyeron razones como la necesidad de no dar importancia al juego para que no se "envicien", la conveniencia de evitarlo a tiempo, su naturaleza inocua y el carácter preciso que tiene para el niño debido a que satisface necesidades de exploración acerca de las diferencias con otros niños.

Por su parte, el grupo en su mayoría se atribuyó reacciones diferentes a las de la madre de la niña, basadas principalmente en la investigación, orientación, distracción y, con menor frecuencia, el castigo (no físico), la separación inmediata y la represión. Las razones por las que actuarían así, fueron similares a las que en menor medida se le atribuyeron a la madre de la niña.

En la dinámica que se desencadenó a partir de la solicitud del facilitador de buscar los elementos diferentes y comunes entre los dos tipos de actuación y la presentación del cuadro resumen de las respuestas, el grupo llegó a la conclusión de que, como regla, la madre de la niña utilizó métodos más directos y más abiertamente punitivos que el grupo, las respuestas de golpear, castigar y reprimir, constituyeron el 77,2 % del total, mientras que las de averiguar, orientar y distraer sólo el 22,8 %. Sin embargo tanto una como otras, se derivaron del juego de los niños.

Al estimular al grupo a indagar sobre los motivos de la intervención se arribó a los siguientes resultados:

• El grupo atribuyó una connotación sexual al juego de los niños, a partir de la asociación de elementos tales como: la risa escuchada por la madre de la niña y el silencio posterior, el estar jugando en la cama y hacerlo bajo una sábana.

• Tanto la madre de la niña como el grupo centraron su atención en lo que pudiesen estar haciendo los niños con sus genitales, lo que pone de manifiesto la genitalización de la sexualidad y su degradación, al plantearse como objetivo final, detener el supuesto juego sexual, por considerar inadecuadas las necesidades del niño relacionadas con la exploración de las diferencias y similitudes de su cuerpo con las del otro sexo y de los adultos y la experiencia del placer genital, derivadas de las regularidades de su desarrollo psico-sexual.

• Se puso de manifiesto el temor por las expresiones de la sexualidad infantil. Específicamente por el placer que emana de la posible estimulación genital, que fungiría como un importante reforzador que aumenta la probabilidad de ocurrencia de dicha conducta, lo que conllevaría a la estimulación constante de los genitales hasta convertirlos en "maniáticos sexuales".

• Existen percepciones en el grupo relacionadas con la naturaleza patológica de las manifestaciones de la sexualidad en los niños.

Este temor, que tiene sus raíces en la religión judeo-cristiana, produce un efecto aletargador en los sujetos que les impide tener conciencia de que el placer que emana de la estimulación de los genitales no se diferencia, en cuanto a consecuencias, del de otras fuentes. Que su represión puede contribuir a la creencia de estar haciendo algo negativo, de lo cual deben sentirse culpables y que, debido a la asociación en el tiempo de estos dos estímulos, (placer-falta) podrían aparecer en la vida adulta disfunciones sexuales 5 o estructurarse rasgos neuróticos en la personalidad.

• Se desestimó que el impacto en los niños de la respuesta del adulto, al tener como fin último el cese de cualquier actividad que provoque placer genital, es similar. Sea una reacción directa, verbal o física o se exprese sutilmente, los niños van a sentir que lo que están haciendo es inadecuado, a pesar de que les provoque placer, generando, para poder acceder al mismo, una necesidad de transgredir, que no sólo podría afectar el área sexual sino pasar a formar parte de la dinámica de la personalidad y generalizarse a otras áreas.

• No se tuvo en cuenta además que, debido a la poca edad de los niños y su mínima diferencia, aun cuando se hubiese tratado de un juego genital, jamás habría tenido las consecuencias que podría acarrear en los adultos o en niños con una diferencia de edades más marcada, en términos de daño genital en la niña.

• Se observaron en el grupo, reacciones diferenciales en relación con el sexo; mientras se atribuyeron consecuencias negativas para la niña, no se expresaron así con relación al varón, que según el consenso, era el menos perjudicado.

• Pese a las diferencias que pudieron observarse en cuanto al carácter más directo o sutil de las reacciones de los miembros del grupo y las explicaciones, en ocasiones con un acentuado componente teórico, la dinámica anterior se puso de manifiesto en la totalidad del grupo.

En general estas percepciones expresan una postura conductista clásica subyacente, al absolutizar el papel de los reforzadores en la producción de la conducta y excluir la importancia de las estructuras personológicas internas que propician la regulación del comportamiento del sujeto y la diversificación de sus intereses, conforme a la dinámica motivacional que en él se va gestando durante el desarrollo ontogenético.

La lectura completa del protocolo, donde se definieron las ambigüedades antes expuestas, hizo saber al grupo que los niños sólo estaban jugando a ser astronautas y que los antecedentes del interés del niño no eran en la niña, sino en juguetes que se encontraban en la misma dirección de su mirada. Ello contribuyó a la asunción por el grupo de la perspicacia que caracterizó las atribuciones hechas.

Una vez finalizada la dinámica en torno al protocolo, se propuso una "lluvia de ideas" que dio como resultado la siguiente proposición:

Tanto Julia como nosotros tenemos prejuicios en cuanto a la sexualidad, porque, aunque muchos sabemos que las conductas de tocarse los genitales e indagar sobre los de otros niños y de los adultos, forman parte de una necesidad de conocimiento, tratamos, por diferentes vías que esto no suceda. De esta manera impedimos que se satisfaga una necesidad natural, tan importante en el niño como las de comer o bañarse. La fuerza que nos lleva a esta conducta irracional, es el temor al placer, sobre todo el que proviene de los genitales, porque aprendimos a considerarlo sucio. La única forma de luchar contra estos temores es preguntarnos, sin prejuicios, ¿por qué actuamos de esta manera? y ¿qué consecuencias tienen para el niño estas conductas nuestras?

Finalmente se puede concluir que el aumento del número de mujeres con control percibido se produjo a expensas del reconocimiento de su papel como sujetos y objetos de la educación para la sexualidad en la cotidianeidad, como transmisoras y receptoras de valores relacionados con esta, por medio de diversos canales de comunicación como el verbal y el gestual. En el reconocimiento de los determinantes socio-culturales de la represión sexual como componente básico de la moral sexual imperante, sus antecedentes históricos y el comienzo del desarrollo de una conciencia crítica acerca de los procesos que la ponen en marcha y perpetúan, así como de la posibilidad de modificarla en el diario accionar, sin necesidad de recursos técnicos especializados. En el reconocimiento de los indicadores de dicha represión en la vida cotidiana, la genitalización y la degradación y el modo en que repercuten en el desenvolvimiento individual y social de las personas.

 

Referencias bibliográficas

1. Díaz Llanes G, Alonso R, Bayarre H. Prevalencia de insatisfacción personal en mujeres de edad mediana del policlínico "Cristóbal Labra". Ciudad de La Habana, 1997. Rev Cubana Salud Pública. 2000;26(2):101-9.         

2. Stets JE. Role indentities and person identities: gender identity, mastery identity and controlling one's partner. Sociological Perspec. 1995;38(2):129-51.         

3. Kimberly A, Christensen MA, Stephens P, Towsand AL. Mastery in women's. Multiple roles and well–being. Health Psychol. 1998;17(2):163-69.         

4. Eylon D, Bamberger P. Empowerment cognitions and empowerment acts. Group & Organization Management. 2000;25(4):354-73.         

5. Masters W, Johnson V, Kolodny C. La Sexualidad Humana. La Habana: Editorial Científico-Técnica;1987.         

6. Macaulay A, Commanda L. Participatory research maximizes community and lay involmement. BMJ. 1999;319:774-8.         

 

 

Recibido: 22 de febrero de 2005. Aprobado: 30 de junio de 2005.

 

 

Escuela Nacional de Salud Pública
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