EDITORIAL

 

Una política de principios

 

A principled policy

 

 

Se ha insistido en que la solidaridad internacionalista o la colaboración en salud de Cuba con otros pueblos es un principio de la salud pública cubana, de la Revolución cubana, en un sentido más abarcador. Es el viejo principio del internacionalismo proletario concretado por Cuba en todos los campos de acción en que se ha hecho necesario y posible.

La aplicación de este principio tiene muy variadas consecuencias. Veamos algunas de ellas.

En su discurso durante un aniversario del asalto al cuartel Mocada, el 26 de julio de 1976, el comandante Fidel Castro dijo:

"Pero nadie crea que un pueblo pierde algo cuando ayuda a otro. Cuando un pueblo ayuda a otro, no pierde, sino gana. Un médico como los que hemos tenido ejerciendo la medicina en Argelia, o en Yemen, o en Tanzania, o en Somalia, o en Angola, con ello no pierde el país, gana, gana un profesional que se hace más consciente, que se hace más revolucionario." Nuestro país no perdió nada con los 900 obreros de la construcción que fueron a Viet Nam; ganamos con ello. Hoy esos obreros constituyen núcleos entusiastas y magníficos de nuestras construcciones.

Las mujeres médicas participan a la par que los hombres en las tareas internacionalistas, como ocurre con las cubanas todas. Por esto, en su discurso por el Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo de 1980, el presidente Fidel Castro dijo:

"Cuando se habla de internacionalismo y del espíritu internacionalista de las mujeres cubanas, a mí me venían a la mente dos ejemplos: el ejemplo del Destacamento Internacionalista "Che Guevara", que está enseñando en Angola, integrado en gran parte por mujeres. Pero otro ejemplo que está más cercano, el de los 1 200 maestras cubanas que están dando clases en Nicaragua, que han ayudado a crear cientos de nuevas aulas y que fueron dar clases, no a las ciudades, sino a los más apartados rincones del país."

La conciencia social de los hombres y mujeres, de que se habla aquí, sus principios éticos, son el motor impulsor de su conducta, fuera de Cuba o en el país. Y esto nos deja numerosas enseñanzas, derivadas de lo que se ha hecho a lo largo de más de cuatro décadas:

  • Actuar sistemáticamente sosteniendo que el paciente es lo primero.
  • Apoyarse, frente a las circunstancias adversas, en los valores morales que hacen posible la revolución.
  • Conocer que en cada momento y lugar el ser humano es el problema central, no el dinero, los programas o la tecnología.
  • Identificarse con su origen de clase revolucionaria: hoy los médicos cubanos son hijos de obreros, de campesinos, de trabajadores de la ciencia o el arte.
  • Saber que el desarrollo de los servicios de salud no depende sólo de los recursos financieros.
  • Comprender que el desarrollo no viene necesariamente del Norte.
  • Aceptar que las alianzas Sur-Sur son posibles.

Todo esto nos permite comprender por qué van nuestros trabajadores de la salud a las misiones internacionales, en paz o guerra, en catástrofes o servicios regulares, con algún estímulo material o sin el. Está en ellos su conciencia revolucionaria, su ética profesional, su espíritu solidario.

 

 

Francisco Rojas Ochoa

Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas La Habana - La Habana - Cuba
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