EDITORIAL

 

 

Se puede considerar que la investigación en el rubro de la nutrición en México ya constituye una fuerte tradición dentro de las ciencias médicas, tanto en sus aspectos biológicos como en los sociales. Hace más de 50 años surgieron con mucha fuerza tres grupos en la especialidad, con destacados líderes en la investigación y en la enseñanza: el del maestro Federico Gómez, en pediatría, cuyos artículos científicos dieron la vuelta al mundo despertando el interés en la desnutrición infantil; el del doctor Francisco de P. Miranda, en salud pública, que comenzó con un gran impulso sobre todo en la bromatología; sin embargo, por el prematuro y desafortunado fallecimiento del doctor, sus investigaciones se incorporaron al grupo del maestro Salvador Zubirán, que ya para entonces había publicado varios estudios sobre la fisiología y la clínica de la desnutrición.

El grupo de especialistas que formó el maestro Zubirán, con los antecedentes y las ideas desarrolladas dentro de las áreas clínica y de salud pública, cumplió 40 años de trabajo ininterrumpido a finales de 1997, fecha en la que el maestro entró en su centésimo año de vida. Por estos motivos y por su larga y fecunda trayectoria, así como en agradecimiento a su constante apoyo, todos los que participamos en estas páginas y todos los que trabajan con nosotros, le dedicamos con cariño este número especial.

El impulso que el maestro Zubirán prestó a la nutrición, sobre todo a la parte que ahora se conoce como nutrición pública, fue muy valioso. Los jóvenes que recientemente están saliendo de las 18 escuelas de nutrición del país no saben de las muchas batallas que el maestro tuvo que librar para sostener la especialidad. Hubo tiempos en los que se decía que el problema de la desnutrición no era del campo de las ciencias médicas, sino del agrícola, del social, del bienestar o aun del desarrollo; sin embargo, el trabajo constante, la publicación de muchos artículos, monografías y libros y, sobre todo, la base que sentó el concepto de atención primaria -expresado por todas las naciones en Alma Ata en 1978 y que incluye la nutrición en el mismo grado que la higiene y otras medidas preventivas- fue lo que logró la integración científicamente sustentada de la nutrición a la medicina, como un instrumento preventivo y como coadyuvante en la curación de varias enfermedades.

A pesar de los 40 años de trabajo continuo del grupo del Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán (INNSZ), se puede decir que el futuro de la nutrición de comunidad o pública todavía presenta dificultades que se deben superar. Recientemente, no sólo en México, sino en muchas otras partes del mundo, el trabajo técnico y sobre todo el de investigación se han debilitado. Se está dando creciente importancia a la alimentación y la nutrición dentro del tema de las enfermedades crónicas, área activísima de investigación en los países desarrollados, mientras que el trabajo de campo sobre nutrición en las zonas pobres, particularmente en las rurales, pasa por dificultades políticas y financieras que merman el proceso, sobre todo en Latinoamérica. En esa parte del continente la inestabilidad social ha dificultado trabajar en las comunidades, y es posible que en México, donde se ha preservado la posibilidad de tener personal viviendo en las comunidades, ahora también comiencen a presentarse barruntos de inseguridad e intolerancia.

En este número de homenaje al doctor Zubirán y a los 40 años de existencia de su grupo especializado, se publican algunos ejemplos de la investigación reciente, hecha principalmente por quienes nos podemos llamar sus alumnos o, por lo menos, miembros de su escuela de nutrición. Desde un principio, esta última se ha caracterizado por su interés en alcanzar cinco objetivos fundamentales:

1. Estudiar los problemas nutricionales de la población, mediante investigaciones epidemiológicas como las que se presentan en los artículos sobre el consumo de energía en las mujeres, la evaluación sobre la deficiencia de zinc y la situación de los niños según la Encuesta Nacional Rural de 1996.

2. Investigar las interrelaciones sociales de la desnutrición, y como ejemplos de ello se presentan la influencia de la nutrición materna sobre el niño al nacer y la importancia de aspectos sociales como los cambios agrícolas recientes.

3. Identificar las consecuencias individuales y sociales de la desnutrición, aspecto que se aborda en el trabajo sobre el impacto de la mala alimentación materna e infantil sobre el desarrollo cognoscitivo del niño.

4. El desarrollo de tecnologías resolutivas, como lo tratado en el trabajo sobre el uso de los alimentos del hogar en caso de diarreas y en el de la importancia de la vitamina A, así como en dos artículos de tipo metodológico.

5. La asistencia técnica y la participación en trabajos aplicados, como en el caso del artículo sobre la población refugiada guatemalteca.

Estas han sido también las cinco áreas de investigación que a lo largo de cuatro décadas han tenido prioridad en el grupo especializado del INNSZ. Recientemente, desde hace 10 años, se han agregado investigaciones sobre la relación de la alimentación con varias enfermedades crónicas; y esta área, que todo mundo cree nueva, es en la que el maestro Zubirán más destacó internacionalmente al inicio de su carrera. Los 100 años de vida del maestro y los 40 de trabajo del grupo de nutrición que fundó deben ser un motivo de orgullo, pero también deben servir para hacer algunas consideraciones; la más importante es una realidad clara y contundente: se sabe mucho de la desnutrición, de cómo prevenirla y cómo atenderla, pero aún persiste como el más importante flagelo nacional. En los últimos 16 o 18 años prácticamente no ha mejorado la proporción de mexicanos afectados; de hecho ha empeorado el número, debido al alto grado de reproducción de los desnutridos. En el pasado, en dos ocasiones, los programas aplicados utilizaron instrumentos tecnológicos desarrollados en el país y se lograron grandes resultados. Ante esta situación uno se debe preguntar: ¿por qué los programas alimentarios son tan poco técnicos? y ¿por qué los nutricionistas no hemos participado suficientemente con los conocimientos que desarrollamos?

Otro motivo de reflexión es el hecho de que la participación en la enseñanza de las escuelas mexicanas de nutrición, tanto de la pediátrica como de la que aquí estamos destacando, está tendiendo a desaparecer. Las razones más importantes son el predominio de las escuelas extranjeras, sobre todo de la que llega de Estados Unidos de América, y también, en otros casos, el embate de la mala calidad de la enseñanza, causada sobre todo por la improvisación. De hecho muchas de las nuevas facultades de nutrición del país ni siquiera tienen en las bibliotecas las obras y publicaciones nacionales clásicas; tampoco existen cursos en los que se enseñe lo que se ha logrado investigar y conocer dentro de las instituciones que hacen tanto esfuerzo por continuar esta línea de trabajo.

No se quiere decir con esto que la investigación mexicana en nutrición, a pesar de ser de primera línea, deba ser la única o la fundamental fuente de conocimiento para la enseñanza o para la acción aplicada. Lo que se pide es que se le considere y discuta a la luz de otras investigaciones y, como consecuencia, se le combine con otras fuentes de conocimiento para el trabajo aplicado. Existen muchos estudios epidemiológicos nacionales como los aquí presentados, investigaciones sobre la desnutrición, sus causas y consecuencias, sobre cómo atenderla individual y colectivamente, al grado que se puede decir que es difícil encontrar, aun en países desarrollados, mejores datos sobre la situación, así como tantas experiencias evaluativas sobre tecnologías resolutivas.

No existiría mejor homenaje a los 100 años del maestro Zubirán, a sus más de cinco décadas de intenso trabajo en nutrición y a las cuatro décadas del actual grupo del INNSZ, que divulgar los conocimientos generados en el país y sobre todo utilizarlos en la práctica. Este número especial es parte del esfuerzo encaminado a la difusión de los resultados de investigación producidos en dicha área, y su publicación se hace gracias al apoyo de la Oficina Sanitaria Panamericana, la que -es de justicia mencionar- también fue un factor importante para comenzar el trabajo de comunidad con un buen nivel de calidad, ya que entre 1959 y 1964 prestó asistencia técnica con grandes expertos internacionales como el doctor José María Bengoa, dentro de un plan cuatripartito, junto con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y, por supuesto, el gobierno de México.

Agradezco a los coeditores Teresa Shamah y Juan Rivera, así como a todos los profesionales que ayudaron con la evaluación y la corrección de los trabajos por su entusiasta participación, lo mismo que a la revista Salud Pública de México por darnos cabida en su importante publicación.

 

ADOLFO CHÁVEZ, M.C., M.P.H.*

 

 

* Departamento de Nutrición Aplicada y Educación Nutricional, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán, México.

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